Oclumancia


Parpadeó lentamente.

Le dolía cada fibra de su ser. Trató de levantarse del duro suelo pero no pudo. Intentó arrastrarse y un agudo hincón en el tórax se lo impidió.

Se palmeó las costillas y sintió un dolor profundo. Fácil y las tenía rotas.

No podía ni siquiera pensar con claridad. Ni siquiera había podido reconocer la voz del hijo de puta que le había atacado.

El maldito desgraciado implicado había utilizado el hechizo conjuntivitis, nublándole la visión y de paso, haciéndole recordar al imbécil de Vicky.

La cabeza le había comenzado a dar vueltas y estaba empezando a delirar de dolor.

Se sentía como un saco de huesos, débil, inerte y los ojos habían empezado a pesarle también.

Ya… ya no podía… no podía ver… nada.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

Una semana.

Una semana y ni Harry ni Ron habían cruzado palabra hablada con ella.

Y así era, palabra hablada porque visuales habían sido muchas, demasiadas para su salud mental.

Todas las noches se quedaba de más en la biblioteca e intentaba leer un poco de cada asignatura para no retrasarse. Incluso había comenzado a buscar libros para su trabajo con… Malfoy.

No tenía otra alternativa. Los grupos ya estaban hechos y MC Gonagall no iba a dar su brazo a torcer solo porque 'dos de los alumnos con las más altas notas en su curso no se llevaran bien'.

Esa había sido su respuesta cuando Hermione se le había acercado a pedirle que reconsiderara su proposición. Ahora tendría que ver al hurón hasta en la sopa de calabaza cada mañana.

Dobló el recodo que daba al busto de Paracelso, emprendiendo el camino a la torre de Gryffindor y alejándose de la lechucería con tristeza. No tenía a quien mandarle una lechuza.

Las lágrimas calientes no se hicieron esperar. Una punzada atravesó su corazón, al sentir esa frialdad en Hogwarts, el que había sido su hogar desde el primer año.

Demonios. ¡Lloraba por todo!

Decidió detenerse y dejarse caer en el suelo, porque veía todo borroso a causa del líquido salino y además porque no quería llegar y ver que nadie le esperaba en la sala común. No quería pisar la torre de los premios anuales, tampoco. Soportar a Malfoy… no, demasiado para ella.

Una grosera exclamación se extendió por el pasillo, llamando su atención.

Las sombras reflejadas en la pared frente a ella le informaban que se acercaban tres personas: a juzgar por el trato, slytherins. Y venían de la lechucería.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

- De esto a nadie, ¿me entendieron? - bramó el rubio y siguió caminando hacia el frente, retomando su camino - Creo que hoy pueden librarse del peso de ser tan estúpidos, hoy han hecho algo bueno, al fin y al cabo.

- ¿Malfoy? - preguntó una voz conocida, a su derecha. La mirada de Malfoy se chocó con la de la gryffindor y los otros dos se apresuraron a escoltarle, inflando el pecho. Hermione rodó los ojos.

- ¡Ah! ¿Es que ahora limpias pisos como los elfos, Granger? ¡Casi me has matado del susto! ¿Qué haces aquí? - añadió, en un susurro que pasó desapercibido por Crabbe y Goyle.

- Disculpa, es que pensé que podía caminar por el colegio sin tu permiso, Don Malfoy. Pero no se preocupe, señor, la próxima le aseguro que se enterará de mis rondas - ironizó ella, levantándose del suelo y acomodándose el uniforme. Malfoy frunció los labios ante la 'insolencia' y se acercó peligrosamente a la chica. Hermione se irguió, valiente. Como una leona.

- Mira que eres idiota, Granger - dejó escapar el chico. Hermione enarcó una ceja. ¿eso era todo? - Crabbe, Goyle… - pronunció Malfoy ladeando el rostro hacia ellos. Los otros dos le miraron con duda.

- ¿También le vamos a golpear a ella? - preguntó el primero. Hermione notó que los ojos del rubio habían centellado de furia y que sus puños se habían cerrado.

- Es una mujer… - se apresuró a explicarle Goyle, pensando que la reacción del rubio se debía a su dubitativa.

- Y yo que pensaba que no podía haber alguien más imbécil que Potter y comadreja - les 'insultó' el chico. Hermione entornó los ojos, sujetando fuertemente la correa de su bolsa, con los dientes a punto de rechinar - Avancen a las cocinas. Huelo a pudin de caramelo desde aquí. Guárdenme algo.

Los dos orangutanes dudaron nuevamente pero ante la mirada crispada del Malfoy, le obedecieron y se largaron arrastrando los pies.

Hermione seguía mordiéndose el labio, sin creer aún como es que esos dos podían seguir las instrucciones de Malfoy a pesar de su mal trato.

- ¿Qué pasa, Granger? - le preguntó el rubio, al verle tan callada y decaída. Si, lo había notado. Ella había llorado de nuevo. ¿Por qué? ¿Y porque esa razón era motivo de importancia para él?

- ¿A quién le han golpeado? - preguntó a boca de jarro, entrecerrando los ojos con sospecha. Draco volvió a sonreír como hace días, casi genuinamente y Hermione frunció el ceño, desubicada. Malfoy suspiró y negó con la cabeza. Metiche.

- A nadie que valga la pena, sangre sucia - le espetó él, con la mirada fría nuevamente. Hermione se estremeció y dio un paso atrás. Como si le hubiesen golpeado duramente el pecho. Él ya no le llamaba así desde hace semanas. Malfoy pareció darse cuenta porque disminuyó el tono acre de su voz y siguió hablando - Por cierto, necesito el libro que te devolví.

- ¿Qué libro? - le preguntó ella, confundida - tú no… - se detuvo. La compresión inundó su cerebro - ¿Tomaste ese libro de mi habitación? - le increpó, molesta, arrugando el ceño, rasgo ante el que Malfoy enarcó una ceja, burlón - ¡Con que derecho! - exclamó, cerrando fuertemente los puños. Malfoy hubiese sonreído. Verla enojada era tan divertido como… no. No podía pensar más en ello, no.

Es que había vuelto a soñar con la muchacha. El mismo sueño.

Solo que ahora ella estaba en las escaleras de su mansión, las que daban justamente a su habitación. La gryffindor se encontraba llorando y siempre que él se acercaba ella disminuía su lamento, fingiendo casi de la misma forma en la que lo hacía su madre. Secándose las lagrimas como siempre lo hacía. Con furia.

Ella le pedía que se alejara, pero él, necio, se acercaba siempre, y le abrazaba, dejando que continuara sollozando en su pecho… y al minuto siguiente, en un pestañeo, la escena cambiaba, y ahora él estaba sentado a los pies de la cama donde ella descansaba. Miraba su frágil cuerpo, observaba sus mejillas sonrosadas, sentía el ritmo de su respiración, ¿la deseaba?

Su última mirada caía en esos labios rojos, incitantes, por los que se escapaban pequeños suspiros… y de nuevo estaba esa corriente fría, recorriéndole la espina dorsal, la misma que le hacía despertarse empapado de sudor.

Pestañeó, obligándose a volver al presente. Hermione le miraba extrañamente, con la respiración agitada, molesta.

- ¿Qué me miras, imbécil? ¡Responde! ¿con que derecho entras a mi habitación?

- Oh, oh. Mal comienzo, Granger - blandió un dedo frente al rostro de la castaña. Hermione le bajó la mano de un manazo. Él gruñó - Te devolví el libro que dejaste tirado en medio de un pasillo. ¿Te imaginas lo que te haría la señora Pince si se entera? - canturreó él, acercándose. Ella no retrocedió, pero parpadeó rápidamente. ¿Qué demonios pretendía este hurón?

- Tu amenaza me tiene sin cuidado - dijo, tratando de sonar segura y fracasando estrepitosamente. Malfoy sonrió y avanzó un paso más. La tenía acorralada otra vez.

- Yo te llevé el libro a tu alcoba - le informó con ironía. Hermione abrió y cerró la boca un par de veces, enredada. Malfoy se fijó en el movimiento como hipnotizado pero ella no se dio cuenta. Por suerte.

- ¿Fuiste…fuiste tú?

- Te lo acabo de decir, sabelotodo. ¿es que los muggles a partir de las 3 de la tarde ya no razonan?

Claro que sí, imbécil. Pero tú tampoco devuelves libros de Estudios muggles a las alcobas, se abstuvo de contestarle la chica.

- ¿Y para que quieres ése libro?

- Quiero terminarlo de leer. Para eso sirven, ¿no? Lo bajas a la hora de la cena - le ordenó, con un tono parecido al que había utilizado con los otros dos. Hermione se carcajeó fríamente, como hace tiempo no lo hacía. Se llevó una mano a los ojos, para limpiarse una lágrima escurridiza, haciendo que Malfoy apretara los dientes.

- Pues se lo pides a Pince, que yo no soy tu lamebotas personal - le replicó ella, haciendo referencia a los slytherins - No sé cómo te soportan, Malfoy…Ve a recoger tu pudín de caramelo, a ver si así te endulzas el asco de vida que llevas - le espetó, andando hacia la torre de gryffindor.

- ¿No irás a la torre? - le preguntó él, intentando que ella se detuviera. Pero no lo hizo, siguió andando, y Malfoy lo tuvo que admitir, con gracilidad.

- Me voy a la torre.

- Nuestra torre queda del otro lado, Granger - le especificó y Hermione se detuvo en seco. ¿Nuestra torre?

- ¡Ah! ¿será que me extrañas? ¡Ya lo entiendo!- sonrió ella, haciendo que Malfoy frunciera los labios hacia afuera y que resoplara. Algo dentro de él le quería contestar que se sentía raro.

- Tú y tus bobadas, Granger. Tú eres la que no puedes vivir sin mí - le dijo, avanzando hacia ella.

Hermione rodó los ojos y se dio media vuelta, dispuesta a seguir su camino. Pero Malfoy no se lo permitió. La cogió del brazo, logrando arrancarle la bolsa del hombro y haciéndole voltear hacia él bruscamente, quedando a un palmo de distancia. Sus alientos se mezclaron y Malfoy sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. El mismo escalofrío que sentía en el sueño. Sintió a Hermione, sintió sus ojos puestos sobre los de él, sintió el olor de su cabello en su nariz…

- Suéltame, me haces daño - espetó ella, forcejeando. Malfoy apretó el agarre, y al ser el bolso un estorbo, aprovechó la oportunidad para colgárselo al hombro. Hermione se sorprendió. ¿él tocando algo de una sangresucia?

- Admítelo. Te hago falta - murmuró el rubio, acercándola a su cuerpo. Necesitaba oírlo. Hermione movió los hombros tratando de zafarse de él, completamente intrigada por su comportamiento.

- Ni en tu mayor fantasía se hará realidad. Ahora me iré a la torre de gryffindor… y me soltarás porque no te conviene ser llamado a la dirección.

- ¿Me estás amenazando, Granger?

- Si hubieses utilizado el sangre sucia me hubieses dado miedo, Malfoy - ironizó ella, intentando zafarse del brazo con ayuda de su otra mano, pero sin resultado alguno.

- ¿Por qué llorabas?

La chica dejó de moverse. Su respiración se hizo irregular, y Malfoy casi sentía su pulso a través del agarre en la muñeca casi morena. Hermione no levantó la mirada por lo que Draco estiró la mano para levantarle la barbilla. Pero su mano se detuvo justo en frente de ella y se separó, soltándola completamente. Hermione casi lo agradeció verbalmente.

Malfoy retrocedió unos pasos,consternado - consciente de lo que había estado a punto de hacer - se dio la media vuelta, y se perdió en la oscuridad.

Putos impulsos.

¿Qué coño le pasaba?

Hermione cerró la boca y se deslizó en el suelo, nuevamente. Cerró los ojos y se pasó una mano por el rostro, sin saber que pensar. Sí que había captado el gesto del chico. Se había quedado helada.

¿Por qué se comportaba así con ella?

Demonios.

¿Y su bolsa?

Se levantó del suelo, recuperando la cordura.

¡Malfoy se había llevado su bolso! ¡Y ahí tenía unos pergaminos para los deberes de mañana! ¡Con Snape! ¡y… el avance de lo de Mc Gonagall!

¡Maldito Cabrón!

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

Tocó la puerta con los nudillos y la voz de su profesor le indicó que entrara.

El hombre le miró con esos ojos fríos, negros y le indicó que se sentara.

- Espero que tu retraso no se deba a ninguna niñería, Draco - habló, moviendo la varita alrededor de la sala y despejando la mesa llena de pergaminos sin revisar. Draco enarcó una ceja, desviando sus ojos grises de la mirada penetrante de su tutor.

- No finja que no leyó nada en mí, por favor - insinuó el rubio. Snape sonrió, orgulloso de la habilidad del muchacho y del control que tenía sobre su mente - Después de aprender de Bellatrix, no pensara que no me doy cuenta cuando alguien quiere leer mi mente…así que, dígame, ¿estoy aquí para aprender Oclumancia?

- En efecto, sí. Y algo de legilimancia - admitió el hombre, desapareciendo de su campo de visión y caminando hacia la parte trasera de su oficina. Malfoy no se movió de su sitio, mas bien comenzó a jugar con un reloj de plata que había encontrado en la mesilla - Así que tienes una base generada por Bellatrix… ¿nunca te has preguntado el porqué de ello?

- No, y la verdad no me importa.

- No mientas, Draco. Yo no soy tu enemigo - siseó suavemente Severus, haciendo sonar su túnica al son de sus pasos. El leve frufrú ya se escuchaba cerca del rubio - Ahora mismo, tus pensamientos son tan fuertes respecto a tu encuentro con Bellatrix así como también lo son con respecto a tu charla reciente con Hermione Granger - Draco tuvo que hacerse hacia atrás debido al rápido acercamiento de su jefe de casa.

- No veo el porqué de su preocupación, profesor. Siempre he tenido esa ligera inclinación de hacerle la vida imposible a Potter por medio de ella.

- Y ahora te mientes a ti mismo… - susurró Snape, caminando alrededor del joven otra vez. Malfoy se levantó del sillón y le miró suspicaz, preguntándole con la mirada a que se refería - Esto va más allá de un simple pasatiempo. Quieres importarle y eso te asusta.

Al fin de cuentas, él había sentido algo parecido por Lily Potter. El miedo de querer que ella se enamorase de él.

- Se ha vuelto loco, Snape - alzó la voz el chico, caminando hacia él, en una posición ridículamente amenazante - ¿Qué insinúa con eso de que quiero importarle? Se equivoca, ella es una sangresucia, es escoria para mi familia, nunca tendría contacto con ella por diversión - negó, mirándole confundido.

- Sin embargo, te divierte pelear con esa inteligente sangresucia, ¿no es verdad? - Draco retrocedió y bajó la cabeza, dándole la razón inconscientemente. Snape podría haber sonreído.

Había aceptado el pedido de Narcisa únicamente porque se identificaba con el chico. Sabía que sentía el peso de su apellido en los hombros y que no quería seguir el camino de su padre, el tonto Lucius, sino vivir su adolescencia como todo chico de su edad.

- Tranquilo, Draco. Te enseñaré a ocultar todo lo que no quieres que el "señor Tenebroso" descubra. Y de paso, te ayudaré a saber que quiere Bellatrix contigo.

Draco tragó en seco. Su miedo había sido pronunciado. Ella le había dicho que siempre había opción. Pero él no sentía que tenía otra opción.

- ¿Me dejas ayudarte? - preguntó el hombre, con la voz peligrosamente suave. Draco asintió, cerrando los ojos por un momento. Cuando los volvió a abrir, la voz de Snape interfirió en su mente - ¡Legilimens!*

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

- ¡Eh, Hermione! - le saludó Fred, y George levantó la vista de las cajas de bromas para observar a la recién llegada. Fred movió su varita y dejó a los pequeños de Gryffindor protestando por la desaparición de los Sortilegios Weasley.

Hermione no les prestó atención, más bien comenzó a subir las escaleras de las chicas hasta que… se detuvo.

¿Qué demonios hacían Fred y George en la sala común de Gryffindor?

Se dio la vuelta y bajó las escaleras rápidamente hasta que estuvo a su altura. Su respiración seguía agitada, en parte por Malfoy en parte por esto.

- ¿Qué hacen aquí? - bramó, haciéndole frente a George. El chico abrió y cerró la boca un par de veces y fue Fred el que tuvo que contestar por su gemelo. Hermione desvió la mirada hacia él.

- Promocionando… Te buscamos hoy, George de hecho - explicó el chico, señalando con la boca a su gemelo. George asintió, levantándose y hablando ahora.

- ¿No estás de buen humor, verdad? - tanteó el Weasley. Hermione bufó y negó, sosteniéndose la cabeza y sentándose en uno de los sillones. George cruzó una mirada con su gemelo y éste, sonriendo desparpajadamente, le hizo señas a los demás chiquillos para que lo siguieran al otro extremo del salón. George se sentó al lado de la castaña - ¿ahora que hizo el imbécil de Malfoy?

Hermione levantó la cabeza tan rápidamente que creyó haberse mareado. George sonrió, tomándole de la mano y le apartó un cadejo medio rubio del rostro.

- Ya, ¿Qué como lo sé, no? - le preguntó él, haciendo que la asombrada chica se sonrojara en disculpa - No hay muchos imbéciles hijos de mami "todo me huele a mierda" en el castillo así que… - Hermione rió, recuperando algo de ánimo y el brillo en los ojos - Muy bien, así me gustas más - soltó la frase al aire, el Weasley. Hermione volvió a sonreír pero tuvo la ligera impresión de que no era broma.

- ¿Aprobaste adivinación?

- Con las más altas notas de la Historia de Hogwarts… Trelawney quedó encantada con nuestras muertes - contestó y estrechó más la mano de ella entre las suyas. Hermione suspiró y se giró para observar a Fred que parecía tener gran acogida entre el público infantil - ¿qué te hizo el rubio de bote?

- Nada importante - contestó, tallándose los ojos y suprimiendo un bostezo - Estoy segura que mañana arreglaré el problema.

- Uhm… Tenemos un producto que aún no le encontramos antídoto. ¿Crees que Dumblendore se moleste si jugueteamos un poco con el hurón albino?

- Por favor, no - rogó ella, haciendo que George frunciera el ceño. La chica posó un dedo ahí para relajarlo, obteniendo el resultado deseado - No se arriesguen a que Snape quiera malograrles el viaje…

- Nada de eso, ya verás, que con un buen shampoo dejaremos a Snape muy entretenido por semanas, a lo mucho - bromeó el chico. Hermione se carcajeó nuevamente y le dio un beso en la mejilla antes de subir a la habitación de Ginny a descansar.

Fred se acercó a su hermano y le codeó para que cerrara la boca.

- Te ves tan estúpido cuando pones esa cara de enamorado, G - le molestó él. George enarcó una ceja, mirando a su gemelo - Espero no haber heredado ningún rasgo en común contigo.

- Por lo menos ahora ya sabes cuál es tu expresión cuando ves a Angelina.

- Calla, tío - George se giró, conforme y comenzó a repartir las golosinas de prueba. Fred le codeó, llamando su atención - ¿En serio así de guapo me veo?

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

- ¡Hermione! - gritó Ginny, a medio vestir. La castaña se movió entre sueños y musitó algo en un idioma solo conocido por Morfeo. Ginny bufó y tomó su varita de su mesita de noche - Enérvate.

Los ojos chocolate se abrieron de par en par. Hermione parpadeó confundida varias veces hasta que giró su rostro a la derecha y encontró la varita de Ginny en su sien.

- ¡Ginny Weasley! - exclamó, descubriendo la razón de su inusitado despertar.

- Agradece que fue un enérvate y no un moco murciélago… ¡Vístete, Ron está en la enfermería!

- ¿Cómo? - saltó la castaña, rodando y cayendo estrepitosamente a los pies de la pelirroja. En otra situación Ginny se hubiese reído pero ahora solo estaba preocupada por su hermano. Le ayudó a levantarse y en unos momentos ya estaba bañada, vestida y lista para arribar con Madame Pomfrey.

En cuanto cruzaron el pasillo para la enfermería, Hermione tuvo un leve deja vu.

Y en su mente se cruzó Malfoy y los dos orangutanes.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

Harry estaba a punto de bañarse cuando una nutria en vapor plateado se le apareció en la bañera.

La figura le dio el mensaje y se evaporó al instante. El chico frunció los labios.

¿Debería ir a verlo?

Soltó un taco y se alistó lo más rápido que pudo.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

En cuanto supo que lo habían encontrado cerca a la lechucería, su cerebro ató cabos y la vocecita de Crabbe se filtró en su cabeza.

¿También le vamos a golpear a ella?

¡Puto Malfoy!

Le echó una última mirada a Ron, en la cama, dormido y con moretones azules en el rostro. Lavender estaba sentada a los pies de su cama y ya le había expresado su antipatía con una bienvenida poco agradable y Hermione no le había contestado por respeto al herido.

Ginny le codeó para que reaccionara, se había quedado con la mirada perdida y los puños apretados.

Le musitó que luego regresaría y salió, rumbo a su torre.

Dio la contraseña, entró como un rayo a la torre y casi corrió hasta la habitación del rubio.

Tocó la puerta insistentemente y al no recibir respuesta entró, haciendo uso de su varita.

- ¡¿Qué mierda… - Comenzó el chico, levantándose como un resorte. Hermione retrocedió.

Él estaba solo en pantalones y en la cama, el cabello negro de una chica - asumió que Pansy - contrastaba con el verde de la colcha.

- ¡Eres un cabrón, Malfoy! - le gritó, acercándose y golpeándole en el pecho. El chico le sujetó de las manos con un solo brazo, y con el otro le tapó la boca. Hermione pudo aspirar su colonia y exhaló mareada.

Malfoy la sujetó de la cintura y la hizo retroceder hasta que entraron a empujones al baño. El rubio movió la varita y la puerta se cerró con un golpe seco. Hermione se soltó, sin detenerse a observar el amplio espacio.

- ¿Qué demonios haces aquí? - le preguntó él, haciéndola sentarse en el váter. Hermione le miró desde el improvisado asiento - afortunadamente la tapa estaba abajo -y comenzó a despotricar contra él - ¿Qué coño te pasa? ¿estás en tus días?

- ¡No, no estoy en mis días, maldito imbécil! - gritó. Malfoy bufó, mirándola con el ceño fruncido. Hermione se mordió fuertemente los labios, con rabia - ¿podrías cubrirte, por lo menos? Voy a vomitar - agregó.

Se arrepintió casi al instante. Malfoy esbozó una sonrisa enorme, entre fresca y arrogante y se arrodilló frente a ella. Hermione entornó los ojos, fulminándole.

- ¿Te intimido?

- Sí, y estoy enamorada de Peeves - ironizó ella, bufando y haciendo que uno de sus cadejos volara a su rostro. Malfoy ladeó la cabeza e intentó acomodarle el cabello pero ella le dio un certero manazo. Estaba harta de sus jueguitos - ¿qué sabes del ataque a Ron?

- Ahhhhhh… era eso - dijo, levantándose y para ello apoyándose en una de las rodillas de la chica. Hermione le habría golpeado sino fuera por la sensación de escozor que sintió.

- ¡Le pegaste tú, imbécil! - se incorporó golpeándole en el hombro. Malfoy le miró fijamente, dándose cuenta de su poca altura en comparación con la de él. Le sacaba casi una cabeza y aún así ella no mostraba rasgos de timidez. Maldita enana - ¡Ahora cree que fue Harry! ¡Estás rompiendo nuestra amistad! ¿Acaso es envidia? ¡Me estás haciendo odiarte de verdad!

Lo que Draco Malfoy hubiera contestado hace 1 año se le quedó en la garganta y su rostro mostró una mueca de dolor o eso quiso pensar Hermione. No, claro que no. Él no podía haberse ofendido ante eso.

- Esto no tiene nada que ver con su amistad tirada de los pelos. No. No lo hice por envidia. ¿Qué tendría que envidiarles? ¿Sus malos modales? A mí me enseñaron a respetar a las mujeres; así seas hija de muggles, squib o sangresucia yo nunca te he levantado la mano, ¿o sí? - Hermione tragó en seco. La voz de Malfoy mostraba un enojo a flor de piel y sus ojos se habían vuelto oscuros.

La chica recordó la vez que le había lanzado el hechizo Desaugeo y sus dientes habían crecido. Malfoy pareció recordar también aquella anécdota porque continuó con el tema.

- Aquella vez utilicé una varita y era un duelo. Weasley recibió lo que se merecía; el que se haya peleado contigo no le da derecho a pegarte…Mi madre no toleraría que me manchara las manos con tal bajeza - su voz había bajado de intensidad. Ahora era lo más parecido a un susurro - Se lo merecía, tenía que darle una lección.

- Te dije que él no lo había hecho apropósito… ¡La próxima vez considera enseñarle con palabras, no a golpes al más estilo muggle! ¡Y tanto que te quejas de nuestros modales! - bramó ella, y con un movimiento de su varita, abrió la puerta y salió como un vendaval de la estancia.

Malfoy se pasó las manos por el rostro, y recostó su cabeza en el espejo que yacía en su espalda.

¿Por qué cojones lo había hecho?

Ahora su buena acción le había costado… ¡Nada! ¡Esa pelea no era nada!

¿Por qué le preocupaba tanto la reacción de una sangresucia?

Su humor no mejoró en los próximos minutos y cuando la morena - ahora mismo no recordaba su nombre - le preguntó si el motivo de su enfado tenía que ver con la visita de la otra premio anual, él la ignoró y le 'pidió' que llamara a Pansy Parkinson de Slytherin.

La Hufflepuff había contenido sus lágrimas y ahora se estaba vistiendo lo más rápido posible, indignada ante el desplante de la serpiente, que se había metido al baño otra vez y a juzgar por el ruido y las maldiciones, iba a pasar un buen rato peleando con el espejo.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

Harry nunca había visto a esa Hermione, con los puños apretados y lágrimas de impotencia en los ojos.

O mejor dicho, sí que la había visto pero eso fue en segundo, cuando Malfoy le restregaba en la cara su impureza de sangre cada vez que se cruzaban.

Ahora que la veía ir hacia él, sintió la inquietante necesidad de sentir uno de sus abrazos arrebatados, esos que le hacían trastabillarse cuando era solo un chico enclenque.

Hermione iba tan ensimismada en su conversación con el rubio de bote que ni se dio cuenta de la presencia del chico hasta que él le sujetó del brazo con suavidad.

- ¿Qué haces aquí? - le preguntó. Harry enarcó una ceja, sorprendido - No, no. Me refiero a… Porque estás aquí afuera, ¿Por qué no has entrado? - Harry sonrió, al parecer Hermione ya había olvidado el altercado.

- Ron despertó. Escuché su teoría y en cuanto entré a defenderme me dijo que me largara - Hermione se mordió el labio con pena. Harry le quitó importancia al asunto y continuó hablando - ¿Dónde estabas?

- Tenía que corroborar algo - dijo y Harry frunció el ceño, ante la poca información - Luego te cuento. Ven, vamos - le dijo, tomándole de la mano y entrando a la enfermería.

Había apenas solo dos camas ocupadas, aparte de la de Ronald, separadas por pantallas blancas. Madame Pomfrey se encontraba dándole el remedio a uno de los pacientes, al parecer un alumno pequeño por el tamaño de la ropa en una silla contigua.

Hermione se acercó a la cama del Weasley, donde Lavender seguía sentada y se fijó en Ginny, que se acercó a Harry y le abrazó suavemente. La castaña semi-sonrió y caminó hasta quedar frente a la cama. Ronald dejó de asuntarle a la conversación de su novia y estiró la mano para coger la de su amiga. Era un perdón silencioso. Lavender crispó los labios e hizo el ademán de levantarse pero Ron no le dejó.

Sin embargo, cuando Harry se acercó para intentar hablarle y preguntarle por su estado, el pelirrojo desvió su mirada hacia el techo de la enfermería.

Harry tragó en seco, dolido. Ginny se abstuvo de protestar y junto con Lavender salió de la habitación.

Hermione tomó la palabra.

- Ronald, por favor, dejemos de lado las niñerías…

- ¿Niñerías? Esto no es ninguna niñería. ¿Te parece poco haberme dejado así?

- Si estás pensando en que fui yo quien te pegó, estás muy equivocado, Ron - habló el moreno. Hermione le sujetó del brazo para evitarle la huída. Ron frunció los labios, ante el gesto tan íntimo. La chica se dio cuenta y liberó del agarre a su otro amigo.

- Ron, sabes muy bien que Harry no sería capaz. ¡Es tu amigo!

- ¿Entonces si no fue tu amado Harry quien fue? ¿Viktor Krum? - preguntó exaltado, con los dientes apretados. Harry bufó siendo interrumpido minutos más tarde.

- Ese búlgaro no hubiese podido siquiera acertarte el golpe en el ojo, Weasley - se escuchó una voz desde la puerta. El ligero tonito a arrogancia y la manía de arrastrar las palabras no pasó desapercibido ni por Harry ni por Hermione, que ahora miraba con la boca abierta al rubio.

OoOoO*OoOoO*OoOoO*OoOoO

¡Hola!

¿Qué tal les pareció? ¡Este capítulo es el más largo!

¡Espero que le hayas gustado! A mí me encantó escribirlo.

Un beso para todas, y todos si es que hay alguno que me lee (sí, te hablo a ti también).

Gracias a todos los favoritos y muchas gracias, infinitas más a aquellos que me comentan. Con cada comentario salto de emoción

Disculpen el retraso

MBW.