-Violet- susurró incrédulo. Me recordaba. Empecé a dar saltos de alegría interiormente, aunque mantuve una expresión neutra. - ¿Qué haces aquí? – sonrió.
-Salgo de trabajar, me voy a casa- explique. Tenía una sonrisa relamente… Se supone que solo me gustaba un poco. Y quizás. En Asgard yo no me sentía así. Me sentía confusa. Quería salir corriendo. -¿Qué haces tú por… aquí?- intenté no sonar extrañada, pero no funcionó del todo.
Su rostro cambió un poco, se le veía afectado y decaído.
-El portal se ha abierto- dijo al cabo de unos momentos.
Un escalofrío me recorrió la espalda. El portal. Abierto. Eso eran malas noticias. Muy malas. Peor que malas. ¿Y si no era el mismo Freddie? ¿Y si cuatrocientos años lo habían vuelto el traidor que creí que era? ¿Y si venía a por mí, a llevarme frente al rey?
Repasé mentalmente algunos hechizos que podrían sacarme de la situación, pero esperé. Nada. Me miró esperando una respuesta.
-¿Quieres que te acompañe a tu casa?- dije al fin.
-No… no creo que sea bien recibido allí. Evitare aparecer cerca por el momento- dijo con resignación- ¿Podrás guardarme el secreto? – dijo mirándome.
-Claro- sonreí. -¿Y entonces donde piensas dormir? – lo sondeé.
Se encogió de brazos indiferente.
-Da igual. Puedo dormir en cualquier sitio. ¿Suele hacer frío por la noche?
-¿Cómo…?- dije confusa. Sacudí la cabeza. – Ven a mi casa- dije mirándole.
Me sonrió. Bravo Vi, ¿y si era malo de verdad? Acabas de meter al enemigo en casa. No puede salir nada bueno de aquí.
-¿A tu casa?- se lo pensó. Se puso una mano bajo la barbilla. Estaba claro que conmigo no podía ser serio. ¿Acaso tenía mejores opciones?
- Tengo un sofá con tu nombre, si lo quieres- arqueó una ceja divertido- Para ti- aclaré ligeramente sonrojada.
Me sentía extraño. En primer lugar, no esperaba ver a Violet Le Brun allí. Tampoco esperaba que me reconociera después de tanto tiempo. Aunque ninguno de los dos habíamos cambiado. Al menos no físicamente. Aquel mundo era extraño, y mi primer día no había sido demasiado alentador. Necesitaría un guía para entender todo aquello. También me había extrañado que me saludara. Yo era un traidor. Había cambiado de opinión en estos siglos, me los había pasado encerrado en una prisión, pero eso ella no lo sabía. Y me había ofrecido cobijo. Era más de lo que podía pedir.
Aunque no debería hice que me lo pensaba. Sabía que podía arrepentirme de aquello, pero me había pasado mucho tiempo sin compañía y tomarle el pelo a Violet siempre había sido un pasatiempo divertido.
-Tengo un sofá con tu nombre, si lo quieres- dijo amablemente. La miré arqueando una ceja. Me gustaba la idea de un sofá con mi nombre bordado. O que ella me ofreciera el suyo. ¿Tendría alguna intención oculta? Seguramente no, pero si la miraba así pensaría que lo creía así. Vi cómo se sonrojaba.
-Para ti- aclaró.
-Calro- dije sonriendo.
Violet simplemente asintió y le pidió que la siguiera. Después de caminar unas cuantas calles más, llegaron a un bloque de apartamentos. Al abrir la puerta Freddie examinó el lugar. Era un apartamento pequeño, pero acogedor. Estaba decorado con cosas de colores vivos, había instrumentos que no conocía, pero no hizo preguntas por el momento. Reconoció un tapiz de Asgard en una pared y se acercó a examinarlo. Era Yggrasil, el árbol de la vida. Estaba hecho con hilos dorados sobre un fondo negro, con estrellas bordadas. Recordaba haber visto a Ingrid y Violet confeccionarlo. Sonrió.
Violet terminó de recoger algunas cosas y se acercó a donde estaba. Sonrió nostálgica.
Miró a Freddie unos segundos, no muy segura de cómo decirlo pero finalmente pronunció la pregunta:
-¿Por qué lo hiciste? – dijo seria y grave
-¿Quedarme?- Freddie suspiró. Ojalá pudiera cambiar el pasado. Pero estaba hecho.- En aquella época pensé que era lo correcto, pensé que lo de que el rey estaba corrupto sólo eran rumores… Pero con el tiempo sus órdenes eran confusas, se volvió paranoico, decía cosas que no tenían sentido. Me torturó y me encerró. Me usó como su perro de caza, y cuando me di cuenta de eso, me rebelé. El portal ya estaba cerrado y era muy tarde para escapar. Pasé el resto del tiempo encerrado… Y cuando pude escapar, el portal se abrió ante mi… Como una nueva oportunidad- La miró. Ella le mantuvo unos segundos la mirada y asintió. Se fue en silencio.
-Gracias por dejar que me quede. Has sido muy amable conmigo- dijo Freddie al cabo de unos segundos.
Voilet se volvió a mirarlo y sonrió.
-No hay de que- dijo meneando la cabeza. –Ven- le tendió la mano- Tengo que presentarte a alguien.
Por un momento Freddie pensó quién podría ser ese alguien. ¿Una compañera de piso? ¿Un novio? ¿Un bebé? No detectaba ninguna otra presencia mágica, así que de ser así sería humano. Y eso no le terminaba de gustar. Bueno, en realidad, pensaba que estaban solos y le decepcionó un poco la idea de que no fuera así. Se acercó a ella con todas estas preguntas rondándole la mente.
-Freddie, este es mi sofá. Sofá, este es Freddie- dijo Violet con tono divertido.
Freddie suspiró aliviado.
-Encantado- dijo mirando al sofá. Dicho esto, se tumbó cuan largo era, pasándose los brazos por detrás de la cabeza. –Es cómodo- dictaminó sonriendo.
Violet enarcó una ceja.
-Te ofrezco un techo y ya te apoderas de mi sofá. Caradura- se quejó, medio en broma curzándose de brazos.
Por toda respuesta él rió y se hizo a un lado dejándole algo de sitio.
Tenía la casa hecha un desastre. No esperaba visita, pero he de reconocer que tener compañía era agradable. Me dio un vuelco el corazón cuando Freddie se acercó al tapiz y sonrió. Me entraron demasiados recuerdos. Demasiada melancolía.
Después de preguntarle aquello me quedé más tranquila. Necesitaba saberlo. Aunque odié la resignación y culpabilidad que se dibujaron en su rostro.
Y luego, allí estaba, tirado en mi sofá. Tan desenfadado como siempre. Se había pasado los brazos por detrás de la cabeza, y se le marcaban bastante los músculos de los brazos. Debía dejar de fijarme en esas cosas o acabaría por volverme loca.
-Te ofrezco un techo y ya te apoderas de mi sofá. Caradura- Me crucé de brazos haciéndome la ofendida.
Me miró y se rió. Era una risa fresca y agradable. Se hizo a un lado para dejare sitio, y me senté a su lado. Lo miré y me miró con curiosidad.
-Y tú, ¿qué has estado haciendo todos estos siglos, Vi?- preguntó con una sonrisa.
