Hola, hola :D Un fic atrasado de fecha con la misma intención: celebrar el día del amor con un drabble Mimato :3

Espero que les guste.

Características: Un drabble con la palabra "Paris"

Cantidad de palabras: 467.


Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Summary: Yamato Ishida era parisino de cuna y odiaba a los turistas.


Mr. Paris, Mrs. NY

Frunció el ceño a modo de intentar comprender lo que acabó de escuchar; juzgando a la mirada que le dedicó esa mujer, supo que no estaba queriéndole tomar el pelo.

―¿Disculpa? ―Formuló, más por dar a entender que no quería jugar que otra cosa.

―Que me muestres la mejor vista de París. No es tan complicado ―¿No era complicado? ¡Si París era gigantesca!

―¿No tienes un folleto turístico? ―Objetó señalándole el papel que llevaba en su mano. Ella lo dobló y colocó dentro del bolsillo de la camisa del hombre que estaba perdiendo la paciencia con ella.

―Un folleto nunca se comparará con un oriundo de París. Vamos, te pagaré bien ―Alentó, elevando las cejas.

―¿Te das cuenta que estoy trabajando, no? ―La mujer miró a sus espaldas y vio a toda la fila de personas aguardando a que ella terminara de charlar con el cajero de la repostería, aunque mucha importancia no le dio.

―Sólo me iré si me prometes darme un recorrido por la ciudad ―Miró el porta-nombres que llevaba en su camisa blanca― Ishida Yamato.

Las voces de los clientes aguardando a tras la turista se oyeron. Yamato se sonrojó por la vergüenza de tener que dar ese tipo de espectáculos. Miró con el ceño fruncido a la castaña que le dedicaba una sonrisa confiada. Suspiró

―Arco del Triunfo. Nueve de la mañana. Sea puntual, Señorita… ―Ella amplió la sonrisa, casi saboreando el momento.

―Formalidades para otro momento ―Se tomó la libertad de arrancar una nota de su pequeño block, arrebatarle el bolígrafo de los dedos y anotar un número―. See you, Mr. Paris.

Giró sobre sus tacones altos camino a la salida. Lo admita o no, la siguió con la mirada, tan curioso de aquella personalidad arrolladora que no perdonaba nada. Sonrió de costado y continuó con lo suyo.


Volvió a mirar su reloj, maldiciéndola. Tenía libre ese día y lo estaba desperdiciando al aguardar a la desconocida del día anterior. ¡Ni siquiera sabía qué hacía allí! ¿Por qué aceptó?

―¡Mr. Paris! ―La voz de la castaña llegó a él y se giró a verla molesto, claro que aquel vestido campana le hizo olvidar por qué quería reclamarle algo―. París es precioso, pero es fácil de perderse. Bien, ¿nos vamos?

Suspiró y comenzó a caminar. Odiaba a los turistas que miraban a París como si fuese un objeto simple por comprender, sacándose fotos y haciendo tonterías con el legado de Eiffel.

Mimi Tachikawa no era muy distinta, salvo que ella no escuchaba de razones y obraba a su modo, sin permisos ni perdones. Ella arrasaba como la noche sobre París.

Un día bastó para odiarla…, como también para descubrir que Mrs. NY comprendía París: ella también brillaba a su modo, como sólo la capital de las luces podía hacerlo.