Solicitud 012165

Aburame Shino

Registro: 012618

Cerró el pergamino y con cierta solemnidad lo introdujo en el primer cajón del armario de su habitación. Se giró para mirar a su padre, que le había llevado el rollo con el mismo aire ceremonial en cuanto este hubo llegado.

—Estoy vetado de misiones por un mes — dijo como conclusión final.

—El uniforme es incómodo, no permite una cómoda simbiosis — respondió su padre.

Shino asintió, puso en consideración aquél consejo, si bien la simbiosis no representaba el cien por ciento de sus habilidades como ninja, sí eran un punto clave de sus talentos.

Su padre giró sobre sus talones sin pronunciar palabra dejándole a solas en la habitación, cerrando la puerta una vez afuera.

Por unos instantes, Shino se preguntó si toda la familia tendría en conocimiento que había llegado finalmente ese mensaje para él. Sabía que muchos miembros habían servido en ANBU, o aún lo hacían. Tampoco era como si el clan fuera numeroso como otros, eran pocos, pero consistentes en el trabajo, así que era de esperar que en algún momento también recibiera ese… reconocimiento, por llamarlo de algún modo que no fuera lo evidente como "llamado".

Fue directamente a su escritorio, tomó una hoja de papel y escribió un mensaje que los Kikaichū copiaron. Era demasiado elemental, lo suficiente como para que no se confundieran y pudieran llevarlo correctamente. Luego de verlos partir, se quedó quieto, sin pensar realmente en hacer planes respecto a ese incierto e inquietante porvenir.

La tarde cayó pesadamente, el sol no entraba a la habitación puesto que la ventana se encontraba al lado contrario, pero aún así, era capaz de ver los tonos naranjas y rojos de la puesta. Para cuando reinaba el azul purpureo, los insectos volvieron, en un ordenado grupo volvieron a colocarse sobre el escritorio escribiendo la respuesta.

—Ya veo — dijo —; era de suponerse que él también — agregó poniéndose de pie y dirigiéndose hasta el armario. Lo abrió encontrando en el interior un espejo de cuerpo completo. Casi nunca lo usaba, le repelía la idea de vanidad o contemplación propia, pero lo necesitaba para monitorear los cambios que llegaban a producirse en su cuerpo debido a la colonia de Kikaichū.

Se quitó la capucha, sacudió su corto cabello, empezó a desabrochar la chaqueta; se quitó la primera y la arrojó a la cama, también la segunda, la playera azul que le quedaba al menos dos tallas más grande de lo que debiera, los pantalones. Finalmente estaba solo con la ropa interior y una camiseta sin mangas, respiró profundo viendo su reflejo con todas las peculiaridades. Sentía toda su piel vibrar, los insectos estaban aturdidos, el aire fresco los estremecía e intensificaba el zumbido. Era delgado, pero aún con el complejo de "túneles" que hacían sus huéspedes, conservaba perfectamente notables los músculos en los lugares correspondientes.

Tenía que controlar las circunstancias que se presentaban con el uso del uniforme, y aparentemente tenía un mes para ello, así que empezaría por dormir sin pijama.

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Aunque debió de quitarse los lentes oscuros para ponerse la máscara, no se sentía del todo incómodo. La respiración era distinta a como era con el cuello de su chaqueta, pero rápidamente se habituó a ello. Lo que le incomodaba un poco era el modelo del uniforme como tal, la tela amoldada a su cuerpo, el pantalón estaba demasiado justo en las caderas y el peto de la armadura se sentía raro sobre su cintura. Con todo eso, le quedaba el privilegio de la capa, con la que se envolvió mientras esperaba indicaciones.

—Servirás de apoyo para un equipo que se encuentra en una isla en la frontera con el País del Agua, es lo que usualmente se llama una "cacería de monstruos". Los detalles te los dará el capitán a cargo ¿Entendido?

Asintió en silencio, memorizó la ubicación y salió corriendo, nadie le acompañaría, pero lejos de sentirse desamparado, encontraba más cómodo aquello. Era difícil para él interactuar con personas nuevas a su círculo, y con toda seguridad los ANBU con los que haría su prueba, no tendrían en prioridad socializar con el chico nuevo.

Una "cacería de monstruos" era un frase coloquial para los ninjas con cierto grado, con la que hacían referencia a que buscaban individuos que eran responsables de una serie de asesinatos. Ya dependiendo del lugar o método recibían sus nombres particulares: el monstruo del acantilado se deshacía de su víctimas arrojándolas, precisamente desde un acantilado. El monstruo de las olas, no los ahogaba, solo operaba en una ciudad del País de las Olas y el caníbal de Takigakure no requería demasiadas explicaciones.

Shino no se sentía especialmente incómodo trabajando con muertos. Algunos miembros del clan tenían cierta especialidad en entomología forense, pero no había una gran difusión del estudio en Konoha -ni en el país, realmente-, y siempre resultaba de gran ayuda para completar informes de defunción y algunas otras investigaciones. Por su propia cuenta se había documentado lo suficiente como para resultar competente prestando ese servicio, y dado que iba a atender una misión respecto a asesinatos, sospechó que iba bien encaminado por lo que podía ser de verdadera ayuda al equipo.

El camino resultó un poco más tedioso de lo que esperaba, usualmente había alguien en el equipo que hacía barbullo. No era la primera misión en la que debía viajar solo, pero sí la primera con distancia considerable entre Konoha y el objetivo.

Finalmente llegó a la costa, solo quedaba el acercarse a la isla. Pensó que podía simplemente irse por el agua, o colarse en alguno de los ferris del puerto, no había dificultades de transporte para un ninja con experiencia, pero se encontró con que alguien le esperaba. Oculto a la sombra de algunos árboles, la máscara de perro se asomó un poco, como llamándole, y acudió a él con la misma discreción.

Siguió al silencioso enmascarado por una ruta de rocas por las que no había embarcaciones debido a la imposibilidad de navegación. Ya en la isla, continuaron camino hasta una casa de té bastante elegante. Entraron por la parte posterior y se colaron en una de las habitaciones del último piso. Una vez dentro, se encontró con otro ANBU sentado a la mesa con una buena cena servida.

Shino, en ese momento, no sabía muy bien cómo reaccionar; se había imaginado una base de operaciones ANBU como algo más privado, quizás una casucha abandonada, algo con un perfil más bajo. Le indicaron que tomara lugar a la mesa, así lo hizo y aceptó la comida ofrecida porque en verdad tenía hambre.

Nadie dijo nada hasta que terminaron.

—Van a recoger el servicio.

Los otros dos hicieron sellos y convirtieron sus apariencias en las de jóvenes bellas con vestidos elegantes. Shino, no muy convencido, luego de recibir una fotografía sobre la que le correspondía, realizó la transformación.

Justo como había sido anunciado, pronto llamaron a la puerta y entró una mujer a recoger el servicio.

—No hay mucha gente, pero hay un cliente nuevo, nunca lo había visto, desea la compañía de una rubia joven — dijo en un murmullo, y enseguida salió.

De los ANBU, uno precisamente simulaba ser una rubia, pasaba los veinte, así que hizo unos ajustes en su técnica para aparentar algunos años menos, luego dejó de la habitación dispuesto a tomar el trabajo. Shino comprendió entonces el objetivo, las chicas de compañía podían obtener mucha información, solían conocer más gente y en general, podían moverse con más facilidad que un hombre rudo haciendo preguntas directas de puerta en puerta. Lo raro en todo caso, era que no habían kunoichis en el equipo.

Luego de unos momentos, la mesa se vio ocupada por fotografías y varios papeles, mapas y apuntes.

—Nuestro objetivo, no identificado hasta ahora, tiene preferencia por mujeres de entre veinticinco y treinta años, de cabello oscuro y atractivas en general. Se ha hecho el hallazgo de cinco cadáveres, aunque son ocho los reportes de desapariciones. La causa de muerte para todos los casos es el estrangulamiento manual.

—No hubo violación ¿Verdad? — preguntó Shino mirando las fotografías de los cuerpos recuperados.

—No. Recuperamos dos cuerpos en el agua, no se encontró ninguna prueba que pudiese ser de utilidad. El resto se hallaron dispersos en distintos callejones de la ciudad.

El joven asintió.

—Tenemos algunos sospechosos, el problema es que pertenecen a los altos círculos de la ciudad y tienen una corte de ninjas de Kiri a su alrededor. Un fastidio, entorpecen todo y no les interesa en lo mínimo el asesino.

— ¿No hay posibilidades de que los ninjas sean responsables?

—Ninguna, hemos cuidado muy bien eso. Aunque el jefe de la ciudad está convencido de lo contrario, por eso llamó gente de Konoha y no de Kiri para resolver el asunto.

— ¿Cuál es mi función? — preguntó.

—Tenemos la sospecha de que nos descubrieron. Así que tendrás que encargarte de hacer las inspecciones y rondas. No tengo que decirte que nadie tiene que saber que estás ahí.

Shino volvió a asentir recibiendo las carpetas con la compilación de informes y pruebas encontradas. Cuando le indicaron cuál era la cama que ocuparía notó que el piso completo estaba a disposición de los dos ANBU y él.

Ya para la noche había leído casi todo el grueso reporte. Como nadie le había molestado pensó que estarían fuera y esperarían que estuviese al corriente para integrarlo formalmente. El salón común se encontraba desierto, por precaución tomó la imagen que se le había asignado y se acercó a la ventana; desde ahí tenía una panorámica de la ciudad y fue capaz de identificar casi todas las ubicaciones donde se encontraron los cuerpos y dónde vivían las que eran originarias de la ciudad, que eran solo dos, las otras tres junto con las tres desaparecidas, eran viajeras.

La isla era un punto turístico. El corredor donde se hospedaban era exclusivo de restaurantes, la casa de té era la única en su ramo, e incluso ocupaba uno de los edificios más altos. Había varias casas de juego más al centro, un buen número de bares y salones de baile. Había poco movimiento, pero no podía atribuirlo a las muertes; los insectos que había liberado notaban demasiada gente, pero seguramente de hábitos nocturnos, porque la inmensa mayoría dormía, incluso uno de sus compañeros. No se molestó en ello, las investigaciones requerían de mucho tiempo, un desgaste lento y constante, más que una súbita batalla de la que uno se podía reponer tras unas horas. Tenía entendido que llevaban ahí cerca de dos semanas y el asesino se les escurría entre los dedos bajo la gracia de los de Kiri. Frotó sus brazos para calmar el cosquilleo de los insectos.

Esperó la llegada del que había salido, lo que sucedió cerca del anochecer, este movió el hombro del sujeto que dormía susurrándole algo. El ninja se puso de pie comenzando a vestirse con cierta calma después de escuchar a su compañero.

—Yo tomaré la salida, fue a mi a quien descubrieron — fue todo lo que le dijo.

Los tres dejaron la habitación, y el que haría la salida se separó inmediatamente, el otro permaneció al lado de Shino dando un par de rápidas indicaciones que el chico comprendió sin ningún problema. A grandes rasgos, su deber no lo involucraba directamente con sospechosos o los ninjas de Kiri, dado que él podía abarcar más espacio gracias a sus insectos le habían encomendado la titánica tarea de identificar a las potenciales víctimas, las que pudieran cumplir con el perfil y mantenerlas vigiladas.

—No rompas la línea de acción, no podemos bajo ningún concepto dejarles saber que hay más de uno — le advirtieron.

Los Kikaichū formaron pequeños grupos y se extendieron por la ciudad. Él mismo empezó a moverse por las callejuelas, la máxima discreción era de vital importancia, no solo se ocultaba de la vista de turistas y comerciantes, había ninjas entrenados en sigilo muy cerca, enfrentar esa misión sin duda requería de lo mejor de la aldea. Inevitablemente se sintió alagado porque lo habían considerado para que incluso aquello fuera su iniciación.

Escuchó una revuelta en una casa de juego. Una bomba. Un hombre salió corriendo y detrás de él tres ninjas con bandas de Kiri. Permaneció oculto, poniendo todo su empeño en emitir la mínima señal de su presencia. Mentalmente armó el significado de lo que quería decir realmente "tomar la salida" y que aparentemente, no era simplemente marcharse de regreso a la aldea. De acuerdo al plan que logró comprender, el ANBU que creía haber sido descubierto intentaría un atentado contra alguno de los sujetos con escolta sin revelar su procedencia, si fallaba o lo conseguía no importaba y con algo de suerte al escapar se llevaría consigo a unos cuantos ninjas; una idea suicida, si lo alcanzaban en la huida con toda certeza le matarían, era el precio por ser descubierto, pero era la única manera de no comprometer la misión verdadera, si simplemente desaparecía sin más, no tardarían en dar con el resto del equipo.

Sintió una fuerte inquietud en el pecho en cuanto vio a dos ninjas más unirse a la persecución, entonces supo que no había manera de que lograra escapar. Los ninjas de Kiri no eran particularmente conocidos por su benevolencia, y sí por su persistencia para cazar hasta las últimas consecuencias a quienes tenían asignados como objetivos.

¿Alguien más del equipo lo auxiliaría cuando se encontraran lejos de la ciudad? ¿O lo iban a dejar a su suerte?

Una parte de él sintió la motivación de correr detrás, él podría hacerse cargo de uno o dos, quizás, si el otro ANBU se les unía podía quitarse de encima a los de Kiri, resolverían la misión antes de que enviaran otro equipo a hacer averiguaciones, cuando llegaran los refuerzos, ellos ya no estarían ahí, estarían a salvo.

Uno solo contra cinco, no había manera, no eran escoltas Chūnin, eran Jōnin. El impulso de correr detrás se hizo más fuerte…

Pero la indicación era quedarse, salir revelando su posición lo comprometía no solo a él, sino al resto del equipo y la situación terminaría en una batalla campal y Kiri tenía ventaja de distancia con su aldea, ese era el peor panorama que se pudo imaginar.

Confió seriamente en que si no podía pelear sería lo suficientemente hábil como para perderlos, pertenecía a ANBU, después de todo. Se giró para moverse en dirección contraria a la ruta de escape de la persecución.

¿De verdad lo iba a abandonar?

No lo conocía de nada.

Era un shinobi de Konoha.

Y estaba entrenado para pelear y comprender que era un trabajo riesgoso en el que los errores se pagaban incluso con la vida, él dejo que lo descubrieran.

Resolvió que trabajaría tan rápido como fuera posible, si zanjaban la cuestión de la ciudad no habría objeciones para alcanzar al otro y prestar ayuda.

Aprovechando la ausencia de cinco de los siete elementos ninjas detectados pudo moverse con mayor libertad entre callejones desplegando tantos insectos como pudo y algunos clones para obtener la mayor cantidad de información posible. Meticulosamente observaba a cada una de las mujeres y si determinaba que alguna cumplía la expectativa, le daba una marca para examinar mejor. En cuestión de horas, lo que en un principio le pareció complicado por lo genérico del perfil, se volvió una elección casi mecánica. Evaluaba las particularidades y las categorizaba dejando en prioridad a las que estaban con menos compañía o absurdamente solas, incluso las que estaban en casa preparándose para dormir. Si él tuviera que escoger alguna víctima perfecta, empezaría por ahí.

Dado que no había una real motivación de carácter sexual, importaba nada si llevaba un vestido entallado o un grueso pijama de franela así que no se molestó en analizar mucho los atuendos.

El número de marcas era demasiado elevado, no podría cubrir todas. Cerró los ojos tratando de reducirlas. Si los cálculos eran correctos debería haber golpe esa noche, la pregunta era ¿Quién?

Oculto en el pasillo que conformaban dos altos edificios, se acomodó para pensar claramente, cerró los ojos y mentalmente rememoró uno a uno todos los rostros y el contexto.

¿Cómo escogería a la siguiente?

El reporte con todos los datos había permitido al resto del equipo establecer algo como un perfil, se trataba de un individuo con dificultades para establecer relaciones, claramente organizado y brillante, establecían una necesidad de reconocimiento, un ego discreto que requería alimentarse de cierta manera. Reservado, formal, debería tener alguna habilidad no necesariamente ninja para pasar desapercibido, porque hasta donde habían podido averiguar, había quien recordaba "haber visto a alguien" pero nunca podían determinar con claridad una descripción.

Desde la tarde había dado vueltas al asunto y la conclusión a la que llegaba, le parecía un tanto incómoda aunque no por ello falta de razón.

— ¿Alguna novedad? — preguntó uno de sus compañeros de ronda que había sido guiado por uno de los insectos.

—Escojo a la talladora de La Real Casa de las Mariposas. Hay tres, pero solo una es morena — dijo Shino tranquilamente —; de acuerdo a la información que obtuve, termina turno a las cinco de la mañana y camina cinco bloques hasta su edificio departamental. La abordaría en la segunda, el restaurante de ahí cierra a las tres de la mañana y no abre sino hasta las dos de la tarde; hay un portal profundo. Dejándola inconsciente podría llevármela a cualquier otro lado simplemente diciendo que esta demasiado bebida ¿Quién no acaba así a esas horas? Nadie en este lugar parece tomar en serio las advertencias de seguridad.

El otro ninja lo había escuchado tranquilamente.

—Casi es hora — dijo por toda respuesta y emprendió el camino al punto señalado.

Para Shino, quedó clara su conjetura inicial, era el indicado porque era muy parecido al asesino.

La captura se llevó a cabo limpia y rápidamente.

—Busca a la serpiente y de regreso a la aldea. Yo terminaré las formalidades — dijo el ANBU a su joven aspirante. Este emprendió enseguida el camino.

Dos horas más tarde, Shino sintió un frío nacer desde sus entrañas y alcanzar cada centímetro de su piel: regresaba el grupo de insectos con la información sobre la ubicación de su compañero.

Pasó otra media hora antes de que se decidiera a tocar el trozo sanguinolento que quedaba entre pedazos del uniforme.

—Al final no lo consiguió…— susurró.

Había un protocolo para los cuerpos de los caídos en batalla: siempre iban de regreso a la aldea, nadie era abandonado sin importar las circunstancias, porque era importante entregar a la familia un cuerpo que sepultar, incluso más que salvaguardar los secreto de los clanes, su padre le había dicho eso. Se puso de rodillas para tomar la mayor parte del torso sintiendo el líquido viscoso ya frío, escurrir por entre sus dedos, filtrándose por la tela de los guantes negros.

No conocía su nombre, no podía reconocerlo siquiera, de la cara no quedaba absolutamente nada. Quizás fuera mejor que la familia no lo viera… pero de cualquier forma tendrían que enterarse… que alguien se rehusó a ayudarle.

Se sintió verdaderamente estúpido por llegar a pensar que la misión era demasiado fácil. Subestimó las probabilidades, quizás si hubiera empezado a trabajar desde la tarde y no aguardar a la noche hubiera habido tiempo suficiente para… No, no existirá tal cosa como un "hubiera".

Naruto alguna vez dijo que aquellos que no cumplían con las misiones eran escoria, pero los que abandonaban a su amigos eran menos que eso… Una mierda.

No valían ni como hombres.

¿Siete asesinos de Kiri y solo tres ANBU de Konoha? ¿Hubo oportunidad alguna?

Según los números, no. Sus compañeros eran especialistas en obtención de información, no en asalto, lo supo antes de partir de Konoha, fue absurdo confiarse al milagro de ganar a los de Kiri a riesgo de que sus refuerzos llegaran más rápido que los de Konoha.

Cerró los ojos un instante.

—Esa mujer… la que había sido seleccionada para morir en la madrugada, llegó a casa para abrazar a su hijo… lamento que tú no…— volvió a decir con un tono de voz tan bajo que pudo haberse confundido con el zumbido de uno de sus insectos.

—No tenía hijos — dijo el otro ANBU a su espalda manteniendo la distancia.

—Lo que dije, era para mi realmente.

—Hay que darnos prisa.

—Yo informaré a la familia.

—No tienes que hacerlo, alguien de administración lo hará.

—Quiero hacerlo. Fue mi decisión.

Aquellos que abandonan a sus compañeros son escoria. Pero aún la escoria debía tomar decisiones.

Solicitud 012165 ACEPTADA


Comentarios y aclaraciones:

Pienso que Shino llegaría a capitán en poco tiempo. Bueno, sabía a dónde quería llegar con él, esta parte en la que no siempre se puede un ganar-ganar… y pues hay que vivir con las consecuencias.

¡Gracias por leer!