Solicitud 012170
Yamanaka Ino
Registro: 012604
Arrodillada en la alfombra de su habitación no podía dejar de mirar con los ojos radiantes de emoción el pergamino que había esperado desde que recibió su Hitai-ate al graduarse de la academia. Ciertamente, con el paso del tiempo comprendió que quizás ese día tardaría en llegar un poco más de lo planeado.
El contenido redactado era puntual en fechas y horario, en la madrugada debía reunirse con su capitán, previo a ello debía tener una valoración médica y hacerse el tatuaje temporal.
—Estoy lista — se dijo a sí misma entrando al cuarto de baño para empezar a lavarse el cabello que era lo que le tomaba más tiempo.
Para cuando hubo terminado, abrió uno de sus cajones tomando dos juegos de ropa interior nuevos que había elegido especialmente para la ocasión. Renovaba el par cada cambio de temporada en una prueba de su esperanza por la llegada de ese día, siempre estaba preparada para ello. Se puso el primero contemplando el efecto frente al espejo, era de color negro y aunque efectivamente levantaba sus dotes naturales, también los juntaba y cuando se puso el uniforme, notó lo poco práctico que resultaba dado que tenía que llevar el peto hasta que las indicaciones cambiaran. Aún así, la idea de tener que recurrir a su atractivo de forma imprevista, descubriéndose con toda la sensualidad del mundo para revelar un top deportivo o un montón de vendas, la horrorizaba de sobremanera, tanto como el hecho de que fuera un hombre feo, si bien ello constituía una posibilidad real.
—Estoy lista — se repitió con seguridad, aún con la sensación turbia de su último pensamiento.
Preocupada por el destino incierto de su futuro como agente de información, desde que había descubierto el potencial de la sexualidad para incrementar el éxito de las misiones, aunque quisquillosa, se había aventurado a hacer pruebas, algunas de ellas escandalosas, tanto que le habían llevado a un punto de popularidad sin retorno y otras mucho más exitosas pero que no trascendieron en el conocimiento social. Finalmente, se había convencido de que ser guapa era más que uno de sus argumentos triviales, era su destino usar eso a su favor para salir airosa de cualquier situación y decidió que no lo tomaría como la desgracia de su vida, tal como hacían muchas que esperaban romances castos y no se hacían a la idea de entregarse a desconocidos.
Cambió el sujetador, el segundo conjunto era color burdeos, con un aire más dramático al contrastar contra su piel pero con un efecto menos incómodo con la presión del peto, y la parte baja resultaba adecuada como para poder correr sin terminar irritada.
Tomó una barra de labios denominada fresa, quizás demasiado cursi, pero no se sentía cómoda con el rojo, además, si tenía que ponerse la máscara por mucho tiempo corría el riesgo de hacer toda una mancha con efectos desastrosos.
Escuchó la puerta principal y a su padre anunciando su llegada, se puso contra la puerta y le llamó.
Él, desde el otro lado le preguntó lo que sucedía. Nerviosa y visiblemente exaltada le resumió todo sin importarle si debía guardar el secreto o no, era su padre y ningún protocolo estúpido iba a impedir que se lo dijera, si bien la puerta aún estaba entre ambos por lo que no podía verla con el uniforme puesto.
Sin embargo, el ninja guardó silencio por el tiempo suficiente como para volverse incómodo.
—Debo irme…— susurró afectada por la reacción de su padre, pensando que terminaría saliendo por la ventana en lugar de la puerta.
—Quiero verte — se apresuró a decir Inoichi.
Ella abrió la puerta despacio.
Solo fue un instante en que la miró como si tuviese cinco años, pero cuando fue consiente de que no era así, sonrió. Era el tipo de sonrisa que hacían las personas cuando no querían soltar una lágrima, porque cerraban los ojos con fuerza. Ino no resistió y lo abrazó besándolo en la mejilla, él por su parte la separó solo un poco, lo suficiente como para quitarle el color de los labios con su pulgar.
—Así está mejor.
—Ya es tarde.
Dejó la casa cobijada por la noche, con la sensación de dolor que su padre había impreso sin intención en la despedida, sacudió la cabeza apresurando el camino hasta el hospital.
La examinación se hizo en silencio, fue larga, tediosa y sin novedad.
Para cuando el médico le pidió que se descubriera el hombro para hacerle la marca en el brazo, en lugar de solo recoger la manga corta, se aventuro a dejar caer el cuello de la bata por el hombro revelando parte de su pecho en un escote que no llegaba a mostrar demasiado pero si resultaba innecesario, el hombre pareció imperturbable y tomo el brazo pasando los dedos por la zona que debía marcar, entonces, habiendo fallado a través de la primera vista, la suave piel de la chica no pudo ser ignorada, y aunque solo por unos segundos, la inspección se convirtió en caricia y ella volvió a atacar con una sonrisa.
—No duele ¿Verdad? — dijo con su voz más dulce.
—No — respondió el otro sosteniendo una mirada extraña, carente de toda emoción y ella se anotó dos puntos, conocía esa mirada, era la que todos ponían cuando no querían revelar que habían sido descubiertos en una situación inconveniente.
Volvió a vestirse con calma, partiría en una hora, quizás menos, ya se lo habían informado al no existir impedimento médico que dictaminara lo contrario.
En el espejo de los vestidores su reflejo le pareció agradable, volvió a pintarse los labios pese a que el recuerdo de su padre prefiriendo lo contrario turbó de nuevo su ánimo. Cerró los ojos y pensó que no debía de ser fácil para él, quizás ella ya había aceptado su destino como kunoichi desde que atendió las primeras lecciones de seducción en la academia, pero no creía que él lo hubiese aceptado aunque lo supo desde el momento en que en la sala de partos anunciaron el nacimiento de una niña y no de un varón.
—Estoy lista — repitió nuevamente mientras se colocaba la máscara y acomodaba su equipaje ligero.
El camino fue largo, pero no tan cansado como esperaba. Si bien estaba preparada para una dolorosa marcha forzada a través de árboles, resulto que las cuatro personas que conformaban su equipo habían terminado por colarse en una carreta que transportaba sedas, siendo además de todo, considerablemente cómodo, al menos el lugar que escogió. El capitán le extendió una caja con varias cartas fotocopiadas pidiéndole que las leyera, se las memorizara de ser posible. Aceptó la encomienda con pocos ánimos pero segura de que era importante para la misión.
Después de casi dos días, y antes de que pudiera decir en voz alta que estaba aburrida y que ya había terminado de leer el grueso compendio, el Capitán hizo una señal para que abandonaran el carruaje. Aún estaban a un par de horas pero querían que su presencia en la carreta se enfriara, además de que no necesitaban pasar por la obligatoria inspección que hacían a la entrada de la ciudad a todos los cargamentos.
A esas alturas, aún no le quedaba muy claro el plan exacto, pero tenia en su conocimiento que iban por la información de un cargamento de armas muy peligroso en distintos sentidos. Ya sabía el nombre del objetivo, en dónde encontrarlo, y detalles relacionados a él. Era un hombre mayor, aunque había envejecido con gracia y era un respetado actor retirado que se dedicaba al comercio.
—Tienes la mayor parte de la responsabilidad de esta misión — señaló el Capitán en cuanto encontraron un punto estratégico de reunión apartado de la inmensidad de personas que era la ciudad.
—Estoy lista.
— ¿Ves ese coche? — señaló el ninja indicando un elegante carruaje que avanzaba lento entre el tránsito de la avenida principal. Ella asintió con firmeza.
—Bien, cuando asome la cabeza la chica tienes que usar tu Shintenshin no Jutsu, te encontrarás con el objetivo y deberás hacer que esté convencido que eres su hija.
Ino sonrió de medio lado, incómoda con la idea, la última vez que suplantó a alguien las cosas fueron de mal en peor. Con las cejas contraídas por la inseguridad, pero repasando toda la información que había leído en tiempo récord, determinó que desde aquella vez había mejorado mucho.
— ¡Ahora!
Ino hizo sus sellos con rapidez justo al tiempo en que una joven se asomaba, curiosa por un peculiar incidente ocasionado por el resto del equipo. El cambio fue instantáneo, y al escuchar a uno de los escoltas indicarle que debía mantenerse dentro por seguridad, ya era la kunoichi quien estaba obedeciendo.
—No puede ser tan malo — dijo para sí.
Iba sola en el pequeño coche, molesta porque todo le había parecido demasiado abrupto y pensando que si no llegaban pronto a su destino tendrían problemas, si su chakra se acababa antes de eso, su mente sería expulsada y como no tenía ni idea de en dónde estaba su cuerpo podría tardar horas en encontrarse, si es que lo hacía.
Buscó la bolsa de mano para encontrar un espejo para acostumbrarse a su nueva apariencia e informarse un poco de los gustos particulares de la chica. Encontró lo que buscaba en un estuche dorado, se dio una mirada encontrando que no era fea y tenía buen gusto para el equipaje de primera mano. Tras algunos minutos, finalmente anunciaron que llegaban.
La casa era grande, había un pasillo flanqueado por numerosos guardias, no eran ninjas pero tampoco samuráis, eran más como espadachines independientes, ya los había visto en otras ocasiones como parte de las escoltas de células criminales pero no los había imaginado contratados al mayoreo, menos aún dentro de uno de los países con poderosa presencia ninja.
Al final de la guardia había otra cantidad de personas formadas, pero estos eran servidumbre en su totalidad. Todos alzaron la voz para dar una bienvenida seguramente ensayada varias veces por la mañana. A la entrada de la casa, gracias a una fotografía, pudo reconocer al hombre que debía ser su padre, con la expresión endurecida y los brazos a la espalda. Su corazón palpitó con fuerza ¿Debía correr a sus brazos? ¿Y si el hombre no aceptaba el contacto porque su hija debiera ser más reservada? Las cartas eran amenas y muy afectuosas pero no daban nada de referencias sobre el contacto físico más adecuado.
Entreabrió los labios dejando escapar un suspiro.
Ante su duda, mientras la puerta se habría y un lacayo estiraba su mano para ayudarla a bajar, el hombre cambió su expresión dramáticamente por una más cálida, sonrió y estiró sus brazos. No hubo más dudas, hizo lo que pudo para correr hacia él cuidando de no tropezar con el vestido o que sus piernas entumidas, por lo que debió ser un viaje muy largo, fallaran al andar sobre el resbaladizo camino que habían hecho las nevadas de los últimos días.
— ¡Hija mía! — le dijo besándole la frente.
— ¡Estoy en casa! — fue lo mejor que se le ocurrió para decir.
Tomada de su brazo entraron a la casa en medio de una celebración.
—No te esperaba tan pronto, pero he hecho todo lo posible para darte una grata bienvenida.
La joven rió mirando la inmensa casa.
—Ha sido un viaje muy largo, de verdad necesito bañarme — dijo con autentica ansiedad al no saber qué decir o hacer porque ninguno de los ninjas pudo asegurarle el motivo por el que la chica había hecho el viaje dos semanas antes de lo planeado, pero el hombre asintió volviendo a besarla y llamando a una de las sirvientas.
La kunoichi la miró intentando adivinar si se suponía debía conocerla o no.
—Ella reemplazara a tu antigua dama.
— ¿Qué paso? — preguntó completamente segura de que en ninguna de las cartas decía algo al respecto.
—Nada importante. Solo se ha casado y se ha marchado de la ciudad. Ella es nueva, pero es hábil, te atenderá adecuadamente.
La sirvienta hizo una reverencia y le pidió que la acompañara.
Subieron las escaleras, trató de recordar todo lo mejor que podía, se suponía que debería ser capaz de andar por ahí sin perderse, pero el lugar era enorme y no había señales del resto de su equipo.
— ¿Cuánto tiempo tienes trabajando aquí? — preguntó para evitar llamar la atención sobre su desubicación.
—Dos meses.
—Es poco.
—Suficiente para habituarme a este lugar, y mis obligaciones.
La joven torció la boca, tenía una sospecha pero no quería decirla en voz alta por si estaba equivocada.
— ¿Tardarán mucho en traer mi equipaje? Quisiera que lo hicieran con mucho cuidado, hay cosas delicadas.
—Estoy segura de que todo se encuentra ya en su habitación.
La habitación que le correspondía estaba al final del pasillo, la cerraba una puerta tallada con motivos florales. Ambas pasaron.
—Le ayudaré a desempacar.
—No es necesario — se apresuró a decir, quería hacerlo ella misma para que no hubiera sorpresas y al menos ser consiente de su propio equipaje.
—Entonces prepararé su baño.
Y diciendo eso la mujer se retiró hacia lo que parecía precisamente el cuarto de baño. Al verse sola se quitó la capa de viaje para sentir menos peso sobre sus hombros y se arrodilló frente a los tres baúles dispuestos en el centro de la habitación. Buscó entre su ropa alguna llave pero no la encontró, también revisó su bolsa de mano y encontró una, pero parecía demasiado pequeña para ser de alguna de las cerraduras, aún así se aventuró a intentarlo.
Para su sorpresa consiguió abrir pese a la diferencia de tamaños. Era ropa, toda muy cara aunque de gusto dudoso, ninguna prenda le encantó demasiado pero debía de conformarse. El segundo tenía mas ropa y una caja en la que encontró varias joyas, collares principalmente, pero pese a que estaba segura de que nunca en su vida podría comprar nada parecido, se le antojo como algo que usaría una señora mayor solo para presumir la posición de su marido, y no algo que una chica pudiera usar para su propia vanidad.
Abrió el tercero pero enseguida lo volvió a cerrar, aliviada de no haber permitido a la sirvienta ayudarle en la tarea, pues en el tercero encontró su propio cuerpo inconsciente con un ventilador artificial, seguramente para no asfixiarse en el encierro. Indignada, puso las manos sobre la tapa pensando las formas de clamar venganza por tratarla así sin echar todo a perder.
La sirvienta regresó y juntas se condujeron hasta el baño, fue largo y aunque debió ser relajante, no podía evitar el tensarse ante la idea de que seguía sin saber nada de su equipo, y el miedo a ser descubierta la mantenía incómoda.
A la hora de la cena pronto comprendió el motivo por el que era necesaria su técnica más que cualquier otra de algún maestro del disfraz. El objetivo, el hombre amable y sonriente que continuamente reiteraba lo feliz que era con ella ahí, estaba permanentemente custodiado por dos ninjas. Y no podían ser menos que Jōnin, casi estaba segura, solo esperaba que no fueran capaces de detectar el flujo anormal de chakra que necesitaba para mantener su técnica, aunque este era apenas perceptible.
La incomodidad creció, ya habían pasado varias horas desde que posesionara a la joven, perder el control en ese momento sería terrible. Fuera de eso, consiguió escapar con el infalible argumento del cansancio después del viaje.
Casi aterrada, caminó a toda prisa para regresar a su habitación consiguiendo no perderse en el trayecto. Se sentó en la enorme cama con la boca seca, al poco rato entró de nuevo su asistenta con una jarra de agua y un vaso.
—Esto ayudará — dijo habiendo cerrado la puerta, aceptó el vaso bebiendo apuradamente —; ahora sal de ahí antes de que se quede dormida.
— ¿A qué se debe la preocupación por una desconocida? — preguntó consiguiendo recordar a tiempo la contraseña establecida, si no era de los suyos entonces entraría en pánico porque implicaba problemas y ya se había bebido lo que le había dado.
—No hay desconocidos, solo amigos por conocer.
Suspiró aliviada y se dejó caer en la cama haciendo los sellos de liberación.
Abrió los ojos encontrándose en la obscuridad del baúl, con el ventilador dándole aire fresco contrastando con el calor que sentía, la piel perlada por sudor y el cuerpo entumido por haber permanecido en la misma posición por tanto tiempo. La sirvienta levantó la tapa con cuidado y le ayudó a salir.
— ¿Dos meses, eh? — preguntó Ino en voz baja sintiéndose considerablemente débil.
—Ha sido difícil, sobretodo por los dos ninjas, son realmente buenos, los tuve encima prácticamente desde que llegué a la casa, pero mi técnica de planchado de seda no los impresionó lo suficiente como para llamar su atención mucho tiempo.
Quiso reír pero se sentía verdaderamente agotada.
—No sé si pueda hacer esto mañana todo el día — confesó, quizás era la mejor del clan con esa técnica pero su chakra no era infinito.
—Debes aguantar hasta que tengas información adecuada.
Inconscientemente giraron la vista hacia la chica que dormía profundamente.
—Le he dado un sedante para que no haga escándalo.
Ino se llevó una mano a la cabeza sintiendo su pelo pegajoso por el sudor.
—Debes comer y dormir, mañana seguramente pedirá que desayunen juntos. Tienes que aguantar.
—Estoy lista — aseguró pensando que era una misión demasiado sencilla como para echarla a perder, aceptó lo que le ofrecía de comer y aunque se sentía considerablemente tentada a dormir junto a la joven, decidió quedarse en el baúl que era lo suficientemente largo como para acostarse sin complicaciones, porque si había una visita nocturna no podría explicar lo que hacía ahí, y no le resultaba muy convincente decir que era la amante de la chica.
Mientras comía, la mujer le decía todo lo que había podido aprender, tanto del funcionamiento de la casa como lo que los sirvientes pensaban de la joven para poder seguir haciendo lo mismo, aunque habían pasado años desde la ultima vez que estuvo ahí.
"Estoy lista" continuó diciéndose a si misma.
.
—Mi hermosa princesa.
La mañana brillante y fría de invierno acarició su piel erizando sus poros, se acercó hasta él para recibir su beso cálido. Conforme pasaban los días se dio cuenta de que no era verdaderamente difícil ser ella, porque solo debía ser una buena hija, consentida, con cierto sentido del humor según le informaban, solamente opacado por la necesidad de presumir los regalos y compras. Su padre también ayudaba a crear al personaje, era alegre y se dejaba querer, salía a pedir de boca la creación de un lazo de confianza, los tres años de separación habían sido una ventaja en varios sentidos, en poco tiempo la idea de que eran desconocidos se esfumó casi tan rápidamente como se esperaba.
Con el mismo paso del tiempo, los ninjas pronto dejaron de incomodarle, quizás porque había dejado de resultar el objeto de atención que exigía su entrenamiento de guardaespaldas. Ya sabía que tenían no más de cuatro meses en el cargo, y que antes de que ella se fuera no había tantos guardias, eso le dio ánimos para aventurarse a tocar el terreno que era su objetivo principal.
—Hay algo que no quieres decirme — dijo una noche mientras regresaban del teatro.
— ¿De qué hablas?
—Tantos guardias, los ninjas… tú no eras así.
El hombre guardo silencio unos momentos y acarició el dorso de su mano.
—Es por seguridad.
—Sí, eso lo imagino, ninguno es lo suficientemente gracioso como para haber sido contratado para tu diversión.
El hombre rió con una sonora carcajada.
—Es cosa de adultos, hija mía.
Y no insistió al respecto, solo se recargó en su pecho dejando que la abrazara, se sentía cansada pero no podía darse el lujo de dormirse de verdad, porque si la chica despertaba y se encontraba en un tiempo y lugar del que no era consiente, todo estaría perdido, además estaba muy lejos de su cuerpo, solo dejó escapar un suspiro, simulando dormir mientras el carruaje avanzaba lento de regreso a la casa, justo a tiempo para que uno de los ninjas abriera la puerta y se introdujera silenciosamente.
—No ha habido inconvenientes, pero sospechan que hay un infiltrado, las cosas están demasiado tranquilas como para ser normales.
El hombre hizo un además con la mano, restándole importancia.
—En tres días no va a importar, tendremos una vida nueva.
.
—En tres días es la fiesta de fin de año — susurró la sirvienta mientras terminaba de acomodar el cuerpo de la joven y la kunoichi comía de buena gana el pastel de carne que le había llevado.
Ino se mostró sorprendida de verdad ante el comentario, y era debido a que no había caído en cuenta de las fechas. Le quedaba claro que era invierno porque la nieve era un poco difícil de ignorar, pero no de la verdadera cercanía del fin de año.
—No creo que lo haya dicho metafóricamente — dijo al pensar que mucha gente tomaba eso de año nuevo, vida nueva, de distintas maneras.
—Debo informar, pero deberás quedarte sola un rato.
La joven kunoichi se limpió la boca y decidió caminar un poco, aunque fuera solo por la habitación, su cuerpo estaba recibiendo un peculiar castigo al estar condenado a permanecer inmóvil en un espacio pequeño, y aunque comía bien para recuperar energía, la falta de actividad ya le había ganado un poco notorio peso adicional. Pero eso no era importante dentro de sus pensamientos, lo que la ocupaba era la manera en la que debía descubrir lo que tenía planeado el hombre antes de la fecha límite que había quedado en el aire.
Nevó por la noche, con un poco más de fuerza que en los días anteriores, así que, al amanecer la blancura de los amplios jardines formaba un paisaje como de cristal que había tenido pocas oportunidades de admirar.
En todo el día no vio al comerciante, así que, cuando anocheció, el hombre apareció finalmente, disculpándose por no haberla avisado, sonriente y amable como siempre, pero al abrazarle fue consiente del latir desbocado de su corazón, estaba nervioso, casi asustado.
—Cenemos, te he estado esperando — dijo llevándolo hacia el comedor en donde ya había preparado todo, él se dejo conducir mansamente, y ese estado de aturdimiento era adecuado para lo que la joven deseaba hacer.
Respiró profundamente abrazándolo por la espalda, nunca antes había hecho lo que tenía pensado, y de lograrlo exigiría su lugar dentro de la historia del clan. Sonrió casi sintiendo el éxito pese a la nula práctica previa.
—Ha sido un día muy aburrido ¿Sabes?
— ¿De verdad?
Apenas mostraba interés.
—Estoy lista — dijo en voz baja, concentrándose, aprovechando la inusual ausencia de los ninjas que quizás no tardarían en hacer su acto de presencia.
Aventurándose a hacer un jutsu en un cuerpo que no era suyo, inició…
El comerciante se puso de pie con torpeza y un ligero temblor en las manos, al tiempo en que entraban dos sirvientes con los carros de servicios.
—Mi padre no se siente bien — anunció mientras le servía de apoyo para andar, y con cuidado le acompañó escaleras arriba, ya sabía en dónde estaba la habitación, y mientras abajo se movilizaban para llamar a un médico, tal como Ino esperaba, los dos ninjas no tardaron en aparecer apartándola para sostener ellos al hombre.
Los dos ninjas intercambiaron rápidamente una mirada, la joven sospechó enseguida que tenían su propia teoría de lo que le sucedía, pero no dijeron algo al respecto, sin separarse para no perder el control del jutsu, fue detrás de ellos.
Le recostaron en la cama y ella se arrodilló a su lado como lo haría cualquier hija preocupada. El médico llego tan solo un momento después y tras una examinación dictaminó algo que la kunoichi ya sabía porque ella lo había causado, solo eran los nervios. Le dejó un medicamento, recomendó reposo y se marchó.
—Estaremos afuera — dijo uno de los ninjas incitando al otro a salir. Ella los miro con su mejor expresión de preocupación sin llegar al drama, después de todo no estaba muriendo, y aunque la miraron con cierta duda, pasaron de ella enseguida.
"Idiotas" pensó regresando la vista al hombre. Una vez que se aseguró de que estaría sola colocó su mano en la frente sudorosa y amplia.
"Prometo no lastimarte…" pensó, sin aventurarse a hablar en voz alta.
El chakra de la chica era demasiado bajo como para resistir por mucho tiempo la técnica pero, el hecho de que el hombre no se resistiera ayudaba en demasía. Sondeó en los últimos pensamientos del hombre, todo estaba nebuloso, con poca definición, pero debido que él estaba pensando precisamente en eso, fue que pudo encontrar lo que necesitaba…
Sintió que un escalofrío la recorría, toda la información que el equipo había recolectado era solo una fracción, más con la intención de señuelo… vio a los ninjas que hacían de escolta, una amplia habitación pobremente iluminada y cinco mujeres jóvenes atadas en mesas de examen clínico, sometidas a fuerza de narcóticos, desnudas, apenas consientes.
"Han sido exitosas las pruebas…"
"En tiempo adecuado…."
"Puede iniciarse el traslado…"
"… botellas para brindis de fin de año…"
Salió de su mente apenas miró el recuerdo de los ninjas ejecutando a las chicas que súbitamente habían cobrado un poco de sentido, la primera apenas lo sintió, la segunda abrió mucho los ojos e intentó gritar, pero todo pasó muy rápido. Se arrodilló junto a la cama con una sensación de náuseas y los ojos llorosos, miró de nuevo al hombre dormir y se preguntó cómo era posible que un hombre tan amable como él, fuera partícipe de aquello.
Se puso de pie saliendo de la habitación, limpiándose las lágrimas de los ojos, pero nadie le preguntó al respecto, se apresuró a buscar a su sirvienta para darle la información, la encontró saliendo del comedor, ayudando a recoger los platos de la cena que no se sirvió.
—Lleva algo a mi habitación, cenaré ahí — se apresuró a ordenarle, adelantándose para no empezar a gritar su súbita indignación.
La mujer llegó poco después, en ese momento, la joven sentada en la cama solo estiró la mano para pasarle la información sin riesgos de que alguien le escuchara. La otra asintió, dejó la comida y se marchó. Confiaba en que su equipo partiera para interferir la entrega del cargamento del agente químico prácticamente indetectable, camuflado ingeniosamente en botellas de sake importado, muy costoso, lo suficiente como para justificar la presencia de un fuerte equipo de seguridad so pretexto de bandidos.
Pero en su mente quedaba aún impresa la imagen de las jóvenes muertas, quizás la misión incluiría matar al hombre. Llegados a ese punto ¿Tendría que hacerlo ella? Y más importante, ¿Podría hacerlo?
Sentía rabia, pero su padre mucho le había advertido de no actuar en momentos de esos. Se recostó en la cama abandonando el cuerpo de la joven que estaba lo suficientemente agotada después de haber hecho dos técnicas ninja de buen nivel sin tener entrenamiento alguno, y se decidió a aguardar por la confirmación de que todo estaba terminado.
No se animó a salir del baúl aunque hacía calor, la idea de tener que matar fríamente a un hombre con el que había estado conviviendo por varios días seguía presente, chocando radicalmente su sonrisa cálida con la imagen de las jóvenes muertas.
Sabía que algunas personas habían muerto durante las misiones que había ejecutado desde su graduación hasta entonces, nunca lo supo, no se detuvo a mirar quien quedaba detrás y todo era generalmente consecuencia de una batalla, pero ir y asesinar a alguien que ni siquiera podía defenderse, era otro asunto, no iría por ganar, iría deliberadamente por su vida.
Tras un par de horas, susurraron por el cerrojo.
—Hay que liquidarlo, te cubriré con los guardias.
Levantó la tapa con cuidado y cierta parsimonia, alejando los últimos rastros de su duda apartándose el fleco que se pegaba a su piel perlada por el sudor. Se mantuvo sentada un instante con pretexto de ajustarse los protectores de los brazos. Tomo una respiración profunda.
La otra kunoichi ya se había quitado las grandes faldas acomodándose el uniforme, no demoró demasiado y antes de salir le entregó su máscara, la que no se había puesto durante su encierro para poder usar el ventilador. La miró unos instantes, repasando con la punta de los dedos el contorno de las marcas rojas, se la puso y volvió a respirar.
—Estoy lista — dijo, pero no para su compañera, para ella misma.
Salieron de la habitación con rapidez, de regreso hasta donde el hombre dormía.
La mayor de las dos se adelantó desenvainando su ninjatō y señalándole una ventana por la que Ino salió.
Uno de los dos ninjas apostados en la puerta vio a la kunoichi que iba sobre ellos y consiguió evitar el primer corte, dándole tiempo al segundo para incluirse en la batalla, para ese momento la rubia ya había entrado a la habitación del objetivo por la ventana, saltó a la cama colocándose a horcajadas sobre él con un kunai en la mano.
No pudo usarlo de golpe como había pensado, se detuvo a escasos centímetros por sobre el cuello, completamente paralizada mientras veía sus ojos fijos en ella, pero no había miedo en ellos, solo la más absoluta de las resignaciones envuelta en esa bondadosa calidez que vio en él desde la primera vez.
Despacio llevó la mano derecha hasta su boca, por debajo de la máscara y mordió la punta de los guantes para quitárselos. Estaba segura de que iba a arrepentirse, que no debía de hacerlo pero siempre había tenido esa necesidad de… saber.
Afuera, el chocar de los aceros casi pasaba desapercibido, todo lo que no fuera su propio corazón latiendo con fuerza mientras mantenía el cuchillo en la mano, dejo de ser importante.
Puso los dedos sobre su frente y de nuevo él no se resistió, permitiéndole ver.
Dejó caer todo su peso innecesariamente, pues no había nada real que impidiese su movimiento y el acero atravesó la garganta resultando en un quejido ahogado que no le permitió decir nada, aunque no era necesario, ya sabía la verdad.
—Todo ha terminado.
Se quedó ahí por lo que le pareció una eternidad, sintiendo la sangre expandirse por la cama. Besó la frente del hombre tal como había hecho todas las noches desde que llegó a la casa, pero sin quitarse la máscara y cerró sus ojos aún abiertos con la punta de los dedos, si se ignoraba la sangre su rostro parecía apaciblemente dormido.
"Hubiera preferido ser su amante" pensó, para eso estaba lista, para eso se había preparado llegado el momento.
La puerta se abrió despacio entrando su compañera. La joven fue consiente de que era observada y se puso de pie rápidamente acomodándose de nuevo los guantes.
—Solo me aseguraba — se apresuró a decir sin recibir respuesta.
Volvió a respirar profundo aunque la máscara no lo permitía.
El tiempo que les tomó regresar fueron solo unos latidos, apenas escuchó cuando le dijeron que el reporte podía esperar a la mañana siguiente y conducida por la costumbre fue de regreso a su casa.
Las luces estaban encendidas detrás de la tienda en donde todo era oscuridad, abrió la puerta y entró en silencio, sin anunciar su llegada, sin percatarse de que había llegado un encargo completo de rosas de invierno y narcisos para las fiestas de fin de año que serían al día siguiente.
No le sorprendió mucho encontrar a su padre sentado en la sala, haciendo nada, con las manos en las rodillas y la mirada sombría. Quiso sonreír para él, pero solo consiguió soltarse a llorar cayendo de rodillas justo a la mitad de la sala frente a él.
Inoichi Yamanaka acercó su mano hasta la cabeza de su hija.
—Así son las cosas.
Solicitud 012167 ACEPTADA
Comentarios y aclaraciones:
Importante: las técnicas Yamanaka no son Kekkei Genkai, son jutsus secretos, por eso lo pudo hacer desde el cuerpo de la chica.
¡Gracias por leer!
