Solicitud 012171

Akimichi Chōji

Registro: 012625

Él nunca se había interesado en el funcionamiento de la rutina doméstica. Ningún niño lo hacía. Todo se limitaba a tener un desayuno servido por las mañanas, una bolsa con el almuerzo para la escuela, regresar y los refrigerios sobre la barra de servicio, la merienda y la cena siempre listos a tiempo.

Con toda seguridad, al crecer, su aporte a la vida familiar se concentraba en entregar íntegramente el pago de dos de cada tres misiones, el tercero lo mantenía en el bolsillo, para hacerse cargo de sus gastos personales.

Excluyendo cosas como la limpieza de su habitación y de vez en cuando fregar los platos, no había muchos lineamientos sobre lo que se esperaba de él, incluso como estudiante siempre tuvo claro que no había expectativas más allá de graduarse en la promoción que le correspondía, quizás llegar a Chūnin en un par de años. En realidad, su padre estuvo más que sorprendido cuando le dijo que haría el examen en su primer año, hasta dijo que hablaría con Asuma respecto a eso para pedirle que dejara pasar algo de tiempo, pero al final no lo hizo.

Entendió que se debía quizás a que no lo creían lo suficientemente bueno, y no los culpaba, ni él mismo lo creía hasta que se dio la necesidad de ser fuerte y dar todo de sí mismo. Así que quizás, no era exageración lo de sus padres, ellos eran personas sencillas que aceptaban que había gente que lograba la grandeza y otros que no.

No era como si no tuvieran ambiciones, su madre era la mujer más competitiva del mercado de repostería, y recordaba que su padre había luchado mucho para su promoción a Jōnin porque "no estaba dispuesto a quedarse como Chūnin mientras que Inoichi y Shikaku ya habían sido promovidos", pero esos pequeños triunfos no eran mucho en comparación a lo que él había recibido.

El pergamino que sostenía en su mano era algo a lo que jamás había aspirado, recordaba a Ino un poco eufórica cuando empezó a extenderse un rumor sobre que los once de Konoha ya habían sido elegidos, pero le pareció que no estaba incluido en la cuenta, no era especialmente destacado en algo particular, excluyendo las técnicas del clan, en las que destacaba sobre el resto de sus parientes.

Era extraño, como irreal, y le daba miedo consultar con su padre, definitivamente nunca con su madre, le daría un ataque o algo.

Dejó el papel a un lado, se reportaría en un par de horas según lo que decía ahí, así que se alistó. Tomó las píldoras, la bolsa de armas y metió en un saco el uniforme y la máscara que había llegado adjunto al mensaje, se cambaría en los vestidores del cuartel, no quería armar escándalo, mientras menos supiera su familia menos drama habría, no quería otra escena como la de los exámenes a Chūnin, elevada un par de veces por el evidente aumento en el grado de complejidad.

—Mamá, voy a salir — informó mientras la miraba esforzando la vista a través de la ventanilla del horno.

— ¿Qué? No me habías avisado.

—Me acaban de decir a mi también.

— ¿Es muy urgente? ¿Me da tiempo de prepararte algo?

—Creo que sí, no es tarde.

La redonda figura de su madre empezó a moverse hábilmente por toda la cocina y él se sentó en el desayunador, tan solo mirándola y sintiéndose como un niño pequeño, lo que era gracioso dada su edad real.

—Oye mamá…

—Dime corazón.

—He estado pensando, que quizás sea momento de que viva solo, ya sabes…

— ¿Dejar el nido?

Se la escuchaba seria, su voz un poco áspera.

—Es una manera de decirlo, si ¿Estás molesta?

Los ingredientes dispersos sobre la barra, el cuchillo empezando a cortar y el aroma de las especias flotando en el aire opacando el dulce de la vainilla con nuez.

—No. Creo que siempre supe que llegaría este día.

Pero no lo miraba.

—Además, creo que nunca encontrarás a una chica linda mientras vivas con tu madre ¿No?

—Hay otros factores por los que no podría encontrar a una chica, y tú no eres uno de ellos — dijo cruzándose de brazos.

— ¿De qué hablas?

—Nada.

Hubo un momento de silencio, cuando el ajo y la cebolla hicieron un pequeño estallido sobre la sartén.

—Y… ¿Ya viste opciones? ¿En los edificios del centro?

—No. La verdad es un lugar muy deprimente ahí. Pensaba más bien en algo a las orillas, ya sabes, para tener un huerto con su cerca blanca y todo eso — dijo riéndose, pero en ese momento su madre si arqueó una ceja.

—Esta casa pertenece a la familia Akimichi, desde hace tres generaciones…

—Lo sé, lo sé, supongo que regresaré en algún momento.

Ella movió la cabeza.

—Le pertenece a la familia desde hace tres generaciones, y es cómodo porque la hipoteca esta completamente pagada, está cerca del centro y cuenta con todos los servicios, incluso su propio refugio subterráneo. Pero no por eso estás obligado a quedártela, ya lo decidirás.

—Es demasiado pronto para decir esas cosas, ustedes todavía viven aquí.

La señora le sirvió el plato, se veía y olía delicioso.

—En mi experiencia, como esposa de un ninja y madre de otro, cuando te mandan llamar tan abruptamente, solo significa camino a marchas forzadas.

Terminó de cenar poco más rápido de lo que hacía habitualmente, pues no quería retrasarse.

—Cuídate mucho, no te sobre esfuerces.

—Sí, mamá — y la besó en la frente.

Su padre no estaba, se había marchado de misión apenas en la mañana, por lo que se planteó la idea de que entonces ella estaría sola mucho tiempo si se marchaba de la casa.

Salió y tomó camino, tenía que pensar bien las cosas, quizás era demasiado pronto e incluso innecesario, la mayoría de los jóvenes que vivían solos era básicamente porque eran huérfanos no porque así lo quisieran.

El examen fue rápido y el médico ni siquiera hizo comentarios respecto a su peso, lo que en sí fue una sorpresa porque ese era uno de los motivos por los que no le gustaban las revisiones.

Tras haber sido marcado y estar apropiadamente vestido, llegó al punto de reunión especificado que era un salón dentro del mismo edificio de ANBU. Le esperaban sentados alrededor de una mesa, un total de cuatro personas, él era el quinto.

—Soy el último ¿verdad? — preguntó casualmente, no realmente avergonzado pues de hecho faltaban cinco minutos para la hora acordada. Uno de los enmascarados negó con la cabeza y le invitó a tomar asiento, a la hora en punto otro ninja llegó. En ese momento, quien se presentó a si mismo como el líder del escuadrón, informó que irían a atender el no tan secreto "incidente de Hachō".

El nuevo recluta torció la boca debajo de la mascara, indeciso sobre hablar o no. Aquél incidente había levantado la indignación de todas las personas que conocía, pues el pueblo Hachō había sido reconocido como un territorio neutral en el que se daba protección y asilo a los refugiados de las aldeas vecinas que se veían envueltas en conflictos bélicos, no obstante, hacía un par de meses un grupo extremista había tomado el pueblo entero y lo mantenía como rehén para negociar con el Daimyō del País del Fuego la desocupación militar de otro territorio.

En todo el tiempo de ocupación las bajas civiles se contaban por cientos y los dos grupos ninja enviados a pacificar y recuperar, habían terminado estacados a las afueras del pueblo.

Lo indignante en todo caso, era que el Daimyō del País del Fuego no estaba dispuesto a desocupar el territorio que le reclamaban, ni tampoco pensaba pagar a más ninjas para salvar lo que quedaba de Hachō. Según se enteró, ese escuadrón iba por cuenta de Tsunade, y además del evidente objetivo que era disolver la célula secuestradora, debían de recuperar los cuerpos de sus compañeros y rescatar a uno que presuntamente seguía con vida.

A todo eso, el joven ninja no podía sino preguntarse el motivo por el que solo iban cinco cuando equipos de cuatro no hicieron ninguna diferencia. Consternado y evidentemente preocupado por lo que pudiese implicar ello, sintió con mayor fuerza la necesidad de aclarar que su experiencia no era basta, y con la delicadeza que exigían las circunstancias, pensaba que no era tan buena idea enviar a un novato.

—Dejo en constancia, que nosotros ya no vamos a realizar ninguna negociación. Esto es por los caídos, nuestros compañeros y los aldeanos. Entraremos, y como se espera del equipo, se realizará la eliminación táctica.

Todos asintieron, incluso él que se quedó con las palabras bajo la lengua. Entendía la gravedad de la situación, y compartía el sentimiento aunque no había tratado personalmente a ninguno de los que habían marchado antes que él. Cuando Ino le hizo saber las intenciones de Shikamaru para vengar a Asuma, sintió miedo también, porque se trataba de dos ninjas Akatsuki, renegados de alto nivel contra los que no pudieron hacer nada la primera vez, pero la necesidad de detenerlos, de hacerles pagar, le llenó de valor. De la misma manera estaba dispuesto a prestar su fuerza en esa ocasión.

Un mapa fue extendido sobre la mesa, el líder del equipo explicó que esa era la distribución de hacía dos meses, pero que cabía la posibilidad de que las cosas hubiesen cambiado debido a los enfrentamientos armados y la formación de trincheras que habían adoptado los ocupantes, bloqueando los caminos, si bien entrar por la puerta principal no podía ser una opción realmente.

—De acuerdo a la única información que recibimos de los equipos predecesores, los aldeanos se encuentran reunidos en este punto — indicó señalando lo que era anteriormente una plaza comercial. Después se dirigió al joven.

—En vista de las circunstancias, lo más adecuado será que tomes posición en ese lugar hasta que nosotros despejemos el resto, en esencia, constituirás la única defensa entre los secuestradores y los aldeanos que sigan con vida, de modo que si deciden matar a los rehenes, no lo permitas, pero hasta ese entonces deberás mantenerte oculto, no podemos permitirnos que sepan de nosotros hasta que el último este muerto.

Asintió, eso era algo que podía hacer, doblando su tamaño podía convertirse literalmente en un muro inquebrantable.

Iniciaron la marcha con la determinación de que lograrían el éxito, para cuando la aldea apareció frente a ellos, se esforzaron en pasar desapercibidos, a partir de ahí se separarían de acuerdo al plan establecido y exitosamente encontró por su cuenta el lugar pese a las deformaciones que se habían hecho en la traza urbana respecto al plano que había visto.

Consiguió entrar en la primera zona de la plaza sin ser detectado. Todo estaba oscuro debido a que las ventanas habían sido selladas con gruesas tablas de madera y un desagradable olor a suciedad impregnaba el ambiente. Solo había un par de habitaciones vacías en una sucesión que le dio a entender que se trataban en realidad de locales comerciales saqueados. Se ocultó rápidamente al escuchar a dos personas que se acercaban, hablaban en murmullos y cargaban consigo una gran olla bastante golpeada y quemada por fuera.

Consiguió seguirles sin que notaran su presencia, muchos podrían cuestionar sus habilidades de sigilo, pero a decisión unánime, su equipo se había especializado en ello para formar un equipo de infiltración y espionaje, por lo que había afinado sus habilidades pese a lo que pudiera sugerir un cuerpo de su tamaño.

Los hombres abrieron una gran puerta corrediza y se identificaron con otros dos que hacían de guardias.

No podía entrar por ahí, sería visto fácilmente, así que se dedicó a buscar otra entrada menos comprometedora. La encontró, aunque debió usar dos jutsus para pasar sin hacer ruido, de esa manera consiguió llegar hasta una de las simuladas celdas, que no eran otra cosa sino locales a los que les fueron puestos barrotes improvisados, pero macizos, sellando completamente el espacio. El ducto que había usado era estrecho, y como medida de precaución había sido rellenado con escombros que debió mover a su paso, le pareció demasiado tiempo el que usó para abrirse camino, pero notó que lo había hecho rápido cuando frente a los barrotes aparecieron los dos hombres que había seguido.

Cuando consiguió mirar hacia abajo, con la poca visibilidad que había, solo por el chakra pudo determinar el número de personas encerradas. Estas habían reaccionado al escuchar la voces de esos sujetos, y se arremolinaron hasta los barrotes sacando las manos por los agujeros. En respuesta, uno de los hombres comenzó a propinar golpes con una pala de madera exigiéndoles que se retiraran, pero las personas no escuchaban, solo gemían. El otro hombre introdujo una cuchara en la olla y arrojó el contenido a través de los barrotes.

Los prisioneros se arrojaron sobre los restos que habían caído al suelo. El celador arrojó algunas cucharadas más y después se marchó a la siguiente celda donde realizó el mismo procedimiento.

El ninja sintió que su estómago se comprimía, pero aprovechó que nadie prestaba atención para poder bajar y acercarse hasta la reja. Se asomó pero no alcanzaba a distinguir mucho. Optó por usar un jutsu de transformación para no llamar la atención hasta que recibiera la indicación de entrar en acción, aunque la oscuridad hacía difícil que alguien supiera junto a quién estaba.

Dio un par de palmadas a la reja, supuso que de un buen golpe podría derribarla. Al cabo de unos minutos, con la olla vacía, los dos hombre regresaron por el mismo camino y abrieron la puerta para salir. El instante fugaz que hubo de luz le ayudó a corroborar que, efectivamente, estaba al principio del complejo donde tenían prisioneros a los sobrevivientes, lo que era adecuado porque podía saltar a obstruir el camino dejando detrás de sí a los demás.

Se recargó contra la pared, el olor que despedía lo que fuera que habían arrojado, era nauseabundo, el piso estaba pegajoso y no se necesito de mucho ingenio para saber que no había un cuarto de baño y el suelo que recibía sus desechos era el mismo sobre el que les servían la supuesta comida.

Volvió a sentir el nudo en su estómago pero se mantuvo firme. Tenía la idea de que los demás debían de ser rápidos como para poder completar la misión antes de que se armara un escándalo, solo debía de esperar un poco para no comprometer la seguridad de las personas.

La euforia por la comida había desaparecido, seguramente cuando se terminaron las sobras servidas, y en silencio pudo sentir como todos se replegaban contra los muros.

"Aguanta, solo un poco", se dijo para no levantarse en ese momento y hacer una ola de destrucción sobre los captores al otro lado de aquella puerta.

Sintió un peso extra sobre su brazo y giró la vista, aunque no podía ver más que una silueta pequeña que se había cobijado a su lado. Pasó su brazo alrededor y adivinó que se trataba de un niño, al momento de tomar su mano un escalofrío lo recorrió; estaba demasiado delgado, tanto que podía sentir a la perfección sus huesos y la piel helada.

—Solo resiste un poco, por favor — le dijo recargando la cabeza en los barrotes.

Quiso entender que, aunque fueran rápidos, debía de tomar un rato el poder considerar la situación segura, después de todo, otros lo habían intentado ya y habían fracasado.

Cerró los ojos, concentrándose para cuando llegara el momento.

Empezó a contar para saber cuánto tiempo había transcurrido. Los primeros sesenta segundos parecieron eternos, y a medida que la cuenta se extendía, podía sentir como si llevara una eternidad esperando si bien los número lo contradecían.

Golpeaba los barrotes rítmicamente con la cabeza y la mano izquierda, respiraba casi jadeando.

Escuchó un ligero gruñido en su estómago. Siempre tenía algo para comer cuando le daba hambre, pero la idea en ese momento era tan estúpida que no pudo sino sentir una creciente furia apoderarse de su cuerpo.

Retomó la cuenta en donde se había quedado.

Había aprendido a ser paciente hacía mucho tiempo, su papel siempre mediaba entre el ímpetu competitivo de Ino y la pereza de Shikamaru. Quizás de este último había aprendido mucho más de lo que podía suponerse, él siempre había dicho que la paciencia era la clave para el éxito de cualquier plan.

Los gemidos se escuchaban a lo largo de todo el corredor, algunos más intensos, otros apenas audibles. Podía sentir su chakra extinguiéndose de a poco, pero había de esperar, solo un poco más.

Pasaron aproximadamente cuatro horas antes de que al otro lado de la puerta se escuchara movimiento, se puso en cuclillas, reuniendo el chakra en los puntos adecuados. La madera de la puerta salió despedida y entró un grupo armado con lanzas de punta, espadas y bombas en la mano.

Pero él ya estaba listo, lanzando un grito hizo sus brazos crecer lo suficiente como para empujar la reja, atrapando entre esta y el muro al frente a tres de los hombres. Hizo un movimiento con el hombro para derribar a uno de los sujetos que pretendía entrar a la celda. Tal como lo había planificado, consiguió apoderarse del pasillo obstruyendo la entrada y lanzando puñetazos con sus brazos aumentados, hizo a los otros retroceder.

Detrás de él reinaba la confusión, todo había sucedido demasiado rápido y los aldeanos secuestrados no sabían exactamente qué hacer, de manera que, una vez que él hubo dejado fuera de combate al resto de los captores en la estancia, debió decirles que tenían que salir e ir detrás de él.

Volvió a aumentar su tamaño para abrirse paso entre los escombros y las barreras puestas hasta que alcanzaron la puerta de salida, en la que ya estaba el resto del equipo que se había reunido para prestar ayuda al joven, lo que al final fue innecesario.

—Un equipo médico viene hacia acá — dijo el líder.

Estaba amaneciendo, los aldeanos seguían refugiados en los escombros de su prisión, acostumbrándose a la luz. Les dedicó una mirada a sus cuerpos languidecidos, sus posturas encorvadas ante falta de fuerza para mantenerse derechos y le pareció difícil imaginar que un día podrían volver a ser quienes fueron.

—No has acabado tu parte — susurró uno de sus compañeros señalando a uno de los hombres que se arrastraba por entre los escombros de la ruta de escape que había trazado.

No había necesidad alguna de ser explícito en lo que tenía que hacer para completar su parte de la misión. Se acercó desenvainando un kunai, él no solía usar armas, pero no le apetecía usar sus puños. Se arrodilló frente a él, quizás con la esperanza de que le expusiera los motivos por los que había hecho lo que había hecho. No era como si fuese a cambiar algo, pero tal vez estaba acostumbrado a los trasfondos, más allá de la versión oficial que por experiencia, sabía que no necesariamente era verdad.

Pero el hombre no decía palabra alguna, lo miraba con rabia y trató de hacer un movimiento, pero pudo preverlo y consiguió hacerle un corte limpio en el cuello antes de que las bombas bajo su ropa fueran activadas.

Se sintió extraño, incómodo, pese a lo que había visto que aquellos eran capaces, no se sentía con el derecho de arrebatarles la vida. Se puso de pie y caminó de regreso sobre sus pasos, tenía que asegurarse que los otros no tuvieran la misma intención suicida y destructiva. Nadie le asistió en el penoso proceso, y a medida que iba aproximándose al último, fue consciente de cómo poco a poco se iba entumeciendo.

Realmente no estaba seguro de cuándo fue la primera vez que debió quitarle la vida a alguien, ni tampoco estaba seguro de si pudo hacerlo solo o Shikamaru le ayudó pero, en lo que respectaba al efecto que daba la muerte, después de Asuma, poco se había impresionado por lo que vio después.

Se frotó los ojos, sentía que tenía la vista nublada y los dedos insensibles.

Los médicos llegaron poco antes del medio día, se pusieron a trabajar apresuradamente. Para ese momento, el equipo ya se había retirado pero se mantendrían aún en la aldea, al menos hasta que se resolvieran las cuestiones protocolarias, ya que el problema principal realmente no estaba resuelto por lo que un nuevo grupo extremista podría aparecer.

Permanecieron en silencio, uno de los médicos se acercó a su estancia ofreciéndoles el almuerzo, lo aceptaron y comieron en silencio, aunque el más joven miraba su plato a través de la máscara con desgana, la sensación y el olor de las celdas aún estaban presentes en su memoria.

— ¿No vas a comer? — preguntó el líder.

Dudó por unos instantes, su estómago se quejaba y lo había ignorado un buen rato, podía seguir haciéndolo pero cayó en cuenta de que su ayuno no servía para absolutamente nada, así que tras unos instantes empezó a comer.

Luego de una semana recibieron la indicación de regresar, terminaron las formalidades en la torre de la Hokage y recibió el permiso de regresar a su casa. Así lo hizo, y en su camino encontró dos lugares que le agradaron y estaban convenientemente en renta.

Su padre había regresado también y los tres pudieron sentarse a cenar como lo hacían cada que tenían oportunidad. Sintió la mirada de su padre fija sobre él.

—Tu madre me ha dicho que deseas vivir por tu cuenta — dijo al fin.

—Sí, no es como si me fuera para siempre, solo quiero…

—No necesitas explicarte, hijo. Creo que te hemos subestimado.

—No es la gran cosa — dijo mientras vaciaba algo de salsa en el arroz.

—En serio, todos te han subestimado, pero me alegra que seas más grande de lo que incluso tú quieres aceptar.

Chōza sonrió, y algo en su sonrisa le dio a su hijo una sospecha de que quizás sabía de dónde venía.

—Por tu camino ninja, hijo — brindó levantando su vaso de zumo.

Solicitud 012168 ACEPTADA


Comentarios y aclaraciones:

Aclaro que no pienso que Chōji sea un asesino nato, solo que es una persona demasiado templada, consciente de los aspectos de ser ninja y capaz de madurar a través de las situaciones que se presentan. Seguí un consejo de Ellis sobre meter la comida, pero pienso que si lo que vio le quitaba el apetito ya sería hora de buscarse otro empleo.

¡Gracias por leer!