Nota del autor: Bueno, lamento la espera pero aquí tenéis finalmente el primer capítulo en el cual presento al personaje que acompañará a nuestros héroes durante el transcurso de esta historia. Leed, disfrutad y comentad, los comentarios son siempre bien recibidos puesto que los necesito para mejorar la calidad de mis obras, sean bueno o malos.
Aviso: Jak y Daxter son personajes pertenecientes a Naughty Dog y Sony, yo no poseo ningún derecho sobre ellos.
Capítulo 1: Primeras impresiones
Defcom POV
Me desperté de repente, como siempre el corazón me latía a velocidades anormales, agarré mi arma y me preparé para ….. nada. Absolutamente nada. Mierda, nunca me quitaré estas pesadillas. Todos los días me levanto pensando que me atacan, ojala aquél fatídico día en lo que todo se fue al infierno nunca hubiera pasado. Tantas vidas perdidas. Me quité las sábanas de encima y me senté al borde de la cama dejando el arma apoyada detrás mía con el cañón descansando sobre la almohada como si estuviera durmiendo aún la mañana. Miré al frío suelo, frío y monótono suelo, ojalá las cosas fueran más monótonas. Las cosas monótonas serán aburridas sí, pero predecibles. Siempre sabrás lo que pasará a continuación puesto que es un ciclo que se repite una y otra vez. Veo algo que cae hacia el suelo, una lágrima. ¿estaba llorando? ¿Por qué? Nada triste me había pasado, bueno si, aquello. Mi infierno particular, no quería pensar más en ello. Me levanté de la cama y me di la vuelta para coger mi preciada arma, dicha arma era un objeto temible si era usado correctamente, aparte de estar envestida en una belleza y soberbia anormales para un arma. Su largo cañón acabado en una boquilla plana rectangular con un ensanche en el centro del mismo. El cuerpo del arma, lleno de líneas curvas elegantes y… letales. La culata ajustable que tan cómodo hacía el disparo, lo cual teniendo el cuenta la potencia y el retroceso del arma era de agradecer. Quizá demasiado, solo había que mirar mi cuerpo escuálido con una camiseta y unos pantalones de chándal recién levantado de la cama para comprobar el buen trabajo de la culata. Con mi preciada arma bajo el brazo empecé a caminar hacia la puerta de mi cuarto con pesadez, arrastrando mis pies descalzos sobre el frío suelo, agarré el pomo y abrí la puerta la cual me reprendió con el acostumbrado quejido. Dejé mi arma apoyada en la pared del pasillo y me dirigí hacia la cocina para desayunar, sin tener nada planeado. Lo que hubiera, que no era mucho dado a la desconfianza que le tenía a los tenderos de Spargus. Ah, Spargus. El lugar en el que se suponía que iba a encontrar un lugar alejado de los problemas, no sabía cuan equivocado estaba. Habiendo desayunado y con algo de comida en el cuerpo, el cambio era apreciable en mi postura puesto que se había sustituido al zombie que se acababa de levantar de la cama con alguien lleno de vida y que simplemente parecía feliz, ya no arrastraba los pies ni iba con la cabeza gacha. Mi sonrisa, de las pocas cosas que no habían cambiado, de las cosas que ella le gustaban. Eyle, el amor de mi vida, mi alma gemela. La chica sin la cual no había razón para vivir. Aunque no nos viéramos mucho ambos teníamos esa sensación de conexión a pesar de las distancias que nos separaran y siempre habíamos estado para apoyar al otro, ambos almas libres que necesitan de espacio, una unión casi imposible hecha realidad. Los momentos juntos merecían la espera, y al ser ambos jóvenes íbamos en la búsqueda de la tan aclamada aventura que había acabado por ser un día a día de supervivencia. Si seguía por esa línea de pensamiento iba a volver a llorar, lo sabía. Tenía cumplir la promesa que le hice al separarnos para volvernos a ver cuando los precursores vieran necesario, si es que seguían ahí. Debía de ser fuerte, debía recuperarme, debía salir y coger aire. Se dirigió hasta su cuarto y abrió su sencillo armario y miró las pocas ropas que conservaba, su traje de combate, varias camisetas y pantalones y algunos pijamas enteros. Cogí la percha en la cual estaba mi traje de combate y la tiré encima de la cama con el traje de combate aún puesto en ella con una mano mientras que con la otra abría los cajones que iba a usar después, luego me di la vuelta para sacar la percha, dejarla en la cama, quitarme el pantalón y camiseta que llevaba y ponerme el ajustado traje de combate negro. Dicho traje se componía de unos pantalones y una chaqueta ajustada de material mate negro cuya cremallera era trasera. En la parte delantera de la chaqueta había seis círculos azules en la zona abdominal que brillaron mientras me ponía la chaqueta, en dichos círculos residía el sistema operativo que regía el traje y se adaptada a los requerimientos del usuario según su postura corporal aunque este también respondiera a órdenes verbales del mismo. Este traje no era liso, cuando estaba inactivo sin camuflaje alguno mostraba su verdadero aspecto, en la parte delantera había seis líneas blancas que partían cada una de los distintos puntos azules para reunirse con otros seis puntos de color rojo en la espalda de la chaqueta. Este traje tenía la ventaja de ser transpirable lo cual me permitía ponérmelo aunque hiciera calor, aparte de que requería contacto con la piel para asegurar una buena conexión con los doce núcleos inteligentes del traje, además esta chaqueta tenía múltiples bolsillos colocados en la cintura y traía cinturón propio lleno de pequeños bolsillos en los cuales se separaban las granadas explosivas, de humo y aturdidoras. Los pantalones ya eran más normales, no tenían puntos y eran completamente lisos aunque también tuvieran el camuflaje adaptativo que tenía la chaqueta, el pantalón en sí tenía cuatro bolsillos a los lados siendo dos a cada lado y uno encima de otro. Habiendo terminado de vestirme me coloqué delante del espejo y me miré de arriba abajo comprobando que todo estuviera en su sitio. Ese traje que parecía una segunda piel parecería muy raro ahí fuera puesto que todo el mundo llevaba esas feas túnicas con protectores, así que decidí camuflarlo un poco. Levanté mi brazo izquierdo y me lo acerqué al pecho para tener un mejor acceso a la consola que se iniciaba tocando dos veces la muñeca con dos dedos. Vi la singular pantallita proyectarse y acercando los dedos a ella seleccioné un suave azul con líneas blancas perpendiculares en la chaqueta que escondiera los puntos y no destacara tanto como lo hacía el negro. Una vez hecho esto me acerqué de nuevo a mi armario y me puse mis botas de combate, que eran más normales que el resto del set de combate, lo único especial que tenía era su extraordinaria resistencia y su buen agarre a casi todas las superficies, aparte de tener también mi camuflaje adaptativo. Me giré hacia los cajones para sacar mis guantes favoritos, estos también podía camuflarse pero sin embargo yo les había dejado puesto un diseño fijo que podría quitar pero que a mí me gusta llevar, dicho diseño era el dibujo de la mano calavera que estaba en la parte superior de los guantes de tal manera que simulaba que mi mano eran de calavera, aunque este bonito detalle no tenía la precisión para realmente aparentarlo puesto que era un dibujo sobre fondo negro que tras yo seleccionarlo y ajustármelo cambió al azul, molaba. Me miré al espejo de nuevo para comprobar una vez más que todo seguía en orden, me subí la capucha y busqué las municiones que tenía guardadas, eco rojo para el fusil antimaterial, amarillo para el omnifusil y azul para el subfusil, luego fui a buscar las armas que estaban también en el armario salvo el antimaterial que lo había dejado antes en el marco de la puerta, las armas al entrar en contacto con mis guantes se replegaron quedando una especie de cajas que al ojo inexperto nadie había pensado que eran armas, ese era el truco aparte de que eran más fáciles de llevar que si cada una se quedaba con su tamaño real. Aunque esta última característica no la tenía el fusil antimaterial para asegurar esa precisión absoluta que a mí tanto me gustaba. Me llevé el fusil antimaterial a la espalda donde que se quedó pegado gracias a unos imanes ocultos a simple vista presentes en el traje quedándome cruzado con la culata sobresaliendo sobre el hombro derecho para poder cogerlo rápidamente en caso de que fuera necesario, luego enganché el subfusil en mi pierna derecha y el omnifusil a la parte baja de mi espalda. Me subí la capucha, me puse mis cascos por dentro la capucha, los enchufé a mi MP4 y me dispuse a salir, pero claro si en ese momento alguien me hubiera dicho que probablemente tardaría en volver me hubiera llevado algo más conmigo o directamente no hubiera salido, que cojones. Las calles estaban siendo azotadas por el polvo, como siempre, me subí la capucha y empecé a andar de camino a la puerta que daba la salida al desierto, aunque tuviera que pasar por el garaje de los exploradores de Spargus. Las monótonas calles de Spargus, calles de tierra y bordeadas de las extrañas casas modulares que parecía extenderse por todo el terreno habitable dándole un aspecto poco acogedor a la ciudad. Sus habitantes tampoco colaboraban mucho en ese aspecto, todos daban la impresión de ser personas duras y agresivas, hombres y mujeres. Sin excepciones, lo cual me hico apretar el paso para llegar a mi destino lo antes posible. Llegué a la puerta del hangar en cuestión de pocos minutos, al abrirse me encontré con que no estaba solo, parecía que un explorador tenía una misión que cumplir puesto que estaba cerca de uno de los coches. Nunca había visto a este explorador antes, llevaba el cuerpo cubierto con placas de protección precursoras, encima de una blusa azul sin mangas que dejaba al descubierto unos brazos musculosos que salían de una ancha espalda, llevaba perilla y el pelo de un extraño color verde que se mezclaba con el amarillo en la parte final de pelo que llevaba en un extraño tupé corto que se alargaba un poco hacia atrás. Además de esto llevaba unas extrañas gafas en la frente, un arma mórfica al a espalda aparte de una turbotabla y un pequeño ottsel en el hombro. Este también llevaba gafas aparte de unos extraños pantalones vaqueros con un agujero por el que asomaba su larga cola, estos dos personajes tan curiosos parecían molestos de haber sido interrumpidos, se me quedaron mirando como si yo tuviera cabezachapas en la cara. Sobre todo el pequeño, que me había disparado un mirada asesina desde el hombro de su compañero, aunque ambos no tardaron en volver a lo suyo. Se subieron al extraño coche que parecía haber elegido y salieron raudos hacia el desierto, este sencillo hecho llamó mi atención y decidí seguirlos usando mi propio vehículo que estaba enterrado en la arena fuera protegido de miradas curiosas, merodeadores y las famosas tormentas de arena. Salí afuera agradeciendo a la capucha su protección contra la dura arena mientras tuviera la cabeza baja, me puse los cascos y llamé a mi zoomer particular, el cual yo había modificado fuertemente. Era más rápido, más ligero y tenía un mejor control aunque le tuve que quitar el modulador extra que le permitía elevarse por lo que solo circulaba por el suelo, como un coche normal. Aunque fuera bastante más grande que un zoomer normal y esto pudiera llevar a impresiones equivocadas sobre su rapidez, yo ya había comprobado esta en repetidas ocasiones, de hecho no estaría vivo si así no fuera. El zoomer, salió disparado del suelo en apenas un par de segundos levantando mucha arena y dejando un enorme hueco en la arena, me subí a él sin preocuparme por el agujero del suelo, ya lo taparía el viento. Ahora quería ver lo que hacían aquellos dos, le seguí durante un par de minutos, sin prisa alguna y disfrutando de mi música cuando algo completamente inesperado tuvo lugar cien metros delante de mí. Un cabezachapa del desierto salió de una esquina y embistió al coche con toda su rabia, esto me hizo cambiar de rumbo y desviarme a hacia la derecha pero no para intervenir sino para observar sin ser detectado por el cabezachapa. Alcancé una duna alta a sus buenos más de cien metros de dónde la acción estaba teniendo lugar, me bajé del zoomer y miré el resultado. Observé con horror que el coche había sido destrozado y que sus ocupantes corrían por su vidas delante del cabezachapa, yo pensé que le coche había sobrevivido, ¿tanto se nota que nunca me han dado? Eso parece. Rápidamente cogí el fusil antimaterial cogiéndolo por la culata que sobresalía por encima de mi hombro, y apunté con él hacia el lugar, inmediatamente el menú de la mira se despliega, una cruz roja se dibuja en el cetro, un láser me indica las distancia y un ordenador me calcula las posibilidades de fallo. Vi que el cabezachapa los iba a coger, iban a morir. No mientras yo pudiera hacer algo, tiré de la palanca de seguridad que alineaba la bala con el cañón, esta se colocó con un suave clack, revisé las probabilidades de fallo que daban nulas puesto que la cabeza del cabezachapa era grande, no se movía mucho y encima estaba enmarcada por un gema brillante. Imposible perderla. Disparé dando un suave toque al gatillo, teniendo la respuesta de un no tan suave retroceso y el grito de dolor del cabezachapa que me indicaba que una vez más había acertado a mi objetivo. Entonces esperé al segundo efecto de la bala, la explosión de eco rojo, la cual tuvo lugar exactamente tres segundo después del impacto contra la cabeza del horrendo bicho haciendo un confeti de sesos y carne sanguinolenta que manchó el suelo y las rocas de derredor, quedando la base del cuello en el que se veía una carne sesgada y el hueso que antes había unido la cabeza con el cuerpo. Vaya, a veces creo que me paso eligiendo la potencia de las balas, bueno ahora da igual. Está muerto. Volví a apuntar y utilicé la mira para observar las caras de aquellos dos que antes había sido perseguidos por el cabezachapa y no me sorprendí de ver unas caras llenas de sorpresa y preguntas sobre lo que acababa de pasar. Me reí y decidí bajar la duna a hacer las presentaciones pero no sin antes dejar mi arma lista para realizar el siguiente disparo, nunca se sabe cuando una situación se puede volver contra ti.
