Nota del autor: Este capítulo iba a salir junto con el anterior en una "edición especial" de capítulo doble para celebrar todo el tiempo que lleva este proyecto en marcha y todo lo que he conseguido. No todo salió como esperaba y se pasó mucho tiempo congelado esperando un momento disponible para una revisión. En fin, al menos aquí está.
Capítulo 20
Definitivamente había sido un día productivo, había conseguido más que otra gente en menos tiempo. Y había oído gritos, muchos gritos. Desesperación, dolor y pérdida.
Su trinidad
¿Y a quién no le gustaba eso?
Incluso a las personas "decentes" les gustaba, si no no habría guerras, ni enfrentamientos y la vida sería un paraíso. Algunos criminales estaban en la cárcel, otros en el gobierno, dependiendo de lo buenos que sean. El conflicto vino con la sociedad ¿por qué la sociedad insiste en extirparlo una y otra vez? Quieren renegar de su verdadera naturaleza. Pero él se la iba a recordar.
Dicen que la locura es como la gravedad, todo lo que requiere es un pequeño empujón.
Dejó caer su exhausto cuerpo en un desvencijado sillón.
Si, definitivamente aquel había sido un buen día.
Acarició distraídamente una de aquellas granadas que tanta diversión le proporcionaban, no podía tocarlas sin sonreír. Placer en el simple acto de activar el detonador. Hoy había eliminado a alguien especial, había sido precioso. Tanto rojo, por todas partes, dolor, pérdida, desesperación. Había sido difícil unir a los cabezachapas, a pesar de ser bestias más o menos inteligentes se había disgregado con la desaparición de Kor y mientras que algunos se habían reunido bajo el mandato de otros cabezachapas poderosos había una mayoría que se contentaba con asolar pequeñas zonas y sólo expandirse si lo necesitaban. Una existencia aburrida. El les había traído color, diversión y poder, los unió bajo el propósito de doblegar el mundo y quizás otros después de aquel. El poder de los Hijos, guiados por la Gran Madre lo haría todo posible. Y él era el Heraldo.
Un sollozo lo sacó de su ensimismamiento.
Ah sí, se le había olvidado que él era un invitado en aquella casa, lástima que los huéspedes originales no estuvieran en condiciones para atenderle. Que desconsideración.
Se levantó del sillón y se acercó con paso lento a un armario que tenía enfrente, lo abrió mostrando a una niña sucia y gimoteante, cubierta en su propia orina por el miedo. Se agachó para mirarla directamente a los ojos y su cara sufrió una drástica transformación. Un amable sonrisa ganó terreno y la cara de psicópata fue sustituida por una genuina preocupación.
-No temas -le dijo- Mamá y Papá te están esperando fuera ¿porque no sales a reunirte con ellos?
La niña viendo la oportunidad de sobrevivir no lo dudó, salió corriendo hasta la puerta que daba a la calle. En el pasillo estaban efectivamente sus padres.
-¿Mami? ¿Papi? -sollozó ella
-Hola cariño -respondieron ellos al unísono y con una voz rasposa
Algo no iba bien
Fue entonces cuando se dio cuenta que por detrás de la cabeza les salía un tentáculo que se perdía en la habitación de al lado.
Gritó. El Heraldo levantó las manos como si estuviera dirigiendo una orquesta.
La niña corrió unos metros, pasando entre lo que quedaba de sus padres, convertidos en cebo para un criatura que no quería conocer. A pocos metros de la puerta algo la agarró del pié y cayó al suelo. Gritó más fuerte. La niña despareció en la habitación de al lado, pero sus gritos persistieron durante largo rato. El Heraldo sonrió con satisfacción, paró la grabadora y se puso unos cascos. Ya tenía una nana nueva. ¿Acaso había algo mejor que el terror genuino de un niño? ¿Quizás el hecho de haber estado tan cerca de salvarse? Acababa de conseguir ambas cosas en una sola grabación. Un día definitivamente productivo.
Defcom estaba enfadado, para Eyle era obvio, la causa ya no era tan obvia. Estaban sentados delante de una pantalla que les mostraba un laberinto en el cual un pequeño puntito rojo al control de Defcom avanzaba.
-Es demasiado fácil -se quejó
-¿Y entonces cual es el problema?
-Pues que no es satisfactorio, llevo 20 minutos trabajando y ya hice lo que esperaba hacer en un par de horas. Resucitar la legión entera de robots de la guardia Carmesí es demasiado aburrido.
Se levantó, salió de la habitación y volvió con una bola metálica en las manos del tamaño de una pelota. La puso en el teclado y se desplegó hasta tener forma de escolopendra. que empezó a teclear frenéticamente al mismo tiempo que aparecía un contador en la pantalla del que restaban 8 minutos.
-Bueno, ya me puedo dedicar a otra cosa.
-¿Me puedes contar todo lo que ha pasado mientras he estado fuera?
Defcom asintió gravemente y se lo contó.
-Vaya... SICA destruida. Nunca pensé que podríamos llegar a ser libres. Es una pena que no podamos dejar de ser mercenarios, supongo que no se puede escapar del pasado totalmente.
-Bueno, aunque nos veamos casi obligados al militarismo por el tratamiento psicológico que nos dieron no podemos negar que sea divertido ¿verdad?
-Ah, ¿que haría yo sin ti?
-Convertirte en una vieja amargada.
Eyle le propinó un codazo.
-Y tú no te desconectarías del ordenador. Además Krosser probablemente sería portada de revista.
Ambos se rieron hasta que Defcom selló la risa de Eyle en sus labios.
-Bueno, vuelta al trabajo. Tenemos que salvar nuestra especie -dijo Eyle mientras se levantaba, muy a su pesar.
Defcom sonrió cansadamente y salieron juntos del cuarto.
Jak, por su parte no disfrutaba de unos momentos precisamente agradables.
-¡Deberías estar muerto, todo esto es culpa tuya! -rugió un furioso presidente Lairum blandiendo un acusador dedo.
-¡No hemos hecho nada !- le defendió Daxter.
-Calma, calma. -dijo Torn que se adentraba en la multitud que se había formado alrededor de los gritos- Jak es un héroe, nos ha salvados a todos más de una vez. Ese vídeo puede haber sido una trampa.
-¡Yo lo vi! ¡Es culpa suya! ¡Monstruo! -fue lo último que acertó a decir antes que se lo llevaran a un gesto de Torn.
Jak soltó un suspiro y se tomó un momento para mirar a su alrededor. El refugio de las cloacas era grande, sí, pero había mucha gente dentro. Se había construido en la época del Barón por si las cosas salían horriblemente mal. Era simplemente enormes salas abarrotadas de literas y un almacén de víveres que debido a la premura del ataque no había sido posible llenarlo lo suficiente. La cartilla de racionamiento fue lo primero que se repartió.
-Jak, nos alegramos de verte. Ven conmigo
Jak asintió sombríamente y le siguió en silencio seguido atentamente por los refugiados, algunos repitiendo las palabras del gobernador en murmullo. Monstruo, decían, es todo culpa suya, asesino, Daxter les dirigió una mirada asesina retándolos a decirlo en alto.
En el pequeño cuartel de operaciones estaban todos sus amigos de siempre. Ashelin, Samos, Tess, Pecker y Onin.
Lo saludaron con un gesto grave y dieron comienzo a la reunión.
-Hemos perdido el control sobre la ciudad, los cabezachapas se han retirado mayormente a su zona pero algunos todavía patrullan las calles en busca de víctimas. -comenzó Torn
-Debemos involucrar a los Esteparios, esto es una lucha por la supervivencia.
La palabra esteparios le provocó a Jak un aluvión de intensos recuerdos, algo destacaba sobre ellos. Las catacumbas. Miró a Daxter y vio que estaba pensando lo mismo que él.
-El conde estaba buscando poder en las catacumbas para luchar contra los cabezachapas -soltó de repente, interrumpiendo un murmullo que se había formado ante lo desesperado de la situación.
Samos abrió exageradamente los ojos ante la idea.
-Cierto, cierto ¿pero y si nos estaba engañando? -respondió con escepticismo
-Jak y yo nos enfrentamos contra una máquina de los precursores. No es que precisamente estemos para hacerle ascos a cualquier cosa que nos pueda ayudar.
-Hablando de ayuda -intervino Ashelin- ¿dónde está ese grupo de mercenarios que fue contigo a investigar lo de las alcantarillas?
-Es una larga historia, pero lo importante es que gracias a ellos seguimos teniendo una ciudad. Lo que llegó hoy era un simple grupo de avanzadilla, más allá de la antigua Villa Refugio había un ejército enorme. No ganamos en la batalla pero tampoco pudieron llegar hasta aquí. Tienen un ejército de robots y están intentando recuperar lo que queda de la guarida Carmesí.
-Tienes aliados poderosos Jak ¿son de fiar? -preguntó Samos
-Si -afirmó con seguridad
-Bien entonces. -intervino Torn- Jak, necesito que salgas ahí fuera y derives el agua hacia aquí.
-Deja vú -dijo Daxter para sí.
Finalmente estaba su presa a su alcance, la observaba escondido entre escombros. Se movía con seguridad, paso extrañamente firme para la desolación que tenía delante. Sin duda la marca de una presa digna de él. Del Heraldo. Siguió a su presa hasta las afueras de la ciudad, la observó con fascinación mientras se habría paso a través de aquellos sucios cabezachapas. Sólo eran peones en los planes de la Gran Madre, ruidosos, estúpidos y malolientes peones. Continuó acechando a su presa hasta que llegaron a un bomba de agua de emergencia, la rata naranja se separó de su presa y se metió a través de uno de los tubos buscando manipularla. Sonrió, salió de donde estaba y se le acercó por detrás en silencio, levantó su rifle y le apuntó a la cabeza por detrás. Silbó. Su presa se dio la vuelta y su cara cambió al terror cuando se dio cuenta de la situación, justo lo que buscaba. Se tomó un momento para su deleite, grabando esa imagen en su cara a fuego. Cuando Jak se recuperó de la sorpresa e intento apartarse, el Heraldo apretó el gatillo, mandando su cuerpo por la fuerza del impacto al mar. El Heraldo se acercó a la orilla, buscando algún signo de vida, satisfecho al no encontrarla inició el camino de vuelta. Cuando Daxter volvió no se encontró a Jak de rodillas, pensativo y abstraído en el suelo como solía, no había nadie. Se irguió y usó sus orejas de ottsel intentando adivinar que había pasado. Algo hizo que quisiera ir hacia el agua, pero tampoco había nada. Estaba a punto de moverse a otro sitio cuando una zona del agua se oscureció, anunciando que algo estaba subiendo a la superficie, la curiosidad le hizo quedarse. El tiempo pareció detenerse cuando el cuerpo de Jak emergió del agua.
Una trío de mujeres andaban por las derruidas calles de villa refugio, vestidas exactamente igual con una ropas comunes de color desierto, máscaras de gas y pelo blanco y suelto. Se movían como si fueran una única entidad, mismo paso, mismo gesto, todo con precisión mecánica. Se detuvieron ante una casa sin nada especial. Una de ellas tocó suavemente en la puerta, el Heraldo les abrió.
-¡Hermanas! ¿Qué tal el viaje? Pasad, pasad -se hizo a un lado, extendiendo la mano indicando el camino hacia el salón.
Las tres lo miraron.
-Aburrido, no nos hemos encontrado con nadie -dijo lo misma que había tocado la puerta mientas entraba, las otras dos la siguieron sin comentar nada.
-Bueno, yo hago bien mi trabajo.
El Heraldo tomó asiento en su desvencijado sillón mientras que ellas se sentaron en un largo sillón en L que había al otro lado de la habitación.
-¿Todo va según lo previsto? -preguntó la primera
-En efecto, los supervivientes están en los refugios y tenemos control total de la ciudad.
-Bien, necesitamos supervivientes, no deben ser exterminados.
El Heraldo cerró una de sus manos en un puño, odiaba que las Hermanas le dieran órdenes.
-Entiendo.
-¿Y la semilla?
-La maté
-No deberías haber hecho eso.
-Era demasiado riesgo, tenemos mejores planes.
-Lo sabemos, no actúes más por tu cuenta.
-No lo haré.
-Te quedarás con 03 hasta nuevo aviso, 02 y yo iremos a infiltrarnos.
El Heraldo asintió y las vio marchar.
Al menos no se quedaba con la parlanchina. Todo estaba yendo como lo habían planeado, en menos de una semana todo estaría hecho y él sería Ascendido a conocer a la Gran Madre. Un escalofrío le recorrió la espalda, sería maravilloso. Una pena que no pudiera buscar más juguetes. Aunque bueno, por veinte o treinta no tenía que pasar nada. Una sonrisa se dibujó en una cara, rompió a reír mientras su imaginación volaba diseñando nuevos juegos para entretenerse. Tanta diversión sería Pecado pero no le importaba.
Defcom volvió a su asiento al cabo de un rato, el robot que había dejado pirateando los bots de la antigua guardia se hallaba de nuevo encogido en una bola. Deslizó la bola hasta su regazo y miró la pantalla. Un menú preguntaba por confirmación, se la concedió apretando una tecla y una barra de progreso ocupó su lugar durante unos segundos para desaparecer igual de rápido. Un último mensaje apareció, indicando que la operación se había completado con éxito. Sonrió acariciando distraídamente la bola que tenía en su regazo, esta se abrió en respuesta, volviendo a ser el gusano mecánico que era. Este se retorció de gusto y empezó a vibrar suavemente. No era la mascota más bonita del mundo, pero ninguna era tan útil. O quizás estaba tan acostumbrado a las máquinas que necesitaba una por compañía. El bot, que por nombre tenóa convenientemente Wormy, trepó por Defcom hasta la cabeza donde de se dobló como si fuera un turbante y pasó a modo descanso. Defcom puso entonces su hábiles manos sobre el teclado y empezó a teclear con una rapidez al alcance de pocos, en unos pocos minutos tenía a los antiguos bots de la guardia Carmesí bajo control identificados, un 92%, y mandó desmantelar a aquellos que no lo había sido. Dio orden de modificar las fábricas, seguirían fabricando bots de la guardia Carmesí, pero con mejoras. Llevaban tiempo sin ser actualizados, quizás empezar por cambiar ese color rojo tan feo. Descargó los planos y empezó su larga tarea.
Así se lo encontró Krosser cuando entró, tiró de su silla hacia atrás alejándolo del teclado y le dio media vuelta. Cogió otra silla y se dejó caer en ella.
-Siempre tienes que ser tan… ¿tú? -se quejó Defcom
-Necesito hablar contigo.
Defcom se limitó a mirarlo.
-Hay algo en todo esto que me huele mal, muy mal.
-Estamos en tiempos de guerra, no de vacaciones. Por supuesto que no es agradable.
-No me refiero a eso, siento que hay algo que se nos escapa.
-¿Cómo qué?
-No lo sé exactamente. El ataque de los cabezachapas no tiene sentido ¿porqué hacerlo ahora? ¿desde cuando son tantos? Y lo que menos entiendo es la retirada.
-Yo tampoco lo entiendo mucho la verdad, quizás tienen un nuevo líder.
-También había pensado en eso, pero solo Kor había conseguido controlarlos a todos.
-Luego estuvo Errol y los oscuradores. Pero, los cabezachapas no se pusieron todos de su parte, simplemente lo siguieron mientras les convino ¿no?
-Hay algo que falta.
-Ahora mismo nos falta un plan para no extinguirnos. -Wormy se despertó, saltó y salió rondando de la habitación.
-¿A dónde va?
-A vigilar la estepa.
-Pensé que nunca lo volverías a usar.
-Bueno, lo encontré en el almacén entre otros modelos. Lo arreglé a él y a otros dos.
-¿Del mismo modelo?
-No los otros dos son arañas espía. Tienes una agarrada a tu pierna.
Krosser miró su pierna y no vio nada.
-¿Estás seguro?
-Mira de nuevo
Lo volvió a intentar y ahora si estaba. Quizás uno de esos robots tan feos capaces de matar a alguien de un infarto si te lo encontrases de noche en tu cama. Cosa que ya casi había pasado. Tenía un cuerpo compacto casi circular del que salían ocho finas patas acabadas en pequeñas circunferencias que se adaptaban al material al que se fueran a agarrar. La cabeza era un óvalo del que resaltaban ocho ojos resplandecientes de color adaptable según un simulado estado de ánimo. En total, con las patas semiextendidas tendrían el tamaño de una cabeza. Krosser extendió una mano que el pequeño robot se subiera, sin embargo esta optó por saltarle a la cara, la sorpresa hizo a Krosser dar un salto y caerse de la silla. Defcom hizo su mejor esfuerzo por aguantar la risa, el robot desapareció con la misma que había aparecido y Krosser volvió a su silla con el orgullo algo dañado.
-Nunca me gustaron esos bichos.
-Si, no son muy agradables pero son máquinas de guerra. Tienen que tener el diseño más óptimo a su uso, no ser ositos de peluche.
-Ya pero si al final nos los quedamos como mascotas podríamos haberlos hechos más agradables.
-Son robots espía, además son bastante cariñosos.
-Ya veo, ya.
La pareja de aquellos robots espía, de modelo Spyder aparecieron en el techo y se colgaron de él como arañas que eran.
-La verdad es que un poco tétrico sí.
Una señal de alarma reclamó su atención desde el ordenador. Al parecer un sensor había detectado un incremento del consumo de oxígeno en la base, algo o alguien se les había colado. Defcom y Krosser extendieron los brazos hacia arriba, los robots Spyder cayeron y se agarraron a ellos pasando a ser un accesorio de combate. Defcom corrió a apretar el botón de cierre de emergencia de la base y contactó con Eyle para explicarle la situación. Krosser abrió el cajón de emergencia de cada habitación importante, lo desbloqueó y sacó un rifle de asalto para él y un subfusil para su hermano. Revisaron que el consumo de oxígeno en su habitación era el apropiado, Defcom le preguntó al sistema de la base en qué otros lugares había consumo de oxígeno. Las respuestas fueron la sala de entrenamiento simulado y la armería. Observaron las cámaras y en la armería vieron a Eyle que estaba haciendo algo parecido y se dio la vuelta para saludarles a través de la cámara. Sólo quedaba la sala de entrenamiento simulado, que aparecía vacía. ¿Porqué ir allí, de entre todos los sitios para ir en la base?
Defcom activó su invisibilidad y corrió hacia allí seguido por su hermano. Krosser abrió la puerta y entró, Defcom decidió entrar por el sistema de ventilación. La sala estaba aparentemente en orden, como si nada hubiera ocurrido. Krosser avanzó hacia los tubos que ocupaban en centro de la sala, dichos tubos virtualizaban a la persona que se introdujera en ellos y los enviaba al simulador de entrenamiento donde se podían poner a prueba al límite sin sufrir consecuencias físicas, el resto de la sala estaba ocupada por una nevera, unos sillones y varios ordenadores del tamaño de columnas que controlaban gran parte de lo que pasaba en la base aparte de la simulación. De los ocho tubos uno de ellos estaba cerrado, indicando la presencia de alguien dentro, al parecer el intruso estaba haciendo uso de entrenamiento simulado o estaba usándola como medio de entrar en los ordenadores y tomar control de la base. Krosser le hizo un gesto a Defcom para que bajara y apareció al cabo de unos segundos al su lado.
-¿Tenemos la misma idea? -preguntó Krosser
-Eso me temo
-¿A por él?
-Si, señor.
Ambos se metieron en los tubos, dejando a los Spyder fuera controlando la situación mientras ellos estaban vulnerables en un mundo virtual. La sensación de virtualización siempre era distinta aunque con tonos generales parecidos, una sensación de distanciamiento y un miedo irracional. Se controlaba con el tiempo. Aparecieron en una habitación grande, parecía un dormitorio cuádruple con las camas metidas en la pared dejando solo un lateral al descubierto. Había un cartel en el techo que rezaba "En caso de emergencia vuelva aquí y apreté el botón de pánico". Bueno, al menos parecía un lugar amigable para la vida. Salieron de las camas y registraron los armarios que tenían cerca dentro encontraron una pistola, cargadores y una tarjeta blanca.
-¿No podrías conseguirme un armamento más decente? -preguntó Krosser a su hermano
-Por supuesto -su imagen pareció congelarse un momento y en el suelo se materializó un cañón gatling pequeño de tres cañones. Krosser la recogió y cuando fue a preguntarle si no se iba a conseguir nada se dio cuenta de que ya tenía en la mano un subfusil con silenciador.
-¿Munición?
-Infinita
-Así da gusto trabajar.
Salieron de la habitación, recorrieron interminables pasillos que parecían todos iguales hasta que escucharon un grito proveniente de una habitación contigua. Krosser fue corriendo hasta el interior de la habitación de la cual salió despedido por una enorme explosión. Un trampa. Alguien no les tenía demasiado cariño. Reanudaron la marcha y a los pocos metros, doblando una esquina con poca visibilidad se encontraron un mensaje escrito con sangre que todavía chorreaba. "Traidores". Debajo del mismo, estaban su propios cuerpos sin vida. Un puerta se abrió apenas unos metros a la izquierda, dejando salir un halo de luz blanca. Ambos se acercaron hasta la puerta pero no pudieron ver más allá de ella pues la luz era tan brillante que los cegaba, optaron por entrar a ciegas.
Cuando por fin pudieron ver de nuevo se encontraron en una simple sala blanca, en cuyo centro había una mesa también blanca a cuyo lado opuesto dos personas les esperaban, un hombre y una mujer. Ambos con pelo y ropa a juego con la habitación.
-¿Quiénes sois? -preguntó Defcom
-Nosotros antes éramos como vosotros, pero hemos ascendido. Ahora somos Heraldos. -respondió el hombre.
Tomas falsas
Heraldo: *escuchando su banda sonora de gritos y desesperación*
Pitbull: Dale
Heraldo: *empieza a darse cabezazos con la pared*
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Defcom: *acariciando sus pequeños robots* Jujujujuju
Krosser: Creo que eso no es sano
Defcom: Me hacen compañía y son muy Kawaii
Krosser: *mira los robots, mira a su hermano* Quiero un test de ADN
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Jak: Plz soy el héroe, queredme
Daxter: No, ese soy yo
Ciudadanos: *se dan cuenta que lo han perdido todo porque van a por ellos* *van encendiendo las antorchas*
Daxter: Oh ¿va a haber una barbacoa para celebrarlo?
Ciudadanos: Y tú eres el ingrediente principal
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Defcom Y Krosser: *en la sala blanca*
Heraldos: omfg, que retrógrados, no van de blanco
Krosser: Es tiempo para hablar de moda
Defcom: Sobretodo a alguien que le encanta quitarse la ropa
Krosser: *Le habla a la mujer* ¿Podemos cambiar de hermanos?
