Descargo de Responsabilidad: Quinn, Rachel y cualquier referencia a Glee no me pertenece.
Mi lugar favorito
El trayecto hasta Chicago fue silencioso, lleno de miradas tristes, sonrisas melancólicas y, a pesar de los regaños de la rubia, algún que otro beso robado por parte de la diva en su mejilla o, si las circunstancias lo permitían, en sus labios. Quinn podía decirle cuantas veces quisiera que no la distrajese que a ella no le importó, tenía que besarla en esos momentos porque pronto no podría hacerlo. Sólo les quedaba un día, uno para poder besarse, sentirse, tocarse… después, cientos de kilómetros las separarían y no más besos, no más caricias ni estúpidas bromas por un tiempo.
Todo estaba más que hablado ya. Cinco días hasta poder verse de nuevo, cinco escuchando su voz o viéndola a través de una pantalla. No iba a ser fácil para ninguna de las dos, y si en algún momento la diva había pensado que para su chica seria menos difícil, esos días le hicieron ver que no. Por mucho que Quinn se mostrase más fría normalmente, en New Haven fue todo lo contrario, buscando excusas tontas para poder tocarla, acariciarla, abrazarla o besarla sin motivo aparente. Y el único motivo era que pronto no iban a poder hacerlo tanto como quisieran.
Treinta minutos en Chicago y el tráfico ya daba otro motivo a la rubia para odiar la ciudad. Por no hablar de la sensación de estar perdida entre tantas calles desconocidas y a las que pronto tendría que acostumbrarse, por obligación por supuesto. No podía perderse cada vez que visitara a su chica, sería ridículo y una pérdida muy valiosa del poco tiempo del que iban a disponer. Pero solo por ver la sonrisa y los ojos iluminados de su chica cada vez que una nueva calle se descubría ante ellas, valía la pena. También porque era un poco ridículo y gracioso verla con la frente apoyada a la ventanilla como si de una niña de cinco años esperando a Santa Claus se tratase. Iba a extrañar esos momentos a diario.
¨ ¡Creo que es ahí! ¨ Exclamó la morena sacando a Quinn de sus pensamientos a la vez que señalaba un edificio.
La rubia la miró escéptica. Era el tercer edificio que ¨ creía¨ era el suyo. ¨ ¿Segura?¨ Quiso cerciorarse antes de buscar aparcamiento, entrar al edificio y descubrir que no lo era.
¨ Si¨ Aseguró Rachel con una mirada molesta. ¿Cómo podía Quinn dudar de ella? Está bien, se había equivocado un poco antes pero ahora si estaba segura. ¨ Es este, no tengo dudas¨ Ratificó mirando los documentos que los de la agencia le habían entregado. ¨ ¡Vamos a verlo!¨ Dijo casi saltando desde el asiento de copiloto. La rubia ni siquiera había tenido tiempo de apagar el motor.
¨ Claro ¿Por qué no? Me muero de ganas¨ Ironizó siguiendo a su chica.
Llegó al interior del edificio solo unos segundos después que Rachel y justo a tiempo para verla subir corriendo por las escaleras del lugar. Se rio mientras esperaba el ascensor, el mismo que seguramente su chica ni había visto por culpa de la emoción que sentía en ese momento, y la risa aumento dentro de el al imaginar la cara de la morena cuando la viera arriba antes que ella.
Quinn no se equivocaba, tuvo que esperar unos minutos pero valió la pena por ver el aspecto desaliñado de la morena tras subir siete plantas y encontrarla a ella con una sonrisa apoyada en la puerta de su nuevo apartamento. Lo que ella no sabía, ni siquiera lo imaginaba, era que para Rachel también había valido la pena el esfuerzo solo por encontrarla a ella esperando con esa sonrisa que la volvía loca. Subiría una y mil veces solo por eso.
Quinn se apartó de la fría madera para dejar que la diva abriera la puerta. ¨ ¿Cansada?¨ Se burló.
¨No¨ Mintió ella tomando una gran bocanada de aire. ¨ El ejercicio es muy bueno… y subir por las escaleras es uno de los mejores que hay¨ Argumentó. ¨ Deberías probarlo¨
Quinn sonrió ante la sugerencia de su chica. ¨ Prefiero otro tipo de ejercicio pero gracias¨ La morena se mostró sorprendida y sin saber que decir haciendo que ella se sintiera orgullosa de su propia broma. No siempre podía dejarla sin palabras. ¨ ¿Piensas abrir de una vez o qué?¨
Rachel no dijo nada. Golpeó ligeramente el hombro de la chica para que dejara de sonreír y abrió la puerta del apartamento para verlo por fin.
Una vez dentro sobraban las palabras. Ver la que sería su nueva casa lo hacía todo real. Allí viviría durante los próximos meses. Sola. Quinn estaría en otra ciudad, otro estado. Quinn estaría en casa, y aquel apartamento no se sentía para nada como el de Nueva York. No era su hogar, el de las dos. Y esa era la única pega de la morena para el apartamento porque lo que veía le gustaba. No era nada parecido al que compartían en la ciudad de los rascacielos, tampoco tan amplio como parecía en las fotos, pero era bonito y acogedor. Con una sola habitación, un baño y la cocina y el salón separadas solo por una barra que haría las veces de mesa, era más que suficiente para ella sola o para las dos cuando su chica la visitara.
Y si Rachel estaba contenta con su nueva adquisición, Quinn no lo parecía tanto. El apartamento estaba bien, era bonito, pequeño pero suficiente para una o dos personas, y en otras circunstancias puede que hasta le hubiera parecido acogedor, circunstancia en la que su novia no tuviera que mudarse allí y dejarla a ella en Nueva York. Además si algo le enamoraba de un lugar eran sus vistas y allí, parada frente a una de las ventanas del salón, podía ver que no eran nada especial.
La morena observó a su novia durante algunos segundos preguntándose en que estaría pensando. Se veía tan seria mirando por aquella ventana que casi temía acercarse y romper la cadena de pensamientos de la rubia. De todos modos lo hizo, se acercó a ella y la abrazó por la espalda ganándose la inmediata sonrisa de Quinn nada más sentirla.
Y su sonrisa se hizo más grande cuando Rachel besó su mejilla. ¨ Lo odias¨ Dijo la morena sin necesidad de preguntar.
Quinn la miró seria. ¨No¨
¨ Quinn¨
La rubia suspiró cansada. ¨ No lo odio Rachel pero… no está el primero en mi lista de lugares favoritos en el mundo¨ Confesó la verdad. ¿De qué le iba a servir mentir y decir que si le gustaba? Rachel sabría que mentía de todas formas.
¨ ¿Tienes una lista?¨ Preguntó divertida. Ya no era ella sola la que hacia lista de cualquier cosa.
¨ Es una forma de hablar¨
¨No. ¡La tienes! ¨ Le acusó sin creer su mentira. ¨ ¿Puedo verla?¨
Quinn negó con la cabeza y luego habló. ¨ No estoy tan loca como tú. No está escrita¨
¨ ¿Puedo saber cuál es el primer lugar al menos? ¨ Preguntó decepcionada. Ella quería esa lista, y tal vez, algún día sorprenderla con un viaje sorpresa a uno de esos lugares.
La rubia no necesitó pensarlo y su respuesta hizo sonreír a Rachel. ¨Contigo¨
¨ Te quiero¨ Fue la reacción inmediata de la morena antes de abrazarla más fuerte.
¨Y yo a ti Rach¨ Suspiró cerrando los ojos sin ver la sonrisa traviesa de su chica.
¨ ¿Quieres ir a la habitación y convertirlo en mi lugar favorito en el mundo? ¨ Le propuso bajando el tono de su voz.
Las palabras llegaron como un susurro a los oídos de la rubia y ésta no lo pensó ni un segundo, antes de que Rachel tuviera que insistir sus bocas ya jugaban al juego que les encantaba jugar. Un beso lento y suave que fue tomando más pasión a medida que las manos de la diva recorrieron la espalda de Quinn hasta detenerse en su trasero. Un beso lleno de deseo y algo de melancolía, ambas sabían lo que vendría después, lo que en unas horas iba a suceder. Pero ninguna quería que eso estropeara el momento, y la mejor forma de no pensar en ello era centrarse en lo que estaba sucediendo.
Quinn abandonó la batalla de labios antes de lo que a la diva le hubiera gustado pero en cuanto supo hacia donde iban a dirigirse se olvidó de todo. Quinn tenía ese poder cuando comenzaba a besar su mejilla y luego recorrer su mandíbula hasta llegar a su cuello. El poder de hacerle olvidarse del mundo. Aunque no esperaba el ataque sin piedad de la rubia contra su cuello, el mismo que le hizo gritar su nombre desde lo más profundo de su garganta con sorpresa y excitación. Quinn se alejó un poco mirándola con una sonrisa divertida.
¨ Lo siento¨ Se disculpó sin ningún remordimiento.
¨ No, no lo haces¨ Le contradijo Rachel y ella sonrió más aún. Era verdad. No lo sentía. ¨ ¿Vas a quedar ahí mirándome o me vas a llevar a la habitación de una vez?¨ Le interrogó la morena antes de volver a besarla con fuerza, sujetándola por el cuello de la chaqueta.
¨ Eh… no sé cuál de las dos puertas es la correcta¨ Señaló ella con la respiración entrecortada por el inesperado arranque de pasión de su chica. Ambas dirigieron su mirada al mismo lugar, dos puertas del mismo tamaño y el mismo color, una junto a la otra.
¨ Descubrámoslo¨ Sugirió Rachel caminando hasta ellas. ¨ ¿Izquierda o derecha?¨ Le dio a elegir.
¨ ¿Y si lo hacemos en el sofá? ¨ Contrarresto con seriedad. Demasiada seriedad y Rachel supo que tramaba algo. Al volver a hablar, Quinn se lo confirmó. ¨Me da miedo entrar ahí y descubrir que la cama es diminuta, solo apta para gente de tu tamaño¨ Molestó a la morena. Y para evitar que ésta protestara unió sus bocas casi con desesperación.
Finalmente y sin separarse, la rubia optó por la puerta de la derecha, deseando, casi rezando porque esa fuera la correcta. Cuando los pies de Rachel chocaron contra algo y ambas cayeron sobre un blando colchón, suspiró aliviada por haber acertado. Habría sido incómodo y doloroso caer dentro de la ducha.
En cualquier otro momento se habrían reído por la torpe entrada y habrían echado un vistazo a su alrededor en una rápida inspección del cuarto, pero no les importaba nada salvo ellas. ¿Había una cama? Sí. Pues era suficiente. Rodaron sobre la misma una y otra vez intercambiando posiciones, pero nunca se separaron, no más de lo necesario para respirar. Pero Quinn no quería perder el tiempo, por muy divertido que fuera, y no quería seguir ´peleando´ por el control, así que aprovechando un descuido de la morena rodó y una vez en la parte superior, hizo uso de su fuerza para mantener a Rachel inmóvil contra la cama. Cuando sus ojos se encontraron una sonrisa se dibujó en ambas por el mismo motivo, su pelo era un desastre y sus mejillas estaban más rojas que nunca.
¨ Deja de pelear¨ Le exigió Quinn rozando su boca y mordiendo su labio inferior después. Rachel asintió relajándose. Si se lo pedía así haría cualquier cosa. ¨Muy bien¨ Susurró con una sonrisa para después besarla. ¨Vamos a hacerlo a mi manera¨ Murmuró separándose y dejando a su novia con ganas de más.
Quinn tiró de su camiseta haciendo que la morena se sentara en la cama, quedando ella en la misma posición pero a horcajadas sobre sus piernas, y se deshizo de la prenda descubriendo que bajo ella no había nada más que los pechos desnudos de su novia.
Rachel comenzó a sentirse observada después de casi un minuto con los ojos de la rubia fijos en ella. Y no es que se sintiera incomoda, en realidad, le encantaba cuando ella se quedaba absolutamente hipnotizada mirándola, pero estaban en medio de algo, algo que quería, necesitaba y deseaba como ninguna otra cosa.
¨ Quinn¨ La llamó para que reaccionara de una vez.
La rubia sonrió. ¨ Perdona¨ Se disculpó sonrojada por distraerse tan fácilmente y Rachel se rio antes de besarla de nuevo, rodear su cuello con los brazos y dejarse caer en la cama con su cuerpo encima. Puede que aquella ciudad, el apartamento o la habitación no se convirtiesen en su lugar favorito, pero la sensación del peso de su novia sobre ella era sin duda lo primero en todas sus listas.
Bueno, bueno...se acerca la despedida, y no diré qué exactamente pero durante la separación habrá cosas que depende como lo manejen les afectara o no como pareja... y ahi lo dejo jeje cada una que piense lo que quiera. ;)
Gracias por leer y tomaros la molestia de comentar aunque sea de vez en cuando. xD
Hasta la próxima actualización. xD
