La trajeron de vuelta cinco meses más tarde. Su equipo tardó cuarenta segundos en presentarse en el hospital cuando se enteraron, tras dejar atrás lo que fuera que tuvieran entre manos. Alguien incluso recordó comprar flores (probablemente, Kakashi). Dicho shinobi necesitaba tener una conversación muy seria con Sakura.

Horas más tarde, Kakashi fue apartado de los demás por un médico exhausto. Sólo semanas de haberse preparado para lo peor previnieron que tuviera una reacción horrible, cuando supo de las noticias. Apenas quedaba nada de su antigua estudiante, que ahora estaba tumbada en una cama del hospital.

No reaccionaba a ningún tipo de estímulo externo. Podía ver, oír y moverse; sin embargo, se limitaba a dejar que se encargaran de ella. Sin una palabra, sin una sola variación en su expresión vacía. Simplemente, estaba… ahí. Los exámenes mentales no habían dado resultado. De hecho, el Yamanaka que los realizó fue expulsado de su mente, una posibilidad desconocida hasta entonces.

Sakura obedecía órdenes de inmediato, sin queja o cambio en su comportamiento. Incluso cuando le pedían que hiciera algo que era doloroso o debilitante, o simplemente imposible, no mostraba inhibición alguna.

La única cosa que no hacía era hablar, y como los médicos descubrieron, evitaba mirar a nadie a los ojos. No se observaron otras reacciones, nada que mostrara cualquier rastro de espíritu tras esos ojos verdes, perpetuamente vidriosos.

La chica se había limitado a caminar de vuelta a Konoha, como si nada hubiera sucedido. Sus ropas eran extrañas y no otorgaban pista alguna de su procedencia. Cuando los shinobi de patrulla la encontraron, no opuso resistencia. Y así es como acabó en el hospital, su retorno trayendo más preguntas que respuestas, y apenas aliviante.

La verdad es que nadie sabía qué le pasaba. No tenía cicatriz alguna, tampoco, interna o externa. Sin embargo, todo el mundo podía ver que algo estaba horriblemente mal, mas, ¿cómo averiguar el qué, si todas las pruebas mostraban resultados inútiles?