Sus compañeros de equipo no supieron cómo reaccionar. Lo peor que habían esperado era una Sakura lloriqueante, que seguramente los habría echado de menos. Naruto incluso había soñado con una declaración de amor; Sasuke había decidido que toleraría exactamente un abrazo. Ambos se quedaron helados en en sitio, mirándola.
Sakura no mostró signo alguno de reconocer a ninguno de ellos. De hecho, no hubo reacción en absoluto. Familia, amigos y conocidos: muchos intentaron obtener una respuesta, tras el estudio meticuloso de los doctores, pero todos fallaron. Todo el mundo se preocupó durante un tiempo, sentimientos de condolencia pronunciados aquí y allá, especialmente hacia sus padres y equipo.
Naruto estaba furioso, porque hablaban de ella como si estuviera muerta. Para su horror, la mayoría de gente empezó a olvidarse del asunto, como si de veras ella hubiera fallecido. Él se negaba a dejar que su memoria pereciera, e insistió en arrastrar a su equipo a la habitación del hospital al menos una vez al día. La mayor parte del tiempo, Kakashi ya había estado allí para cuando encontraba a Sasuke, que parecía muy interesado en quemar los campos de entrenamiento hasta que solo quedaran cenizas.
El padre de la chica se sumió en el alcoholismo y peleas frecuentes con la madre, que estaba hundida en la negación y apenas abandonaba su habitación. El Equipo Siete nunca la vio, pero sabían que Ino visitaba, porque siempre dejaba ramos de flores cuidadosamente organizados en la habitación de la pelirrosa, cambiados varias veces a la semana.
Lee estaba tan obsesionado con entrenar que acabó en su propia habitación, más de una vez. Obviamente, lo suyo no era sentarse mohínamente junto a su cama, pero había gente afirmando que las lágrimas que le caían por la cara, tras una sesión de entrenamiento particularmente exhaustiva, no eran sólo de sudor. Todas sus frases hacían referencia a la chica pelirrosa que, ajena a todo, seguía tumbada en una cama de hospital.
