Descargo de Responsabilidad. Quinn, Rachel y cualquier personaje de Glee no me pertenecen.
The new teacher
Segundo día sin Rachel y no estaba tan mal como la morena podría estar imaginando, la echaba de menos, sí, pero sobreviviría. Rachel era su mundo pero no lo único en su vida, tenía sus amigos, su trabajo, sus libros y una extraña llamada desde la universidad de Columbia que deseaba aclarar cuanto antes. Así que no podía quedarse en la cama lamentándose porque la diva ya no fuera lo primero que sus ojos viesen al despertar, o porque ya no estuviera para prepararle el desayuno aunque fuesen tostadas medio quemadas. Y de todas formas solo iban a ser unos meses. Lo importante es que su chica fuese feliz y por lo poco que había podido escuchar de ella la noche anterior, lo parecía.
Le habría gustado poder hablar con ella toda la noche, o al menos unos minutos más, tenía tanto que contarle. Su reunión con Shelby y el acuerdo de volver a verse en dos semanas para por fin ver a su hija, cuanto la extrañaba y esa llamada. Pero que iba a decirle, ni siquiera ella sabía lo que querían y lo demás podía contarse en cualquier otro momento, no habría sido justo pedirle que se fuera a su apartamento para escuchar sus hipótesis misteriosas sobre lo que la universidad de Columbia quería de ella. Esa noche y después de su reunión con un tal Robert Andersen, podría contarle todo con lujo de detalles, como a ella le gustaba.
¨ Señorita Fabray, ya puede pasar¨
Quinn le dio las gracias y con un asentimiento de cabeza se dirigió a la puerta que aquella mujer le señalaba. Debía tener unos treinta y cinco años y la sonrisa más falsa que Quinn había visto en toda su vida, y eso era mucho decir porque ella era experta en ese tipo de sonrisas. No le trasmitió buena impresión cuando llegó a aquel despacho y seguía sin transmitírsela después de esperar más de veinte minutos, así que si no volvía verla más, no le preocupaba.
¨ Bienvenida señorita Fabray, soy Robert Andersen¨
Un hombre maduro, cincuenta, quizá cincuenta y tres años, con pelo canoso, corbata y un traje de Armani perfectamente planchada le dio la bienvenida sin borrar la sonrisa de su boca, la rubia aceptó su mano a modo de saludo y le sonrió también. Su sonrisa no le transmitió la misma sensación que la de su secretaria, sino tranquilidad y eso fue suficiente para que Quinn se relajara, solo un poco, nunca estaba del todo cómoda con desconocidos.
¨ Gracias señor Andersen¨
¨Por favor, llámame Robert y tome asiento. Tengo una propuesta para usted¨
Rachel casi podía decir que la salida con sus compañeros fue perfecta, pero odiaba no haber hablado con su chica y no haberla encontrado entre las caras a su alrededor cada vez que contaba alguna anécdota y buscaba algo de apoyo, como siempre sucedía de forma inconsciente. Era reconfortante saber que la rubia siempre tendría una sonrisa o alguna palabra de consuelo para sus maravillosas o vergonzosas anécdotas, tenía muchas de ambas clases.
Esa mañana se despertó decidida a llamarla y contarle cosas como que Kevin, su compañero, también era de Nueva York y tenía un novio en Brooklyn del que también había tenido que despedirse momentáneamente. O que Emily estudio en NYADA aunque nunca se conocieron porque la chica era un par de años más joven. Luego estaba Jasón, el único nacido y criado en Chicago, un mujeriego que seguro le iba a dar más de un dolor de cabeza al director. Pero todo eso eran tonterías comparado con las veces que le iba a decir lo mucho que la extrañaba y cuanto la amaba.
Escuchó cuatro tonos al otro lado del aparato antes de que su primer intento fuese al buzón de voz. El segundo directamente no sonó, a cambio una voz robotizada le informó que el número de teléfono al que llamaba no estaba disponible. No hubo un tercer intento, seguramente su chica estaría concentrada en algún proyecto o reunida con alguien. Y de todas formas ella misma tenía que prepararse si no quería llegar tarde al ensayo.
Robert Andersen la retuvo casi una hora en aquel despachó del que Quinn se moría por salir pasados los primeros quince minutos. Quería llamar a su novia y contarle todo. Y eso hizo. Con la mala suerte de escuchar la desagradable voz de una maquina pidiéndole que dejara un mensaje después de la señal. Lo intento una segunda vez y una tercera antes de desistir, si Rachel estaba en el ensayo probablemente su teléfono estuviese silenciado para no interrumpir.
No son los únicos intentos que hacen durante el día para poder hablar y todos con el mismo resultado. Rachel la llamó una vez más durante un pequeño descanso de solo cinco minutos y Quinn no contestó. Diez minutos más tarde es la rubia quien le devuelve la llamada y ella quien no responde, el ensayo se ha reanudado. Y así en innumerables ocasiones hasta que deciden esperar al anochecer.
El sosiego y el silencio de la noche son testigos de sus primeras palabras después de todo un día sin hablar, y lo primero que escuchan es un sincero ´ por fin´ lleno de alivio, seguido por ´te echo de menos´ y la risa de ambas al teléfono.
Quinn fue la primera en hablar cuando la risa cesó. ¨ No te imaginas todo lo que te tengo que contar¨
¨ ¿Qué? ¨ Rachel preguntó fingiendo el mismo entusiasmo que su chica parecía tener. No es que no le hiciese ilusión hablar con ella, llevaba todo el día deseando hacerlo, pero sonaba como si un montón de cosas le hubieran sucedido y si ella siguiera en Nueva York con toda seguridad ya las sabría, porque Quinn se habría escapado del estudio en cuanto hubiese tenido ocasión para buscarla y contárselo. Odiaba no ser la primera en saber lo que le sucedía a su novia.
¨ Esta mañana me he reunido con el decano de la facultad de arquitectura y diseño de Columbia y…adivina ¨ Dijo sin dale tiempo a responder. ¨ ¡Quiere que de clases allí! ¿Te lo puedes creer?¨ Preguntó esperando una respuesta emocionada de su chica que tardó en llegar y le hizo dudar de si Rachel seguía al otro lado y había oído todo.
Rachel lo había escuchado todo, cada palabra y en lo único que pudo pensar inmediatamente fue en su preciosa novia rodeada de universitarias y universitarios con las hormonas más revolucionadas que un adolescente, y no le gustó nada. Aun así…
¨ ¡Es increíble, mi amor! ¨ Escuchar a la morena hizo que Quinn suspirara de alivio.
¨ ¿Qué les has dicho? ¿Cuando empiezas? ¿Y el estudio? ¨ Preguntó atropelladamente. La rubia rio con ganas.
¨ Les he dicho que necesito unos días para pensarlo¨
¨ ¿Por qué? ¨
Quinn suspiró. ¨ El estudio, nosotras…¨
¨ Quinn¨
¨ Serian dos clases a la semana, una los viernes a última hora de la tarde, así que no llegaría a chicago hasta la madrugada o el sábado por la mañana como muy tarde, y los domingo tendría que volver pronto porque la otra es los lunes a primera hora de la mañana¨ Explicó lamentándose. ¨ Eso sólo nos deja los sábados y la mañana del domingo para estar juntas ¡Y es una mierda!¨ Rachel sonrió, no porque le gustara no tener tiempo con su chica, sino porque ésta rara vez utilizaba ese tipo de palabras.
¨ ¿Quieres hacerlo?¨ La rubia guardó silencio ante la pregunta sería de su chica. ¨ ¿Cariño?¨
¨ Estoy pensando… Quiero pero…¨
¨ Pero nada. Hazlo¨ La instó a aceptar. ¨ No lo digo como tu novia pero van a tener mucha suerte contando contigo. He visto tus trabajos, como los haces, lo mucho que te implicas y sé que vas a ser igual enseñando¨ Rachel sonrió sabiendo que ella también lo hacía. ¨ Además, van a tener a la profesora más sexy que nunca hayan visto¨ Susurró con voz sensual mordiéndose el labio.
Quinn protestó. ¨ ¡Rachel!¨ Ella soltó una sonora carcajada, la misma que Quinn adoraba y ya echaba de menos. ¨ No quiero que me vean así¨
¨ Pero es la única forma en la que yo te veo después de decirme que vas a ser profesora. Con el pelo recogido en una cola y esas gafas que te dan un aire de misterio, cerebrito y… ¡Dios! ¿Cuándo vienes? ¨ Preguntó aunque lo sabía de sobra.
¨ Tres días más¨ Susurró mordiéndose el labio para reprimir las inmensas ganas de besarla. Tenía que cambiar de tema cuanto antes si no quería acabar la noche con el ánimo por los suelos, y sabía cómo hacerlo. ¨ ¿Cómo te fue anoche?¨
Solo hicieron falta cuatro palabras para hacer que Rachel se olvidara de todo. Las universitarias acosando a su novia, la repentina reducción del poco tiempo que ya iban a estar juntar, el deseo de besarla hasta quedarse sin aire…bueno, eso nunca podía olvidarlo del todo pero se obligó a hacerlo porque no tenía solución. No en ese momento. Tres días. Setenta y dos horas más, y podría hacer con su chica todo lo que quisiera.
Un voto de confianza para estas dos por favor, que a la mínima ya dudáis eh
Gracias por leer.
Saludos. xD
