Los médicos estaban asombrados. Tras hacer todo tipo de pruebas a Sakura, lo que finalmente la hizo reaccionar fue el Sharingan. Eran cambios muy menores, pero sus análisis eran detallados y detectaban los cambios de estado más mínimos.
Se tensaba, dejaba de respirar y sufría una aceleración considerable en el latido de su corazón, siempre y cuando sus ojos se encontraran con el kekkei genkai que Kakashi portaba. De hecho, miraba fijamente mientras que él estuviera dentro de su campo visual. Una vez el hombre estaba fuera de su vista, volvía a la su estado habitual.
De pronto, la chica estaba recibiendo una cantidad considerable de atención, e incluso fue llevada a una habitación donde podría ser estudiada debidamente. Tras ella iba su equipo, compuesto de dos niños y un hombre secretamente nerviosos, que no sabían si se atrevían a tener esperanzas. No había muchos más cambios a su estado, pero estaba claro que no se había vuelto completamente vegetal.
Alguien tuvo la idea de exponerla al Sharingan de Sasuke, el único otro que Konoha poseía. Si los médicos habían esperado algo, desde luego no fue lo que se encontraron.
Sakura gritó. Su rostro era un reflejo del horror más puro, y aunque su voz estaba rasposa, fue tan súbito y potente que muchos de los presentes dieron un salto. Naruto fue el que sacó a Sasuke de su trance y lo obligó a dejar de mirarla, mediante un grito y un puñetazo en su dirección.
El resto de la sala necesitó cuatro minutos y veintiocho segundos para recuperar la capacidad de moverse, incluso después de que la voz de la chica desapareciera.
