Tanto Kakashi como Sasuke se vieron atrapados en una lucha de miradas, y ninguno de los dos parecía dispuesto a rendirse. Ambos querían su pregunta respondida primero, ira y urgencia buyendo bajo sus ojos. Los iris de Naruto casi brillaban de color rojo, un gruñido gutural llamando la atención de su equipo. Kakashi concedió la victoria. Después de todo, no había orgullo alguno en decir que había ganado esta estúpida cruzada contra un Uchiha.
Mencionar el nombre de Itachi en este asunto fue un error, una idea en que no pensó lo suficiente, hace todos esos meses. No, no eso; temeraria. Los shinobi aprendían a ocultar sus emociones, pero eso no significaba que no las tuvieran. Nunca debería de haberle dado a Sasuke otra razón para alimentar el fuego de su odio. Y aunque el más joven de los Uchiha había dejado de preguntar directamente qué había querido decir su maestro, el problema no había sido olvidado en absoluto.
Preguntó otra vez en ese momento, tras ver la reacción de Sakura a su Sharingan. Y Kakashi no tuvo otra opción más que responder.
Era una mera sospecha, nada confirmado, pero Itachi había estado cerca de Konoha hacía tiempo. La información causó una reacción indeseada en Sasuke, pero la explicación prosiguió. La chica pelirrosa que conocían como su compañera de equipo había desaparecido en torno a esas semanas. Sasuke no era exactamente estúpido: conectó las ideas alarmantemente rápido, su mirada oscureciéndose considerablemente. Lo que antes fue sospecha, ahora estaba confirmado.
A pesar de su actitud despreocupada, Naruto no era tonto, su reacción siendo un poco más vocal. Todo esto tenía mucho sentido, un sentimiento muy temido asentándose en las mentes de ambos. Sasuke maldijo en voz baja y se dio la vuelta rápidamente, pero su maestro había anticipado los movimientos. Kakashi estaba seguro de que el chico abandonaría Konoha ahora mismo y perseguiría a su hermano sin descanso.
Lo que Sasuke estaba sufriendo era una versión particularmente brutal de lo que muchos shinobi experimentaban en algún punto de sus vidas: una cuestión horrible, fatal elección entre convertirse en máquinas perfectamente eficientes o conservar un corazón con el que amar. Y ahora mismo, Kakashi sabía que ese balance precario en el Uchiha se había roto brutalmente.
Tal vez era mejor así, porque todavía tenía que hacer su propia pregunta.
—¿Qué eliges?
Sasuke se quedó plantado, atrapado en un vórtice de emociones. Su respuesta inmediata fue "venganza", sin titubeos, sin pensárselo. Kakashi sintió la necesidad de maldecir. Demonios, Sakura, ¿por qué tenías que ser siempre el eslabón débil?
