Descargo de Responsabilidad: Glee y/o cualquiera de sus personajes no me pertenecen.
La mejor manera de acabar una noche cualquiera
La puerta fue abierta sin ninguna sutileza y cerrada con tanta fuerza que incluso habría hecho temblar las paredes si el edificio no fuese de esos antiguos en los que era imposible oír a través de los muros. Una suerte para sus vecinos, porque de no ser así, esa noche iban a escuchar más de lo que querrían, sobre todo la señora Becket, la adorable ancianita del piso de al lado.
Un choque contra el mueble del recibidor, otro contra el sofá que casi les hizo caer, y un par más contra los cuadros de las paredes de camino a la habitación y que ni siquiera se fijaron si seguían en su sitio antes de caer en la cama, todo sin separar sus labios. Porque lo último que querían era separarse.
Los zapatos debieron perderse en algún momento entre el salón y la habitación, y ahí mismo tuvo que quedarse la camisa de Quinn, porque al llegar a la cama ya no estaba, permitiendo a la morena besar la piel descubierta de su chica, deteniéndose algo más de tiempo en cada una de sus clavículas y en su escote que en cualquier otro punto. Después descendió beso a beso por su estómago hasta toparse con el único botón de los pantalones de sus chica, y tras dedicarle una picara mirada y recibir una sonrisa igual de la rubia, lo desabrochó y bajó lentamente la cremallera sonriendo de forma traviesa.
Le gustaba cuando su novia se ponía pantalones y cuanto más ajustados mejor, verla marcar cada curva de su cuerpo era algo que amaba, pero si había una cosa por encima de eso, era despojarla de cada prenda y tenerla desnuda bajo su cuerpo. Y aquella noche Quinn no iba a poner ningún impedimento a que eso pasara. Para sorpresa de Rachel, la rubia estaba más dócil que nunca. Ni siquiera protestó cuando ella le impidió darles la vuelta y eliminar su ropa del camino, es más, asintió conforme cuando la morena le indicó que aún no.
Y no es que no quisiera que su chica la viera desnuda o que la desnudara en sí, a veces era un tortura dejar que lo hiciera porque se lo tomaba con tanta calma y lo hacía de una forma tan excitante, que para cuando no quedaba nada de su ropa, de lo único que tenía ganas era de que la hiciera suya. Sin juegos previos, sin caricias y sin tópicos románticos. Quería ser suya y punto.
Pero aquella noche quería muchas cosas, y la primera y más urgente era volver loca a Quinn y hacerla disfrutar como nunca. Demostrarle que seguía ahí, tan interesada en ella y su relación como el primer día aunque ahora las cosas fuesen diferentes. Y si era necesario, se iba a pasar la noche entera haciéndole gritar su nombre solo para que le quedara claro que aun la quería y la deseaba como siempre. No era tonta, sabia de las dudas de su chica, que las ignorara por ahora era otro asunto. Como también lo era el que tenía entre sus manos, a su preciosa novia despeinada y medio desnuda arqueándose bajo su cuerpo y suspirando por sus besos. Pero había un pequeño detalle que Rachel quería cambiar.
¨ Quinn ¨ Susurró mordisqueando el lóbulo de su oreja. Ella no le hizo caso. ¨ Nena, abre los ojos¨ Le pidió después de detenerse para ser testigo del momento en el que su novia obedecía sus deseos. ¨ Por favor¨ Insistió consiguiendo lo que quería. Y una sonrisa pretenciosa se dibujó en sus labios al ver que los ojos de la rubia eran más oscuros, mucho más, debido a la excitación.
¨ ¿Qué? ¨ Preguntó Quinn con la voz unos tonos más grave.
¨ Nada¨ Negó Rachel. ¨ Te quiero¨ La rubia sonrió y cuando iba a decir algo la diva se lo impidió devorando sus labios como si no hubiese mañana.
Sabía lo que le iba a decir y por más que le gustaba escucharlo, no se trataba de ella, no era ella quien necesitaba ese pequeño empujón que a veces es necesario para seguir creyendo. Ese impulso que ella quería darle a su chica a base de caricias, besos y porque no, palabras susurradas que siempre era bueno escuchar. Un ´te quiero´ aquí, un ´te deseo allá´, ´te he echado de menos´ por otro lado y un ´quédate para siempre´ que no podía ser dicho pero que corría el riesgo de escapársele en cualquier momento.
Era divertido y tranquilizador para Rachel observar las reacciones de su novia a sus palabras, como sonreía con cada ´te echo de menos´, o los suspiros con cada ´te deseo´. Pero era mucho mejor verla y sentirla reaccionar con cada toque de sus manos, cada caricia o cada beso regalado en su piel. Escucharla gemir su nombre cuando una de sus manos se colaba entre sus piernas acariciándola sobre su ropa interior. Verla arquear su cuerpo cuando esa mano era sustituida por su boca, permitiéndole así retirar la prenda. Y lo mejor era, sin ninguna duda, escucharla pronunciar ´Rach´ con una mezcla de deseo, suplica y frustración ardiente cada vez que besaba el interior de sus muslos ignorando casi por completo el lugar donde la necesitaba con mas urgencia.
Una, dos… Dos veces ignoró los movimientos de la rubia para que se acercara más al lugar deseado, porque al tercer amago de la morena por seguir burlándose, Quinn la agarró por el cuello obligándola a subir hasta su boca y tras besarla una vez más, suplicó.
¨ Por favor¨ Murmuró antes de otro beso y un mordisco al labio de la morena, que esperaba consiguiese sus deseos. Y de pronto todo se volvió borroso.
La morena jugaba con dos de sus dedos dentro de ella mientras con la boca mimaba con delicadeza uno de sus pechos, luego el otro y finalmente descendía con su lengua para unirse a su mano, y hacerla alcanzar el éxtasis entre gemidos liberados sin ningún pudor y su cuerpo contorsionándose gracias a la maestría de su chica.
Rachel dejó pasar un tiempo antes de retirarse y subir hasta quedar completamente tendida sobre ella y besar inocentemente sus labios. Sonrió al ver lo relajada que parecía su novia en ese momento. Pero pasados unos minutos y ante la falta de reacción de la rubia tuvo que acabar con el tranquilizador silencio que se había creado.
¨ ¿Estas bien?¨
¨ Mmm¨ Fue la poca esclarecedora respuesta de la rubia que hizo sonreír a Rachel.
¨ ¿Segura?¨ Insistió con cierto tono de burla en su voz que hizo a Quinn abrir los ojos y robarle un corto beso.
¨ Dame un minuto y te lo demuestro¨Murmuró con tono engreído cerrando los ojos una vez mas mientras trataba de calmar su respiración. Rachel asintió paciente, estaba deseando que le demostrara muchas cosas.
