SraCroqueta: gracias por el review. Siempre que escribo pienso que, si sólo uso los nombres sin tener en cuenta quién son en el trabajo original, es como si no fueran ellos de verdad. El resto... el tiempo lo dirá.
Estaban sentados cerca de tres postes de madera. Las memorias del examen de las campanillas les vino a los chicos a la memoria, aunque Sakura parecía estar ignorándolo todo alegremente. Sasuke no estaba muy contento con la idea de ser, básicamente, su niñera; sin embargo, no dijo nada. Tenía que admitir que el tenerla tan cerca, durante prácticamente la mitad del día, estaba cobrándose su precio.
No le disgustaba, tenía que admitirlo. Era cierto que había evitado interactuar (y que Kami tuviera piedad de él si lo intentaba) con otras chicas. No estaba particularmente interesado en hacer amigos, y se clavaría un kunai antes de admitir que echaba de menos a uno de sus molestos compañeros de equipo. Demonios, no.
Pero no era tan malo. Al menos tenía la oportunidad de fortalecer su Sharingan. Y Naruto estaba intentando de veras no ser insoportable (lo cual, Sasuke había considerado una cosa imposible hasta entonces), porque sabía que si Sasuke era herido durante una de sus escaramuzas (como si eso pudiera pasar), Sakura no tendría la oportunidad de salir del hospital. Tal vez no era tan malo, aceptó finalmente.
Ahora tenía la oportunidad de entrenar tanto como quisiera bajo la supervisión, no sólo de Kakashi, sino de algunos de los mejores shinobi de Konoha. De veras querían convencerlo de que se quedara una vez no fuera necesario, y la verdad es que estaba aprendiendo mucho más de lo que jamás había esperado.
Aprendió el valor de hacer un buen balance de trabajo y descanso, y sorprendentemente, esos malditos ninja tenían razón respecto a su importancia. A la larga, mantener unos horarios y hábitos sanos ayudaba más que matarse a entrenar. Incluso Lee le dijo que todo el mundo tenía sus límites: como genio del trabajo duro, lo sabía muy bien. Sólo le hicieron falta diez días para comprobar la veracidad de sus palabras. Vale, quizá sus instructores tenían razón.
Antes de que se diera cuenta, estaba esperando las reuniones con ellos ansiosamente, discutiendo estrategias y aprendiendo cosas nuevas. Y quizá una diminuta parte de él apreciaba el calor y suavidad de la piel de Sakura, y cómo ella siempre estaba… ahí. Pero nunca lo diría. Jamás.
