Sakura tenía pesadillas todas las noches. Se revolvía en la cama, gimiendo y llorando en voz baja, y casi siempre se encogía y temblaba como si se sintiera atacada. Hicieron falta tres semanas para que Sasuke finalmente admitiera que, sí, era un problema, y sí, le preocupaba; y también, en efecto, había pasado una cantidad de tiempo vergonzosa observándola durante su inquieto sueño.
En su defensa, lo veía como un reto. Lo que le pasaba a Sakura era un misterio; él sentía que, si lo resolvía, se acercaría más a derrotar a ese hombre. Quería traerla de vuelta…
Hubo una celebración por la promoción de Ino en los rangos shinobi; y de algún modo, un puñado de shinobi jóvenes acabaron en su casa. Ni modo. Nunca debería haber dejado a la Yamanaka visitar a Sakura, porque como siempre, había mucha gente yendo detrás de Ino.
Estaba sumergido en la tarea de echarlos a todos, cuando la misma chica rubia se percató del sueño turbado de Sakura. La Yamanaka miró a Sasuke de muy mala manera: las únicas veces en que no estaba asfixiándolo con afecto, eran aquéllas en las que se preguntaba cómo de bien cuidaba de Sakura. El chico farfulló, cruzó los brazos y admitió de mala gana que ya se había dado cuenta de este problema.
Ino prácticamente lo empujó a la cama, y le dijo que calmara a Sakura. Sasuke Uchiha podía hacer muchas cosas, pero mimar a chicas que estaban en medio de una pesadilla no era una de ellas. No, no sólo eso: chicas y mimos eran cosas ajenas a su diccionario.
Especialmente cuando estaba seguro de que la chica en cuestión todavía no se sentía cómoda en torno al Sharingan. No tenía que obedecer a la Yamanaka, pero al diablo con todo… esto no podía hacerle daño a nadie, ¿cierto?
Así que se sentó al borde de la cama y permaneció inmóvil por una cantidad de tiempo incómoda. Pasaron cuarenta y cuatro segundos.
Sasuke miró a Ino, y la chica le respondió alzando los pulgares y con una sonrisa llena de dientes; y con un suspiro, Sasuke puso un dedo sobre la frente de Sakura, cuidadosamente. Estaba caliente, por supuesto. Se preguntó cuánto podría ascender esa temperatura cuando ella se sonrojaba. ¿Podía decirle que hiciera eso? No, no, no vayas por esos lares, cerebro traidor. Céntrate en lo que tienes entre manos.
Deslizó su pulgar sobre la piel, y en un momento de puro genio, Sasuke apartó los mechones de pelo del rostro sudoroso de Sakura. Ella contuvo el aliento, aunque ya no temblaba. Una voz molesta le dijo que su trabajo ya estaba hecho y que debería de irse de una maldita vez, mas su cuerpo se sentía como si estuviera pegado a la cama.
Su mano se movió hacia abajo, ahuecando la mejilla de la chica inseguramente. Ella se relajó y se inclinó hacia él, su respiración normal de nuevo. La expresión en su rostro era más relajada; incluso pacífica. Cualquier sueño que hubiera estado teniendo ya no la estaba acosando. Sasuke fulminó a Ino con la mirada, mientras la chica parecía estar a punto de mearse encima de pura emoción.
—Ni una palabra de esto.
La rubia asintió un poco demasiado deprisa.
