Descargo de responsabilidad: Glee y sus personajes no me pertenecen. Esto es solo ficción.
Promesas
Rachel pensó que nada podía ir peor de lo que iba hasta esa misma mañana. No, de lo que iba desde hacía cinco días, desde que ella no fue a Pittsburgh y Quinn no viajó hasta Chicago, desde que la rubia le confesó que no le apetecía verla por primera y única vez desde que se conocían, y teniendo en cuenta su pasado adolescente, eso era malo. Muy malo. Pero eso no era lo único, tampoco debía apetecerle mucho hablar con ella porque desde ese día sus conversaciones se limitaban a diez minutos antes de ir a dormir, en los que la morena hablaba y Quinn murmuraba respuestas aquí y allá fingiendo que escuchaba, o quizá no fingía y escuchaba realmente, pero no parecía importarle nada de lo que Rachel tuviera que contar, y para la diva eso era mucho peor.
Peor porque dolía. Un dolor que no había sentido antes y la empujó a tomar una decisión, olvidarse de todo y todos excepto de una cosa, una persona. Quinn.
Por eso, esperó impaciente durante diez minutos a las afueras del teatro hasta que vio a uno de sus compañeros llegar, y entonces lo abordó sin permitirle salir del coche.
¨ Necesito tu coche¨ Dijo, casi gritó, asustando al chico por su repentina aparición.
¨ ¡Rachel! ¿Quieres matarme? ¨ Preguntó con una mano en el pecho tratando de calmarse. ¨ ¿Qué te pasa?¨
¨ Tienes que dejarme el coche¨ Exigió.
Kevin movió la cabeza enérgicamente. ¨ No. Ni lo sueñes¨ Se negó. Pero su lado curioso pudo más que el amor por aquel amasijo de hierro con ruedas. ¨ ¿Por qué? ¨
Ella suspiró. No le había contado nada a su amigo, a nadie en realidad para evitar contar lo de Beth sin el permiso de su chica. ¨ Tengo…necesito ir a ver a Quinn, las cosas no están bien¨ Dadas las circunstancias tuvo que decirle algo, aunque fuera poco. ¨ Te daré lo que quieras… un fin de semana en el mejor hotel de Nueva York con todo incluido¨ Añadió sin pensarlo un momento.
¨ ¿Qué hotel? ¨Preguntó el chico desesperando a la morena. Lo que ella no sabía es que se lo hubiera dejado igualmente sin esa oferta.
¨ Avenue hotel¨
¨ ¿Un fin de semana completo? Dicen que es muy caro¨
¨ Completo. Todo incluido¨
Kevin sonrió. ¨Si insistes…todo tuyo¨ Dijo bajando y manteniendo la puerta abierta para la morena. ¨ ¡Espera! ¿Y el ensayo? ¨ Señaló la entrada del teatro.
¨ No puedo quedarme. Inventa algo¨
¨Pero… ¡Rachel!¨ Gritó viendo cómo se alejaba en su coche. Inmediatamente comenzó a arrepentirse de su decisión, mientras sacaba su teléfono móvil del bolsillo trasero de su pantalón y comenzó a teclear. Cuando acabó le dio a enviar y guardándolo entró en aquel teatro preparado para realizar la mejor interpretación de su vida, solo, para librar a su amiga de un gran problema con su director.
Rachel aprovechó el primer semáforo en rojo para mirar el mensaje que minutos antes había llegado a su móvil. Lo leyó y volvió a dejar el aparato donde mismo estaba, sobre el asiento de al lado. ¿Qué cuidara su coche? Como si a ella le importara un estúpido coche cuando tenía por delante horas y horas de conducción hasta llegar a su chica, sin saber exactamente que se iba a encontrar.
Las dos primeras horas de su viaje las pasó pensando en lo que le iba a decir a Quinn para que perdonara su error. La siguiente intentando imaginar cómo reaccionaría su chica al verla llegar. Otra más intentando dar con una idea que la sorprendiera tanto que ni siquiera tuviera palabras. Y el resto del camino recordando su sonrisa, sus ojos, cada momento vivido con ella, las veces que Quinn le había sorprendido simplemente apareciendo en uno de sus ensayos o en cualquiera de sus funciones cuando no la esperaba. Y tantos recuerdos solo consiguieron sacar una sonrisa de sus labios, porque definitivamente los momentos buenos ganaban a los malos, y esta vez no podía ser diferente.
Pero a solo una hora y media de casa, una llamada de teléfono le iba a demostrar que las cosas si podían ir peor de lo que ya iban y que estaba a punto de pasar uno de los peores momentos de su vida.
Todo empezó con un número desconocido y ella ignorando la llamada por no conocerlo, pero solo la primera vez. La segunda vez que sonó, la morena miró extrañada al causante de su distracción y con el ceño fruncido y una brusca maniobra, se detuvo a un lado de la carretera, ganándose así varios insultos y bocinazos del resto de conductores.
Rachel contestó la llamada suplicando que no fuera François para reclamarle por faltar al ensayo. ¨ ¿Si?¨
¨ ¿Rachel Berry?¨
La diva suspiró aliviada al escuchar una voz femenina, aunque desconocida, al otro lado del auricular. Al menos no era su joven director. No tenía ganas ni tiempo para un sermón. ¨ Yo soy Rachel Berry ¿quién llama?¨
¨ Buenas noches señorita Berry, mi nombre es Clarice y trabajo en el NewYork-Presbyterian Hospital/Columbia University Medical Center, es usted la persona de contacto para emergencias de Quinn Fabray y…¨
Rachel dejó de escuchar. Quinn, hospital… no podía ser. Esa mujer tenía que estar equivocada. Su chica no…
¨ Señorita Berry ¿sigue usted ahí?¨
¨S-si¨ Fue un susurró pero suficiente para que la mujer continuara.
¨La señorita Fabray se ha visto implica en un accidente¨
¨ ¿Accidente?¨ La morena tragó con fuerza y sin saber cómo se atrevió a preguntar. ¨ Esta… ella… ¿está bien?¨ El miedo podía escucharse en su voz.
¨ Las normas del hospital no me permiten darle esa información por teléfono, lo siento¨ Se disculpó. Y aunque parecía sincera a Rachel no le sirvió para calmarse.
¨ ¡¿Cómo que no puede?! Solo quiero saber si está bien ¡Es un sí o un no! No es tan difícil. ¡No le estoy pidiendo su maldito historial médico! ¨ Gritó molesta y asustada. ¿Cómo no iban a decirle algo así? No podía pasarse hora y media conduciendo sin saber cuál era su estado, si Quinn, su Quinn, la mujer de su vida estaba bien o no. Simplemente no podía.
¨Lo siento señorita Berry¨ Volvió a lamentarse.
¨ Dígame algo, lo que sea¨ Suplicó ella con los ojos aguados.
La mujer volvió a negarse con una disculpa. ¨ Lo siento, será informada cuando llegue al hospital¨ Fue lo último que dijo antes de colgar.
Al escuchar el tono característico de llamada finalizada a Rachel se le vino el mundo abajo. Le temblaron las manos, el teléfono cayó inevitablemente sobre sus piernas y las lágrimas que había estado reteniendo durante los escasos minutos de aquella conversación acudieron a sus ojos sin poder ser contenidas por más tiempo.
Quinn. Su chica. El amor de su vida, no podía estar en un hospital. Era imposible. Inaceptable. Y con ese pensamiento la morena recuperó el aparato con sus manos aun temblando y marcó el número de la rubia. Apagado. Llamó a su casa sin tener respuesta, y lo mismo ocurrió cuando lo intentó en el estudio. ¿Dónde demonios se metía Quinn? Esa fue la pregunta que no dejó de hacerse en ningún momento hasta que frustrada por no conseguir localizarla estrelló su móvil contra el asiento trasero del coche.
Y de pronto las lágrimas aumentaron, un calor repentino se adueñó de su cuerpo y un ligero quemazón acudió a su garganta al imaginar a su chica en la cama de un hospital como años atrás. Imágenes que no la abandonaron por minutos, olvidando las risas y buenos momentos al verse obligada a dejar el coche y vaciar el contenido de su estómago a un lado de la carretera.
En su cabeza ya no había lugar para las bromas, las tomaduras de pelo, las conversaciones hasta el amanecer, los silencio compartido…todo. Su mente solo podía recordar las promesas de Quinn. Esas que no podían ser borradas así como así. Ni siquiera por un estúpido accidente.
.*.*.*.
¨ Quinn¨
¨ Mhm¨ Le hizo saber que la escuchaba.
¨ ¿Crees que vamos a estar juntas toda la vida?¨
Rachel sintió el cuerpo de la rubia tensarse durante unos segundos para después volver a relajarse y estrecharla un poco más fuerte entre sus brazos. Hacia solo unos minutos que se habían metido en la cama y la diva, conscientemente, esperó a que todo estuviera a oscuras para hacerle esa pregunta que no había dejado de rondar por su cabeza durante todo el día.
¨ ¿A qué viene eso?¨
¨ ¿Lo crees o no?¨ Insistió con fuerza.
¨ Si, lo creo. ¿Por qué lo preguntas? ¿Tú no lo crees?¨ Cuestionó alarmada. Ella pensaba tener una noche tranquila y Rachel se había encargado de hacer que no fuera así con una sola pregunta. Solo su chica era capaz de eso.
¨ Lo creo. Relájate¨ La tranquilizó besando la base de su cuello sin dejar de abrazarla.
¨ ¿Entonces?¨
¨ Es una tontería pero… esta mañana he estado con Kensi en la cafetería y había un grupo de chicos y chicas, universitarios¨ Especificó. ¨ La mayoría opinaban que era imposible y estúpido pasar toda la vida con la misma persona, otros incluso creían que es una pérdida de tiempo¨
Quinn beso su cabeza antes de contradecirlos. ¨Se equivocan¨
¨ ¿Cómo puedes estar segura?¨
¨ Porque soy más inteligente que ellos¨ Resolvió con una sonrisa arrogante que Rachel no podía ver pero conocía de sobra y a la vez le hizo sonreír a ella.
¨ ¿Lo prometes? ¨
¨ ¿El qué? ¿Qué soy más inteligente que un puñado de universitarios hormonados? ¨ Bromeó sabiendo que su chica sonreiría más. Aunque su juego le costó un pequeño pellizco en su brazo.
¨ No. Que vas a estar conmigo toda la vida¨ Habló sin dar lugar a dudas esta vez. Lo que nunca esperó Rachel fue que su chica se levantara de la cama y sin ni siquiera encender la luz la dejara allí a solas. ¨ ¿Dónde vas?¨ Fue su pregunta sin responder.
Quinn tardó unos minutos en regresar a la habitación donde la diva ya había encendido una pequeña lamparista, lo que le permitió ver que su chica escondía algo tras su espalda y una sonrisa que decía ´se algo que tu no´ y ´voy a hacer algo increíblemente cursi´ que la volvía loca.
¨ ¿Qué llevas ahí?¨ Se interesó señalando con su cabeza a la vez que se mordía el labio.
La sonrisa de Quinn se hizo enorme y procuró mantener bien escondido lo que había salido a buscar. ¨ Te mueres por saberlo ¿verdad?¨ Se burló de rodillas en la cama. ¨ ¿Quieres verlo?¨ Le propuso levantando una de sus cejas.
Rachel imitó su posición y extendió las manos hacia ella. ¨Dámelo¨ Exigió impaciente.
¨ Quítamelo¨ La retó. Rachel no la hizo esperar e inmediatamente se abalanzó para robarle lo que fuera que escondía tras su espalda. Unos minutos de lucha, muchas risas y ellas completamente acaloradas y despeinadas, Quinn se rindió.
¨ ¡Es una servilleta de papel en blanco! ¨ Exclamó decepcionada mirándolo un par de veces para asegurarse. ¨ Si ha sido uno de tus juegos para meterme mano, no…¨
¨ Eso puedo hacerlo sin juegos¨ Dijo haciendo negar a Rachel por su actitud petulante. ¨ La verdad es que no he encontrado un lápiz¨ Reconoció cambiando la sonrisa por un gesto más serio.¨ Si me consigues uno sa- ¨ No pudo terminar. Rachel se giró sobre sí misma y abriendo el primer cajón de su mesita de noche sacó varios lápices y bolígrafos. La rubia la miró interrogante y ella simplemente se encogió de hombros con una sonrisa inocente.
¨ ¿Qué vas a hacer?¨ Se interesó mirando por encima de su hombro. Quinn pensó por un momento en impedírselo y aumentar su agonía, pero finalmente la dejó hacerlo y, apoyando el trozo de papel en el colchón y uno de los bolígrafos en su mano, se dispuso a escribir. ¨ Yo, Quinn Fabray…¨ Leyó la diva en voz alta a medida que la rubia iba escribiendo.
¨ prometo pasar el resto de mis días con Rachel Barbra Berry. Te quiero, tonta¨ Un muñequito sacando la lengua, un corazón, la fecha y un trazado casi ilegible a modo de firma, completaron la nota dejando sin palabras a Rachel.
.*.*.*.
Aún conservaba esa nota como un preciado tesoro. La tenía pegada en el marco de la foto de ambas que adornaba su mesita de noche en Chicago, convirtiéndose así en lo primero que veía cada mañana y lo último antes de irse a la cama.
Solo un mes había pasado desde aquella noche, unos días antes de tener que separarse Quinn le estaba prometiendo pasar toda su vida con ella y ahora…ahora no sabía si eso iba a ser posible.
Le mataba por dentro no saber, la incertidumbre, y sobre todo la posibilidad de perder a Quinn le asustaba tanto como la propia muerte.
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Hasta la próxima actualización.
Saludos xD
