Hola! Lo siento si me demoré en subir el capítulo, tenía y tengo muchas cosas en la cabeza pero bueno, como no sé si este capítulo es largo subiré 2!
Espero que les guste
La primera semana pasó con normalidad, obviamente con el pequeño detalle de que ahora Pitch está con ellos. Norte iba a chequear de vez en cuando la enfermería al igual que Jack para realizar exámenes y ver si notaban diferencias.
Nada.
No les importó mucho, era la primera semana después de todo y los yetis dijeron que podían tardar una semana.
Cuando llegó la segunda semana, lograron reunir a los 3 guardianes restantes (no se mencionará que a una la engañaron diciendo que Jack perdió un diente; a otro, lo sobornaron con ponche de huevo y al último lo secuestraron, arrojaron a un saco y lanzaron por un portal mágico), y llegaron a un acuerdo: cada uno iba a tomarse la molestia de ir al Polo y tomar turnos en la enfermería para 'vigilar' a Pitch y luego informar lo que vieron.
Norte empezaba. Como siempre, realizaba análisis, y estudios, sin recibir respuesta del chico. Cuando se detenía a mirando, era raro, a veces solo miraba a su enemigo inmortal, otras, a un niño indefenso que necesitaba su ayuda. (Algo que prácticamente sí era y sí pasaba). Era allí cuando acomodaba con cuidado las sábanas sobre su pecho y sus manos, tan pálidas como siempre, las acomodaba bien en la cama. A nadie le afectaba que lo haga… ¿verdad?
Jack seguía. Normalmente, del aburrimiento se quedaba dormido en una silla y el que seguía lo tenía que despertar, pero a veces llevaba libros de la biblioteca de Norte para pasar el rato y se los leía a Pitch, tenía la esperanza de que despertara por escuchar su voz o por lo menos se empezara a quejar y le gritara por su terrible forma de leer…
En ningún momento Pitch se movía.
Tooth venía después, seguida de Sandy. Tooth siempre iniciaba dando órdenes a sus haditas para recoger los dientes y las intentaba dar lo más bajo posible, pero luego cedía porque a Pitch no parecía molestarle.
Sandy repartía sueños desde allí, no era difícil, pero sí trabajoso. Ya no estaba molesto por las noticias, pero seguía indignado de tener que venir hasta el taller, cuando podría estar dando sueños directamente.
Nunca se acercaba totalmente a la cama, mantenía su distancia para no ver esa cara que tantos malos y buenos recuerdos le traía.
El último era el Conejo de Pascua. Era al que más le fastidiaba tener que ir, sin embargo, no quería decepcionar a sus amigos. Sentía que no era necesario, quería atacar a Pitch allí mismo ¡Él no se merecía estar acá, ni el esfuerzo y sacrificio que estaban poniendo los demás y él. Quería deshacerse de él allí mismo. Pero…no podía. De las pocas veces que se acercaba a la cama en donde estaba Pitch, desafortunadamente para él, no llegaba a ver a su enemigo inconsciente como lo hizo el primer día, sino, a un niño dormido, un niño herido, un niño en peligro, un niño…que tenía el cabello en la cara.
Suspirando levemente de resignación, con una mano-, erh,-pata, le removió el cabello y lo puso detrás de su oreja. Regresando a su silla, se repetía a sí mismo: Mañana sí lo hago.
Obviamente, sin recibir ningún movimiento de Pitch.
Tercera semana. Igual. Okay…no estaban tan preocupados…
Cuarta Semana. Okay, ahora sí. Estaban nerviosos, el chico no mostraba mejora, se ponía cada vez peor. Su piel ya pálida, estaba aún más pálida, su respiración se hacía más pesada y el monitor indicaba que sus latidos se hacían cada vez más débiles.
¡Dios, Manny los matará si Pitch no despierta pronto!
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Oscuridad.
Eso es lo que siempre he visto.
No sabía dónde estaba. Lo único que veía era negro. De repente sentí un terrible dolor en la espalda que hizo que gritara de dolor. Caí de rodillas. Al abrir los ojos (¿cuándo los había cerrado?) estaba en un bosque. Corriendo. Sentía que alguien me perseguía por lo que empecé a correr más rápido. Sentía que mi corazón se saldría de mi pecho y jadeaba por aire por el esfuerzo. Me estrellé con algo…o alguien. No veía quien era, solo eran manchas borrosas de colores delante de mí. Una de las manchas, solo distinguía rojo, tenía unas enormes espadas con las que se iba acercando. Empecé a retroceder pero no me lograba parar y antes de que me diera cuenta, levantó su espada y clavó en el estómago, sentía que las espadas perforaban mis entrañas y me quemaban por dentro. Mientras gritaba, podía escuchar risas crueles.
Mi atacante retiró con fuerza la espalda, cubierta de punta al mango con mi sangre y este empezó a alejar.
Intentaba tomar aire y mientras presionaba una mano en mi herida para evitar que sangre mucho (lo que fue en vano porque solo logré que también se llene de sangre), vi que alguien más se acercaba.
Una de las dos personas (si es que eran personas) era gris y agarraba un boomerang de madera, esta me paró. Grité de dolor y me agarró de los brazos, clavándome sus garras. Otra mancha verde tomó impulso y me dio un puñetazo en la mandíbula, hasta uno de mis dientes se salió. La mancha gris me soltó y por la debilidad, caí de rodillas. Tosí y un poco de sangre cayó en mi mano. Escupí el resto cuando otra de las personas se acercó con unos látigos en las manos. Esta era amarilla, pero mientras más se acercaba, podía distinguir más los rasgos de esta nueva persona. Era baja y estaba cubierto de arena, tenía el cabello del mismo color que su ropa y llevaba en el rostro, una sonrisa.
Tragué saliva e intenté retroceder, pero me agarró de la muñeca y me jaló hacia él, vi que negaba con la cabeza y movía su dedo como diciendo que hice algo mal, me dio un puñetazo y asegurando el agarre que tenía en mi muñeca, me azotó con su otro látigo en el mismo lugar de la herida y espalda. Grité, pero antes de que pudiera reaccionar me sacudió por los aires mientras que las otras personas se reían. Caí boca abajo contra un carro, luego en la acera y me golpeé la mandíbula. No había notado que el paisaje de hielo de antes ahora era una calle llena de carros; era de noche, y estaba alumbrada por postes de luz y la Luna.
Ya no podía respirar. Sentí lágrimas caer por mis mejillas, intenté limpiarlas para que no las vean, pero solo hacía que el dolor creciera.
"Eres débil"
"No mereces vivir"
"Inútil"
"Te lo mereces"
"Estorbo"
"Cobarde"
Las voces continuaron mientras yo gritaba. Antes de que toda mi vista se nublara, pude ver que todas las personas del principio estaban enfrente de mí y me empezaron a patear, golpear, arañar, mientras desde las sombras podía ver ojos rojos, atentos a lo que pasaba.
"débil...inútil…estorbo…cobarde…no…sirves"
"…Es cierto"
Y todo se oscureció.
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Ahora estaba de nuevo en la oscuridad, podía sentir el dolor crecer por mi cuerpo.
Estaba echado sobre algo, era caliente, relajante, y sentía que ayudaba con el dolor de espalda. Quería sonreír, agradecer, pero el dolor era inmenso y no encontraba mi voz. A veces sentía que alguien hablaba, no sabía ni entendía que me decía, pero no era como la de mis sueños. Esta era grave, amable, relajante. Me adormeció de repente, pero supuse que no importaba. Estaba mejor acá que en mis sueños…Espero.
Así, me volví a sumergir en el mundo de las pesadillas.
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Cuando abrí mis ojos, pude ver que estaba en una jaula. No. Estaba ABRIENDO una jaula. Escuchaba voces que me llamaban, cuando entré, no vi más que oscuridad. Iba a volver a salir cuando la puerta se cerró de golpe, creando un eco escalofriante que hizo que los pelos de mi cuello se erizaran. Giré mi cabeza bruscamente, solo para encontrarme con millones de pares de ojos rojos que me sonreían, no veía sus cuerpos, pero tenían unos dientes afilados. No tuve tiempo ni de defenderme cuando me rodearon, se reían de mí, me cortaban, mordían, arañaban, se burlaban. Empecé a gritar. La oscuridad era sofocante, no podía respirar, sentía que mi respiración era rápida mientras luchaba con toda la fuerza por mi libertad.
No pude, soy débil.
"Adiós Pitchir-"
Miles de voces empezaron a hablar al mismo tiempo, no escuché lo que dijo la primera, pero no importaba, su voz está cargada de dolor y maldad, era tortura escucharlo, no lo soportaba.
Así que sólo pude gritar hasta que lograron que perdiera la consciencia.
"Eres nuestro"
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Ya no quería más sombras, no más oscuridad, ¡Estaba harto!
Sentía que iba a pasar algo otra vez, que lo iban a torturar otra vez, cuando empezó a escuchar una voz. Pude distinguir lo que decía pero no quién lo hacía, estaba hablando algo sobre un dragón asesinado pero no le capté el sentido, así que simplemente me dejé llevar por su voz… el único consuelo en la oscuridad.
Con él… ya no sentía miedo.
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Estaba corriendo por su vida en unos pasadizos y escaleras infinitas, la única fuente de luz: las luces de un globo terráqueo hecho de metal.
Ya había estado allí. Era una guarida. SU guarida.
Llegó a un callejón sin salida, lo único que se veía era la gran pared que le bloqueaba el paso.
Apoyó su espalda contra la pared viendo con grandes ojos llenos de terror a los caballos-pesadilla acercarse.
"Aléjense de mí" gritó. Su voz estaba ronca por correr. Las pesadillas solo lo miraron con ojos (por ahora) amarillos, estas relincharon y expulsaron arena por los orificios nasales, mientras se acercaban más a su presa.
Sin darse cuenta, estaba en un remolino de arena negra, que le quitaba el aire y le hacía difícil respirar. Tenía miedo.
Las pesadillas lo llevaron a un cuarto donde lo tiraron en el piso, todos se fueron… por ahora… dejando 2 como vigilantes.
Se hecho en el frío suelo e intentó calmar su respiración para no atraer a las pesadillas.
Las pesadillas. Lo habían arrastrado aquí y no sabía cómo ni por qué. Se había golpeado la cabeza en el forcejeo y todo estaba confuso. Pero sabía que tenía que ver con esos estúpidos guardianes.
Tenía miedo. No quería sentir miedo, sabía que eso las alteraba y haría que lo atacaran más, pero ¡no podía evitarlo! Todo había fracasado, todo… sus planes no funcionaron… no era lo suficientemente fuerte ni poderoso para cumplirlo.
Sintió que de sus ojos cayeron dos amargas lágrimas, seguido de un sollozo que rápidamente deseo no haber hecho. Los guardias lo vieron y con un relincho llamaron a sus compañeros. Era hora del festín.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que lo arrastraron de nuevo a su guarida, pero lo que sí sabía era que prácticamente ya no podía moverse, tampoco es que tuviera opción.
Intentó escabullirse entre los guardias, solo para ser descubierto y recibir una paliza de castigo.
Podía escuchar voces en su cabeza. Que le decían que se lo merecía, que no servía, que era un estorbo… y llegó un momento en que paró de luchar y simplemente lo aceptó.
A pesar de tener los ojos cerrados, podía sentir cómo los caballos crecían y se hacían más fuertes, empezando a formar más, todo gracias a su debilidad.
Hubo un momento sin embargo, cuando las pesadillas se acercaban a él y una luz apareció. Escuchó sus relinchos y bufidos al tratar de huir pero la luz los desintegró. Él la pudo sentir, la luz cayó sobre él.
Al principio le dio nauseas, la cabeza le dolía como si lo hubieran golpeado con un martillo, y su cuerpo quemaba, sintió sus huesos doliendo y encogiéndose. Quería pararse, pero no podía. Poco a poco fue aceptando el mareo que lo calmaba, lo hacía olvidar… se llevaba algo… algo que no podía recordar. No recordaba nada, pero no le importaba.
Cuando abrió los ojos, todo se veía más oscuro y grande que antes…y desde las sombras, vio unas masas oscuras tomando la forma de enormes caballos con ojos rojos, que tenían una mirada malévola en sus rostros mientras le sonreían y Pitch…Pitch no sabía qué eran.
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Sentía miedo, ya no quería estar más en la oscuridad, la oscuridad da miedo, el miedo no sirve, él no sirve.
Pero de nuevo sentía que estaba echado en la suavidad de antes. Definitivamente no estaba con los caballos.
Sentía un olor raro. No sabía qué era, pero estaba seguro que ya lo había olido en algún otro lugar... ¿era menta?
Su tren del pensamiento fue interrumpido por algo diferente a todo lo que había sentido. No podía ver nada, pero pudo sentir que algo suave pasaba por su frente hacia su cabello. Era tan diferente a un golpe o puñete, se sentía… bien…todo el miedo que había sentido, pareció esfumarse. Volvió a sentirse adormecido y se durmió, sin saber que para el momento en que despierte, todo lo que conocía cambiaría para siempre.
