Sakura tenía un secreto. Algo importante, que hacía que su comportamiento se volviera nervioso y tenso cuando Sasuke le preguntaba. No dejaba que información alguna escapara de sus labios, no permitía que nadie entrase en su mente, y las viejas ideas de un agente durmiente estaban volviendo a las charlas médicas habituales.
Lo que fuera que escondía, tenía que ser importante, porque ni ira ni ruegos lograron arrancarle la información de la boca. Hacía que se comportara avergonzada, temerosa, cada una de sus acciones realizada sólo tras reafirmarse con la resolución más fiera. Kakashi sabía que tenía que ver con Sasuke y el Sharingan en general.
Podría haber sido trauma. Era un milagro que su mente funcionara en absoluto. Todo parecía ir bien, sin embargo. Nadie sabía qué estaba pasando ahí dentro, y el resto de su cuerpo no proveía pista alguna. Ni rastro de tortura física, ni un indicio de abuso de ningún tipo. Estaba perfectamente bien.
Pero si lo hubiera estado, no tendría esas pesadillas. No reaccionaría tan violentamente al Sharingan y a Sasuke. Algo andaba mal, pero Kakashi fue incapaz de descifrar qué.
