El muro se llenó de grietas bajo el impacto de una cantidad de chakra masiva, absurda. Veinticuatro cargas más tarde, el esfuerzo de Naruto por fin produjo un resultado. Al otro lado, la nariz de Sakura estaba sangrando. Ya no podía mantenerse en pie.

Podrías morir.

Tenemos que intentarlo…

¡Entonces, te sacaremos, créelo!

Esas tres palabras que ella dijo estaban llenas con tanto dolor y tristeza, que no pudieron cuestionarla más. Sakura estaba dentro de una prisión en su propia mente. No había cadenas manteniéndola en el sitio, sólo un cubo de cristal que la mantenía lejos del exterior. El Sharingan sólo le permitía recuperar parte de sus funciones corporales, incluso si era para ser manipulada cual marioneta.

No era una vida en la que pudiera ser feliz, jamás. Su imagen mental estaba temblando y llenándose de fisuras, gritando. Podían oírlo, y probablemente los que estaban fuera también podían. Naruto sabía que había hecho un pacto con el demonio, así que tenían que ser rápidos. El muro no había sufrido efecto alguno durante un tiempo muy largo, algo que él habría considerado prácticamente imposible, teniendo en cuenta el uso de chakra demoníaco.

Pero tras un cierto tiempo, empezó a sucumbir al poder que intentaba destruirlo.

Cuarenta y cuatro veces, y la barrera se rompió.