Descargo de Responsabilidad: Glee y sus personajes no me pertenecen.


Mia...tuya

Una semana, siete días, ciento sesenta y ocho horas, y podría decirlo en minutos, incluso segundos, pero el tiempo seguiría siendo el mismo y el mejor momento del día también, desde que Quinn estaba en Chicago, llegar al apartamento y verla en la cocina, durmiendo entre planos y exámenes sobre la mesa del salón, o simplemente esperándola con un libro en sus manos, tendida en el sofá, era y seguiría siendo lo mejor de su día. Encontrarla a las afueras del teatro podría hacerle competencia pero Quinn no se había dignado a ir ni una sola vez.

Hasta ese día.

Estaba cansada de esperar día tras día a su chica en casa, y no es que no tuviera nada que hacer, de hecho tenía mucho trabajo y papeleo que resolver, tampoco era que no le gustara esperar a la morena ¡dios! Le encantaba ver su sonrisa cuando llegaba y la veía allí, era sólo que echaba de menos verla sobre el escenario, esperarla entre bambalinas y con algo de suerte robarle alguna mirada o un beso, en mitad de una carrera para cambiar de vestuario. Por todo eso y porque necesitaba salir de aquel apartamento para no volverse loca con aquellos planos que no encontraba forma de acabar, decidió sorprender a la diva.

Apenas tardó en llegar a las puertas del teatro y, con asombro pero sin quejas, le fue muy sencillo colarse en el mismo y llegar hasta Rachel. No tuvo la suerte de verla en el escenario, todo apuntaba a que ya habían terminado el ensayo, y a juzgar por la forma apresurada en que su novia metía sus pertenencias en su pequeña mochila, parecía tener prisa.

Quinn sonrió al ver como luchaba por guardar la botella vacía de agua sin mucho éxito. Miró a un lado y otro viendo que todo el mundo estaba demasiado pendiente de recoger sus propias cosas como para reparar en su presencia allí, y la sonrisa divertida paso a ser ligeramente maliciosa cuanto más cerca de la morena estaba. Iba a poder asustarla ¡genial!

Un paso, dos paso y ¡aaaah! El grito de Rachel llamó la atención de varios de sus compañeros, algunos miraban la escena divertidos, viendo como la diva murmuraba maldiciones a la vez que golpeaba a su chica y ésta no dejaba de reír, otros simplemente ignoraban quien era esa rubia y poco les importaba lo que sucediera, que no tuviera que ver con salir de aquel teatro, pero hubo una persona en especial que no perdió detalle de la escena, ni de como después de los golpes y las risas, las dos mujeres se fundían en un abrazo e inocentes caricias.

" ¿Dónde ibas con tanta prisa?" Preguntó la rubia mirando la bolsa desordena abandonada en el suelo e ignorando todas las miradas.

" Pues... Hay una rubia espectacular esperándome en algún lado, pero ahora que estas aquí... ¿Crees que debería llamarla y cancelar nuestra cita? " Bromeó acariciando su nuca con una expresión de amor en su cara, evidente para cualquiera dispuesto a mirar.

La rubia sonrió dando un paso más cerca, aunque era prácticamente imposible. "No lo sé, a lo mejor prefiere unirse a nosotras" Rachel abrió los ojos exageradamente un segundo y al siguiente se echó a reír, Quinn se le unió a la vez que ambas negaban.

" Te quiero para mi sola, hoy y siempre" señaló haciendo hincapié en ambos tiempos, presente y futuro.

" Menos mal" Dijo fingiendo alivio la rubia, como si acabará de ser liberada de una gran preocupación. " Porque soy muy egoísta, Rach, y no me gusta compartir mis cosas, ya lo sabes "

Rachel le robó un rápido beso, conteniendo las ganas de saltarle encima, y después "¿Soy tuya?" le susurró pegando su cuerpo al de ella para provocarla.

"Absolutamente " Fue tajante ella.

La diva beso su mejilla y volvió a su oído para preguntarle en el tono más sensual que le fue posible. "¿Eres mía, Quinn?"

"Siempre"

Una sonrisa de orgullo adornó sus labios hasta que una voz muy desagradable en ese momento las devolvió a la realidad.

" ¡Hey, parejita! O lo hacéis de una vez o vais saliendo, el teatro tiene que cerrar" Gritó Jason llamando la atención de los pocos, que por suerte, quedaban en el lugar, provocando sus risas mal disimuladas.

"Le odio" vocalizó la rubia, sin voz, aprovechando que estaba de espaldas.

"Y yo" estuvo de acuerdo la morena aunque ambas sonreían sabiendo que no era así.

Quinn decidió darse la vuelta para hacer frente al chico, y la sonrisa divertida de la rubia, le indicó que mejor haberse quedado calladito. "No seas envidioso, seguro que todavía queda alguna inconsciente en la ciudad que quiera acercarse a ti" se burló sin compasión provocando algunas risas más.

Jason puso las manos en alto a modo de rendición y sonrió. "Es bueno verte por aquí, rubia, no sabes que genio se gasta tu chica cuando no estas" Le informó dándole un corto abrazo.

"Las manos donde las vea" Espetó Rachel golpeándolo sin fuerza y él intentó separarse de ella, pero la rubia se lo impidió. "¡Quinn!" gritó golpeando el suelo con su pie. "¡Haz lo que quieras!" vociferó lanzando los brazos al aire a la vez que se alejaba de ellos, y las risas de su novia y su compañero la perseguían.

Un par de frases aquí y allá, y una promesa de salir una noche junto a ellos, y Jason se marchó dejándolas solas una vez más. Quinn rápidamente se abrazó a su chica y besó su mejilla. "¿Me dejas llevarte a un sitio?"

No fueron las palabras en sí, sino la forma en que su chica se las susurró al oído, haciéndola estremecer y olvidar todo a su alrededor mientras asintió. Apoyándose en ella para sentir el calor de su cuerpo, la morena disfrutó de la sensación de tener a Quinn tan cerca, y fue esa misma proximidad lo que le hizo sentir la tensión en su cuerpo. Rachel se alejó lo justo para poder ver sus ojos, fijos en algún punto tras ella, y al darse la vuelta fue consciente del objeto de malestar de su chica. Mel.

Allí estaba la chica, impaciente, intercambiando miradas de soslayo hacia ella y a su reloj, como si lo único que deseara en aquel momento, fuese desaparecer. En una de esas miradas dirigidas a ellas, la descubrieron las chicas y Rachel sintió pena por ella, por esos ojos tristes, no quería problemas, no quería saber nada de la chica, pero le era imposible, al menos, no apiadarse de ella.

Quinn en cambio...

La rubia echó a andar antes de que Rachel pudiera hacer nada, sólo seguirla y ver el temor en el rostro de la otra joven. "Quinn, déjalo" le pidió antes de llegar a su compañera.

"Tranquilízate, Rach. No va a pasar nada" aseguró ella con una sonrisa que indicaba todo lo contrario. "Hey! Mel ¿esperas a alguien?" la chica la miró como si acabarán de crecerle alas o algo más extraño aún, y negó.

"Hola, Quinn" saludó con fingida tranquilidad, con suerte aquella rubia no sabia nada, o eso esperaba. Miró a Rachel también pero ésta apartó la mirada para centrarse en su chica.

" Quinn ¿no querías llevarme a un sitio?" la cuestionó sin dejar de mirarla, deseando que entendiera el mensaje oculto en sus ojos 'vámonos ya' gritaban alto y claro.

Pero si su chica lo entendió, pareció no importarle. "¡oh! Si, claro. Pero antes...he traído el coche, podemos dejarte en tu casa si quiere" se ofreció mirando a Mel. "Y así me cuentas que ha esta haciendo mi novia todo este tiempo, no es que no confíe en ella pero ya sabes...hay muchos desesperados por ahí" Dijo guiñándole un ojo. " Y muchas" añadió sonriendo al verla tragar nerviosa.

"Quinn, seguro que ya ha llamado a un taxi"

"Si" afirmó con urgencia ella.

La rubia negó con la cabeza. "¡Tonterías!" Exclamó enlazando sus brazos. "Nosotras te llevamos" Dijo antes de arrastrarla con ella, seguidas de una Rachel casi asustada por lo que en cualquier momento pudiera suceder.


Ay! los celos que malos son ajaja

Voy actualizando poco a poco, cuando puedo, así que muchas gracias por la paciencia, por seguir leyendo
y por los comentarios xD

Pido disculpa si hay muchos errores.

Saludos! xD