Hola a todos! Espero que les guste la primera parte de sus memorias :3 Los prox capítulos serán de esto y luego retomaré con la historia, aunque todo depende de lo que piensen, obviamente .


3 años

"¡Kozmotis!"

El pequeño levantó su cabeza al escuchar su nombre. Se levantó del suelo en donde estaba jugando y fue a buscar a quien lo llamaba.

"¿Papi?" Preguntó, mirando alrededor de la gran casa por alguna señal de su papá.

Por fin lo encontró. Corrió hacia él para abrazarlo pero se detuvo cuando vio sus ojos molestos.

Le enseñó un papel donde había hecho un dibujo "¿Tú garabateaste esto?" Le preguntó y el niño se encogió de miedo. Era un dibujo que le había hecho a su papi, eran ambos, ¿por qué se molestaba?

"Sí...pe-pelo somos yo y tú..."

"¡No me interesa, Kozmotis! ¡Este era un plano de guerra, y lo acabas de malograr todo!"

"Peldón..." Dijo Kozmotis con los ojos llenos de lágrimas, no quería que su papi se molestara con él. Siempre estaba molesto con él.

Su papá, también conocido como Hadrianus Pitchiner, gruñó y levantó una mano hacia él, pero se contuvo.

"Fuera de mi vista"

Kozmotis asintió y se fue corriendo, lágrimas resbalando por sus redondas mejillas.

Su papi siempre estaba molesto con él, muy pocas veces sonreía cuando Kozmotis estaba. El niño no entendía por qué, pero debía estar molesto porque su mami se fue a las estrellas por él...

Se fue cabizbajo a la cocina, donde sabía que estaría su niñera, Adela. Era una mujer gordita y bajita, con el cabello lacio y corto, y Kozmotis la quería mucho, y sabía que ella también lo quería.

"¿Qué pasó, Koz?" Le preguntó cuándo vio al niño entrar a la cocina.

"Mi papi me glitó...dice que ar-alu-aluiné un papel de él..." Le dijo, corriendo a abrazarle las piernas.

Sintió a Adela suspirar y lo cargó, dándole una sonrisa mientras limpiaba sus lágrimas.

"No llores, Koz, ya se le pasará el enojo a tu papá... ¿tienes hambre? ¿Qué tal si comemos algo?"

"¡Galletas!" Dijo Kozmotis riendo, y Adela rodó los ojos.

"Galletas será"

-.-.-.-

4 años

Kozmotis estaba jugando con Adela. Estaban creando unas altas torres de colores.

"Aquí va a vivir muchas personas, Adela..." Le dijo Kozmotis, poniéndose de puntitas para poner un bloque más a la alta torre.

"¿Ah, sí? ¿Cuántas? ¿Cuántos bloques pusiste para cada persona?"

Kozmotis frunció el ceño, pensando. Empezó a contar lentamente los bloques.

"Uno...dos...tl-tles...cuatlo-"

Mientras contaba, vio de reojo a su papi acercarse a Adela y le dijo algo muy rápido, Kozmotis no entendió qué, pero se oía muy importante, y luego salió rápidamente de la casa.

"¿A dónde va mi papi?" Preguntó curioso Kozmotis, hacía rato que había perdido la cuenta de sus bloques.

"Va a salir un rato al centro, y yo te voy a dar un baño"

Kozmotis agrandó los ojos. "¡NO!"

Se dispuso a correr, pero Adela lo atrapó y lo llevó al baño contra su voluntad.

Kozmotis hizo puchero cuando Adela dejó correr el agua en la tina, y le empezó a quitar su ropa.

"No me quielo bañal, Adela"

Kozmotis fue puesto en la tina, y su puchero se tornó en una sonrisa cuando vio su nave y juguetes en el agua. Eso lo distrajo mientras Adela lo bañaba.

"¿Por qué no me puedo bañal solo?" Preguntó, cerrando los ojos mientras vertía agua sobre él.

"Porque tu papi quiere que estés listo temprano"

"¿A dónde vamos?"

Adela se tocó el mentón con un dedo. "Al cumpleaños de un niño muy especial"

"¿Y por qué?"

Adela se ríe y termina de bañarlo en silencio.

Kozmotis hizo puchero, se sentía indignado, ¿por qué Adela no le respondía?

Kozmotis se envolvió en una toalla cuando salió de la tina y fue con Adela a su cuarto. Allí, Kozmotis empezó a golpear el suelo con su pie, impaciente por que Adela le buscara ropa. ¡Tenía mucho frío!

Como Kozmotis ya era un niño grande, se abotonó su blanca camisa él solo, se puso su saco azul y se sentó en su cama para ponerse sus pantalones gris oscuro

Adela luego le ayudó a amarrarse sus botas negras y a amarrarse el cinturón dorado, un poco más arriba de su cintura.

Kozmotis se peinó, aunque Adela lo volvió a peinar y esperó a su papá en la sala.

Estuvo jugando con sus bloques un rato más hasta que el sueño le empezó a ganar. Ya estaba cabeceando tremendamente cuando a través de sus entrecerrados ojos vio a su papá entrando a la sala, estaba vestido muy elegante, según Adela, quien se lo mencionó con una sonrisa.

"Kozmotis ya está listo, Hadrianus" Adela le dijo con una sonrisa. Koz vio a su papá sonreír. Sabía que él quería mucho a Adela, ella le había dicho que era porque ella lo había cuidado cuando su papá tenía su edad.

"Muchas gracias, en serio" Le dijo su papá, levantando a Kozmotis del suelo y cargándolo con un solo brazo.

Kozmotis se acurrucó en el pecho de su papá.

"Ay, Hadrianus, sabes que lo hago con gusto... ¿Estás seguro que no quieres que vaya? Hay veces en la que explotas con el pobre niño..."

"Estoy bien, Adela, sé manejar la situación..."

Koz frunció el ceño, y su papá empezó a avanzar hacia la puerta. Se despidió de Adela con una reverencia que Adela imitó y cerró la puerta.

El niño tembló cuando el aire de la noche lo recibió con un frío abrazo, y miró a su papá, con su cabello oscuro bien acicalado y nariz aguileña en alto. Él no parecía afectado por el cambio de clima y seguía mirando al frente, con una expresión seria en su rostro.

Caminaron hasta el puerto, donde había muchas naves recogiendo y llevando pasajeros.

Koz quería dormir, pero no podía mientras su papá seguía moviéndose y despertándolo en un accidental movimiento brusco. Miró al negro cielo cubierto de estrellas, y suspiró. Mami lo estaba viendo desde allí.

El piloto de una dorada nave a la que se acercaban inclinó su cabeza al ver a su papá y presionó un botón dentro de la cabina, el cual hizo que la puerta de la nave se abra y puedan entrar.

Su papi lo bajó y lo sentó en el asiento. Kozmotis quiso acercarse a la ventana circular para ver, pero su papá lo detuvo. "Quieto"

Kozmotis hizo puchero y se sentó con los brazos cruzados.

"¿A dónde vamos, papi?"

"¿A dónde, Señor Pitchiner?" Preguntó el piloto al mismo tiempo que Kozmotis.

"Al palacio del Tsar Lunanoff" Respondió su papá y el piloto asintió. Luego miró a Kozmotis. "Vamos a ver al Tsar y la Tsarina, es el octavo cumpleaños del Príncipe Apollo"

Kozmotis contó con sus dedos. "¿Ahora tiene ocho años?"

"Sí..."

"¿Ya puedo ver por la ventana?" Le pidió y después de un largo suspiro, asintió.

Koz soltó una risita y se asomó a la ventana, arrodillándose en el asiento para mirar las estrellas, constelaciones y otras naves pasar. El oscuro espacio estaba iluminado cada cierto tramo con unos postes de luz súper potente, para que los pilotos de naves y barcos no se pierdan o sean atacados por sorpresa por los Temores. Su papá le había dicho que eran criaturas malas y feas, y que él las combatía con el ejército que tenía a su cargo. Le había dicho a Kozmotis que él también sería un soldado, y que su entrenamiento empezaría cuando sea un poco más grande.

Kozmotis no sabía si quería ser soldado, pero si su papi era soldado, entonces era bueno ser uno.

Kozmotis suspiró, apoyando sus pequeñas manos en el metal de la nave para ver mejor. Después de un tiempo de mirar al oscuro espacio, el infante se aburrió y se volvió a sentar, acurrucándose cansado al lado de su papá. Antes de caer completamente rendido, Kozmotis sintió la mano de su papi acariciando su pelo...

Kozmotis se despertó sobresaltado cuando su papá lo sacudió, algo fuerte si le preguntaban. Se talló los ojos con sus puños y miró a la circular ventana de nuevo, por donde dos enormes blancas torres aparecieron.

"¿Ya llegamos?" Le preguntó a su papá, todavía cansado y confundido.

"Sí, Kozmotis, ya llegamos"

La nave terminó de descender, y Koz miró las torres, maravillado ¡Era un palacio! Con altas estructuras blancas y banderas que ondeaban en lo alto.

La puerta de la nave se levantó y Koz esperó impaciente a que su papá le pague al señor para bajar. Cuando lo hizo, corrió un poco y se detuvo a las puertas del palacio, mirando la majestuosa estructura enfrente de él. Había muchos jardines alrededor, con fuentes muy graciosas que botaban agua y muchos hombres y mujeres con finos trajes que inclinaban la cabeza respetuosamente a unos guardias en la entrada antes de subir las enormes escaleras que los conducirían al salón principal.

"¿Allí vamos a ir?" Le preguntó a su papá, apuntando a la entrada del palacio.

Hadrianus asintió. "Cuando entremos, vamos a ver al Tsar y a la Tsarina, Kozmotis. Quiero que te portes bien, ¿me entiendes? ¿Te acuerdas sobre inclinar la cabeza al saludar? Es una falta de respeto si no lo haces, y como mi hijo y futuro General, quiero que le muestres respeto a tu Tsar...y al Príncipe Apollo también, porque será tu Tsar cuando crezca ¿me entendiste?"

Kozmotis asintió aun cuando no había entendido ni la mitad de lo que le dijeron...

Su papá tomó su mano y ambos entraron al palacio.

Música fue lo primero que Koz captó al entrar al atestado lugar. La música sonaba suavemente en el fondo, muchas veces perdida con las múltiples conversaciones de las personas.

Kozmotis fue guiado entre la multitud para llegar a un extremo del salón de baile en donde el niño vio a un hombre vestido con un traje blanco y celeste y a una mujer de peinado gracioso con un largo vestido color crem, con muchas pulseras y collares dorados.

Su papá hizo una reverencia, apoyando una rodilla en el suelo e inclinando la cabeza exageradamente y Kozmotis lo imitó lo mejor que pudo, pero al parecer no fue suficiente, porque los señores graciosamente vestidos soltaron unas risitas.

Ya no quiero estar aquí. Kozmotis lloriqueó suavemente y se abrazó a la pierna de su papá. Escuchó a su papá dar una risita nerviosa.

"Buenas noches, mis Tsares...Muchas gracias por la invitación" Le dijo educadamente, bajando un poco la cabeza mientras lo decía.

"No hay nada qué agradecer, Hadrianus...veo que sí pudiste traer a tu hijo" Le dijo el Tsar con una pequeña sonrisa. Él se arrodilló para ver a Kozmotis, quien observaba lo que pasaba desde el rabillo de su ojo.

"Kozmotis, ¿verdad?"

Koz no quería verlo, se había reído de él, y escondió su cabeza en su papá, esperando que le diga al señor que no quería estar allí, pero lo único que hizo, para la tremenda molestia del niño, fue separarlo de su pierna.

"Kozmotis, te está hablando tu Tsar"

El niño fulminó a su papi con la mirada y luego miró al adornado hombre con miedo.

"Tranquilo, Hadrianus...es solo un bebé..." Dijo suavemente, acariciando con una enguantada mano blanca la mejilla de Kozmotis, quien se sonrojó ligeramente. Koz miró a los raros ojos plateados del señor, sintiendo cómo lo miraban fijamente.

De repente, el Tsar se levantó, le revolvió el pelo, y miró a su papá con una amplia sonrisa. "Espero que disfruten la fiesta, Hadrianus, mi hijo se presentará en unos momentos"

Koz vio a su papá apoyándose en su rodilla de nuevo, pero él no quiso hacerlo, se habían reído de él por hacerlo, así que nunca más lo volvería a hacer.

Por suerte, su papá no notó su acto de rebeldía y, tomando su mano, se alejaron a otra parte de la fiesta.

"Me da miedo esos señores, papi" Dijo Kozmotis suavemente cuando ya estaban lo suficientemente lejos de los Tsares.

Hadrianus suspiró pesadamente. "Pues te lo guardas, Kozmotis, les vas a mostrar respeto, ¿entendido?

Kozmotis asintió.

"Ahora, vamos a ir con unos compañeros míos, todos con altos rangos en la armada, y quiero que te comportes delante de ellos"

Kozmotis volvió a asentir.

Su papá les dio a los señores vestidos con uniformes una gran sonrisa y estrecharon el antebrazo, una costumbre que Kozmotis estaba recién aprendiendo. Según lo que tenía entendido, cuando no conocías a alguien, inclinabas la cabeza, y cuando sí, podías estrechar el antebrazo, sin embargo, no entendía por qué su papá se arrodilló con el Tsar, debía ser otra norma que debía aprender...

Su tren del pensamiento fue interrumpido cuando casi se tropieza con el pie de un señor.

Se sentó en el suelo al costado de su papá, mirando a los adultos conversar de cosas que no entendía.

"Papi, ya me quiero ir" Le dijo, tratando de desamarrar los pasadores de sus botas

"No, Kozmotis" le respondió su papá cortante, sin siquiera bajar la vista para mirarlo.

"¡Estoy aburrido!" Reclamó Kozmotis, haciendo puchero y mirando a su papá suplicante, pero solo logró que su papá le golpee en la cabeza.

"¡Ya, Kozmotis! ¡No nos vamos a ir!" Le gritó, dejando al niño helado, lágrimas brotando de sus ojos pero sin atreverse a llorar.

"Hadrianus, ¿no crees que eres un poco brusco con el niño?" Dijo un amigo de su papá, mirándolo con una cara triste. "Digo, el pobrecito debe estar aburrido, el príncipe está tardando demasiado"

"Pues que aprenda a respetar. Es la única forma de volverlo un hombre y que sea un buen soldado algún día"

"...Él no tiene la culpa de lo que le pasó..." Le dijo otro señor calmadamente.

"Ella tampoco la tenía..." Respondió su papá. Kozmotis supuso que hablaban de su mami, porque ella se fue cuando él llegó, o eso entendió de Adela...Se alejó un poco de su papá, pero no lo suficiente como para perderlo de vista, y se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la pared.

¿Por qué su papá no lo quería? ¿Por qué no le podía sonreír a él como les sonreía a sus amigos o a cualquier persona en el espacio?

Llevó sus piernas a su pecho y allí se quedó un buen rato. De pronto, la música y el cuchicheo cesaron, y se escuchó a un niño hablar. A Kozmotis no le importaba el niño, y escondió su cabeza entre sus rodillas. Todo el mundo se puso a aplaudir y silbar cuando terminó.

Su papá se acercó a él y Kozmotis volvió a preguntar inocentemente si ya se podían ir a casa.

"Em, no, todavía no, pero vamos a un lugar en donde no te vas a aburrir ¿está bien?"

Kozmotis asintió y tomó la mano de su papá para levantarse.

Caminaron entre los altos hombres con elegantes trajes y mujeres de finos vestidos hasta que llegaron a una puerta. Allí, unas mujeres vestidas de blanco se inclinaron al ver a su papá y abrieron la puerta.

"¿Puede quedarse aquí hasta que termine la fiesta, verdad?"

"Por supuesto, General Pitchiner"

Kozmotis miró a su papá. ¿Lo iba a dejar aquí solo?

"No me dejes..." Le pidió, sus ojos azules-plateados llenándose de lágrimas.

Hadrianus se arrodilló enfrente de él "Mira, Kozmotis, eres un niño valiente ¿o no? Se necesita valentía para ser General..."

"Soy valiente"

"Bien. Aquí estarás mejor que allá, enserio, te vas a...um...divertir y probablemente hagas amigos, prometo que regresaré por ti más tarde"

"¿Lo prometes?"

"Con mi alma. Ahora, pórtate bien, no quiero problemas"

Su papá se levantó e inclinando la cabeza hacia la criada, regresó a la fiesta, sus botas sonando en el impecable suelo blanco del palacio, su pulcro uniforme azul oscuro resaltando en las blancas paredes y su roja capa ondeando detrás de él.

Kozmotis entró al cuarto, y sonrió levemente. ¡Había muchos juegos! Bloques, rompecabezas, muñecos, etc. Todos los niños allí eran mayores que él, porque todos eran mucho más altos, y jugaban y conversaban en grupos.

El niño quería ir a jugar con ellos, pero le daba miedo, su corazón latía rápido y sus mejillas se calentaban cuando alguien lo miraba. Había descubierto que era demasiado tímido.

Bajó la mirada, su labio inferior temblaba ligeramente. Después de unos minutos de pensar a dónde ir, se decidió acercar a una mesa para armar bloques. Ese pensamiento quedó destruido sin embargo, cuando un niño se estrelló contra él y por la fuerza, Kozmotis terminó en el piso.

Estaba cansado, quería irse a casa, tenía hambre, su papá lo dejó en un lugar donde no conocía a nadie, y se había golpeado el brazo. Soltó un suave gimoteo, seguido de otro, y otro hasta que estaba llorando.

"¡Oye! ¡Fíjate por dónde-!... ¿por qué lloras...?" Le preguntó el niño de cabello negro. Tenía un gran libro en sus manos, y su expresión molesta se tornó en una de confusión cuando lo vio llorar.

"¡Me golpeaste!" Lo acusó Kozmotis, pero el niño no se inmutó, y siguió viéndolo con una expresión indescifrable en esos plateados ojos.

"Estabas en mi camino. Y no te podía ver" Dijo encogiéndose de hombros.

Kozmotis se limpió las lágrimas con la manga de su camisa al darse cuenta que nadie vendría a consolarlo, y se levantó, fulminando con la mirada al niño más alto.

"Discúlpate, Adela dice que siempre que haces algo malo te disculpas"

"... ¿Dis-culpa?" Dijo el niño confundido, como si la palabra nunca la hubiera escuchado. El infante sonrió, contento de haber recibido su disculpa y miró al niño de nuevo.

"¿Cómo te llamas?"

La postura confundida del niño rápidamente se tornó en una seria, limpiando su fino traje de cualquier arruga o mancha y se paró derecho "Yo soy el Príncipe Apollo Lunar Lunanoff XI, heredero al trono."

Kozmotis parpadeó "...Tu nombre es muy largo...Soy Kozmotis...Kozmotis Pitch-Pitch-Pitch-i-ner"

"¿Eres el hijo del General Hadrianus?" Le preguntó el príncipe con una mueca que expresaba curiosidad.

Kozmotis asintió. "Sí...él dice que voy a ser soldado como él, ¿es divertido ser soldado? ¿Tú serás soldado?"

Apollo suspiró y rodó los ojos.

"¿Por qué estás solo? ¿Nadie quiere jugar contigo?" Le dijo Kozmotis, aparentemente tomando al príncipe por sorpresa.

"Ah-ah, bueno, yo-um-no...No-ah...no se merecen mi atención..." Dijo finalmente, poniendo una cara seria que hizo a Kozmotis reír.

"Me caes bien, ¿yo soy mecedor de tu atención? ¿Podemos jugar?"

Apollo se tapó la boca con una mano para evitar reír. "Merecedor, Kozmotis...y sí, creo que sí... Vamos, niño"

Kozmotis asintió con una gran sonrisa y siguió a su príncipe hacia una puerta secreta por la que se colarían a la fiesta...

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5 años.

Era su primer día de clases, todos en su casa parecían muy emocionados por eso, todos excepto Kozmotis claro, a quien no le gustaba la idea de quedarse todo el día allí.

Estaba usando su uniforme, el cual Adela dijo se le veía muy bien. Era una camisa celeste, pantalón gris y zapatos negros.

Su profesora era muy linda, tenía una voz bonita y lo recibió con una sonrisa cuando entró a clases. Había muchos niños y niñas riendo y jugando, y Kozmotis bajó la vista, sentándose en una mesa calladamente. Miraba de reojo a sus compañeros jugar, su corazón se estrujaba dolorosamente, él también quería, pero le daba vergüenza preguntar...

Las clases fueron divertidas al menos, y no requerían de tanta interacción social, pintaron, dibujaron, colorearon, algo que Kozmotis sabía hacer muy bien.

Llegó un momento, sin embargo, en donde la campana sonó y todos salieron al receso, riendo y correteando por todos lados.

Kozmotis los siguió después de un momento de discusión consigo mismo y se quedó en medio del patio, pensando qué hacer. Quería ir a los juegos, pero todos estaban ocupados.

Decidió ir a explorar el patio de Inicial. Este era muy grande, lleno de vida, pues las flores y grandes jardines lo adornaban.

No había muchos niños jugando por aquí, así que Kozmotis pensó que este era un lugar perfecto. No es que no quería ir con los otros niños, pero en su corta vida de cinco años no había interactuado con otras personas que no sean su papá o Adela...y ese niño gracioso del Palacio Lunanoff.

Algo llamó su atención, los arbustos se estaban moviendo solos.

Frunció el ceño con miedo, a punto de irse, pero luego vio algo que en serio no se esperaba ver.

Era una niñita, tenía el cabello marrón oscuro despeinado, junto con unos lindos ojos verdes...no es que Kozmotis haya pensado eso, no, las niñas son feas, iugh.

La niña había saltado fuera del arbusto, hablando para sí misma, y cuando levantó la mirada y vio a Kozmotis, le dio una mirada fulminante, haciendo que el niño dé unos pasos atrás. No tuvo tiempo de correr al patio de juegos porque la niña desapareció. Kozmotis frunció el ceño y se dio la vuelta, notando segundos después que la niña ahora estaba delante de él con una expresión molesta. Kozmotis pegó un grito.

"¡¿Qué haces aquí?! ¡Este es mi barco! ¡¿Estaban espiándome, niño sombra?!" Le gritó, pegando su nariz a la de él.

Kozmotis negó con el cabeza, asustado.

"¡Ah muy bien!" La expresión fastidiada de la niña despeinada se tornó en una sonrisa. Nunca te había visto por aquí, ¿eres nuevo? ¿Quieres jugar conmigo? ¿Te gustan los barcos?"

Kozmotis parpadeó confundido.

"¿Qué tienes? ¿No sabes hablar?" Le preguntó la niña.

¡Kozmotis no sabía qué decirle! ¡Oh, estrellas, probablemente se veía como un tonto!

"Sí sé hablar"

"¡Bien! ¿Entonces quieres jugar? ¡Estamos en un barco! ¡A punto de zarpar a las estrellas para visitar todas las constelaciones y galaxias!"

Kozmotis sonrió y asintió. La niña sonrió también, mostrándole a Kozmotis sus pequeños blancos dientes.

"Mi papá tiene un barco y viaja por toooddo el cosmos, él vende cosas muy bonitas a personas muy, muy importantes, y yo quiero ser como él cuando sea grande" Le informó y Kozmotis sonrió.

"Mi padre es General, él dirige a todo el ejército para...luchar contra los malos..." La última parte le hizo fruncir el ceño por alguna razón.

"¡Qué genial! Bueno, bueno, ¿vamos a jugar o qué?" Le dijo, golpeándole el hombro con más fuerza de la necesaria y empezaron a corretear por todo el jardín, riendo e inventando una historia sobre cómo por accidente salvaron a unos soldados cuyo barco había sido destruido.

El timbre sonó, y ambos detuvieron su juego.

"Oye, ¡me agradas! ¿Quieres ser mi amigo? Me llamo Esther, a propósito"

El corazón del niño se infló con esperanza y asintió vigorosamente. "¡Sí, claro!"

"¡Genial!, entonces nos vemos más tarde, niño..." Empezó a correr de regreso a su salón pero luego se detuvo. "Espera, niño, no sé tu nombre"

"Kozmotis, Kozmotis Pitchiner" Le dijo todavía sonriendo

Esther se acercó nuevamente al chico y le dio algo, era un collar con un dije negro en forma de luna.

"Mira...Ahora tú y yo somos mejores amigos, y ¡necesitamos algo para nunca, nunca olvidar!... Yo tengo una estrella" Señaló su collar.

"Bueno, ya me voy, ¡adiós Kozmotis!" Se despidió con un rápido beso en su mejilla y se fue, dejando a Kozmotis en medio del patio, con un pequeño dije en su mano y la cara completamente roja.

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7 años

Hoy se supone que debía ser un gran día. Era 31 de Oktobris, su cumpleaños, y estuvo esperando que viniera todo el año.

Pero no había contado con la súbita rebelión de algunos Hombres Pesadillas en Aconcua, una región en el sur del espacio, un conjunto de asteroides donde vivían numerosas familias.

Su papá por supuesto se tuvo que ir, aun después de las múltiples súplicas que Kozmotis le dio.

Hadrianus había estado planeando estrategias con unos hombres, entre ellos su primo Franciscus, para usar contra los Hombres Pesadilla, cuando Kozmotis lo interrumpió.

"Papá...por favor, no me dejes...me dijiste que estarías para mi..."Le había dicho, su voz se había ido apagando cuando lo vio suspirar pesadamente, frotando cansadamente las sienes con ambas manos. Kozmotis sabía que a su papá le incomodaba su cumpleaños, que, además de ser el día en el que su único hijo vino al mundo, era también el día en el que su esposa murió por traerlo al mundo.

Sí, Kozmotis ya lo sabía. No entendía muy bien cómo exactamente pasó eso, pero sabía que era su culpa, y por eso su papá no lo quería tanto...

"Sabes que tengo que ir, Kozmotis...pero volveré unas semanas después" Le dijo con una pequeña sonrisa, pero el niño seguía dudando.

"¿Me lo prometes?"

Hadrianus revolvió sus claros cabellos con una cansada pero presente sonrisa. "Con mi alma, ahora, déjame trabajar, ¿sí?"

Fue lo que le dijo y Kozmotis obedeció.

Su papá había marchado ayer, por lo que ahora se encontraba solo en su casa, con Adela claro, pero él había esperado pasar tiempo con su papá...

Regresando del colegio, en donde había estado jugando con Esther todo el día, ingresó a su cuarto calladamente y dejó su maleta en el suelo, mirando cuidadosamente el objeto sobre su cama.

Era un regalo...Estaba envuelto en papel rojo y tenía una etiqueta.

-Para: Kozmotis

De: Papá-

Kozmotis sonrió al ver que el regalo era de su papá y lo abrió cuidadosamente.

¡Era un caballo de peluche! ¡Él adoraba los caballos! El animal era marrón oscuro y su crin y cola eran negras.

A Kozmotis le extrañó un poco el regalo. Su papá no lo había dejado tener peluches antes, entonces ¿por qué darle este ahora?

Dentro de la caja donde se encontraba el peluche, había una pequeña carta. Kozmotis decidió poner en práctica todos sus conocimientos para leerla.

Kozmotis.

Siento no poder estar allí por tu cumpleaños, pero sabes que cuando el deber llama, uno tiene que cumplir, aún más cuando miles de vidas dependen de ti.

Sé que te gustan los caballos, espero que este también te guste, es el mejor que pude encontrar...No sé si todavía te gustan los peluches...espero que sí...

Pórtate bien en el colegio, obedece a Adela y nos vemos en dos semanas.

-Hadrianus.

Kozmotis sonrió con los ojos llorosos y dobló la pequeña carta en dos, guardándola en su cajón de escritorio.

Agarró al peluche entre sus manos y lo examinó con los ojos brillando con lágrimas. Su papá sí debía quererlo, se acordó de su animal favorito y hasta le dio un regalo... Se llevó el animal de peluche al pecho, abrazándolo fuertemente.

Esto se lo dio su papá, era lo más valioso del universo.

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8 años

"¿A dónde vamos? ¿Padre? Padre, padre, padre, padre" Decía Kozmotis repetidamente, tirando suavemente de la manga de la camisa de su papá.

Hadrianus prácticamente gruñó y sacó la mano del chico de ojos azules de su brazo. "Te escuché la primera vez, Kozmotis" Espetó, y Kozmotis miró hacia abajo, asustado.

Su papá estaba de un humor particularmente enojado, le molestaba e irritaba todo lo que Kozmotis hacia...mucho más de lo normal.

"Lo verás cuando lleguemos"

Kozmotis guardó silencio y siguió a su papá calladamente, no queriendo molestarlo más.

Después de unos minutos, llegaron a un poblado parque a unos kilómetros de su casa. Había muchos niños jugando y correteando por doquier, ya sea entre ellos o con sus padres.

Kozmotis sonrió levemente, mirando a aquellos niños por más tiempo de lo que se debería, agarrándose la manga de su camisa y jugando lentamente con esta. Sintió su corazón estrujarse dolorosamente, una pequeña esperanza creciendo dentro de él.

"¿Vamos a jugar juntos, padre?" Preguntó tímidamente. Realmente esperaba que la respuesta sea sí, pero en el fondo sabía que no era así.

"No, Kozmotis, vamos a entrenar aquí"

"¿Entrenar?"

Cuando ya se habían alejado de los felices niños y padres, Hadrianus le lanzó una espada. Kozmotis agrandó los ojos y trató de agarrarla, pero después de tambalearla un rato, se cayó al césped

Miró a la espada y luego a su papá, en el momento justo para verlo suspirar pesadamente, masajeando sus sienes.

"Oh, estrellas, tenemos mucho que hacer...Recoge la espada"

Kozmotis asintió y rápidamente la recogió. Parecía una espada de verdad, pero era de madera, una oscura y fina.

"Esto se llama shinai, Kozmotis, es un término que nuestros antepasados acuñaron para las espadas utilizadas en los entrenamientos de combate con espada"

Acu-¿qué?

"Si quieres ser General algún día, o por lo menos un soldado, tienes que manejar una espada correctamente"

"¿Por qué vamos a entrenar en el parque?" Preguntó Kozmotis, sintiendo que sus mejillas se calentaban bajo la curiosa mirada de personas que pasaban por allí. Él había pensado que estaban alejados de la civilización, pero algunos jóvenes y parejas pasaban por allí.

"El campo de entrenamiento del cuartel estaba en uso y este era el único lugar en el que pude pensar...Ahora, ponte en posición" Hadrianus le informó, apuntándolo con su propia shinai.

El niño obedeció, imitando la posición que su papá había adoptado.

"Levanta tu espada, párate derecho, ¡separa tus rodillas!"

Kozmotis hizo lo que le pedían, pero no importaba lo que hacía, siempre su papá se molestaba.

"¡Kozmotis! ¡Estira tus brazos! ¡Dobla los codos, por el amor a las galaxias!"

Los ojos del chico se llenaron de lágrimas, no podía, no podía, era un inútil, solo hacía a su papá molestar aún más.

"A ver, Kozmotis...mira cómo lo hago" Hadrianus estiró el brazo y la espada, apuntando al frente. "Haz lo mismo que yo"

Kozmotis se paró a su lado y cuidadosamente lo imitó. Al parecer su postura fue la correcta porque Hadrianus asintió suavemente. Kozmotis sonrió por la aprobación de su papá.

"Para el bloqueo de un ataque, dobla el brazo de esta forma, pon la espada a la altura de tu pecho...sí, así"

Hadrianus puso su espada en posición. "Ahora. Voy a dar un golpe y tienes que frenarlo, ¿listo?"

Kozmotis negó con la cabeza, sintiéndose desprevenido para el ataque, pero su papá asestó de todos modos.

Kozmotis chilló cuando ambas maderas chocaron y la dejó caer.

Hadrianus suspiró y miró a Koz. "¡Pero no la sueltes, Kozmotis! Prepárate, imagina que es una pelea real..."

Kozmotis tragó saliva mientras rápidamente recogía la espada de madera.

La pequeña batalla comenzó y Hadrianus atacó con fuerza, Koz no entendía por qué usaba tanta fuerza contra él, ¡él no era un enemigo!

La punta redondeada de la espada terminaba apuñalando su pecho y estómago con fuerza, y lágrimas inmediatamente se llenaron de lágrimas. Con la suya propia trataba de detener a su papá, pero le era imposible, él era muy fuerte.

"¡Y-ya!" Suplicó lloroso. "¡Ya no me golpees, papá! ¡Me duele!"

Hadrianus se detuvo para mirar al niño, cuyos hombros se movían al ritmo de sus lloriqueos. ¡Eres muy débil, Kozmotis!, no pareces hombre"

Esas palabras perforaron su corazón, y le dolieron mucho más que cualquier espada. Kozmotis se quedó callado el resto del entrenamiento, simplemente recibiendo los golpes y tratando en vano de frenarlos.

Después de unas horribles horas de entrenamiento y prácticas, Hadrianus por fin paró y le indicó que ya era hora de regresar a casa.

El niño asintió, y se limpió sus lágrimas rápidamente antes de que su papá vea que lloraba, no le gustaba que llorara, y ahora que estaba fastidiado aún menos.

Kozmotis caminaba encorvado detrás del alto hombre, se sentía triste, era pésimo en esto, y probablemente era un pésimo soldado también...

Mirando a su lado izquierdo, y divisó a un hombre vestido de blanco y negro, quien empujaba un carrito y varios niños lo rodeaban. ¡Estaba vendiendo dulces! Y no solo eso, ¡helados también!

"... ¿Me compras uno? Por favor, padre..." Le rogó suavemente, tirando de la manga de su camisa para llamar su atención. Hadrianus lo miró confundido y luego al vendedor.

"¿Estás loco? No voy a llenar tu cuerpo de esa basura, si tienes hambre, hay comida en la casa"

"Pero-"

"Además, no te lo mereces" Con eso dicho, Hadrianus posó su mano sobre el hombro de Kozmotis y lo empezó a dirigir a la casa.

Kozmotis lo miró suplicante por un rato más hasta que se rindió, era inútil, además, él tenía razón, no se lo merecía. Tenía que hacer todo perfecto si quería ganar algo. Juró en ese momento que de ahora en adelante haría siempre todo perfecto, que no podía fracasar, que debía hacer todo siempre bien, porque así, su papá se sentiría orgulloso de él.

"Prometo mejorar..."

"Eso espero"

-.-.-

"¡Kozmotis!" Gritó Esther desde algún lado, pero Koz en serio no sabía de dónde. Estaba mareado y confundido, y su boca le dolía demasiado.

Habían estado jugando a las atrapadas y como el tonto que es, no se fijó por donde iba y se estrelló contra un árbol, pero no solo eso, también se golpeó la cabeza contra otro árbol y al caer al suelo de cara juró escuchar el sonido de su mentón rompiéndose.

Esther corrió hacia él, preocupada pero al mismo tiempo intentando aguantar la risa y Kozmotis la miró desde su posición en el césped.

"¿Estás bien?" Le preguntó, tomando su brazo y ayudándolo a levantarse.

Kozmotis estuvo a punto de responder cuando sintió una pequeña cosita en la boca y confundido la escupió en su mano.

Chilló de horror cuando vio su mano con gotas de sangre y una cosita blanca en medio.

"¡AAAAAHHHH! ¡ESTHER! ¡MIRRAAA!" Le gritó horrorizado a la niña ojiverde, quien frunció el ceño, preocupada, pero luego estalló en risa.

"¿¡Cómo te puedes reír en un situación como esta!? ¡Me voy a morir!" Se lamentó Kozmotis, quien estaba tocando su boca para comprobar si la sangre seguía saliendo, y efectivamente, si seguía.

"Solo se te cayó el diente, Koz, tranquilo"

Eso solo empeoró el nerviosismo de Kozmotis, haciéndolo chillar una vez más.

Esther lo miró, inclinando su cabeza a un lado. "¿Es la primera vez que se te cae un diente...?" Kozmotis asintió.

"Qué raro...yo empecé a perder mis dientes de leche a los 5..."

"¿Di-dientes de leche? ¿¡Qué hago!?"

Esther pensó un rato, sobándose el mentón hasta que respondió. "Bueno, vamos a tu casa para que te limpies la sangre, la tuya está más cerca, de allí vemos qué hacemos"

Kozmotis asintió y ambos niños abandonaron el parque para caminar a la casa del hijo del General.

"Me duele..." Se lamentó Kozmotis miserablemente y su amiga soltó una risita.

"Es normal, a mí también me dolía mucho...pero mis dientes de aquí adelante y este-" Señaló un premolar. "-ya son dientes adultos"

Kozmotis se tocó con la lengua el espacio vacío donde se supone debería estar su diente incisivo.

"¿Ya estaba moviéndose tu diente antes?"

Kozmotis pensó en cuánto le dolía comer y que había sentido que su diente estaba flojo. Asintió.

"¿Y por qué no le dijiste a tu papá?"

Kozmotis estuvo en silencio un minuto hasta que se encogió de hombros.

Cuando por fin llegaron a la casa, Kozmotis abrió la puerta que había dejado sin seguro, y ambos entraron. Koz quería encontrar a Adela para que lo ayudara con este extraño dilema, pero cuando entraron los recibió nada más y nada menos que su padre.

"Buenos días, Esther" Saludó su papá con una pequeña sonrisa, inclinando la cabeza, y Esther sonrió, haciendo una pequeña reverencia levantando las puntas de su vestido. Kozmotis los miró con una expresión fastidiada. Al parecer ignoraban el hecho de que se desangraba.

"¡oh! Señor Pitchiner, tuvimos un...incidente en el parque y ¡mire a Kozmotis!" Kozmotis escuchó la risa en su voz.

Hadrianus examinó a su hijo y Kozmotis bajó la mirada, enseñándole el diente. "Se cayó..."

El General trató de mantener una mirada seria en el rostro, pero no lo logró, resopló de risa una vez, y otra vez, hasta que estaba carcajeándose.

"JA! JAJAJAJAJAJA ¡¿Solo eso?! JAJAJA ¡Kozmotis, eso es normal!"

"¡¿Ves?! ¡Yo te dije!" Esther le sacó la lengua.

Hadrianus guió a Kozmotis al baño más cercano para que se enjuagara la boca y limpiara su sucio rostro lleno de tierra. Todo mientras su papá reía y Esther observaba con una sonrisa pícara.

"Ya está, Kozmotis...Eso es normal, a los niños se les caen los dientes para que les crezcan unos más fuertes y resistentes...No me dijiste que tenías un diente flojo..." Le dijo su papá mientras Kozmotis se secaba la cara

"Es que...no sabía qué pasaba..."

"Hum, bueno, ya todo está bien. Vayan afuera a hacer algo productivo"

Esther rió y su papá estuvo a punto de irse cuando Kozmotis lo llamó. "¡E-Espera! ¿Qué hago con esto?" Preguntó, refiriéndose a su diente.

Hadrianus se encogió de hombros. "Bótalo, ya no sirve" Con eso dicho, marchó a otra parte.

Koz asintió y estuvo a punto de hacer eso mismo cuando Esther lo detuvo. "No lo botes, ¿por qué no lo guardas?"

"¿Guardarlo?"

"¡Sí! Mi mamá gurda mis dientes de leche"

Kozmotis pasó una mano por su cara. "¿Por qué querría mi padre guardar mis dientes?"

"¡Como recuerdos! Mi mamá dice que cada uno contiene una memoria especial, además, los cinco dientes que tengo guardados se me cayeron de forma diferente" Esther sonrió, haciendo a Kozmotis sonreír también, mostrando el huequito en su sonrisa

"Creo que sé dónde guardarlo...ven"

Caminaron por la gran casa y subieron las escaleras al cuarto de Kozmotis, en donde el niño empezó a buscar algo en sus cajones.

Esther se sentó en su silla giratoria y empezó a dar vueltas. "Tu cuarto está muy desordenado"

"Es que Irina y Araceli están en su día de descanso y Adela dice que no limpiará mi cuarto" Respondió Kozmotis mientras buscaba y Esther rodó los ojos.

"¡Lo tengo!" Gritó Kozmotis, sobresaltando a Esther. Koz sacó una cajita larga y dorada, con una linda decoración.

"Es preciosa..." Murmuró Esther suavemente, sus ojos verdes agrandándose.

Koz sonrió tristemente. "Era de mi madre...apareció de repente en mi cuarto...está vacía, aquí puedo guardar mis dientes de leche"

Kozmotis abrió la cajita y el forro de terciopelo rojo apareció. Puso el pequeño diente en la caja y la cerró, dejándola escondida, pero ahora en un lugar conocido.

"Gotof!* ¿Ahora qué hacemos?"

"Vamos a jugar afuera, ¡a hacer algo productivo!" Dijo Esther, inflando las mejillas y haciendo la mejor imitación de una voz grave que pudo, imitando al papá de Kozmotis.

Koz rió y siguió a su amiga al jardín, con un sentimiento agradable en el pecho, de algún modo u otro, su mamá estaba cuidando su diente...

-.-.-.-.-.-

10 años

Kozmotis caminaba de camino a casa con Esther, vivían bastante cerca el uno del otro. La niña estaba hablando de un profesor que odiaba y que la sacó de su clase solo por decirle 'respetuosamente' que su clase era aburrida.

"¡Pero-urgh! ¡LO odio! ¡No hice nada malo!" Exclamó la chica, abriendo los brazos exageradamente y casi golpeando a Kozmotis en la cara.

"Bueno, yo no creo que 'su clase apesta, espero que uno de sus proyectos explote, lo mate y lo trague un agujero de gusano para no tener que verlo ni a usted ni a su tonto curso de Física nunca más' califique como "respetuosamente" " Respondió Kozmotis tranquilamente, haciendo comillas con sus dedos en 'respetuosamente'. Estaban en la misma clase, fue testigo del hecho.

Esther rodó los ojos y sopló un mechón de oscuro cabello hacia atrás. "Sí, bueno, me dijo que si quiero volver a estar en su clase, en realidad, por mi feliz no tener que volver a entrar, pero me bajaría mis calificaciones, tiene que hablar con mis papás..."

Kozmotis le dio una pequeña sonrisa. "Sé que todo se resolverá, Esther..." Miró su reloj y sus ojos se agrandaron. ¡Estrellas! ¡Se había olvidado que debía llegar temprano a casa para ir con su papá al cuartel!

"¡Esther, me tengo que ir, lo siento, me olvidé completamente!"

"¿Qué olvidaste?"

"Que debía llegar a tiempo a casa, mi padre me dijo que me enseñaría a montar caballo hoy"

Esther asintió y rápidamente frunció el ceño. "¿No sabes montar a caballo?"

"...No...¿Tú sabes?"

"¡Síp! Mi papá me enseñó a mí y a Yannick el año pasado" Yannick era el hermano menor de Esther, era tres años menor que ellos y, cuando tenía los mismos ojos verdes de su hermana, era muy diferente en cuanto a personalidad.

"Tú papá es el General y no sabes montar a caballo..." Dijo Esther con una sonrisa burlona

"¡Oye, ya! No ha tenido tiempo, ha estado muy ocupado con otros asuntos, así que si me disculpes, debo correr, te cuento después cómo me fue" Sonrió y se despidió de su amiga, quien rodó los ojos y sonrió también.

Kozmotis salió corriendo segundo después, una expresión de preocupación plasmada en su joven rostro.

Esperaba no estar tan tarde, estaría en serios problemas si no...

Cuando por fin se estrelló contra la puerta de su casa, estaba luchando por respirar, sentía que la corbata lo ahorcaba y que sus pulmones se saldrían por su boca. Estuvo a punto de tocar la puerta cuando esta se abrió y Adela lo recibió.

"¡Niño! ¡¿Dónde te metiste?!"

"¿Llego tarde?" Preguntó Kozmotis recuperando el aliento.

"¿Tú qué crees? ¡Entra de una vez!" Koz asintió y rápidamente obedeció.

"Le voy a decir a tu papá que tuviste un problema y que ahorita sales, trataré de distraerlo lo más que pueda, ¡pero vuela, niño!"

Kozmotis prácticamente voló escaleras arriba, teniendo cuidado de no encontrarse a su papá. Se cambió a la velocidad de la luz, quitándose el uniforme y poniéndose una camiseta verde manga corta, pantalones negros y botas marrón oscura. Se lavó la cara que tenía tierra (había estado jugando con Esther y unos niños más en el jardín) y se mojó su cabello castaño claro para que su padre crea que tomó una ducha.

A penas terminó, fue en busca de su padre, quien estaba en la sala, andando de un lado a otro.

"¡Hasta que por fin te apareces, Kozmotis!" Gritó su papá, abriendo los brazos con impaciencia.

"Perdón, padre, pero me demoré en la ducha" Dijo, mirando de reojo a Adela, quien estaba en la sala con Hadrianus.

"Está bien, pero vámonos rápido, que también tengo que atender otros asuntos, no eres el centro del universo, jovencito"

Kozmotis se despidió de Adela, murmurándole tanke*, antes de seguir a su papá a la puerta.

Ambos caminaron unos metros para subir a una nave dorada que los estaba esperando, la cual inmediatamente zarpó por los aires a la academia de equitación de la Armada. Estas naves eran el medio de transporte más común que existía en la época cuando de distancias cortas se trataba, ya sea en el planeta o entre planetas. Si es que eran viajes largos, como entre galaxias, viajes de guerra, o comercio, se usaban barcos, unas imponentes y hermosas estructuras con grandes velas y poderosos motores.

El papá de Esther, Alphonse, los había llevado unos meses atrás a ver su barco en el puerto, ¡y hasta les dio un paseo!

Llegaron al lugar unos minutos después, y Koz miró las blancas paredes del lugar, el escudo de los Lunanoff en la entrada. El guardia en la cabina levantó la vista de la pantalla de televisión donde estaba viendo un programa y, al ver a Hadrianus fulminándolo con la mirada, salió corriendo del pequeño lugar para abrir el portón negro.

"¡Ma* General" Saludó el guardia, estirando su brazo derecho y juntando los pies.

Su papá respondió el saludo levantando la mano verticalmente. Kozmotis rodó los ojos y ambos entraron.

El lugar olía raro, pero a su papá no parecía importarle, ya debía estar acostumbrado. Kozmotis sin embargo arrugó la nariz y se la tapó por una mano.

Notó que su papá llevaba puesto una muñequera. Era un aparato súper genial que no le quería comprar, se utilizaba para escribirle a otra persona, llamar, o jugar. En ese momento, parecía que su papá le escribía a alguien con una mueca de disgusto en su fuerte rostro.

A pesar del olor, la academia era muy amplia y grande, con amplios espacios verdes y árboles cada cierto tramo.

El cielo era de un lindo celeste claro, con las nubes blancas moviéndose suavemente por la brisa. Finalmente, relinchos y bufidos se hicieron más fuertes, junto con las fuertes voces de los jinetes. ¡Por fin llegaron a los establos! Kozmotis ya estaba sudando, secándose la frente con la mano.

Un joven de unos 20 años se acercó a ellos con una cálida sonrisa en su bronceado rostro.

"Mi General" Saludó el chico, bajando la cabeza en señal de respeto, y Hadrianus asintió.

"¿Qué lo trae por aquí, General Pitchiner?" Preguntó el joven, secándose las manos con una toalla blanca, ahora negra.

"Mi hijo ha pasado mucho tiempo sin saber cómo montar a caballo, pensé que sería buena idea que aprenda hoy mientras termino mis deberes"

El joven miró a Kozmotis con una sonrisa, y el niño se encogió ligeramente, su timidez fallándole de nuevo. Se acuclilló delante de Koz.

"Hola, Kozmotis, me llamo Aleksei, ¿estás emocionado por aprender a montar a caballo?" Aleksei preguntó emocionado.

El niño frunció el ceño. "¿Cómo sabes mi nombre?"

Aleksei soltó una risita. "Tu papá nos ha hablado de ti" Kozmotis miró de reojo a su papá. ¿En serio hablaba de él con los demás? Su papá estaba mirando a otro lado, al parecer tomando las palabras de Aleksei sin importancia.

El joven adulto se levantó y miró a Hadrianus. "¿Necesita mi ayuda en enseñarle, General Pitchiner? Sabe que yo le enseño a los estudiantes aquí"

"Sí. Yo no tengo tiempo de enseñarle. Te lo encargo hasta que termine mi supervisión"

El joven asintió y Kozmotis miró a su papá dolido.

"Y-yo pensé que me ibas a enseñar tú, padre..." Dijo suavemente, y Hadrianus suspiró.

"Iba, pero se me presentó una situación y tengo que ir a otra parte, estarás bien con el joven Aleksei, vendré dentro de un par de horas" Dejó de mirar a su hijo y miró al joven instructor con una fría mirada. "Espero que salga de aquí sabiendo cómo montar un caballo"

Kozmotis vio a Aleksei tragar saliva y asentir rápidamente. Con eso dicho, su papá se retiró, regresando por el camino por donde vinieron a un paso más apresurado, contestando una llamada de su muñequera y gritándole a la persona del otro lado.

Aleksei suspiró, aparentemente aliviado, y miró a Kozmotis. "Bueno... ¿comenzamos?"

Kozmotis asintió. Aleksei posó una mano en sus hombros y lo guió hacia lo que Kozmotis pensó eran los establos.

"¿Cuántos años tienes?"

"D-Dis*"

Aleksei asintió y luego sonrió. "Esto siempre hago con los principiantes. ¡Te voy a enseñar algo que te va a gustar! Pero cuando entremos, tienes que estar calmado y no hacer mucho ruido, ¿entendido?"

Kozmotis asintió con una sonrisa, su corazón latiendo fuerte por la emoción. El joven sacó una llave plateada y abrió las puertas, y los ojos de Kozmotis se abrieron como platos.

"Sh..." Murmuró Aleksei y le indicó que avanzara.

¡Habían bebés caballos! ¡Eran tan lindos! Kozmotis corrió hacia una mamá con su bebé, la yegua estaba lamiendo la pequeña cabeza del caballito. El niño de ojos azules se puso de puntitas en frente del portón de madera.

"Aaaawwww" Dijo el niño suavemente, saludando al caballito con su mano.

"Se llama Luna, es un lindo potro, ¿no?" Preguntó Aleksei, poniéndose de cuclillas al lado de Kozmotis.

"¿Qué es potro?"

"Caballo bebé"

"Oh..." Kozmotis sintió sus mejillas calentarse y Aleksei se rió.

"¡Ven, Luna!" Dijo Kozmotis cuando notó que el potro lo estaba mirando. Estiró el brazo para que el caballo se acerque.

"No, Kozmotis. A las mamás no les gusta que toquen a sus crías, saca la mano"

En ese momento, el potrillo se acercó al niño con pasos temblorosos. Kozmotis miró a Aleksei y él lo miró. El potro olfateó su mano y empezó a sobar su hocico contra esta.

"Oye, le agradas, niño" Aleksei comentó, sobándose la parte de atrás de su cuello. Kozmotis sonrió y acarició la crin del potro, quien relinchó suavemente.

Kozmotis rió y miró a la yegua, que no parecía fastidiada por Kozmotis tocando a su cría.

"Veo que te gustan los caballos"

"¡Sí! Son mi animal favorito, son tan lindos... ¡y los bebés aún más!" Respondió Kozmotis mientras acariciaba al potro. La yegua se acercó a él y lo miró un rato, acercando su hocico a su mano. La pequeña mano de Kozmotis acarició su hocico y la yegua resopló suavemente.

"A mí también me gustan. He vivido casi toda mi vida entre caballos, mi padre los criaba..." Le dijo Aleksei y Kozmotis sonrió.

"Bueno, Koz, tu padre me pidió que te enseñe a montar a caballo, hay que empezar"

"Awwww, ¡pero yo quiero quedarme aquí!" Koz le pidió al joven con grandes ojos y un adorable puchero.

"Lo siento, Kozmotis, pero tu papá me despellejará si no aprendes algo hoy. Si terminamos temprano, podemos regresar, ¿sí?" Dijo el joven, revolviendo el cabello claro de Kozmotis.

El niño asintió y ambos salieron de las caballerizas de maternidad.

Aleksei pidió a otro joven que estaba por allí que mande a traer a 'Noche' y su caballo.

"Ok, Kozmotis. Lo primero que te voy a enseñar es a ensillar tu caballo y a cómo subirte y bajarte, ¿ok?"

Kozmotis sonrió y asintió, viendo cómo el joven de antes traía a 'Noche', una yegua completamente negra, y a otro caballo blanco.

"Ella es Noche. Es una buena chica, una de las más tranquilas para principiantes como tú, niño. Puedes acariciarla, no te hará nada"

Kozmotis alegremente obedeció.

"OK, escucha. Por el tiempo, nos vamos a saltar unos pasos en la enseñanza, que son cepillar al caballo. Noche ya está limpia ahora, se empieza cepillándola de 10 a 45 minutes, limpiando e inspeccionando los cascos y sus herraduras. Después, con el cepillo de raíces, se quita la peor suciedad y el barro. De allí-"

Aleksei le empezó a explicar emocionado la rutina que uno tenía que seguir antes de ensillar al caballo. Kozmotis asentía y sonreía, pero en serio no entendía de qué hablaba.

Cuando Aleksei terminó de explicar la parte de la silla de montar, donde incluida cómo poner el sudadero, la montura, los estribos y la cincha, ¡por fin era hora de aprender!

"A ver, niño. Súbete al caballo, primero agarra esta parte, llamada cabeza-" Señaló la parte de la silla de montar que se agarra. "Pisa primero el estribo, la parte donde pones los pies, y te impulsas hacia arriba"

Le costó a Kozmotis un poco subir, ¡pero logró subir solo! Se acomodó en la silla y miró a Aleksei, muy orgulloso de sí mismo.

"¡Bien, niño! Jaja" Aleksei le puso un casco en la cabeza y ajustó la cinta. Le quedaba un poquito grande, pero en general estaba bien. "La seguridad es primero" Dijo Aleksei y Kozmotis rodó los ojos.

Primero, Aleksei ató a Noche a su caballo y dieron un pequeño paseo por el campo de entrenamiento, para que Kozmotis se acostumbre a estar sobre el caballo. Algo que Kozmotis hizo con rapidez, adoraba estar allí arriba, todo se veía mucho mejor y era divertido.

De allí, soltó a la yegua de Kozmotis y dejó que él mismo guiara al caballo, le enseñó cómo parar al caballo y hacer que avance.

Kozmotis se puso nervioso al inicio, ya que con su suerte, se caería del caballo. Esperaba en serio tener menos suerte en esto, pero resultó que era muy bueno con los caballos, y eso lo comentó Aleksei varias veces.

Las horas se pasaron volando y antes de que se diera cuenta, su papá regresó para recogerlo.

Kozmotis se sintió muy orgulloso cuando su papá se acercó a él y lo vio dirigiendo al caballo en el camino dispuesto por Aleksei.

Lenta y cuidadosamente, Kozmotis bajó del caballo, tal como le enseñó Aleksei, agarró las riendas de la yegua, y corrió hacia su papá, trayendo al caballo consigo.

"¡Oye! ¡Muy bien, Kozmo!" Dijo Hadrianus con una sorprendida sonrisa en su rostro. Kozmotis le entregó el caballo a Aleksei y corrió hacia su papá riendo, quien lo recibió con un abrazo.

Algo dentro de Kozmotis se movió, y sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

"Veo que haces milagros, Aleksei" Bromeó su padre, y el joven se frotó la parte de atrás de su cuello, riendo incómodamente.

"Kozmotis tiene mucha habilidad con los caballos. Ellos parecen amarlo, General Pitchiner" Dijo el joven.

"Ya lo veo..." Dijo Hadrianus, revolviendo el cabello de Kozmotis suavemente.

Kozmotis nunca se había sentido tan bien en toda su vida.

"Puede que seas líder de la caballería muy pronto, Koz. ¿Te gustaría regresar?"

"¡Sí! ¡Y quiero que Aleksei me siga enseñando!" Dijo el niño señalando al joven y Hadrianus asintió, acercándose a él y estrechando el antebrazo de Aleksei.

"Bueno, ya es tarde, Kozmotis, vamos a casa, ¿sí? Adela nos debe estar esperando" Dijo Hadrianus, con una sonrisa en su rostro. Abrazó a Kozmotis de los hombros y empezaron a caminar. El cielo celeste de hace horas, se había vuelto morado con naranja, y las lunas que su planeta tenía estaban empezando a salir.

Kozmotis miró hacia atrás y se despidió de Aleksei con la mano, murmurando 'tanke, Aleksei'

Vio a Aleksei sonreír y despedirse de vuelta. 'De res, Kozmotis*'

-.-.-.-.-.-

11 años

Kozmotis miraba por la ventana, aburrido hasta el alma y con frío hasta los huesos.

Estaban en clase de Ciencia y Ambiente, y el profesor no sabía hacer otra cosa más que hacer dormir a sus compañeros y a él de paso.

Sabía que debía prestar atención para poder tener perfectas calificaciones, pero no se podía concentrar, ¡se estaba congelando! Desde que despertó este fatídico lunes, ha hecho frío. Primero, su despertador no quería apagarse, aun cuando Kozmotis había intentado apagarlo de mil maneras posibles, ¡la porquería seguía haciendo ese ruido del mal! Entonces, lo lanzó contra una pared, y logró apagarlo...y destruirlo en el camino.

Luego, Adela lo obligó a salir de su cama, el único lugar que le proporcionaba calor en su casa, cambiarse de ropa mientras el aire helado seguía circulando, y luego bajar a tomar desayuno.

No encontró a su papá como lo hacía de costumbre, ¡Adela le dijo que seguía durmiendo! Era tan injusto que él pudiera continuar durmiendo y Kozmotis no.

Pero su tragedia no terminó allí, oh no, luego, tuvo que irse caminando desde su casa al colegio, ya que su padre era TAN flojo que no lo quiso llevar en su nave. Kozmotis le rogó como por quince minutos, pero su papá dijo que no, todavía dentro de su cuarto y sin abrirle la puerta a Kozmotis.

Con el ceño fruncido, su saco hasta el cuello y su bufanda envolviendo mitad de su cara, salió de su casa a regañadientes para caminar en el frío por media hora.

Llegó tarde al colegio y le cerraron la puerta.

Kozmotis juraba que se iba a lanzar de un abismo.

Le tuvo que llorar y rogar al guardia para que le dejara entrar, ya que su asistencia era perfecta y no podía romper ese esquema, y el guardia terminó compadeciéndose de él, al ver lo mucho que lloraba y temblaba.

Abrió el portón de la entrada y ¡sí! logró entrar al colegio, corrió hasta su salón lo más rápido que pudo y vio que le habían cerrado la puerta.

Con la cabeza gacha, tocó la puerta y su tutora le abrió, ella era buena, no era como el guardia ni lo hizo arrodillarse para que lo dejara entrar a clases.

"Entra, Kozmotis, querido, ¿por qué te demoraste tanto?" Le preguntó mientras Kozmotis tomaba asiento, jadeando por aire y recibiendo risitas de sus amigos.

"Problemas...padre...nave...caminar...guardia" Dijo incoherentemente y su profesora sonrió.

Después de eso, su tutora se fue y vino el Sr. Klug para empezar su clase y allí es donde mitad de sus amigos se quedaron dormidos, adormecidos por su voz y el frío.

"-Y como sabrán, las estaciones en nuestro planeta son muy irregulares...normalmente, tenemos un mismo clima todo el año, ya que la rotación del planeta es casi a la par-"

Kozmotis hizo una mueca cuando regresó de su encanto y escuchó al profesor. Decidió regresar a mirar a la ventana.

El chico frunció el ceño cuando vio la ventana cubierta de una...cosa rara. Eran muy lindo...Kozmotis soltó un suspiro que no sabía que estaba reteniendo y salió vaho de su boca... Pequeñas particular blancas empezaron a caer con rapidez desde el cielo, cubriendo los árboles y el patio de juegos.

"Oye...mira esto" Golpeó con el codo a su amigo dormido y él lo fulminó con la mirada.

"¿Qué, Kozmotis?" Bojan le preguntó medio adormilado, frotándose los ojos con los puños.

"Mira la ventana, tiene...eso cubriéndola" Dijo Kozmotis con el ceño todavía fruncido, mirando a los hermosos patrones de eso en la ventana.

"...neish*..." Murmuró Bojan con los ojos abiertos.

"¿Qué? ¿Qué es eso?" Preguntó Kozmotis confundido por la reacción de su amigo.

"¡Chicos, está nevando!" Gritó Bojan a todo pulmón, despertando a sus compañeros de una y callando al profesor morfeo.

Todos se levantaron ruidosamente de sus asientos y se conglomeraron en las ventanas para ver la nieve que Bojan afirmó ver.

"¡Chicos! ¡Sentados! ¡Sentados!" Decía el Sr. Klug, dando palmadas, pero nadie le hacía caso, todos tenían la cara contra el frío cristal de la ventana.

"¡Por eso es que hacía tanto frío!"

"¡No puedo creerlo, si vino esta vez!"

"¡Al fin nieve!"

"¡Hace tiempo que no veía nieve!" Gritó una niña en su clase, samaqueando a Kozmotis de la emoción. "¿Tú has visto nieve antes, Kozmotis?" Le preguntó con una sonrisa, y Kozmotis negó con la cabeza.

"¿No...?"

Todos los 27 niños dieron un grito ahogado y miraron a Kozmotis como si le hubiera crecido una cabeza más.

"¿¡Cómo no has visto nieve antes, Kozmotis!?" Le preguntó Bojan con el ceño fruncido

Kozmotis se encogió de hombros.

"¡¿Nunca has ido con tus padres de viaje a otro planeta a verla?!" Le preguntó otro niño, y Kozmotis miró hacia abajo, avergonzado y dolido. Casi no había salido de Almitak, simplemente para ver a los Tsares cuando era más pequeño y hace un año... ¿Por qué su papá nunca lo ha llevado a ver nieve?

"No..."

Después de otro grito ahogado en conjunto, Bojan lo abrazó. "No te preocupes, Koz, tienes suerte, estás con nosotros y hoy ¡vas a ver nieve!" Declaró Bojan con una sonrisa. "¡Vamos!" Gritó, apuntando a la puerta y todos los niños salieron corriendo del salón, escuchando e ignorando los gritos de su profesor.

Los salones de V grado estaban en el primer nivel y daban directamente al patio de nogomet*, un juego de pelota donde pateas la pelota con los pies y tienes que hacer que entre a un arco.

Todos los niños pararon de golpe y los ojos de Kozmotis se abrieron de par en par, fascinado por la escena que tenía en frente. Todo el patio, los arcos, los techos, estaba cubierto de nieve, la cual parecía resplandecer cuando un pequeño rayo de luz tocaba el hielo.

"Ah..." Fue lo único que logró decir Kozmotis, que se había quedado paralizado en su sitio. Sentía que Bojan tiraba de su brazo, pero él no podía moverse.

De repente, algo frío recorrió su espalda y agrandó los ojos chillando. Escuchó a Bojan y a otros niños reír y se sacudió como un perro para que la nieve salga de su espalda.

"¡Oigan! ¡Niños! ¡Entren al salón!" Gritó el profesor, aparentemente enojado, dando golpes con su pie y de brazos cruzados.

"¡Tenemos que llamar a los demás chicos!" Dijo Bojan y unos niños lo apoyaron.

"¡Sí! ¡Para que todo nuestro grupo juegue!" Dijo una niña.

"¡Síi! ¡Vamos!"

Y así es como el profesor fue ignorado nuevamente y los 28 niños marcharon a los otros 2 salones de V, abriendo la puerta sin preocupación alguna. Rubí, la niña que había samaqueado a Kozmotis antes, fue al salón Alpha con un grupo, y Kozmotis fue con Bojan a llamar a los niños del salón Gama.

Los chicos del salón de Kozmotis, del salón Beta, eran los más traviesos pero divertidos de toda la promoción de quinto. Kozmotis había escuchado muchas veces a sus profesores quejarse con su tutora de ellos, ya que decían que eran malcriados, pero su tutora siempre los defendía.

"¡Chicos! ¡Vamos! ¡Hay nieve! ¡Vamos a jugar!" Gritó Bojan después de abrir la puerta y entrar al salón con una sonrisa.

"¿Nieve?"

"¡¿Qué?!"

"¡Imposible!"

Kozmotis saludó con la mano a Esther, y ella estalló en risitas con sus amigas.

Las cortinas en este salón estaban cerradas, por eso que los niños no vieron la nieve. La profesora miró a Bojan molesta por haber interrumpido su clase, pero antes de que pudiera decir algo, todos los niños se levantaron y salieron como estampida para ver si lo que decían sus compañeros del otro salón era cierto.

Los tres grupos de niños salieron casi al unísono y se miraron entre sí por unos segundos, para después estallar en risas y empezar a corretear en la nieve.

Kozmotis se acercó a Esther, quien estaba a punto de volarse la cabeza a una niña rubia muy vanidosa con una bola de nieve.

"No, Esther..." Le dijo Kozmotis con una pequeña sonrisa.

Esther hizo puchero y dejó caer su bola de nieve. "¿¡Por qué no, Koz?! ¡Quiero ver cómo se pone a llorar cuando le arruine su peinado!"

Kozmotis estuvo a punto de responder con algo así como –el odio no es bueno- o, -déjala ser, la que se hace daño es ella- cuando algo lo golpeó en la cabeza.

"¡Argh!"

Se llevó una mano a la cabeza y miró a todos lados, antes de descubrir al culpable de cabello marrón.

"Oops..." Dijo Bojan con los ojos abiertos.

Oh, tú lo buscaste, Bojan...

Kozmotis gruñó con una sonrisa maliciosa y agarró en su mano un puñado de nieve para lanzárselo en la cara. Bojan logró esquivarlo y la bola de nieve le cayó a otro niño.

"¡Oye!" Le gritó a una niña, a quien la derribó con una bola de nieve directamente en la cara. La niña gruñó, pero una sonrisa se formó en su cara, y se lo lanzó a otra niña. Kozmotis miró fascinado como todos terminaron lanzándose bolas de nieve, creando fuertes de nieve para protegerse y muñecos de nieve como 'guardias'. ¡Hasta niños de otros grados se les unieron!

"¿La nieve es increíble, no crees, Kozmo?" Preguntó Esther, quien, a juzgar por su sonrisa, ya le había lanzado la bola de nieve a la niña antipática.

"¡Sí! Es..." Paró para buscar la palabra adecuada, pero ninguna la describía correctamente.

"Mágica" Dijo Esther, y Koz negó con la cabeza.

"La magia no existe"

"¡Ajá! ¡Eso es lo que tú crees! Pero lo que tú no sabes, ¡es que hasta la nieve es traída por magia!" Dijo Esther, emocionada, pero Koz volvió a negar con la cabeza. Su papá le había dicho que todo tiene una explicación lógica y científica.

"No, Esther. La nieve viene por las estaciones, en hinverno* Eso dijo el Sr. Klug hoy...creo..." No estaba seguro de lo que estaba hablando ese viejo.

"¡Nop!" Dijo Esther con una sonrisa. "Hay una persona que trae la nieve, y viaja por todos lados cuando es invierno"

Kozmotis se cruzó de brazos con una sonrisa retadora. "A ver, pues, ¿cómo es?"

Esther apretó los labios mientras pensaba y miró hacia abajo un segundo. "Tiene-um-el cabello blanco como la nieve, y... ¡ojos azules!, como los tuyos, pero más claros...y...tiene un saco azul, con un cinturón dorado, y...pantalones marrones con botas negras, y es joven también, porque no es adulto, pero es mayor que nosotros" Terminó poniendo sus manos en sus caderas y sonrió triunfal.

"¡Jajaja, lo acabas de inventar!" La acusó Koz, negando con la cabeza mientras reía. Esther rió de regresó pero asintió.

"Jajaja ¡es verdad! ¡No miento!"

"¿Y su nombre?"

"...Um...Ya...K...Ushein*"

Kozmotis le dio una mirada sin expresión. "¿Es enserio? Yak Escarcha? ¡Ese es el nombre más tonto y falso que he escuchado en toda mi vida!"

Esther hizo puchero y Kozmotis rió, agarrando nieve y persiguiendo a Esther para lanzársela. La niña empezó a gritar y correr, y Kozmotis reía maliciosamente.

"Jajajaja, ¡Kozmotis, para!"

"¡Que te salve Yak Ushein!" Dijo Kozmotis fastidiosamente, y logró su objetivo, porque escuchó a su mejor amiga dar un resoplido molesto.

De repente, se resbaló con hielo que no había visto allí al inicio y se cayó de espaldas con un grito sobresaltado. Esther paró de correr y volteó, riendo al verlo en el piso. Le sacó la lengua y Kozmotis hizo lo mismo.

"¿Ya crees en él?"

"No, y ya es hora de regresar a nuestros salones, que allí vienen los profesores con nuestros tutores y nos van a castigar"

Esther asintió y ambos amigos caminaron de regreso a sus salones, evitando así ser reprendidos por los 6 enfadados adultos que allí venían.

Yak Escarcha...sí, claro...y yo soy el Uomonero*

-.-.-.-.-.-

12 años

Kozmotis no sabía cómo había terminado así. Era su fiesta de graduación, el último día que estaría en Primaria para pasar finalmente a Secundaria, se supone sería un día estupendo y feliz, pero lo había arruinado todo, su mejor amiga había salido llorando del salón y ahora quien sabe dónde estaba.

Todo este enredo comenzó hace unas semanas, cuando el colegio les dijo que debían elegir pareja para su baile. Como era de esperar, las niñas chillaron y se hicieron ilusiones y a los niños les valió un cometa.

Kozmotis no había querido preguntarle a otra niña para que sea su pareja, tenía a Esther, ¡era su mejor amiga! ¡De ley tenían que ir juntos! Así sería mucho más divertido. Pero, como era niño, se olvidó de preguntarle, y tardó un poco en decirle su plan. Cuando se acercó en un receso a decírselo, vio a Esther hablando con Derek, un chico de su grado, alto y, según las chicas, muy guapo, diciéndole que sí aceptaba ser su pareja.

Algo dentro de Kozmotis se rompió ese día, probablemente su corazón, y se molestó con Esther. ¿¡Cómo pudo hacerle eso!? Se supone que eran amigos...

Le preguntó a sus otras amigas, ¡a todas!, Rubí, Mariel, Celina, etc., pero todas ya tenían pareja. Kozmotis estaba desesperado, su padre le había dicho que debía conseguir pareja para ese baile o iba a quedar como tonto por el resto de su vida, y Kozmotis no quería eso.

Bojan le dijo que hasta donde sabía, había una niña que todavía no había elegido pareja...Hermione. Era una niña muy linda, tenía que admitirlo, con su cabello lacio y pelirrojo, con la piel blanca y los ojos color miel. Lo malo era que se creía superior a todos porque sus papás tenían dinero, y pertenecía al grupo de los 'populares' o 'los antipáticos' para Kozmotis.

Ella había rechazado a todos los niños que le habían pedido. Estaba frito.

"¿Estás loco? Si rechazó a chicos mejores que yo, ¿qué te hace pensar que me aceptará?" Le dijo Kozmotis a Bojan, quien se encogió de hombros.

"Es tu única esperanza, Kozmo, intenta"

Y eso hizo. Se acercó a ella en un momento libre y con la cara roja de vergüenza le preguntó. Para su sorpresa, la niña dijo que sí, con una sonrisa coqueta en el rostro.

Bueno, consiguió de pareja a la niña más fastidiosa del grado. ¿Qué podía ser peor? Ah, claro, ¡que tu mejor amiga te ignore! Desviaba la mirada cuando él la miraba, y en la cafetería se iba a sentar a otra mesa. ¡BIEN! No le importaba...en lo absoluto...

El día del baile, usando un terno, gel de cabello y una cara de desánimo total, tuvo que recoger a su pareja, como se les había indicado. Era absurdo, tenían entre 11 a 12 años, ninguno podía manejar una nave aún, su papá pagó una nave, una negra, grande, largo y de forma rectangular para que los lleve y recoja a Kozmotis y a su pareja.

Mientras miraba la ventana, aburrido, recordó las palabras de su papá, diciendo que su madre hubiera querido estar aquí para este día...y que regrese antes de las 12, porque los temores podían andar por allí.

Llegó a la casa de esta niña y tocó la puerta, y ella salió con un vestido rojo con un escote que, para sorpresa de Kozmotis, tenía bastante que enseñar. Mirando hacia abajo, sintiendo cómo se calentaban sus mejillas, le dijo que ya debían irse y ella asintió, comentando con su vocecita fastidiosa que la nave, o según ella limuzin, era muy bonita y que debieron pagar un montón por ella. Kozmotis era bajo, y Hermione aún más, pero con los tacos que estaba usando, pasaba a Kozmotis por varios centímetros.

Ya en el colegio, donde el baile se iba a llevar a cabo, se encontraron con sus amigos. ¡Ja! Que coincidencia...Derek y Hermione estaban en el mismo grupo de amigos y ¿qué creen?, allí estaba Es...ther...

Wow. Sintió que su boca se abría sin su permiso.

Su cabello ondulado, que siempre andaba mal amarrado en una cola de caballo, estaba recogido en una media cola, tenía un pequeño lazo y sus ondas estaban bien marcadas, un mechón lo tenía lacio y le cubría una pequeña parte de su cara. Estaba usando un collar dorado y sus ojos tenían sombras rosadas mientras sus pestañas se veían aún más largas.

Ella no tenía tanto maquillaje como Hermione, su largo vestido blanco con lazo negro no tenía un súper escote, ni tenía...tanto que mostrar, pero para Koz se veía perfecta.

"T-Te ves muy bonita, Esther..." Le dijo Kozmotis tartamudeando, sintiendo como sus mejillas se calentaban. Nunca había visto a su amiga así...

Esther lo miró un rato y luego bajó la mirada. "T-Tanke..." Fue lo único que le dijo, y luego se quedó callada.

Su sonrisa se borró de su rostro y también miró a otro lado. Bien, si es que así estaban...

"¡Ay! ¡Kozmotis! ¡Ven!" Hermione tomó su mano y lo acercó a sus amigas, que también estaban usando unos vestidos muy cortos, ¡estaban más arriba de la rodilla!

"Cómo sabrán, amiguis, ¡él es Kozmotis! Me trajo a mí en una limuzin, ¿pueden creerlo? ¡Ósea, una muy grande y fina!" Kozmotis se encogió al escuchar su chillona voz y miró a Esther por una respuesta, pero ella no dijo nada. Ella no era así, ahora ya estaría burlándose de ellas.

Sus amigas chillaron. "¡Iiiiihhh! ¿¡Una limuzin?! ¿En serio? ¡Debió costar una fortuna!"

"¿Tú papá es el General, no?" Le preguntó una niña, y Kozmotis asintió.

"Mi papá dice que los militares ganan mucho dinero" Dijo Derek con una sonrisa. "Mi papá también gana mucho dinero, y ha comprado una casa en un cometa, donde estoy planeando hacer una fiesta, todos están invitados" Miró a Esther, y le dio una sonrisa, que si no fuera por las luces que había, Kozmotis podría jurar era una burlona. "Oh, y tú también, Esther"

La ojiverde rodó los ojos pero asintió con una sonrisa forzada. Kozmotis no entendía por qué Esther había aceptado ser pareja de este tonto, si es que ELLA no hubiera aceptado, ambos podrían estar lejos de este grupo e ir a conversar con sus amigos.

Las horas se pasaron lento, MUY lento, y muy aburridas. De vez en cuando, Kozmotis lograba ir a hablar con Bojan y sus otros amigos, pero la fastidiosa de Hermione siempre lo mandaba a traerle bebidas y comida. Además, le hacía bailar, cuando Kozmotis le decía que no quería y no sabía hacerlo, según él, (y su instructor que Adela le dijo a su papá que tenía que contratar) Kozmotis tenía dos pies izquierdos.

Y Esther seguía sin hablarle. Estaba sentada conversando con sus amigas, ya que Derek no le hacía caso. Cuando Hermione se distrajo por fin, tomando con sus amigos una bebida transparente que Derek trajo, Kozmotis se llenó de valor y se acercó a Esther con una mirada seria en el rostro. Le tocó el hombro suavemente y su sonrisa desapareció cuando lo vio.

"¿Podemos hablar, Esther?"

"No, no podemos" Esther se levantó y tomó a su amiga de su brazo para irse a otro lado. Kozmotis le pidió a su amiga con la mirada para que los dejara solos, y ella asintió.

"Esther, ¿estás molesta conmigo?"

"No"

"¿Segura?"

"Sí, déjame, Kozmotis" Hizo un movimiento para levantarse, pero Kozmotis hizo que se sentara de nuevo.

"No, sí estás molesta, ¿qué hice para molestarte? Yo soy el que debería estar molesto contigo"

Esther sonrió con una mueca. "¡¿Tú?! ¡Urgh! ¿Sabes qué? Olvídalo, no quiero hablar" Se levantó y miró a
Kozmotis retadoramente.

"Sí, pues, yo tampoco quiero hablar contigo"

"Bien"

"¡Bien!" Lágrimas se formaron en sus ojos. "¡Y si no me quieres hablar, ya no seamos amigos!"

"¡B-Bien!" Esther se marchó a otro lado rápidamente y Kozmotis gruñó, saliendo del salón de baile echando fuego por los ojos.

Salió al patio en donde se quedó un buen rato, el frío aire calmando un poco su ira. No le debió haber gritado a Esther, pero se sentía traicionado, y molesto porque ella estaba molesta. ¡No entendía por qué! ¡Si ella era la que lo dejó por Derek!

Pero Adela siempre le decía que no debía gritar, y que debía ser siempre un caballero. Entonces, suspirando, entró de nuevo, solo para ver algo que no esperaba ver.

A lo lejos, podía ver a Derek hablando con Esther, Koz no podía escuchar de lo que hablaban, pero debía ser algo malo por la expresión de Derek y la mirada de Esther. El rubio dijo algo que hizo que todos rieran, señalando a Esther.

Kozmotis se llenó de coraje, apretando sus manos como puños, y aún más cuando Hermione empujó a Esther.

La mirada enfurecida de Kozmotis desapareció por completo cuando vio a Esther levantándose lentamente.

Y la escuchó llorar.

No...

Esther salió corriendo, alejándose del grupo para dirigirse a la puerta, en donde Kozmotis estaba observando todo.

Su amiga le dio una mirada rápida, fue solo unos segundos, pero Koz juró que fueron horas viendo los llorosos ojos verdes de Esther, viendo la traición reflejada en los ojos de su amiga.

Luego lo empujó a otro lado y salió corriendo fuera del salón.

Oh, ahora sí estaba molesto.

Se acercó al grupo de niños que todavía reía y los fulminó con la mirada, en especial a Derek y Hermione.

"¿¡Qué le dijeron a Esther!?"

El chico paró de reír y miró a Kozmotis con una sonrisa que lo molestó más.

"Ah nada, jaja, lo que realmente es. Kozmo, olvídate de ella, estás mejor con nosotros que con ella"

Kozmotis gruñó y agarró al chico de la camisa. "¡Ella es MI amiga! Y yo nunca estaría con ustedes"

"Pero, ¿por qué?" Empezó Hermione. "ósea, tú tienes que ser amigo de chicos de tu clase, no con hijos de vendedores ambulantes" Dijo con su fastidiosa voz arrogante, y todo su grupo rió.

"Eso es lo que le dije a esa tonta" Dijo Derek encogiéndose de hombros.

Kozmotis frunció el ceño, molesto. Odiaba a estos tipos, y ahora mucho más que habían herido a su mejor amiga.

"¿¡Saben qué!? Son unos estúpidos arrogantes que no saben hacer otra cosa más que fastidiar a otros y contar el dinero de SUS padres. Se creen lo máximo por tener dinero, ¡pero todos los odian y nadie los soporta!" Kozmotis paró un rato para pensar en algo más, y luego sonrió. "Y mi padre ya no tiene dinero, el Tsar proclamó que ya no le iba a pagar a los militares. Nos vamos a mudar a un pequeño asteroide minero, lejos de Almitak"

Los niños parpadearon.

"ósea... ¿no tienes dinero?" Preguntó Hermione y Kozmotis negó con la cabeza.

"Ni un denarius*"

"En-en ese caso, terminamos. Yo no soy pareja de niños pobres como tú" Dijo Hermione con un puchero y tomando la mano de Derek.

"Bien por mí" Dijo Kozmotis soltando una risita que hizo a todos los chicos les grupo indignarse.

Espero que los Temores los arrastren a las profundidades del espacio...

Koz se alejó y salió del salón para buscar a su amiga

Miró a su reloj, 9.10pm. ¡Estrellas! ¡Estuvo soportando a esa tonta por dos horas!

Vagando sin rumbo por el patio, por fin divisó a su amiga encima de un muro...y seguía llorando.

Kozmotis no podía creer lo egoísta que era, había hecho llorar a su amiga, bueno, fueron Derek y su grupo, pero él fue una parte indirecta de ello.

Trepó el alto muro para sentarse con ella, y apenas lo vio, se volteó con un gruño para mirar a otro lado

Se quedaron en silencio un largo rato y Kozmotis no sabía que decir.

"¿Es-Estás bien?" Preguntó tremulosamente. Esther gruñó. "Sí claro, ¡¿no me ves radiante de alegría?!" Le preguntó sarcásticamente.

Kozmotis se encogió y miró a otro lado, sintiendo cómo se calentaban sus mejillas.

"¿Qué quieres, Pitchiner?" Espetó Esther sin molestarse en limpiar sus lágrimas. Koz tosió para aclarar su voz.

"Bueno...que-quería saber cómo estabas...y...disculparme" Dijo suavemente y Esther lo miró.

"Ya, ahora vete"

"No, no me voy, porque eres mi amiga y me preocupo por ti" ¡Ah! ¡Su cara estaba hirviendo!

"¿Por qué no mejor vas con tu nueva amiguita Hermione? Apuesto que ella estará MUY feliz de verte..."

Kozmotis la miró confundido. "Hermione no es mi amiga, me cae muy mal, tú eres mi amiga"

"En-entonces, ¡¿Por qué le pediste a ella que sea tu pareja?! No-no quiero sonar po-posesiva...pe-pero yo creí que iríamos juntos..."

"¡Yo quería que sea así! Le respondió casi al instante. "Pero le dijiste a Derek que irías con él" Dijo con un toque de desprecio.

Esther frunció el ceño. "¿Y cuándo dices que pasó eso?"

"Como hace dos semanas...se acercó a ti cuando estabas sacando algo de tu casillero..."

Esther lo miró con los ojos en blanco y una mirada impasible. "Kozmotis Pitchiner Blak...se acercó para ¡terminar el trabajo que debíamos presentar! No pidió nada, lo único que me pidió fue que le prestara la tarea de Historia" Espetó Esther con una mirada molesta.

"Pe-Pero yo escuché que te preguntaba algo del baile, y-y tú le dijiste que sí..."

Esther lo miró triste. "Me preguntó si ya pareja, y yo le dije que sí...porque pensé que íbamos a ir juntos...lue-luego le tuve que pedir yo a él...como un favor que me debía..." Sus ojos verdes se volvieron a llenar de lágrimas y empezó a sollozar.

Kozmotis nunca se había sentido tan estúpido en toda su corta vida.

"¡Pe-Perdóname, Esther! ¡Por favor, perdóname, yo no quería que esto pasara, por favor...no llores" Sus propios ojos se llenaron de lágrimas de impotencia, ¡¿cómo pudo ser tan estúpido?!

Le limpió la mejilla a Esther con su dedo, y ella lo miró, poco a poco calmándose.

"Perdóname, Esther...por todo lo que pasó...juro que no lo dije de verdad, quiero seguir siendo tu amigo, yo-yo...no me gusta verte triste" Suspiró y abrazó a su amiga, quien estuvo tensa unos segundos, para después relajarse y devolver el abrazo.

"Te perdono, Pitchiner..." Le susurró y Kozmotis soltó una risita temblorosa.

Se separaron lentamente y Kozmotis le ofreció su saco, al sentir que su amiga tenía frío.

Esther sonrió suavemente y Kozmotis no pudo evitar sonreír. No sabía lo que le estaba pasando, Esther se veía muy linda...cuando lo miraba, sentía sus mejillas calentarse, y se sentía incómodo, quería mirar a otro lado, pero al mismo tiempo no.

Levantó la mirada hacia el cielo, viendo cómo ambas lunas llenas brillaban sobre ellos. De repente, sintió un peso sobre su hombro, y confundido miró hacia abajo. Esther se había echado sobre él, apoyando su cabeza en su hombro.

"Gracias, Kozmo..." Le susurró con los ojos cerrados, y Kozmotis sonrió, a pesar de estar sonrojándose.

"De nada..."


Estas son las palabras que puse jeje como verán, Kozmotis hablaba otro idioma, que llamé Constelar

*gotof: Genial

*tanke: gracias

*dis: diez

*De res: de nada

*neish: nieve

*Ushein: escarcha

*Uomonero: Necesitaba un nombre para un monstruo en el que los niños crean en la época, es el equivalente del Coco ;)

*denarius: la moneda que tenían.

Espero que el cap haya valido la pena, dejenme sus comentarios, que siempre son bienvenidos y los veo en el prox cap, adios!