Setenta y dos horas, doce minutos y cuarenta y cuatro segundos habían pasado. El jutsu colocado en la mente de Sakura no había enviado la señal que indicaba que todavía estaba en funcionamiento. Ergo, era lógico asumir que había sido roto del todo.
El plan había sido completado. El Equipo Siete estaba más unido que nunca, y no se separaron como hicieron originalmente. Él sabía que sólo tenían una oportunidad: la marioneta ya había sido corroída por las cantidades masivas de chakra que almacenaba y utilizaba.
Itachi ya lo entendía perfectamente. La idea nunca fue tumbar el Equipo Siete, pero al final, no todo salió como estaba planeado.
Incluso si el jutsu original para transferir algunas memorias escogidas (almacenadas en la marioneta), había acabado por fallar y causando que Sakura se quedara atrapada con una miríada de vistazos de locura, el Sharingan del Sasuke del presente podía permitirle comunicar la información que portaba. Después de todo, su chakra y el de la marioneta eran prácticamente iguales.
Había sido un giro inesperado de los eventos, aunque no necesariamente para mal: el estado de la chica había unido a su equipo entero más que nunca, más allá de sus expectaciones. Esa era la diferencia que lo cambiaba todo; lo que les permitió romper la barrera.
Deberían de haber sido incapaces de atravesarla: el Sharingan de Sasuke no era lo suficientemente fuerte. Pero con el poder añadido de Naruto, con las técnicas mentales de Ino, lo hizo. La determinación de Sakura por escapar ayudó, por su parte.
La marioneta tampoco se lo había esperado, pero parecía estar agradablemente sorprendida. No podía ser llamada humana, a decir verdad. Sólo servía para otorgar el conocimiento y poder necesarios para mostrar a Sakura ese futuro, que tenía que ser evitado a todo coste, y para usar la energía sobrante en la tarea de fortalecer la barrera que Itachi había creado.
Debería de ser prácticamente imposible de romper, y sin embargo el equipo de Kakashi lo había logrado.
—Su mente podría estar… rota. —Con el poder de una Bestia con Cola, la mayoría de mentes acabarían hechas polvo, y la gente atrapada en coma o demencia. La mente de Sakura había permanecido intacta tras la barrera, y la chica era excepcionalmente fuerte, pero su poder espiritual era el de una hormiga en comparación.
La marioneta permaneció en silencio, pensativa. Luego habló, con tanta determinación que Itachi se preguntó cómo podía estar tan segura:
—Sobrevivirá.
