Descargo de Responsabilidad: Glee y sus personajes no me pertenecen.
Cuenta atrás
El tiempo, algo tan difícil de comprender como imposible de controlar. El tiempo como unidad de medida, como movimiento, como un misterio que la humanidad lleva años tratando de desentrañar. El tiempo como algo inconstante, dependiente de la gravedad y la aceleración de un objeto, el tiempo como la forma de establecer etapas, de marcar una fecha…Para Quinn, eso que lentamente veía pasar, haciéndola vivir, lo que para siempre recordaría como la semana más larga de su vida. Y había una sola razón.
Rachel.
Era martes, a siete días del gran acontecimiento que tenía histérica a su chica, y que iba a acabar con ella si toda la semana era igual o similar a aquel día. Podía haber sido como otro cualquiera, ella solía levantarse cuando Rachel ya no estaba, y agradecía que su chica la dejara dormir un poco más después de volver de madrugada tras viajar a Nueva York para trabajar. Pero no. La rubia supo desde que, al menos, una decena de maldiciones llegaron a sus oídos despertándola de su placentero sueño, que aquel martes no iba a ser como otro cualquiera. En primer lugar porque no era agradable despertarse entre gritos, y en segundo, porque Rachel casi nunca maldecía. Fue esto último lo que, a regañadientes, la saco de la cama. Algo debía estar pasando para que la diva soltara improperios a aquellas horas de la mañana.
Con los ojos aun medio cerrados, cegada por la luz que entraba por las ventanas con las cortinas sin echar, y sin haberse preocupado de ponerse las zapatillas, siguió los gritos, ahora convertidos en murmullos molestos hasta la cocina, Rachel estaba ahí, de espaldas a la puerta, refunfuñando, vestida con unos vaqueros perfectamente ajustados a su figura, regalándole una hermosa vista, o lo que podía intuir por culpa del enorme abrigo del que su novia parecía estar enamorada y que le hacía parecer mucho más grande de lo que en realidad era y absolutamente adorable.
Quinn sonrió recordándola el último invierno con esa misma prenda cerrada hasta su cuello, una bufanda extra larga rodeando su cuello y un gorro que apenas si dejaban visibles sus ojos. Se perdió unos segundos en el recuerdo hasta que una nueva maldición salió de la boca de su, ahora malhablada, chica ¨ ¡Hey! ¿Todo bien?¨ Preguntó preocupada ajena a la reacción que tendría su chica.
¨ ¡No te muevas!¨ Le gritó ella levantando sus manos como si así pudiera detenerla. No fue suficiente, y con el primer paso de la rubia cruzando el umbral de la puerta, otro gritó, pero suyo y de dolor, se escuchó por toda la casa.
¨ ¡Mierda!¨ Exclamó sujetándose el pie. ¨ ¡Joder! Como duele¨ Se quejó apoyándose en la pared mirando, casi con asco, la sangre saliendo por el corte provocado por los cristales rotos en el suelo de su cocina. ¨¿Que ha pasado aquí?¨
Rachel sorteó los restos del vaso, hecho añicos, que minutos antes se le había caído y miró horrorizada el pie de su chica. ¨ ¡Maldita sea, Quinn! Te he dicho que no te movieras. ¡¿No podías hacerme caso por una jodida vez?!¨ Espetó yendo de un lado a otro, saltando los restos cada vez, para encontrar algo con lo que hacer presión en la herida.
La rubia frunció el ceño. Encima la culpable era ella. ¨ ¡¿Cómo demonios iba a imaginar que había cristales?!¨ Se defendió.
¨ ¡Si te pusieras las zapatillas en lugar de ir todo el día descalza!¨ Le reclamó ella y Quinn enfureció más.
¨ ¡Si no las guardaras en un sitio diferente cada vez que me voy!¨
¨ ¡Si…¨ Rachel estuvo a punto de replicar con algún otro argumento sin sentido, porque todo aquello no lo tenía, pero la hora en el reloj sobre la cabeza de su chica le hizo desistir. ¨ Tengo que irme. Se me hace tarde¨ Dijo en un tono tajante y serio que molestó aún más a la rubia.
Esta ni se molestó en mirarla y con rabia se despidió.¨ Genial. Vete¨ Fueron las últimas palabras que se escucharon, seguidas de un portazo que daba por finalizado aquel desencuentro.
Quinn miró la escena ante ella y dando un par de saltos llegó hasta el taburete más cercano, sentada contempló su sangre mezclada con algunos cristales, el trapo con el que cubría su herida, antes blanco y ahora teñido con algunas manchas rojas, Rachel saliendo por la puerta como si nada… Era incomprensible. Se sentía incapaz de darle sentido a lo que había ocurrido en apenas unos minutos, a los gritos de su chica, a los suyos propios…
Se aseguró de que la herida ya no sangraba antes de atreverse a meter el pie en la bañera y lavar la herida, sin la sangre, no parecía nada grave, incluso después de vendarlo, podía apoyar sin más síntomas que una simple molestia. Volvió a la cocina, al lugar de los hechos y bufó al ser consciente de que no solo se llevaba el corte y los gritos de su chica, además le tocaba limpiar aquel desastre. Le llevó casi veinte minutos dejar todo como si allí no hubiera pasado nada, como si hubiera sido otro día cualquiera, sin sangre ni gritos, sin portazos ni malas caras.
Había leído en algún lado, no sabría decir dónde, probablemente en alguna revistucha con ningún fundamento científico, que centrarse en la tarea de limpiar algo ayudaba a despejar la mente y ver las cosas con claridad, como si al limpiar un objeto físico, limpiáramos así aquello que enturbiaba nuestros pensamientos, no sabía si creer en ello, pero a ella le había servido para calmarse.
O puede que hubieran sido los diez u once, ya había perdido la cuenta, mensajes de disculpa y preocupación que le había enviado su novia lo que le habían hecho dejar pasar aquella pequeña riña, y hacer como si nada cuando Rachel regresó ese día.
Pero el incidente del vaso roto y el consecuente corte en su pie derecho, acompañado por la discusión ya olvidada, sólo fue el principio.
El miércoles, Rachel ya no estaba cuando ella se levantó, pero su desayuno preparado en la mesita de noche, y sus zapatillas de estar por casa descansando a los pies de la cama, le hicieron suponer que todo iba a estar bien. Lejos estaba de imaginar los acontecimientos posteriores.
Un sol radiante, para la hora que era y la fecha en la que estaban, iluminaba todo el apartamento, colándose a través de las finas cortinas, calentándole la espalda mientras trataba de trabajar en su último quebradero de cabeza, aquel proyecto que ya debería estar terminado, pero al que le faltaban pequeños detalles para convencer al cliente y a ella misma. Dibujar y borrar innumerables veces la estaban llevando a un estado de frustración y mal humor incalculable, y lo que menos necesitaba en ese momento era estar con los nervios a flor de piel, porque para eso ya estaba Rachel. Ya había vivido los días previos a un estreno junto a ella y no lo recordaba así, o bien su memoria había elegido quedarse con lo bueno, sexo, mucho sexo, y olvidar lo malo, o la vez anterior la morena no estaba tan nerviosa como podía creer.
Necesitaba salir, su cuerpo se lo pedía a gritos desde que esa mañana había visto el sol por la ventana, o quizá habían sido solo sus ganas de evitar estar como estaba, rodeada de planos arrugados, lápices y papeles en blanco esperando ser llenados con algo que no se le ocurría.
Correr era una buena idea, el día se prestaba a ello pero dudaba poder hacerlo con el corte del día anterior en su pie, aun así se calzó unas zapatillas de deporte y salió a la calle, si no podía correr, caminaría. Lo que fuera, menos quedarse encerrada en casa.
Fue al parque más cercano y después de las molestias de los primeros cinco minutos, no le supuso ningún problema emprender una carrera ligera alrededor de todo el lugar hasta agotarse y decidir volver dando un paseo lento, muy lento, alargando innecesariamente el recorrido, buscando cualquier excusa para detenerse, porque al volver sabía que tenía que ponerse de nuevo con aquel proyecto y acabarlo de una vez por todas.
Y lo hizo.
Fue llegar al apartamento, disfrutar de una buena ducha y, de pronto, estaba claro, tenía que cambiar muchas más cosas de las pensadas inicialmente pero estaba segura de que valdría la pena. Recogió todas sus cosas de la mesa y las esparció por el suelo, como si hubiera vuelto a la universidad y se encontrara en mitad de la habitación que allí ocupó, sus mejores trabajos en aquellos años los acabó en el suelo de su pequeña habitación ganándose burlas de algunos de sus compañeros, solo aquellos que sabían su pequeña rareza para trabajar, ya podía tener a su disposición el mejor material o la mesa más grande que al final siempre acababa en el suelo, algo que había corregido, o intentado, con los años, por el bien de su espalda y de su reputación.
Y ahí, en mitad del salón, rodeada de lápices, rotuladores, reglas y papeles, muchos papeles, la encontró Rachel, mirando fijamente la pantalla de su portátil y mordisqueando el extremo final de uno de los lápices, totalmente concentrada y ajena a su llegada. En cualquier otro momento, otro día, la escena le habría parecido extrañamente graciosa, pero fue dirigir su mirada a la carísima mesa de dibujo colocada en un rincón de la estancia, y al suelo bajo ella y verlo todo lleno de papeles arrugados, lo que no le hizo tanta gracia.
¨ ¿Se puede saber qué haces?¨
¨ ¡Rachel!¨ Gritó sobresaltada dejando caer el lápiz que segundos antes había estado entre sus dientes. ¨ ¿Qué haces ya aquí? Son solo las… ¡Oh Dios!¨ Exclamó al ver la hora en el horroroso reloj de pared que sus suegros les habían regalado ¨ No me he dado cuenta de la hora, Rach, lo siento, ahora mismo recojo todo y- ¨
La morena negó con la cabeza cruzándose de brazos, lo que puso en alerta a Quinn y le hizo borrar la sonrisa con la que había intentado apaciguar a su chica. ¨ ¿Sabes lo que costó esa mesa? ¨ Dijo señalando el objeto. ¨ ¿Y para qué? ¿Para tenerla de adorno? ¨ Era una pregunta retórica, Quinn lo sabía, pero aun así intentó contestar a las cuestiones de su chica. ¨ No ¨ Antes de poder explicarse Rachel se lo impidió. ¨ ¿Y la papelera? Tuvimos que salir corriendo una tarde porque necesitabas una maldita papelera y ¿para qué? ¿Para jugar a encestar?¨ Sacó sus propias conclusiones a juzgar por las bolas de papel alrededor de la misma.
La rubia hizo un esfuerzo enorme para no replicar los reproches de su novia, sabía que de hacerlo una gritaría, la otra también y todo sería una repetición del día anterior. Pero la diva continuó.
¨ ¿Sabes qué? Me da igual. Haz lo que quieras, como siempre¨ Habló resignada sorteando los papeles y a su chica en dirección al dormitorio. ¨ Estoy cansada. Solo quiero darme una ducha, cenar algo y…¨ A Quinn le cambió completamente el gesto de la cara y para ella no pasó desapercibido. ¨ ¿Qué?¨
¨ Nada¨ El tono de su voz delató su mentira. ¨ Tu ve a ducharte, cuando salgas estará todo recogido y la cena en la mesa¨ Le aseguró en vano.
¨ Has hecho la cena ¿verdad? Me dijiste que no me preocupara, que tú te encargabas¨ Le recordó casi con rabia.
¨ Iba a hacerlo pero-¨
¨ ¡Pero nada!¨ Cortó sus excusas. ¨ ¡Era lo único que tenías que hacer!¨
Quinn frunció el ceño, podía entender que estuviera alterada por el inminente estreno, antes de lo esperado, de la obra de teatro, pero no iba a seguir aguantando gilipolleces como esa mucho más.
¨ Voy a hacer como que no he oído eso¨ Murmuró intentando salir de allí antes de estallar.
Rachel se lo impidió. ¨ ¿El qué? ¿La verdad? Llevo todo el día en el teatro y lo único que he comido ha sido una jodida manzana y un zumo que sabía a todo menos a zumo, así que perdona si cuando llego a casa tengo hambre y espero algo porque tú me dijiste que lo harías¨
¨ ¡No soy tu criada ¿vale?!¨ Explotó ella harta de reproches injustos. ¨ Ya te he dicho que no me he dado cuenta de la hora que era ¡también tengo un trabajo!¨ Estaba cansada de escuchar el teatro esto, la obra aquello, ella también trabajaba y que hiciera el esfuerzo de adaptarse a las circunstancia, no le restaba importancia. ¨ Y me paso los fines de semana metida en un avión para poder hacerlo y estar aquí contigo¨ Le recordó más calmada.
¨ Te dije que yo podi-¨
¨ Lo sé, Rach¨ La rubia intervino para evitar que se sintiera culpable. No lo decía para echarle nada en cara, no se arrepentía de estar con ella, ni de tener que hacer malabares para ocuparse de todo si así podía pasar más de dos días seguidos con ella. Solo quería que por un segundo se pusiera en su lugar, que le diera un respiro. ¨ Lo hago porque quiero, porque te quiero a ti, con todas tus locuras y aunque lleves unos días desquiciada…¨
¨ Yo no estoy desquiciada¨ Se defendió ofendida.
Quinn sonrió acercándose. ¨ Ya, claro. Por eso ayer me gritaste por cortarme y hoy por no tener la cena hecha ¿Qué va a ser mañana? ¿Gritarme por no sacar la basura?¨ Bromeaba, aunque en realidad sospechaba que si no lo hacía, exactamente era eso lo que sucedería.
¨ Lo siento. El ensayo ha sido un desastre y yo estoy…¨
¨ ¿Nerviosa?¨ La ayudó a encontrar la palabra adecuada. Era bastante evidente aunque su novia lo negara.
Porque fue lo que hizo inmediatamente. ¨ No estoy nerviosa¨
¨ Tienes razón. Estas histérica¨ Se burló llevándose un manotazo en el brazo por ello, y una sonrisa de Rachel. Solo por eso, por verla sonreír de la forma en la que lo hacía en aquel momento, sabía que merecía la pena aguantar sus locuras nerviosas. Aunque no le iba a impedir vengarse.
Dio un paso más cerca de su chica con su sonrisa más inocente y habló. ¨ Primero me gritas y ahora me pegas, tú y yo vamos a acabar muy mal¨
¨ No me fio de ti ¿Qué estas tramando?¨
¨ Nada¨ Le aseguró con las manos en alto, dando otro paso hacia ella.
Rachel se puso en guardia y le advirtió. ¨ Quinn, cuidado¨ La señaló con el dedo. ¨ No hagas nada de lo que te puedas arrepentir¨ Siguió sin poder ocultar una sonrisa ansiosa.
¨ ¿Cómo esto?¨ Preguntó alargando el brazo hasta tocar su abdomen provocando que ella se doblara riendo. ¨ ¿O esto? ¨ Siguió tocando ahora bajo sus costillas.
¨Para. Quinn, por favor¨ Rogó sin dejar de reír. La rubia ignoró su petición durante, al menos, un minuto y terminó abrazándola y riendo junto a ella. ¨ Idiota¨ Suspiró con la respiración agitada pero sin borrar su sonrisa.
Igual que la rubia, que ni siquiera fue capaz de eliminarla para robarle un beso a su chica ¨ Mentirosa¨ La llamó soltándole el pelo aun sujeto en una, ya desaliñada, cola. ¨ Vete a la ducha, anda. Voy a preparar algo rápido¨ Le dijo separándose. Al pasar a su lado le regaló una palmada en el trasero que provocó su risa pero no la de la receptora.
¨ ¡Quinn! ¨ Gritó para deleite de la rubia que desapareció riendo. No todos los gritos eran malos y un día menos, se recordó a sí misma.
Los jueves siempre eran tranquilos, o casi siempre, quizá se debía a que era el último día antes de separarse por unos pocos, para dejar a la rubia ir hasta Nueva York a hacer su trabajo, pero aquel no iba a ser como los demás, así como no lo estaba siendo el resto de la semana, protagonizada sobre todo por discusiones tontas.
Rachel había amanecido más feliz de lo normal, con una sonrisa que Quinn sabía que escondía algo, aunque aún no había averiguado qué. Le preguntó si estaba bien en el desayuno y ella respondió con un ¨perfectamente¨ más que sospechoso. Incluso se tomó tiempo para limpiar los restos antes de irse, cuando siempre se quejaba de ir justa de tiempo por quedarse a desayunar con ella, aunque no lo hacía en serio, porque si de ella dependiera desayunarían juntas cada día por el resto de sus vidas, se lo había dicho muchas veces haciéndola sonreír como una idiota.
Pero lo que definitivamente confirmó sus sospechas fue la forma de despedirse, con un guiño y un ¨ pásalo bien¨ que dejaba ver sus intenciones, aunque ella las desconociera.
No tardó en averiguarlas. Solo tuvo que empezar a preparar su maleta para darse cuenta de que varias prendas de las que pensaba llevarse ese fin de semana habían desaparecido, pero eso, más que preocuparla le hizo sonreír, a veces su chica era demasiado ingenua si pensaba que aquello la iba a retener allí. Lo que nunca imaginó fue que fuese capaz de hacer lo que hizo, llegando al extremo de casi provocarle un ataque al corazón.
Pasó toda la mañana buscándolo, había revuelto toda la casa, las habitaciones, la cocina, hasta los baños y nada. Además, Rachel no le contestaba el teléfono y estaba segura, o esperaba que así fuera, que lo tuviera ella. Eso le haría tener que matarla, pero al menos, su portafolio, con el proyecto que tanto le había costado acabar y que debía entregar a su clientes al día siguiente, estaría a salvo.
¨ ¡¿Se puede saber para qué quieres un móvil si no lo contestas?!¨ Fue lo primero que le espetó de forma bastante brusca en cuanto la puerta del apartamento se abrió. ¨ ¡¿Dónde está?!¨ Insistió impidiéndole el paso.
Rachel la apartó de mitad del pasillo con toda la tranquilidad del mundo y eso aumentó más los nervios de la rubia. ¨ Cálmate un poquito ¿sí?¨ Le pidió dejando sus cosas sobre el sillón. ¨ Ha habido un terremoto y yo no me he enterado ¿Qué es todo esto, Quinn? ¨ Preguntó señalando a su alrededor con una paciencia inusual para como estaba los días anteriores.
¨ Rachel, déjate de juegos y dime ahora mismo donde lo has metido, porque he buscado por toda la maldita casa y no aparece¨
La morena siguió su camino como si nada y pasó a la cocina abriendo la nevera para buscar algo de comer. ¨ Estoy muerta de hambre ¿Quieres que salgamos a algún lado antes de irte? ¨
¨ ¿Irme? ¡No puedo irme si no me dices donde demonios está el portafolio!¨ Explotó perdiendo la calma.
¨ Bueno, no me grites¨ Le pidió gritando ella. Le molestaba que tuviera tantas ganas de irse, y aunque sabía que no podía mantener el trabajo de su chica escondido para siempre, esperaba retenerla un poco más. Era estúpido, inconsciente e infantil, pero no quería que se fuera. Nunca quería, pero aquel fin de semana, especialmente, quería tenerla con ella. ¨ Aquí tienes¨ Soltó sacándolo del fondo del armario donde guardaban la vajilla nueva para las visitas, aunque estas se limitaran a Kevin y Brian, los compañeros de su chica, sus suegros o Beth. ¨Puedes irte cuando quieras¨ Murmuró estrellándolo contra su pecho mientras pasaba a su lado alicaída.
¨ Rach…¨ Susurró ella intentando detenerla. No entendía nada, esa mañana parecía bien, sabía que tenía que irse y no parecía importarle. Siempre era así los fines de semana, e inocente de ella, creía que después de esos meses con sus idas y venidas, su chica ya estaría acostumbrada. Volaba a Nueva York, hacia sus cosas y volvía lo antes posible para estar con ella, no le gustaba estar lejos y estaba deseando volver a casa, juntas, pero hasta que pudiera ser así, tenían que seguir separándose por esos días.
Muy a su pesar, y aunque debería ser ella la que estuviera molesta con su chica, metió el objeto de la discordia en la maleta, asegurándose antes de que en su interior no faltaba nada, y salió de la habitación en busca de ella.
La encontró sentada en el salón, en el baúl cubierto con cojines que habían comprado al poco de llegar allí, donde solían sentarse con un chocolate caliente los días de lluvia para mirar el cielo y contemplarlo ennegrecido.
Con cautela se acercó a ella, obligándola a levantar sus pies para poder sentarse y haciendo que los volviera a colocar sobre sus piernas. ¨ ¿Qué pasa?¨
¨Nada¨ Negó intentando levantarse. Quinn se lo impidió. ¨ ¿No se te hace tarde?¨ Dijo mirando al exterior. No llovía, pero las vistas merecían la pena.
¨No hagas esto, Rach, por favor¨ Suplicó acariciando sus piernas. ¨ Me mata verte así¨ Confesó obligándola, con una mano en su mejilla, a mirarla. ¨ Te quiero¨ Dijo con la esperanza de ver su sonrisa. Consiguió una mueca similar pero se dio por satisfecha. ¨Sabes que volvería mañana mismo si Beth no…¨
¨ Lo sé¨ Rachel no la dejó terminar, y aunque su voz sonaba desanimada, sonrió con solo pensar en su chica y su hija juntas en la gran manzana. ¨Voy a estar bien¨
¨ ¿Segura?¨
La diva asintió besando la mano que seguía acariciando su mejilla. Quinn sonrió por las cosquillas de aquel beso. ¨ Pásalo bien con tu hija y le dices que siento no estar allí¨
La rubia amplió su sonrisa y repitió en un susurro ¨ Mi hija¨ a la vez que las cosquillas de su manos se trasladaban a su estómago.
Aun sonreía como una idiota cuando, en labios de su novia, Beth dejaba de ser Beth para ser su hija, y esa vez no fue diferente, lo que hizo sonreír, abierta y sinceramente, a la morena. ¨ Siento haber escondido el portafolio¨ Se disculpó por primera vez. ¨ Y haberte robado alguna ropa de la maleta¨ Añadió con una risita que indicaba que no se arrepentía de esto último.
¨ ¿Sabes? No me extraña que lo hicieras¨ Empezó a decir Quinn haciendo que ella frunciera el ceño. ¨ Teniendo en cuenta el papel que tienes en toda esta historia, es lo más lógico¨ Dijo para confusión de su chica. Al ver el gesto contrariado de su cara, Quinn prosiguió. ¨ Claro, piénsalo. Beth es mi hija y tu mi novia a muy muy largo plazo, eso te hace una especie de…madrastra¨ Explicó haciendo que la sonrisa que en ella había aparecido al hablar de cómo veía su relación, se borrara de un plumazo con el papel que le adjudicaba. ¨ ¡Y no solo eso!¨ Reanudó su discurso sobresaltándola. ¨ Es hija de Shelby y ella es tu madre biológica, eso te hace madrastra y hermanastra a la vez ¡tienes que ser mala si o si!¨ Expuso carcajeándose. Cuando intentó escapar de su novia, ella se lo impidió.
¨ ¡Eres idiota!¨ La insultó golpeando su brazo antes de levantarse por fin. ¨ ¡No soy la mala de este cuento!¨ Exclamó rechazando ambos papeles otorgados por la rubia.
¨ Mi amor, no te enfades. Es lo que te ha tocado¨ Le restó importancia conteniendo la risa.
Rachel se dio cuenta. ¨ ¡Olvídame y lárgate de una vez!¨
¨ ¿Ves? Ahora hasta te alegras de que me vaya. Definitivamente eres la mala¨ Resolvió justo antes de que un cojín se estrellara contra ella de forma inesperada pero que no fue capaz de detener su risa.
¨Otro día menos¨ suspiró cuando consiguió calmarse.
