Descargo de Responsabilidad: Glee y sus personajes no me pertenecen.
Prioridades
Cuando tenía catorce, quince, incluso dieciséis años, creía que su vida sería encontrar un buen hombre, probablemente infiel pero que traería un buen sueldo a casa, casarse con él, tener hijos y con algo de suerte poder trabajar como agente de bienes raíces, siempre y cuando a su todo poderoso marido le pareciera bien y no mitigara tanto su autoestima como para hacerle creer que su obligación era ocuparse de él, su casa y sus hijos. En ese orden. Un fiel reflejo de su padre y de lo que él le había inculcado.
Pero entonces llegó Beth.
Embarazada, con quince años y sin un lugar en el que vivir lo cambió todo. Ella no iba a ser como su padre y su bebe se convirtió en lo más importante. Por eso, renunciar a ella fue la decisión más fácil y más difícil, al mismo tiempo, que tuvo y tendrá que tomar en su vida. Y aunque durante un tiempo, cuando más sola se sintió, fuera egoísta y quisiera recuperarla a toda costa, ella, su hija siempre fue lo primero. Después vinieron los estudios, la universidad, graduarse con una de las mejores notas de su promoción, para dar paso a una vida llena de trabajo y hacer algo de hueco para el amor.
Christine.
Esa mujer había formado parte de su vida durante tres años, pero deteniéndose a pensar en ello, y obviando el hecho de haberse trasladado a Canadá por ella, tenía que admitir que el no tener ningún proyecto esperándola nada más graduarse, lo hizo muy fácil. Tenía que empezar de cero en una ciudad o en otra, y el país de su, por aquel entonces, chica, era una opción tan válida como otra cualquiera. Con ella el trabajo nunca dejo de estar en lo más alto de su lista, justo detrás de Beth, aunque no estuviera físicamente con ella, pero con Rachel… con ella era algo totalmente diferente.
Rachel lo había cambiado todo. Por ella volvía a dejar una ciudad, pero esta vez una en la que tenía su propio estudio de arquitectura, un hotel, a sus amigos y ahora, un empleo como profesora, que aunque inesperado, le encantaba.
Rachel había cambiado sus prioridades y no se arrepentía por ello.
En su lista estaba Beth, Rachel, Kensi junto al resto de sus amigos y muy por detrás, su trabajo. Y fue ver a su prioridad número uno aparecer y desaparecer a través de la pequeña ventana en la puerta de su aula lo que le hizo tomar otra fácil decisión.
Apartó la vista de la puerta después de ver como una sonriente Beth volvía a desaparecer y carraspeó haciendo a sus alumnos levantar la cabeza de sus mesas, por lo menos a aquellos que se dignaban a apuntar lo que decía o escribía en la enorme pizarras a sus espaldas.
¨ Sé que aún quedan diez minutos y que os encanta escucharme hablar de la arquitectura contemporánea un viernes¨ Dijo ganándose algunas risas, y ella misma sonrió recogiendo sus cosas ¨Pero voy a dar por finalizada la clase de hoy. Nos vemos el lunes y espero que estéis más despiertos¨ Añadió escuchando murmullos de alivio. No le molestaron, aun recordaba sus interminables clases los viernes por la tarde, y aunque ahora lo hacía con cierto cariño, en el aquel entonces se sentía igual de aliviada que sus alumnos cuando acababan.
El aula no tardó en quedarse vacía, y Quinn esperó paciente a que así fuera, no como la razón de aquel vacío masivo, que no fue capaz de esperar a que todos los alumnos abandonaras el lugar para adentrarse dando saltos, seguida por una exhausta morena que le hizo pesar en su chica automáticamente.
¨ ¡Quinn, este sitio es enorme!¨ Exclamó antes de llegar a ella. ¨ ¿Y la biblioteca?¨ Se preguntó abriendo los ojos desorbitadamente haciendo reír a la profesora. ¨ Nunca había visto tantos libros en un mismo sitio¨ Le aseguró sentándose en su silla.
Quinn asintió totalmente de acuerdo. ¨ Es mi lugar favorito. Me encantaría vivir en ella¨ Confesó uno de sus secretos a la vez que le guiñaba un ojo. Ninguna de las dos se percató de Shelby haciendo rodar los suyos. Lo último que necesitaba su hija eran ideas como aquella, ya tenía algunas bastante locas por si sola.
Pero era demasiado tarde. Ella ya lo había escuchado y su imaginación, posiblemente más vivaz que la de otros niños de su edad, echó a volar. ¨ ¿Te imaginas? Tendría todos los libros que quisiera en cualquier momento. No tendría que esperar a tener el dinero suficiente para ir a la librería a comprarlo ¡Ni siquiera tendría que ir! Me los traerían a mí y podría conocer a los escritores, y…¨
¨ Esta bien, devoradora de libros¨ La interrumpió su madre antes de escuchar más ideas disparatadas. ¨ Por ahora confórmate con las dos cajas y la estantería llenas que tienes en casa¨
¨Pero mama¨ Quiso protestar la más pequeña.
Shelby negó con la cabeza. ¨ No nos vamos a trasladar a una biblioteca, ni ahora ni nunca¨ Sentenció haciendo que su hija resoplara cruzándose de brazos.
Quinn detectó algo de tensión incomoda y decidió intervenir antes de que su hija acabara castiga o algo por el estilo.
¨ Seria raro ¿no crees?¨ Preguntó deteniendo los giros de la silla antes de que Beth acabara mareada. ¨ Toda esa gente entrando y saliendo, pidiéndote tus libros para devolverlos tarde, en mal estado o nunca…¨ La mirada horrorizada de la pequeña pronto se vio sustituida por una pensativa. Reflexionó sobre lo dicho por Quinn unos segundos y finalmente se encogió de hombros.
¨ Pero mama siempre dice que nuestras rarezas nos hacen especiales¨ Afirmó obteniendo el asentimiento de su madre al mirarla.
Quinn no podía estar más de acuerdo, ni más segura que nada le quitaría la idea de una biblioteca como hogar durante un tiempo. ¨ Tienes razón¨ Se rindió sin más opciones. ¨ Quizá un día tengas tu propia biblioteca, o una librería, y vivas en ella¨
Beth sonrió y con un nuevo empujón volvió a girar la silla. ¨ ¡Eso sería increíble!¨ Gritó levantando los brazos mientras no dejaba de dar vueltas. ¨ ¿Podemos ir a la biblioteca otra vez? ¨ Miró expectante a Quinn cuando por fin se detuvo.
¨ ¿Tu no tenías mucha hambre?¨ Intervino Shelby.
¨ Ya no¨ Negó, cuando antes de que Quinn diera por finalizada su clase y por fin pudieron entrar, se había pasado casi diez minutos quejándose sobre lo hambrienta que estaba. ¨ ¿Podemos ir?¨ Insistió con la rubia. Esta esperó a que fuera Shelby quien le negara tal petición a su hija pero la morena ni se inmutó cuando la miró. Quinn supuso que era algún tipo de prueba y ella no pensaba fallar, así que muy a su pesar, hizo lo que debía hacer, lo que cualquier adulto responsable haría.
¨ Creo que deberíamos ir a comer antes¨ Dijo ganándose la aprobación de Shelby.
No tanto la de Beth. ¨ Pero yo ¨
¨ Lo siento, Beth, más tarde podemos ir, si aún quieres, pero ahora mismo me muero de hambre, y por lo que tu madre dice, no soy la única¨
Y no lo era. Un sándwich de beicon y queso, un enorme batido de fresa y una torre de, al menos, siete tortitas desaparecieron del plato de la joven en apenas quince minutos. ¨¿Podemos ir ya?¨ Preguntó masticando el ultimo bocado. ¨ ¡No habéis comido nada!¨ Protestó mirando los platos llenos de ambas mujeres y, resignada, desbloqueó su teléfono móvil para teclear a una velocidad vertiginosa para asombro de Quinn.
Shelby negó con la cabeza y carraspeó para atraer la atención de Quinn. ¨Así que… ¿Cómo esta Rachel?¨ Se atrevió a preguntar lo que llevaba queriendo hacer desde que se habían encontrado.
La respuesta sorprendió a la mujer. ¨ Loca¨ Dijo sin pensar pero con una sonrisa en sus labios. Aun no se explicaba como su chica no la había llamado para gritarle por cualquier cosa como venía haciendo días atrás. ¨ Tranquila, aún no está para encerrarla pero con el estreno de la obra la próxima semana ya te puedes imaginar cómo esta¨ Explicó el porqué de la elección del termino loca. ¨ Sin ir más lejos hace unos días me gritó por cortarme con los cristales de un vaso roto que se le había caído a ella ¿lo puedes creer? ¨ Lo contó como una anécdota más, aunque aquella mañana fue un suplicio, y Shelby escuchó atenta. Eran pocas las ocasiones que había compartido con la joven diva y, por raro que pudiera parecer, se sentía incapaz de hablar con ella, con Quinn, a pesar de las circunstancias, le resultaba mucho más sencillo y menos intimidante, y agradecía enormemente que la rubia compartiera cosas como aquella, que le permitían conocer, o reafirmar lo que ya conocía de su otra hija.
¨ Me imagino que no te lo está poniendo fácil¨
A Quinn se le escapo una pequeña y sarcástica risa. ¨ ¿Fácil? Estuvo dos horas sin hablarme porque se acabó la leche y olvidé comprar más¨ Explicó otra de las locuras de su novia haciendo reír a la mujer.
¨ Es normal que esté nerviosa antes de un estreno y ya sabias como era antes de enamorarte de ella¨
¨Lo sé, lo sé, solo espero que cuando pase todo esto vuelva a ser mi Rachel¨
Shelby tomó la taza de café echando humo, recién puesta sobre la mesa, y le sopló para enfriarlo mientras asentía pensativa. ¨ Gracias por quererla como lo haces¨ Fue tal la sorpresa para Quinn que apenas pudo sonreír, y mucho menos decir nada.
Fue la risa de Beth por algo que estaba viendo en su móvil lo que le hizo reaccionar. ¨Gracias a ti también¨ Dijo sin apartar ni un segundo la vista de su hija.
