Disclaimer: Éste es un fanfic original basado en Free! Iwatobi Swim Club, Free! Eternal Summer y High Speed!

Los personajes no son de mi autoría. Pertenecen a las series anime y la novela anteriormente mencionada.

Advertencias: Este fanfic es de temática Yaoi (homosexual). Si no te gusta este género, te recomiendo que no leas.

Título: Cómo robar un uke

Autor: MikaShier

Personajes principales: Matsuoka Rin; Nanase Haruka;

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Capítulo 20

La oscuridad cubría por completo a Iwatobi. El frío nocturno parecía más presente en esa noche que en los días anteriores. Haru se levantó, reprochándose a sí mismo su falta de previsión. Abrió el armario y sacó una colcha más para después colocarla sobre todas las demás, en su cama.

Volvió a acurrucarse y suspiró, creando una pequeña nube de vaho. Clavó la vista en la pared, sus dientes castañeaban mientras su cuerpo entraba en calor, aunque parecía que nunca lo haría.

De pronto, sintió unos brazos, cálidos, rodear su cuerpo y acurrucarse contra él. Un suave suspiro irreal que identificó de inmediato. No dudó. Despacio, Haru comenzó a darse vuelta. El intruso lo soltó mientras se movía para después empuñar en sus manos la sudadera del pelinegro. Pegó la frente al pecho contrario, provocando que Haru sintiera su suspiro.

Aquél aroma. Embriagante, dulce, hipnotizante. Pertenecía a la misma persona que, meses atrás, le había dicho en un tono burlón:

"Incluso puedes enamorarte de su voz u olor, aunque eso del olor es un fetiche raro..."

Hundió la nariz en la melena rojiza que se posaba en su pecho bajo su barbilla. Aspiró el olor de su jabón para pelo y suspiró, cerrando los ojos con fuerza y apretando aquél cuerpo contra sí en un abrazo. La temperatura subió. Amaba su aroma. Quizá se convertiría en un fetiche.

Sus manos viajaron a lo largo de la espalda de Rin mientras el pelirrojo posaba las suyas detrás del cuello de Haru, atrayéndolo mientras levantaba la cabeza y rozaba sus narices. El pelinegro dejó salir el aire mientras observaba los orbes rubíes que brillaban frente a él. Juntó sus labios. La temperatura aumentó y la cordura se perdió en el frío aire nocturno. Las manos de Haruka recorrían cada vez más espacio en la espalda de Rin, hasta que, armándose de valor, las posó en el trasero del pelirrojo, obteniendo un jadeo del mismo. Lo apretó mientras una de sus manos se deslizaba hasta la pierna del ojicarmín y la atraía hacia sí, colocándola sobre su propia cadera, quedando así más cerca de él.

El beso se volvió más húmedo. El pelirrojo comenzó una fricción entre sus cuerpos. Haru disfrutaba tal contacto, demostrándolo con sus manos traviesas que viajaban por el cuerpo de Rin, explorando todos los rincones del mismo.

─Haru... ─esa no era la voz de Rin. La puerta estaba siendo golpeada, debía haber alguien llamándolo desde afuera. En medio de la noche... ─ ¡Haru! ¡Voy a entrar por la puerta de atrás!

El pelinegro abrió los ojos. La luz iluminaba por completo la habitación. Su respiración estaba agitada y su piel cubierta por una capa de sudor. Makoto abrió la puerta, dispuesto a despertarlo. La preocupación brilló en sus ojos al ver el estado de su amigo.

─ ¿Tienes fiebre? ─preguntó. El pelinegro suspiró, desviando la mirada.

─Estoy enloqueciendo.

─ ¿Eh? ¿Por qué dices eso? Haru... Si te sentías mal, me hubieras llamado, no importa la hora, yo...

─No... En realidad yo...

─ ¿Qué, Haru? ¡Estás asustándome! ─el aludido hizo las sábanas a un lado, decidido a levantarse─ Ah...

─Tuve un sueño húmedo con Rin ─murmuró el pelinegro a su mejor amigo. Makoto asintió apenado mientras se daba la vuelta.

─Sí... Esperaré en la puerta de abajo a que termines con... eso. Quizá debas darte una ducha fría.

¿Eso? Haru bajó la mirada. Sus mejillas enrojecieron mientras apretaba los labios y dirigía la vista a la ventana. Quizá había desarrollado un fetiche por el olor de Rin.

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Makoto estaba preocupado por todo lo que el pequeño juego de "Cómo robarse a Rin" estaba causando. No le gustaba para nada sentirse de esa manera, impotente y traicionero.

Su deseo era dárselo todo a Haru. Privarlo del dolor. Y parecía que Rin podía ocuparse de la mayoría de las cosas respecto a ese pelinegro.

Su plan en un inicio había sido robar y entregar. Incluso había estado permitido el persuadir a Rin, con tal de que Haru fuese feliz. Pero al final resultó que el pelirrojo no era un objeto y tenía los sentimientos a flor de piel, además de que era amigo suyo. Por ello cayó en cuenta de que, a la larga, solo podrían salir lastimados. Un delfín y un tiburón, vaya ironía de la vida.

Entonces, aceptó las reglas impuestas. No quería dañar a Rin, obviamente. Sin embargo, su voto se encontró influenciado por la vergüenza y la culpa, por Gou. Hacía tiempo, había dicho a Rin que se dejaba manipular por su hermana, y el pelirrojo le había contestado con algo como "No soy el único". Y tenía razón.

Gou había movido hilos para salir con él, aún después del rechazo. Y Makoto se encontraba culpable, por ello, aquél día, se había mostrado de acuerdo y flexible a las peticiones de la chica por esa razón, principalmente. Porque ella había dicho que le quería y él había rechazado de una manera que probablemente en labios de alguien más habría de considerarse grosera, pero él era Makoto, madre de polluelos, y todo salía suavizado de su boca. Gou no se dio por enterada de aquella mala frase pronunciada con una dulce voz, pero parecía algo contrariada, por ello, el castaño terminó por sentirse culpable y había ofrecido su mano en un "podemos salir algunas veces, ver si funciona" y la chica había aceptado.

Y entonces ahora le preocupaba Rin y Haru, por varias cosas. La primera, por el pelirrojo, porque lo había hundido en un juego donde se notaba a leguas que no quería estar. Bien, al menos él sí se había dado cuenta.

La segunda, por el pelirrojo también, porque había salido con su hermana, sin quererla realmente y había extraído de ella cierta información que aseguraría la victoria de Haru sobre el otro pelinegro. Una simple carta a la que los demás no le habían visto potencial.

La tercera, por Haru, porque le había mentido aquél día en que dijo que le gustaban solo las chicas.

La cuarta, por Rin, porque se había metido con su novio. Porque amaba a Sousuke y lo quería para él. Porque si Haru se estaba robando un pasivo, el se robaría... Bueno, no lo iba a admitir.

A Makoto no le iban los hombres, claro que no. No le gustaban, para nada. Le iba el hombre. Él. Yamazaki Sousuke, la posible pareja de Rin. Su ex novio. Su mejor amigo. Ese pelirrojo lo tenía todo, demonios.

Porque Makoto sabía que, aún si Sousuke lo había mirado un poco, eso no significaba que había dejado de amar a Rin.

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Dos días. Ese era el tiempo que había transcurrido desde el día en que su Haru lo había traicionado. Claro, no tenía derecho de estar tan molesto. Aunque, si lo pensaba bien, sí lo tenía. El pelinegro había prometido no salir con Kisumi. Y, ahora, llevaban dos citas. No era que Rin los hubiera seguido. Dios, no. Casualmente, él había ido de compras al mismo lugar. Y quizá también al mismo restaurante, café y tienda de víveres.

Sus pasos resonaban en toda la habitación. Sousuke masculló en un intento de que el insulto llegara a oídos de su compañero de cuarto. Con un suspiro, lanzó las cobijas hacia el piso. Rin soltó un grito de sorpresa.

─ ¿¡Acaso eres un idiota!? ─gritó mientras se quitaba las sábanas de la cabeza. El pelinegro bufó.

─ ¿Yo soy el idiota? ¡Tú no has dejado de balbucear estupideces toda la noche! ¡Y encima te levantas a las tres de la mañana a dar vueltas en el cuarto como si fuera normal! ¿Seguro que el idiota soy yo?

─ ¡Es culpa de la zorra que enviaste a molestarme!

─ ¡Yo no envié ninguna jodida zorra, Rin!

─Demonios, es tan fácil quitarte la culpa ─Sousuke saltó de la cama y tomó el pelirrojo por los hombros.

─Cállate.

─Sou... ¿Soy tan fácil de reemplazar? ─la pregunta caló en el pecho del mayor, quien decidió soltar a su amigo y caminar al armario para comenzar a vestirse el uniforme.

─Llegarás tarde si no comienzas a cambiarte ya.

─Sé que hice muchas cosas mal. Y creé una confusión que los lastimó ─se sentó en. Su cama y suspiró─. Yo no merezco el cariño de nadie, lo sé. Mis actos y mis deseos fueron cosas distintas y antes de darme cuenta... Ya no sabía cómo dar vuelta atrás... Pero... ¿De verdad soy tan fácil de reemplazar?

Sousuke miró al pelirrojo mientras se arreglaba el cabello. Quería abrazarlo. Claro que merecía el cariño. Había sido culpa suya, ya no podía echársela a Haruka. Porque sabía que, si hubiese confiado un poco más en lo que Rin sentía por él, las cosas hubieran seguido como antes. Pero no, él había tenido que darle lugar a Haruka mediante una estúpida pelea donde lo único que logró fue perder a Rin.

Porque sí, sabía que ya había perdido. La furia del pelirrojo el día en que se pelearon había sido una prueba. El que de pronto se rehusara a besarlo también lo había sido.

Unos ojos cálidos, verdes y amables lo habían salvado de hacer algo de lo que se hubiese arrepentido toda la vida. Labios cálidos que negaban su atracción con una sonrisa. Brazos fuertes que lo sostenían cuando estaba por perder el control. Palabras sutiles que movían su corazón.

Había sido difícil dejar ir a Rin, dejarlo de amar aún parecía imposible. Pero al fin había logrado desviar un poco su mirada. No, no era fácil de reemplazar. Hacerlo dolía. Pero ya no iba a jugar más con el corazón de su mejor amigo.

Era hora de que hiciera lo que había prometido aquél dos de febrero, hacía diez años, cuando vio al menor enfermo y en cama el día de su cumpleaños. Lo iba a proteger de todo, incluso de sí mismo. Posó una mano en la perilla de la puerta y la abrió.

─Sí, lo eres.

Rin asintió, aceptando aquella respuesta, lo merecía.

¿Por qué se sentía tan mal si eso era lo que había pedido en secreto, que lo olvidaran? Era un idiota. Un maldito idiota que solo quería ser querido por alguien y ahora estaba pagando el precio, aceptando finalmente lo que nunca pudo rechazar del todo.

Amaba a Haruka.

Y no permitiría que una estúpida zorra rosa lo utilizara como juguete temporal.

Porque sabía que Kisumi era ese tipo de persona, fueron amigos por mucho tiempo y eso lo hacía conocerlo. Estar con Haruka no podía ser el único plan que el pelirrosa tenía en mente, debía haber algo oculto. Algo con lo que pudo persuadir a Haruka para arrebatárselo de los brazos.

Hacía tiempo, Haru había dicho que Rin era para él. Y el pelirrojo lo aceptaba ahora, que era tarde. Cuando se daba cuenta de que aquello no podía durar por siempre. Como un amante del amor, sabía que simplemente las cosas no funcionaban si se mantenían en un "tira y afloja". Necesitaban más. Necesitaba que todo no fuera unilateral.

¿Qué cuando se olvidó de Sousuke? Obviamente se dio por rendido en el intento de recuperarlo aquél día en que ese estúpido pelinegro se había propasado. Quizá, si se alejaba de él en una manera romántica, volvería a ser como antes. Bien, había que aclarar que había un revoltijo en aquella cabeza pelirroja, por lo tanto, su propietario, decidió actuar sin mirar por donde pisaba. Porque contaba con su suerte. Él era Matsuoka Rin, cuyo segundo nombre era esfuerzo. Bueno, no un nombre en todo su potencial pero… En fin, con esfuerzo, él sobreviviría en aquél campo minado. Él podía. Podía apostarlo todo sin perderlo en realidad. Confiaba en sí mismo.

O eso quería creer.

Se puso el uniforme con rapidez, se había bañado al levantarse, en un intento de calmarse. Se acomodó el cabello y se sentó en su escritorio para comenzar a buscar entre sus propias cosas. Un bolígrafo fue enviado a su bolsillo. Uno con una tinta que él consideraba que hacía que su caligrafía luciera mejor. Necesitaba que todo estuviera perfectamente… perfecto. Tomó una libreta y salió de la habitación, dispuesto a ir a clases pero no con la intención de estudiar. Se acercaban los exámenes, sí, pero… No podía estudiar con semejante confusión y rencor en la cabeza, ¿no? Solo lo haría cuando estuviera tranquilo, o cuando no tuviera opción. Sonrió mientras entraba al salón y se acomodaba en su pupitre, ignorando a sus compañeros y aquellos a quien lo llamaban para charlar un poco. Sí, él tenía un objetivo en claro, entre toda aquella neblina que inundaba su campo de juego. Haru había enviado una carta en su billetera, una que le había acelerado el corazón.

Él era Matsuoka Rin y haría algo mucho mejor.

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