Itachi Uchiha sabía que iba a morir muy pronto. La marioneta ya no tenía vida alguna, aunque le había encomendado una última petición. Una que estaba dispuesto a llevar a cabo antes de su último aliento.

Has pasado demasiado tiempo en la oscuridad.

Se agachó y escuchó atentamente, prestando atención al sonido creciente de pasos. Estarían allí en cualquier momento.

Antes de morir, deberías de salir de ella.

Incluso si era sólo para revertir lo que quedaba del jutsu, para que tras su muerte… ella pudiera recordarlo todo. Los sibilantes vientos del País de la Tierra hacían difícil localizar la posición exacta del sonido, pero sabía que estaban cerca.

Una última vez.

No viviría para ver el amanecer de nuevo. Sólo unos pocos minutos, y habrían llegado.

Él lo apreciaría.

Había tenido meses para repasar mentalmente el hecho de que todos sus sacrificios habían sido en vano. Que Sasuke se había desmoronado bajo la presión… que era parcialmente responsable por el camino que había escogido en su vida original. Una misión de honor que se había acabado en locura. Cómo desearía poder arreglarlo todo para él, cómo le habría gustado poder decir la verdad.

Perdóname, Sasuke.

No serviría. No tenía tiempo o energía suficientes como para hacer lo que era necesario para convencerlo; estaba demasiado débil. Moriría como un villano… pero eso no significaba que no tenía posibilidad de corregir sus errores. No podía deshacer lo que la historia había repetido una vez más, no podía arreglar o curar a la persona a quien tanto quería.

Te perdoné hace mucho, hermano.

Itachi se negó a sentirse tan impotente como aquélla vez, tantos años atrás… y se decidió a creer en lo único en que la marioneta había creído: Sakura Haruno.