Capítulo 23

¿Qué era el amor?

La primera vez que pensó en ello con una seriedad decente, fue en su segunda semana de escuela en la primaria elemental de Iwatobi. Sus ojos se habían posado en el gesto indiferente de Haruka mientras este le ignoraba y hablaba con Makoto. Sus orbes rubíes habían brillado de admiración, su corazón se había acelerado levemente.

Y no había dejado de acelerarse hasta que incluso verlo le dolía.

Toda su vida se había llevado a cabo con esfuerzo. Se debía luchar para ganar. No podías estirar la mano y obtener lo que querías. Hazlo rápido o te ganarán. Eso había aprendido.

No era algo inculcado por sus padres, claro está. Pero sí lo había deducido gracias a ellos. Su padre no había cumplido su sueño. No había sido rápido para ello, había abandonado y después había sido tragado por el mar. Y Rin, como un buen hijo, iba a cumplirlo por él, para que estuviese orgulloso de él aún en muerte, y nadie lo impediría.

Luchó y ganó. Fuerza, rapidez, eficacia.

Pero ese "ganó" no se aplicaba en todas las situaciones. Rin se dejaba llevar por sus sentimientos. Era impulsivo, erraba. Eso lo acompañó durante todo su fracaso en Australia. Y entonces decidió enterrarlo todo. Adiós tristeza, adiós alegría, adiós sentimientos, adiós Haruka. Su nado se convirtió en canalizador de la ira que tenía en su propia contra. Se había perdido para ganar. Y esa no era precisamente la forma.

Entonces, Haruka lo salvó.

Lo había devuelto a la tierra. Y Rin poco a poco había empezado de nuevo. Olvidaron los malentendidos y abrieron una nueva brecha a un futuro incierto. Sousuke había llegado y él había vuelto a amar.

Solo que era una frase mal dicha, pues nunca había dejado de hacerlo.

En fin, su vida estaba basada en esfuerzo, y, a pesar de que sus errores superaban sus aciertos, siempre había rendido fruto. Pero últimamente se había cegado y ahora...

Había perdido de verdad. Por primera vez, su esfuerzo había sido en vano. Y había perdido contra su debilidad: su propia hermana.

─Rin... Estás bastante decaído desde que llegaste del trabajo... ¿Sucedió algo? ─El pelirrojo negó suavemente desde su posición en la cama, ignorando al pelinegro que se encontraba sentado frente al escritorio.

─No realmente, Sousuke. Solo... siento que ya nada vale la pena y... ¡Hey! ─un libro cayó en su cabeza, provocando que se levantara de inmediato─ ¿Cuál es el jodido problema?

─Tu actitud lastimera. Si quieres un abrazo de mamá, ándate a casa.

─Sousuke, eres un idiota.

─El idiota eres tú. Solo mírate ─Rin bufó, sentándose en el escritorio de su amigo─. Volviendo al tema... ¿Qué sucedió?

─Haruka. Eso pasa. Salió en una cita con mi hermana. Una jodida cita doble con la chica Hanamura y Makoto ─Sousuke ahogó una risa.

─ ¿Makoto en una cita?

─ ¡Sí, tu novio en una cita, imbécil! ─musitó Rin, el pelinegro frunció el ceño y sacó el celular.

─Te dije que no salíamos.

─Y una mierda.

─Esto es patético, no discutiré por ello ─declaró el mayor, a lo que el pelirrojo bufó.

─Quizá debas admitir que tengo la razón.

─No es así, idiota... Pero te haré un favor y le preguntaré a Makoto sobre ello ─propuso el moreno, a lo que el ojicarmín asintió, ocultando la ansiedad.

Fueron unos cuantos minutos, que a Rin le parecieron horas, los que Sousuke estuvo charlando con el castaño al otro lado de la línea mientras él había sido obligado a escuchar música para no oír la conversación. El más alto sonreía divertido mientras caminaba de una esquina a otra en la habitación. El pelirrojo volvió a echarse en la cama, aburriéndose de la esperar a que terminase la plática que su mejor amigo tenía con su "no novio".

Bien, quizá estaba mal que se tomara las cosas tan a la ligera. Sousuke bien podría estar sufriendo en ese momento por el hecho de que él era su más reciente ex novio. Sí, quizá estaba siendo un insensible. Observó al chico por el rabillo del ojo para después sonreír. Sousuke también estaba sonriendo.

Y esa era la sonrisa que solía dedicarle únicamente a él.

Bueno, quizá no estaba del todo mal. El pelinegro colgó y se recargó en el escritorio, mirando a Rin con seriedad mientras aquellos ojos rubíes permanecían fijos en él al tiempo en que se quitaba los auriculares. Tomó otro libro y se lo lanzó.

─ ¿Saliste temprano del trabajo, imbécil? ─bramó Sousuke.

─ ¿¡Por qué mierda me atacas con otro libro!? ─se talló la frente y suspiró, calmándose─ Sí. Pero no fue por que quisiera. La dueña insistió en que tomara el día.

─Realmente eres un imbécil paranoico. Estaban ahí para verte, idiota.

─ ¿Eh? ─el gesto de Rin pasó del alivio a la confusión─ ¿Quién querría verme como un gato humano?

─ ¿Quizá un estúpido hidrosexual que apesta a caballa? Acéptalo. Todos tus amigos son raros. Así que gustar de verte así sería normal para ellos ─Rin lo evaluó rápidamente.

─Dices demasiadas groserías, ¿sabes? ─una sonrisa se extendió en su rostro mientras se levantaba y caminaba hacia Sousuke. Alzó el brazo, su mano hecha un puño. El pelinegro también sonrió─ Eres el mejor.

─Lo sé ─musitó él, chocando su propio puño con el contrario─. Creo que ya viene siendo hora de que actúes, esto solo demuestra que sabes que el acoso de Nanase no durará toda la vida. Luego te interrogaré por la procedencia desconocida de todo ese dinero ─-Rin sonrió con fingida inocencia.

─No hice algo ilegal, si eso te preocupa.

SSSSS

Makoto soltó una pequeña risa mientras guardaba su celular en el bolsillo trasero de su pantalón. Haru lo observó como si de un animal raro se tratase y desvió la mirada.

─ ¿Qué tan enserio vas con Yamazaki? ─preguntó. El castaño se sentó a su lado.

Se encontraban en la casa del pelinegro. El día aún no terminaba y, después de ver a una de las chicas que trabajaban con Rin empujarlo hasta la salida y decirle que fuera a descansar, decidieron que lo mejor era marcharse e intentar después. Gou y su amiga se habían quedado a pasear mientras ellos habían regresado a la casa de Haruka.

─Quizá un cinco de enserio ─respondió el ojiverde con una pequeña sonrisa.

Quizá un mil de enserio.

─ ¿Te molesta? ─Haru lo observó atentamente antes de negar.

─En absoluto. Puedes ir con quien tu quieras. Incluso si tu elección es un grandulón idiota ─Makoto sonrió, agradecido─. Lo que si me molesta es que me mientas, a pesar de que sabes que te conozco tan bien como para saber cuando dices la verdad.

─Bueno... ─el castaño prefirió cambiar de tema. Le gustaba Sousuke, sí. Pero no estaba del todo preparado para afirmar lo que Haru ya sabía─ Rin estaba bastante… deprimido, según Yamazaki-kun.

─ ¿Yamazaki-kun? Creí que ya había la suficiente confianza como para llamarle por su nombre. Lo hacías hace días ─Makoto se sonrojó levemente antes de carraspear.

─Rin creyó que salías con su hermana.

─Eso es estúpido. No soy tan idiota y Gou no es tan cruel como para hacerle eso a su…

─ ¿Hacerle qué a quién, Haru? Rin no te quería hasta que vio que no estabas a sus pies. Él no va a hacer nada. Sólo te esperara, como a una presa ─exclamó algo irritado, obteniendo una mirada de sorpresa por parte del pelinegro. Pero en verdad, estaba harto. Haruka estaba esforzándose al máximo por conseguirlo. Se habían guiado por estúpidas reglas que asegurarían su victoria en el corazón de Rin y, sin embargo, ninguna había funcionado hasta que al bebé le habían quitado el dulce.

─ ¿Es lo que piensas?

─Es lo que todos pensamos en silencio, Haru. Me duele decírtelo, no quería hacerlo…

─ ¿Y por qué lo haces?

─Porque tú estás torturándote. Durante todo el semestre te comportaste como un perrito meneando la cola a las faldas de Rin. Hipotético, claro. Rin no usa falda… Bueno, el punto es que… Rin no te quería antes de que comenzaras a evadirlo, como dijo Kimisuki-kun, ¿por qué ahora te querría? No es mi intención herirte, lo sabes… Pero esta es la verdad.

─ ¿Entonces por qué me ayudaste? Dijiste que sacarías a Sousuke del camino.

─Sí Rin te quisiera, Sousuke no hubiera estado en el camino.

Los labios del pelinegro se transformaron en una fina línea mientras sus puños se apretaban hasta que sus nudillos quedaron blancos gracias a la presión. Sin embargo, pronto perdió la fuerza, ¿de verdad esa había sido la historia? ¿Él rogando? Suspiró con tristeza, eso… Rin no había dicho que algo como el amor pudiese llegar a doler tanto como ahora estaba doliendo. Su corazón latía desesperado dentro de su pecho, más parecía roto. Se sentó frente a su mesita y puso ambas manos en ella, viendo hacia el frente sin mirar nada realmente.

─No ─exclamó de pronto. Makoto clavó la mirada en él, más no se sentía culpable, pues era algo que debía decirle a Haru.

─No, ¿qué?

─Estás equivocado. Tú estás hablando de tu punto de vista. Yo he estado con él. Si no me quisiera no hubiera llegado a tanto.

─Haru, perdón, pero Rin…

─Lo estás subestimando. Insinúas que es el tipo de persona que solo está divirtiéndose a costa de alguien. Y la mayoría del tiempo es algo parecido, pero no en una situación como ésta. El amor es valioso para él, no jugaría con ello ─Makoto tragó grueso, apresado ante la mirada furiosa de su mejor amigo─. Si no sabes lo que realmente estás diciendo, será mejor que te calles, ¿entiendes?

─Haru…

─Sí no lo entiendes…

─Ya está, ¿bien? Voy a callarme. Pero eso es lo que realmente pienso.

─No estoy rogándole.

─No, en teoría.

¿Cuál era el fin? Es decir… ¿Siquiera había un fin para esa cruel historia en que Haru pelearía por prácticamente nada? Rin no era un premio y nada aseguraba que el esfuerzo del pelinegro fuese a rendir fruto alguno. Haru nunca se había esforzado para nada. Talento natural, así lo llamaban los dioses. Sin embargo, ahora…

Makoto se fue a casa, incómodo con la ira silenciosa que sabía el pelinegro mantenía en contra suya. Quizá había tenido que callar. Pero no podía permitir que las cosas siguieran así sin que el moreno supiera lo que realmente pensaba.

SSSSS

Makoto se dio cuenta de su error el siguiente día. Las clases habían comenzado y llegado a su fin de forma lenta. Haru estaba molesto con él, por lo que parecía que el tiempo se alentaba cada vez más. Sin embargo, eso no impedía que ambos se juntaran a la salida para caminar de regreso a casa con el otro.

Chicas riendo tontamente, eso les había dado una especie de aviso.

Voces susurrantes, chicos rotando los ojos, algunos saludos que emitían chicas con voz temblorosa… No era que Rin fuese el tipo más guapo de todo el mundo. Pero sí tenía un color de cabello peculiar, dientes peculiares y no podía decirse que era feo. Dios, no lo era. Además, traía tulipanes blancos y azucenas azules en una mano mientras observaba avergonzado el piso mientras aguardaba en la entrada de la preparatoria Iwatobi.

─ ¿Es gay? ─musitaba una chica que caminaba cerca ce Haru─ Es decir… ese aura…

─ ¿Qué con el aura? Deja esas estupideces ─contestó otra─. Pero tal vez… Su estilo… ¿Será gay?

─Sí, es gay ─exclamó el pelinegro, incitándolas a callar y dejar de mirar a su chico. Se acercó a Rin, ignorando la mirada molesta de aquellas chicas y las groserías que habían soltado por su intromisión─ ¿Qué haces aquí, Rin?

─Haru ─la voz del pelirrojo parecía denotar su alivio. Carraspeó un poco y sonrió levemente antes de estampar el ramo de flores en el pecho del pelinegro─. Te buscaba… Son para ti.

─ ¿Flores? ─el ojiazul alzó las cejas con una mezcla de confusión y sorpresa. Rin bufó.

─Sí, flores, idiota ─Haru lo miró mal antes de observar el ramo con atención y sacar un sobre que se encontraba enredado en el medio─ ¡No lo leas enfrente mío, imbécil!

─ ¿Ese tipo de vocabulario es necesario? ─Rin chistó, irritado.

─Es parte de mí. Bueno… Vine a eso. Adiós ─Haru sonrió discretamente mientras el pelirrojo se daba la vuelta.

─ ¡Rin, espera! ─exclamó de pronto, provocando que el menor detuviese su andar y volteara. Haru lo jaló del brazo y se estiró, besándole suavemente la comisura de los labios─ Gracias ─susurró antes de alejarse, viendo como el rostro del pelirrojo adquiría el mismo color que su cabello.

─I… I… ¡Idiota! ¡¿Por qué haces eso en público?! ─su mano viajó a su propia mejilla, ahí en donde Haru le había besado, sintiendo caliente esa parte de sí.

─Tú me diste flores en público.

─ ¡Es diferente!

─No lo es ─Rin lo miró unos segundos, calmándose. Apretó los labios y bajó la mirada, claramente avergonzado.

─Gracias ─susurró. Haru sonrió en su interior.

─ ¿Qué has dicho?

─ ¡Que te den!

Rin abandonó la institución con rapidez, viendo de reojo hacia atrás para darse cuenta de que Haru observaba la carta. Suspiró, calmando su corazón acelerado y sonrió ampliamente mientras se alejaba hacia Samezuka.

Había comenzado.