Capítulo 24

La tienda de música era fantástica. Rin lo sabía y lo vivía en ese momento. Sus manos viajaban de una caja de CD a otra, intentando reconocer a los artistas o por lo menos sus canciones. Quizá eso no ayudaba de mucho en lo que iba a hacer, pero claramente lo estaba disfrutando.

Escuchaba la música de muestra de los discos más vendidos en busca de algo que quedara acorde a la situación del siguiente sábado, pero por más que sus oídos eran testigo de la más fina melodía hasta la extravagancia en composiciones, no encontraba nada. Suspiró, rindiéndose y saliendo de la tienda, seguido por Sousuke, quien si había comprado algo y se reía en silencio.

A Rin, lejos de molestarle, prefirió ignorarlo. Su mejor amigo actuaba como un completo idiota desde esa mañana, mofándose a su costa y picándolo hasta molestarlo, pero él no iba a enojarse, bueno, no iba a demostrar que estaba perdiendo los estribos. No cuando las cosas marchaban tan bien.

El beso de Haru aún ardía en la comisura de sus labios y él sonreía como idiota en cuanto su mente divagaba en el recuerdo. Ah, el amor, hermoso, ¿verdad?

Las flores que había llevado las había escogido ayudándose en la dependienta de la florería de Iwatobi, quien decía recordar que los tulipanes blancos y azucenas azules habían sido electos meses atrás por un chico que había descrito al amor de su vida con ojos soñadores. Y que tal descripción calzaba con Rin perfectamente, además de que él había contado su propia historia, reafirmando sus suposiciones, a la chica que día a día escuchaba las razones por las que sus clientes pedían flores.

Encima, de solo pensar en la carta las mejillas se le ponían tan rojas como su cabello. Dios, era un cursi sin remedio.

Pero Haru lo había aceptado con gusto.

Y había sido lindo, las chicas que los vieron lo decían, cosa que hacía que su ego se hinchara. Todo había salido bien.

Los dioses lo habían escuchado, su esfuerzo no fue en vano y...

─No creas que no lo disfruto, podría decirte que pones cara de idiota durante todo el día, pero estás avergonzándome, Rin. Detente, por favor ─musitó Sousuke con sorna. El aludido le dio un golpe con el codo.

─Podemos intentar una amistad sana, sin golpes o groserías ─propuso. El pelinegro se burló abiertamente de ello.

─Empieza por ti. Te levantas de malas y maldices al mundo entero cuando las cosas no salen bien. He pagado por ello con creces.

─Es completamente una mentira.

─No lo es. Además, no puedo evitar decirte idiota, sólo mírate. Lo de Nanase pasó hace ya varias horas y tu aún estás sonrojado, enserio me recuerdas a una linda colegiala virgen e infantil.

Rin apretó los labios y los puños con fuerza, eso realmente le molestaba. Mas, si lo debatía, sabía que su "mejor amigo" seguiría atacando, sacando más factores a relucir. Y lo que menos quería era que sus antiguas acciones fuesen criticadas.

¿Y qué si siempre había tenido su lado femenino? ¡Todos lo tenían! Así como las chicas tenían su lado masculino. Era normal. No había por qué burlarse. Y… Bueno, ¿qué si era virgen? ¡Él solo entregaría su cuerpo a quien amara para siempre! Y eso no era cursi. Era ético. Era moral.

Estúpido Sousuke y sus ganas de incluir el sexo en cada conversación de la que eran partícipes.

Llegaron a Samezuka después de un par de horas. Rin no había hecho más que comprar ropa adecuada a la situación del sábado siguiente y algunas cosas más que necesitaba o que iría a necesitar en un futuro ya fuese cercano o distante. Todo lo contrario a Sousuke, que había pasado incluso a más tiendas mientras él se probaba todo tipo de ropa que fuese de su estilo o que considerase aceptable. Y sí, se habían saltado el entrenamiento.

─Hay cierto tipo de manga, Rin ─comenzó el ojician aguantando una sonrisa─, que explica claramente el dolor puro y propio de un chico estilo colegiala. Quizá, siendo tú, ya hayas leído algo como eso.

─ ¿De qué hablas? ─escupió el pelirrojo─ No he leído un manga desde que me fui a Australia ─Sousuke puso un paquete delgado y pequeño en la cama contraria antes de subir a la propia con una sonrisa discreta.

─Pensé que esto podría ayudarte. Dale un vistazo ─exclamó señalando hacia abajo. Rin bufó, tomando el paquete y rompiendo la envoltura para luego abrir el libro a mediación─. Los llaman BL ─explicó, asomándose a la cama inferior para poder observar la cara roja de su amigo mientras mantenía los ojos abiertos de par en par.

─ ¿¡Qué mierda es esto!? ─vociferó con furia. El pelinegro rió internamente y se encogió de hombros con suavidad.

─Acabo de decirte que es BL. Yaoi. Boys love. Mira, que tu eres el sometido. Se parece bastante a ti, ¿no? ─el libro se estrelló en su cabeza.

─ ¿¡Estás de joda!? ¿¡Lees esa mierda!? ─el pelinegro frunció el ceño.

─No la leo, pero no es una mierda. La mierda no es comerciable ─Rin rodó los ojos.

─Yo no estaré abajo. Ese es el punto.

─Ya veremos.

─Sou, no todo es sexo ─explicó el pelirrojo mientras se levantaba y comenzaba a guardar sus cosas en diferentes partes de la habitación. Sousuke sonrió abiertamente.

─Es parte de la vida.

Bromear con Rin dolía, cada cosa que hacía con él lo hería, de todas formas. Le quería demasiado, aún si comenzaba a fijarse más en otra persona, el gusto amargo de su primer amor se encendía cada vez que veía aquellos ojos carmesí brillar con intensidad. Quizá algún día dejaría de doler, quizá podría olvidar y dejar de mirarlo como si debiese pertenecerle solo a él. Pero, aún en ausencia de respuestas, él haría lo que fuese para que su mejor amigo y primer amor estuviese feliz.

Incluso si eso significaba entregárselo al apestoso chico caballa.

SSSSS

Haru colocó las flores en un jarrón que solía pertenecerle a su abuela, observándolas por varios minutos. Algo le decía que Rin no se quedaría conforme con solo un ramo de flores y la única manera de comprobarlo era abriendo el bonito sobre celeste que se encontraba entre las plantas.

Todo el camino desde la preparatoria a su hogar lo pasó deseando abrir ese significativo sobre. Incluso había intentado correr a Makoto con indirectas, pero el castaño lo acompaño hasta la casa y ahora estaba ahí, dispuesto a hacer los deberes juntos.

Haru tenía inmensas ganas de restregarle el sobre en la cara a su mejor amigo, independientemente de si sabía o no su contenido. Con un suspiro, se sentó en la mesita y observó el papel azul que, rayado con una bonita caligrafía en tinta roja, ponía su nombre y el remitente. Tragó grueso y abrió el sobre con cuidado.

"Hey, Haru.

Sí estás leyendo esto, significa que debes estar en un lugar lejos de mí, pues prácticamente estoy muriendo de vergüenza en este momento. He querido decir tanto pero a la hora de tomar el bolígrafo todo se borró de mi mente. Así que seré breve. Hay varios temas de los que quiero hablar contigo, pero no voy a extenderme, por lo cual solo hablaré de uno en específico.

Tu carta.

Es como si hubiese sido una especie de bomba. Moviste todo dentro de mí, me mostraste una parte de ti que nunca había visto y definitivamente me encantó. Amé cada línea de ella, no pude evitarlo. No tengo palabras para describir lo especial que fue ese momento y prefiero que te quedes con la duda, si es que existe alguna, pues es todo lo que diré respecto a ella. Por ahora, claro. Quisiera besarte.

Azucenas y tulipanes.

Jamás voy a olvidar ese ramo de flores. Fue... No lo sé, preciso... Lo recuerdo perfectamente e incluso le hice un dibujo a la florería para que me armasen uno igual, ya sabes, porque es especial. Y bueno… Quería que esto fuese especial.

Bueno, no quiero decir muchas cosas aquí en la carta... así que hasta mañana. No te vayas temprano de la preparatoria, ¿eh? Te estaré esperando.

Serie de cartas para Haru, 1/5

-Matsuoka Rin."

¿Eh? ¿Era una especie de broma? Evitó fruncir el ceño, pero claramente era lo que quería hacer. La carta no tenía nada de malo, en verdad. Pero... Parecía que Rin quería decir más y estaba limitándose.

Pero bueno, mañana sería un día nuevo y Rin estaría ahí para él otra vez.

─ Entonces... Kisumi-kun tenía razón ─comentó Makoto tras ver los ojos brillosos de su amigo. Haru lo observó con indiferencia.

─Sí.

─Eso significa que las demás reglas no servían.

─No. Cada regla estuvo bien. Fueron como una especie de camino.

─Pero... Esto aún no acaba, ¿cierto? ─una sonrisa invadió su rostro─ Rayos... Estoy arrepentido de lo que dije ayer. Perdón, Haru ─el aludido asintió, sonriendo levemente.

─Bueno... Aun no acaba, y aún te necesito ─Makoto sonrió, esta vez más animado.

─Entonces... ¿Puedo contribuir a la octava regla? ─preguntó, mas el pelinegro negó.

─Nitori envió un mensaje hace algunos días. Nagisa le contó a Momo que habíamos hecho las reglas. Dijo que Momo lo obligó a contribuir, aunque no sé qué pasó para ello. La octava regla es "No te rindas".

─Nitori... Vaya... Entonces ya no está... Ya sabes... Detrás de Rin ─Haru se encogió de hombros.

─Bueno, quizá Momo tuvo que ver.

─Sí... Momo-kun estuvo muy... Atento con él siempre.

─Bien, no me gusta hablar tanto de otras personas. Así que iré a preparar la comida. Ya me pasas luego las respuestas ─no comentó más, pero Makoto supo que se refería a la tarea. Suspiró, asintiendo.

Bien, quizá el juego ya iba a terminar.

SSSSS

Pasaban de las siete de la noche cuando Sousuke despegó la espalda de la pared y caminó hacia la figura que se dirigía a él en medio de la oscuridad.

Makoto sonrió cálidamente, igual que siempre. Ya no estaba tan sorprendido por el hecho de que el pelinegro le invitase a acompañarlo, aunque esa sensación de que solo era un reemplazo perduraba en su pecho.

Al principio, solo se veían los jueves, el más fornido faltaba a los entrenamientos y esperaba a que él terminase los suyos. Sin embargo, últimamente las visitas eran más frecuentes y, con sinceridad, no entendía como Rin lo ignoraba.

Entraron al hospital en silencio, sin dirigirse apenas un saludo. El castaño sabía que Sousuke no era un tipo débil. Pero también sabía que debía ser duro afrontar la realidad en soledad. Por eso se había ofrecido a acompañarlo en cuanto lo descubrió. Aunque fue difícil convencer al otro.

Esperó en los sillones mientras el pelinegro hacía lo que iba a hacer. Siempre era lo mismo, tardaba treinta minutos y esperaba resultados otros treinta. Y esa no fue la excepción.

Las malas noticias ya eran comunes y el ir a la farmacia también lo era. Lo que sí era reciente era el hecho de que ahora compraban más que solo el medicamento.

El silencio los acompaño hasta que estuvieron encerrados en un pequeño cuarto de un hotel de paso. Makoto quitó la camisa del contrario y apretó los labios antes de acariciarle el hombro.

─Está hinchado ─comentó mientras abría un pequeño frasco de analgésico y lo untaba suavemente por aquella zona de su cuerpo.

─Para eso es la pomada ─respondió Sousuke─. Pero ignóralo, ¿quieres?

─No realmente, pero lo haré ─Sousuke sonrió, atrayendo el cuerpo ajeno hacia sí y besándole los labios. El castaño se quejó─. En verdad considero que todo esto es injusto. Sabes que me gustas. Y sé que te gusta Rin. Lo amas y a mí no.

─Acepta que te encanta esto. Ha de excitarte bastante, ¿no, Makoto? ─El aludido rotó los ojos ante el descaro del pelinegro cuando este le besó la oreja─ Además… ─Susurró cerca suyo─. Tú también me gustas.

─Quítale el también y aceptaré ─declaró.

Sin embargo, su voz había salido ronca y su sonrisa no era habitual. Sousuke lo besó y Makoto respondió. Sus lenguas se unieron en un movimiento rítmico en donde un corazón se entregaba mientras el otro apenas se abría. Sin embargo, el ojiverde calculó mal un movimiento, sacando un gemido de dolor del contrario, quien no dudó en apartarlo y sobarse el hombro.

─Sousuke...

─No es nada ─respondió con algo de irritación.

─Va a serlo si no dejas ya de nadar.

─Solo necesito un poco más de tiempo, necesito nadar con él un poco más ─Makoto apretó los labios y bufó.

─Díselo. Lo va a entender ─su voz era razonable, ni siquiera tuvo la intención de molestarlo o de que pareciese dar una orden. Sin embargo, Sousuke lo observó realmente enojado.

─No se lo digas a Rin, ¿entiendes? Sí se lo cuentas, esto se acabó ─el contrario asintió, desviando la mirada.

─Sí. Debo irme, tengo que arropar a mis hermanos.

─Makoto...

─Nos vemos, Sousuke.

El castaño salió de inmediato, sintiéndose molesto. No odiaba a Rin... Pero no podía evitar quererlo lejos. Es decir... ¿Por qué causaba tantos problemas? ¡Sousuke se estaba rompiendo el hombro por él! ¿Por qué merecía tanto riesgo? Suspiró.

¿Por qué Sousuke lo hacía por Rin y no por él?

SSSSS

¡Hola! Publicando a tiempo e.e Bueno, gracias por sus comentarios! Me alegra que la historia les haya gustado. Quizá decir esto esté mal, pero debo hacerlo porque me emociona la idea: ¡Cómo robar un Uke está llegando a su fin! Agradezco de antemano a todos los que me leyeron hasta aquí y a los que apoyaron con sus lindos comentarios. No duden en seguir opinando. Estoy pensando en cerrar Especiales Cruu también, pero con un Lemmon que vendría siendo en cierta manera un tipo de épilogo(? Algo así…

En otras noticias… ¡Feliz cumpleaños, Rin! Mañana subiré un especial en Frío y no tan frío! ¡Nos vemos!