Estaban sentados, juntos, en su antiguo campo de entrenamiento. Habían pasado unas pocas semanas desde su última misión de rango D, como broma tras su graduación a Chūnin. Digamos que era una especie de amuleto de buena suerte (pobre, pobre Tora). Todos los genin del Equipo Siete habían sido ascendidos, tras el último Examen Chūnin, localizado en Konoha hacía sólo unos días.

Había pasado un año desde la muerte de Itachi, pero parecía una eternidad. Sakura había empezado a estudiar bajo el tutelaje de Tsunade, Naruto había recibido la oferta de viajar con Jiraiya de nuevo, y Sasuke se vio a sí mismo arrastrado a trabajar para la Policía. No es que tuviera nada que ver con Ino castigándolo por noquear a su novio. No, en absoluto.

Ni tenía que ver el hecho de que él y Lee habían estado entrenando; esa mujer era tan fiera como una leona y hábil como cualquier otro ninja. Su activación y uso del Sharingan había sido instintiva, cuando se vio acorralado. En opinión de Ino, rompió las reglas porque Lee era demasiado bueno para él, y ahora iba a pagarlo con creces (de una manera irónica).

Sintió la necesidad de estremecerse. Esa pareja era una fuerza del terror.

Lo impresionó, a decir verdad. Ahora estaría atascado en la aldea por al menos algunos meses, y ahora que sus compañeros estaban encargándose de sus propios proyectos, habían decidido reunirse una vez más.

Caminaron hacia las puertas juntos. Naruto les aseguró que escribiría cartas, y Sakura estaba casi segura de que, a pesar de sus terribles nuevos horarios, debería de tener hueco para encontrarse de vez en cuando. Kakashi, el hipócrita, los llamó idiotas sentimentales.

Cabía mencionar que Hinata se había tropezado con Naruto para darle un regalo de despedida. Él sonrió, dándole las gracias efusivamente, y ella se puso tan roja que casi se desmayó. El abrazo fue simplemente la gota que colmó el vaso.

Los tres se sentían como si estuvieran terminando un capítulo de sus vidas. Era probable que, una vez su entrenamiento individual acabase, serían reformados como un equipo especializado. Trabajaban juntos demasiado bien. Sin embargo, ahora era el momento de separarse y mejorar por su cuenta.

Sakura les había advertido de los peligros que les esperaban, y necesitarían convertirse en mucho más para afrontarlos. La advertencia no cayó en oídos sordos: los sacrificios que los unieron no serían en vano. No era con corazones apesadumbrados, sin embargo, que caminaban juntos.

Charla animada los acompañó hasta el último momento, y sus voluntades indomables les impedían sentir miedo al pensar en los desafíos que les aguardaban. Con distintos niveles de coraje o valentía, estaban resueltos a seguir adelante.

—¡'ta que tenga que patear tu trasero de nuevo, Sasuke! ¡Nos vemos, Sakura! -Naruto agitó el brazo para despedirse, alejándose de las puertas de la aldea. La pelirrosa hizo igual y sonrió, y Sasuke se limitó a dar un asentimiento hosco de reconocimiento.

Naruto había demostrado ser imparable. Su esperanza- no, fe irrompible en la recuperación de Sakura no había dejado que sus compañeros de equipo dudaran por un segundo que ella acabaría bien. Era resistente como nadie, y el mejor amigo que cualquier podría desear.

Kakashi desapareció, convenientemente, tan pronto como Naruto estuvo fuera de vista. Seguía siendo tan misterioso, vago y psicológicamente roto como lo fue antes de toda esta debacle.

Sin embargo, el perro viejo había mostrado los colmillos cuando se trataba de defender a su equipo; hizo todo lo que pudo por Sakura, y aplicó las ideas de Naruto para darle a Sasuke el entrenamiento que deseaba.

Sin el apoyo de Naruto y Kakashi, sólo podía imaginar que la tarea de salvar a Sakura habría sido un infierno. Imposible, incluso. Con ellos, había sido una gran aventura en la que había aprendido mucho. Ahora, sin embargo, otra cosa llamó su atención.

Sasuke esperó lo inevitable; Sakura estaba jugueteando con los dedos nerviosamente. Había pasado demasiado tiempo buscando signos de lenguaje corporal en ella, así que lo hacía incluso ahora. No es que fuera un acosador siniestro, no; es que ella era embarazosamente fácil de leer.

Sin el jutsu de Itachi en su mente, ella estaba completamente bajo control de sus acciones una vez más. Era enteramente Sakura, de nuevo… con todo lo que eso significaba.

Parecía que todo había vuelto a la normalidad.

—Um… ¿quieres… err, entrenar conmigo?

Sasuke parpadeó como una lechuza ante la timidez ruborizada de la chica.

—...Vale.

El tiempo, sin embargo, jamás dejaba nada sin cambio.


...aunque, de otro modo, la vida no sería divertida.


Nota: ¡aquí estamos, al fin! El último capítulo de Tiempo. Cuando decidí subir la historia, no tenía ni idea de que sería tan popular, pero ahora me alegro de haberlo hecho. Al hacerlo, tuvisteis la oportunidad de leer una historia que os ha hecho pasar un buen (y mal rato).

Sé que quedan cosas no especificadas en el aire, pero esa es la esencia de Tiempo (aunque podéis preguntar y, si es algo que debería estar claro, yo responderé). Imaginad lo que queráis al respecto. Y que sepáis que os la he jugado con Itachi, como lo hizo Kishi en el original (de villano a héroe... trágico hasta el final). *Risa malévola*.

El título significa que hemos dado una vuelta completa, y ahora que esta aventura acaba, otra va a empezar...

Gracias por todo vuestro apoyo, de todo corazón.

Blu.