capítulo 27
Jueves
"Serie de cartas de Rin a Haru, 4/5
My shining.
¿No te parece emocionante que esto esté llegando a su fin? Llámame cursi, porque yo sí. Y ansío ver tu rostro cuando todo termine, para dar un nuevo paso y un comienzo diferente. Puede que… En verdad, puede que todo salga mal. Pero confío en que ambos ya tuvimos nuestro castigo, por idiotas. Así que… Bueno… Todavía hay que seguir.
En esta carta, lleno de vergüenza, voy a contarte del día en que me enamoré de ti.
Pasó hace años. Muchos años, en realidad. Recientemente, pensé que tú comenzabas a asimilarte con un acosador, pero me di cuenta que, si alguien se parece a un acosador, soy yo.
Porque me gustaste sin conocerte.
Quizá fue la forma en que entrabas en el agua y nadabas rápido, sin esfuerzo, por naturaleza. Y quizá era envidia aquello que sentí. Sin embargo, fue lo que movió una parte de mí. Y te busqué. Te busqué por mucho tiempo y, a pesar de que te veía en las competencias, nunca supe nada de ti. Tus gustos, el por qué nadabas así, de donde venías, tu escuela… Nunca supe nada, por más que intenté saberlo todo.
Sabes que me transferí a la escuela elemental de Iwatobi por mi padre, porque él había estado ahí y había ido al club al que yo no sabía que tu ibas. Y la sorpresa que me lleve fue bastante grata. Porque, sin saberlo, había ansiado tanto volver a verte.
Pero no fue hasta que el Sakura floreció, pues, cuando lo hizo, yo me enamoré.
No sé exactamente que fue. Solo recuerdo que, de pronto, me parecías tan lindo… Quería tenerte cerca y odiaba tu preferencia por Makoto. Ustedes, procurándose siempre. También estaba esa chica, Aki. Pensé que te gustaba. Y por ello callé. Aunque no lo creas, Sousuke me apoyó en todo momento. Incluso quería que dejase de ser un idiota y fuese a declararme. Pero no pude hacerlo, porque entonces se presentó la oferta de Australia y decidí que el amor podría estar en alguna chica, allá. Así que pasé de ti y me fui, a superarte.
Y creí que había funcionado.
Ahora, quiero verte de nuevo. Así como aquella vez en fin de año, cuando decidí dejar de nadar y por accidente te hice sentir culpable. Es un mal recuerdo, pero… ¿No podemos hacer que todo cambie? ¿De verdad es tarde para arrepentirme por aquello? Claramente no, ¡te espero a las cinco, hoy mismo!
Con cariño, tu Rin"
Se preguntó si sus mejillas estarían ardiendo en ese momento, más no importaba si así era, pues, además de estar solo en casa, era lo mejor que había leído en la vida. Se sentía como un idiota. Es decir, ni siquiera se acordaba de Aki, ella había quedado en el pasado y definitivamente nunca le había gustado. Le gustaba saber que Rin había estado celoso por él en algún momento… Pero también le hacía sentir un idiota.
¿Por qué no se había dado cuenta?
No, no debía importar que no se hubiera dado cuenta, porque amaba cada segundo de lo que sucedía en su actualidad. Soltó un suspiro y dejó la carta en su cama. Hacía frío, pero se sentía tan caliente… Se metió en la ducha sin pensárselo, sosteniendo la manguera de la regadera y dejando que la lluvia artificial callera sobre él, llenando la tina poco a poco. Cuando estuvo llena, cerró la llave y se sumergió.
Rei le había entregado la carta, lo cual le extrañaba y le molestaba en cierta manera, pues, ¿por qué Rin no lo hacía si tenía tiempo para ver a Rei? Suspiró, perdonándolo solo porque lo amaba. Eran ya las cuatro de la tarde cuando Haru salió de la bañera, más calmado y con la mente en claro. Era obvio en donde estaría Rin. Se vistió rápidamente y emprendió la marcha.
"El gladiolo amarillo es una invitación amorosa. La margarita blanca y rosada es una afirmación: 'Solo tengo ojos para ti'. Buena suerte, Haruka-senpai."
¿De verdad era así? ¿Cómo debía sentirse Haru después de que Rin, el mismo chico que había visto besuqueándose con otro en varias ocasiones, estuviera dándole flores? ¿Debería sentirse el segundo plato? ¿El consuelo tras el fracaso de un Sousuke y Rin?
No, la carta en la mesa se lo ponía claro. Él no era un consuelo, Haru había sido el primero. Y seguiría siendo el primero entodo lo que al pelirrojo le faltase por hacer. Pero, incluso así, no podía pensar que Sousuke había sido un consuelo para Rin. Porque él mismo lo había dicho antes de darse cuenta de que su propio amor era hacia el ojicarmín. Sousuke y Rin habían emanado cierta aura de amor en el pasado. Le habían abierto los ojos. Y no lo había dicho, pero en aquél momento pensó…
Que de alguna manera, parecían complementarse.
Porque esa sonrisa de Sousuke había sido única para Rin. Porque Sousuke había sido el único que había llegado a tener acceso libre y sin límite a los labios del pelirrojo. Pero, aunque sonase egoísta y caprichoso, que el menor le dedicara las miradas de amor al pelinegro grandulón, que se hiciese el tierno a su lado, que provocara sus arranques, que le hiciera besarlo… Estaba mal. Porque Rin no era para Sousuke.
Porque las cosas debían ser así.
Rin estaba hecho para él. Para Nanase Haruka. Y, aún si las cosas terminaban por salir mal, haría todo por estar con Rin, incluso si en el camino se perdía a sí mismo. Claro, su deseo era no llegar a aquél extremo.
SSSSS
Sousuke soltó un suspiro. La misma habitación, el mismo motel, el mismo medicamento, la misma rutina. Solo que a una hora distinta. Su situación comenzaba a empeorar. Notaba más el dolor en el hombro que antes, pero aún así se obligaba a continuar. Porque la sonrisa de Rin al verlo intentar hacer algo en equipo le encantaba, ya que a ese pelirrojo idiota le gustaba que le gustasen las mismas cosas que a él.
Las manos contrarias le recorrían la parte alta de la espalda. Acariciándole los omóplatos con una leve fuerza, masajeándole con cuidado de no tocar su hombro, pues últimamente, a Sousuke estaba doliéndole. Makoto no sabía cómo era que Rin no se había dado cuenta aún, pues, aunque no se notara tanto, el hombro del pelinegro comenzaba a verse hinchado. Aunque bien era cierto que la pomada menguaba su dolor y la hinchazón.
Y de cierta manera, entendía el porqué Rin ignoraba la dolencia de su amigo, pues, bien dicho antes, Sousuke era su mejor amigo. Rin confiaba ciegamente a pesar de la relación mal parada, y lo más seguro era que el pelirrojo pensase que, de haber algún problema, Sou no dudaría en decírselo. Porque así había sido siempre.
Hasta que el amor fraternal mutó.
Makoto entendía. Su amor por Sousuke también había mutado tan considerablemente que en muchas ocasiones había querido empujar a Rin o algo así para que se despegase de los labios contrarios. Pero, repetía, no era odio. Eran celos. Celos que también comenzaban a mutar.
─ ¿Por qué? ─preguntó entonces. El pelinegro lo observó de reojo.
─ ¿Qué?
─ ¿Por qué no puedes verme a mí en vez de a él? No es tan difícil ─explicó el castaño. Sousuke se giró y lo atrajo hacia sí.
─Estoy mirándote y Rin no está aquí ─exclamó. Makoto negó, sonrojándose.
─Sabes que no me refiero a eso ─el contrario suspiró. El ojiverde alcanzó a deleitarse con su aliento a mentas─. Solo… Dame una oportunidad. Una real. No quiero venir aquí como… como una puta para dormir contigo. Yo quiero una relación…
─ ¿Estás seguro de eso? ─Sousuke se levantó, peinándose el cabello hacia atrás en signo de exasperación─ ¿No te importa que tal vez nunca vaya a quererte?
─ ¡Por supuesto que me importa! Pero… Te amo, entiéndelo… Y quiero que seas feliz y con Rin no lo fuiste ni lo serás. Dame una oportunidad, Sousuke ─el ojician observó aquellos ojos caídos y verdosos que lo miraban con una especie de súplica.
Makoto le encantaba.
Y si no lo había dicho era porque aún le gustaba Rin, por más mínimo que fuese. Siempre lo procuraría sobre todas las cosas porque para él, el pelirrojo siempre había sido un habilidoso chico débil. Y no quería hacerle eso a Makoto. No quería siquiera pensar que nunca terminaría de amar a su mejor amigo y que, cuando éste lo necesitara, abandonaría al castaño por el contrario. No quería. No podía hacerle eso a una persona tan buena como Makoto. No podía ensuciarlo más. Sin embargo, tomó su mano y sonrió levemente. El castaño vio ese brillo en sus ojos. Era la mirada que un día, perteneció al protagonista de la historia de su mejor amigo, Haru. Ese problemático pelirrojo que sonreía como depredador, que los retaba con la mirada, el ser que posiblemente era adicto a las competencias, Matsuoka Rin.
─Atente a las consecuencias.
Y le besó.
SSSSS
Rin estaba congelándose. Hacía considerable frío y eran las cinco más veinte. Haruka no llegaría. Se mordió el labio, nervioso, ¿no había entendido la indirecta? Observó el apasible agua en la piscina frente a él, removió las llaves del recinto en su bolsillo con los dedos, provocando el sonido del choque metálico. Los ojos le picaban y un malestar se adhería a su pecho.
Entonces, lo abrazó.
Olfateó el aroma de Haru mientras éste le rodeaba la cintura por detrás y hundía la nariz en su cuello, cosa que estremeció a Rin. No dudó en voltearse y rodear el cuello de Haru con fuerza, más no sabía se era un acto de cariño o un intento de homicidio debido a que el mayor se había retrasado.
Pero, ¿no era que lo mejor se hacía esperar?
Las palabras sobraban en el momento, pero Rin no iba a ceder primero, por lo que, forzando su paciencia, espero a que los labios del pelinegro buscaran los propios para responder el beso. Sentir el sabor de la boca del contrario era algo que a Rin se le antojaba meramente romántico. Explorar cavidades nuevas.
Gracias a los dioses por crear algo tan caótico como el amor.
Haruka no se despegó de sus labios más que para respirar, disfrutando plenamente de sentir a Rin tan cerca suyo, aunque quisiese sentirlo más. Podía esperar, claro. No lo entendía… ¿Cómo alguien de apariencia ruda podía llegar a ser tan tierno? ¿Inocente? ¿Por qué Rin no entendía que, si seguía demandando sus labios con la mirada sin atreverse a dar un paso por sí mismo, terminaría encendiéndolo? Estar encendido era doloroso.
─Es como… tener hambre ─musitó Haru mientras daba leves besos en el cuello contrario. Rin suspiraba en tono risueño, pues la sensación le parecía extraña, Sousuke era mucho más brusco. Más no debía pensar en eso.
─Hoy no traje comida ─musitó el pelirrojo. Haruka suspiró, besándole la sien y sonriendo suavemente. No se había referido a ese tipo de comida.
─Bien… ¿Qué hacemos aquí? La calefacción está apagada, no podremos nadar.
─No venimos a nadar. Si no, te hubiera citado en Samezuka.
─Me hubieras citado allá.
─Haru ─reprochó con molestia antes de bufar─. En fin…
─En la carta… ─Rin enrojeció.
─No hablemos de ella ahora, ¿bien? Te cité aquí para darte un regalo. Nada va a cambiar lo que provoqué aquella vez y no puedo compensarlo. Pero quería… Ya sabes… En cierta manera, pedir perdón. Y vi en internet que podía crear una por mí mismo y ellos la fabricarían, así que la mandé a hacer… Bueno, toma.
Rin sacó de su mochila de hombro una pequeña caja, envuelta ridículamente con trozos de papel mal recortado y con una mini versión suya junto a una del propio Haru dibujada en uno de los lados. El pelinegro no tardó en quitar la envoltura, cuidando no romper el maltrecho dibujo de Rin, y abrió la caja de cartón que había dentro.
Podía ser cursi, pero el amaba lo cursi si venía de parte de Rin.
Una esfera de nieve. Pequeña, transparente, redonda, llena de agua con brillitos en tono pastel color rosa y con forma de flor de Sakura. Un delfín y un tiburón, celeste y rojo claro. El primero parecía saltar mientras que el segundo parecía bajar. Era hermoso. Además, un pequeño grabado yacía en la base del objeto.
"Tú y yo", escrito en inglés, tomaba protagonismo, volviendo un regalo que podría ser más bien regular, a uno sumamente especial. Haru juró atesorarlo por el resto de su vida.
─Debió costarte una fortuna ─exclamó el pelinegro sin darse cuenta. Rin se talló la cabeza.
─Bueno, eso no importa. Trabajé por ello todas las vacaciones. Porque tú lo vales, Haru. No vuelvas a dejar lo que amas hacer, nunca ─susurró. El aludido sonrió suavemente y soltó una pequeña risa que Rin pudo fácilmente ignorar, debido al tono tan bajo que había empleado, sin embargo, la escuchó─ ¿Qué? ─cuestionó algo nervioso, ¿estaría burlándose de él? No, Haru no era así. El mayor negó suavemente, irguiéndose, para después besar rápidamente los labios de Rin. Guardó la esfera en la cajita y suspiró como un idiota.
Rin jamás entendería la magnitud del amor que Haru le tenía.
SSSSS
N/A: ¡Hola! Ya casi acabamos! Gracias por sus opiniones, enserio!
Si te gustan mis historias, ¡Sigueme y entérate de mis próximas obras! La siguiente saldrá en pocos días, se llama "Los cuentos de Haru" x3 es algo como una comedia romántica, ¡No se la pierdan!
