Capítulo 28
Cómo robar un Uke
Viernes 8.30 a.m.
La definición de un día de mierda varía dependiendo de la situación. Existía el caso exótico en que todo en el día va mal, el clima es exactamente el que menos te agrada, las noticias malas llegan a ti sin ser requeridas y tu suerte es pésima. Aunque existe un día peor. Aquél en el que el clima es perfecto y los buenos augurios hacen presencia, pero tu suerte es pésima y todo termina saliéndote mal. En días como esos, la mala suerte dolía más que nunca.
Haru podía corroborarlo.
Después de un largo y profundo sueño, al que muchos llamarían "reparador", el pelinegro, despertando, cayó en cuenta de lo tarde que se había hecho. Las cobijas salieron disparadas a un lado mientras él, sin preocuparse por recogerlas, corría al baño para arreglarse.
Salió de prisa, con la corbata a medio atar, hacia la preparatoria Iwatobi. El viento corría fresco, mas no pasaba de ello. Haru podía ver el retoño de los árboles y era hermoso, pero la respiración se le cortaba mientras bajaba a zancadas los escalones que lo llevarían en dirección al puente, haciéndole ignorar aquella belleza ambiental.
No pasó mucho tiempo cuando por fin llegó a la instalación donde se suponía debía estar cincuenta y siete minutos atrás. Arrugó su camisa en un puño, intentando controlar su respiración, antes de sacarse el saco, pues sentía haber sudado. Una vez calmado, observó nuevamente los portones cerrados.
Bien, faltar a la escuela no le molestaba. Dios, claro que no.
Pero es que Rin tenía esa serie de cartas y él… Bueno, él debía recibirlas. Quería sentir nuevamente la emoción de ver por la ventana, esperando que Rin, a pesar de haberlo hecho solo una vez por sí mismo, apareciese con aquél ramo de flores y le entregara aquella carta que le aceleraba los latidos del corazón y que hacía su sangre hervir.
¡Era culpa de Makoto!
Siempre lo despertaba cuando veía que comenzaba a hacerse tarde, ¿por qué ahora no? Chistó en contra de su propia voluntad y, poniéndose el saco nuevamente, caminó lejos de ahí, sin siquiera darle una segunda oportunidad a un nudo decente de corbata.
Bueno, faltar estaba bien. De hecho, podía aprovechar la situación y preparar su propia sorpresa para Rin… Sí. Tomaría un viaje rápido al centro de la ciudad y conseguiría su propio obsequio para el pelirrojo. Era una buena idea. Solo debería apurarse. Asegurarse de regresar a tiempo a la preparatoria, para recibir a Rin.
SSSS
Sousuke estaba harto.
Rin caminaba de un lado a otro, sus labios se movían rápidamente y el tono que usaba era uno molesto mientras mantenía el teléfono pegado a su oreja. Hacía ademanes grotescos mientras demostraba su enorme furia hacia la persona tras el teléfono. Ese día, Samezuka había cancelado el estudio debido a una reunión de "alto mando" en las oficinas de la dirección, donde estarían todos sus profesores.
─ ¡Mierda! ─gritó tras cortar la llamada y lanzando el teléfono hacia la cama.
─Cálmate ─exigió Sousuke, mirándolo desde la cama de arriba.
─Esto es una jodida… ─el pelinegro ignoró la gama de groserías que su mejor amigo soltaba mientras parecía gruñir. Rin quizá no lo sabía, pero estaba mostrando los dientes. Quizá su amigo tenía cierta parte animal─ Me han subido el precio, ¿tú crees? ¡Como si estuvieran cobrándome poco en un principio!
─Cambia el lugar, entonces.
─ ¡No! Quiero que sea ahí. Es perfecto.
─Eres muy gay.
─Vete a la mierda, Sou. Estoy hablando enserio.
─Vale, entiendo ─suspiró pesadamente y bajó de un brinco. Rin no percibió el gesto de incomodidad de su amigo en cuanto se pegó en el hombro con las escaleras─. Entonces, si de todas formas vas a pagarlo, ¿de qué te quejas?
─Voy a tener que cambiar algunas cosas… Es decir, yo tenía…
─Miles de cursilerías planeadas, lo sé ─el pelirrojo lo fulminó con la mirada, Sousuke sonrió de lado y alzó ambas manos a la altura de los hombros─. Es que lo sé.
─Bien, ya está. Voy a cancelarlo todo. Esto será… Definitivamente… Demonios.
─Tranquilo… ¿Cuánto te falta? ─Rin respondió en voz baja, haciendo que su amigo suspirara, era una buena cantidad de dinero, no mucho, pero no ere algo que sacarías de la cartera─ Deja de alterarte, ¿bien? Cielos, pareces una novia antes de la boda.
─No entiendes lo importante que es para mí ─el tono de voz empleado movió algo dentro de Sousuke, quien suspiró y tomó a Rin por los hombros. Sus labios se tocaron por unos instantes, segundos en que el pelirrojo abrió los ojos con sorpresa.
─Espera, no digas nada ─interrumpió el mayor, interrumpiendo a Rin justo antes de que éste empezara a discutir─. Es la última vez que te besaré, lo juro. Ahora… Te daré el dinero que te falta.
─ ¿Qué? Pero…
─Oh, vamos, Rin. Es lo menos que puedo hacer para compensar todo lo que hice. Déjame hacerlo… ─Los ojos rubíes de su mejor amigo brillaron con agradecimiento. La felicidad iluminaba el rostro del pelirrojo, su sonrisa parecía única. Y entonces Sousuke lo decidió. No podía borrarla de aquella persona a quien más procuraba─ Solo tengo una condición.
SSSSS
─ ¿Por qué no ha venido Haru-chan? ─Cuestionó Nagisa en la hora de descanso. Makoto se encogió de hombros, dedicándole una sonrisa cálida, sin rastro de preocupación.
─Se ha de haber quedado dormido, supongo.
─Pero… Haruka-senpai siempre viene con Makoto-senpai ─comentó Rei. Gou asintió, también extrañada ante la situación.
─Lo sé. Pero lo esperé por algunos minutos, pero él no bajó. Como ya era tarde, supuse que se había ido sin mí.
─Vaya… Haru-chan debió estar verdaderamente cansado. Últimamente está tan emocionado por haberse robado a Rin-chan de las garras de Sou-chan que ya predecía la caída de energía─ La mirada que el castaño le dedico al pequeño rubio no pasó desapercibida para Gou, quien, al haber estado enamorada de Makoto, conocía las expresiones del chico, identificando el gesto como uno de irritación.
─Bueno, solo espero que llegue a tiempo. Rin-san podía malinterpretarlo.
─Nosotros podríamos explicarle si Haruka-senpai no llega ─respondió la chica ante el planteamiento de Rei. Nagisa asintió antes de señalar su comida.
─ ¿Qué dijiste que era esto, Gou-chan?
─Es Kou. Y es onigiri relleno de proteínas y vitaminas, ¡la dieta perfecta para el nadador en un solo alimento! Lo compré en sobres y…
─No es saludable y sabe horrible ─terminó Rei. La pelirroja comenzó a defender su comida, seguida por Nagisa, quien decía que en verdad sabía delicioso.
Makoto suspiró, perdiendo la vista en el cielo. Había hecho mal en no ir por Haru. Estaba tan molesto con Rin que no había podido evitar marcharse y sonreír cuando el timbre dio inicio al horario educativo y Haru no llegó.
Era un pésimo amigo.
Haru se quedaría con Rin. Sousuke seguiría a Rin. Y Rin lo tendría todo. La impotencia ante la situación comenzaba a consumirlo y Makoto caía en cuenta que en verdad nunca había existido una oportunidad. Atentar contra Rin no valía la pena. No servía de nada. El pelirrojo no tenía la culpa de haberse enamorado de Haru. Así como tampoco podía culparlo de haberle dado una oportunidad a Sousuke.
Si debía estar enojado con alguien, ese ojician era el indicado.
Pero aquello tampoco era posible, porque Sousuke lo besaría y Makoto olvidaría el rencor. Estaba escrito. Él seguiría enamorado de un hombre que amaba a alguien que no era él. Había contradicho su homosexualidad y ahora pagaba el precio por mentirse a sí mismo. Sousuke lo acompañaría, sí…
Más Makoto nunca sería su prioridad.
SSSS
Haru entró a cada tienda que consideró aceptable, en busca de un regalo perfecto. Para su mala suerte de un día de mierda, cada cosa que consideraba probablemente bueno estaba fuera de su presupuesto. Haru vivía solo y no podía permitirse exceder de lo que podía gastar para sí mismo. Así que la probabilidad de que encontrase un regalo digno se reducía a cero. Rin valía mucho. Nada podía ser suficiente. Desilusionado, observó el reloj.
Pasaban de las dos.
Agradeció estar en condición, pues fue completamente necesario que corriera y apenas pudo alcanzar el tren en la estación. Una vez en la parada cercana a la preparatoria, reanudó la marcha. Se sostuvo de la pared en cuanto llegó, recuperando la respiración lentamente. Se quitó cualquier rastro de sudor de su frente y respiró profundamente. Bien, había llegado justo cuando la campana anunciaba la salida.
Como se había convertido en un hábito de la última semana, las chicas se detuvieron cerca del portón en cuando salieron, curiosas ante la escena que llevaba desarrollándose durante cuatro días en que un chico recibía flores de otro chico, a pesar de que el contacto no había sido tan alentador, como el lunes pasado en que Haruka le dio a Rin un beso en la mejilla, o bueno, eso había hecho pensar.
Su corazón se detuvo y se encontró apretando los labios en cuanto vio la figura imponente frente a él.
La sonrisa que Sousuke mantenía en sus labios no llegaba a sus ojos y parecía más bien que iba a golpearlo. Pero no retrocedió ante él. No lo haría jamás. Sousuke llevaba una simple flor en la mano y Haru quiso apartarlo en cuanto se detuvo frente a él. El más alto empujó la planta en pecho contrario, haciendo que el ojiazul se viese obligado a tomarla.
─Regla número nueve para robarte a Rin ─su voz sonó agresiva, pero Haru no pudo evitar sorprenderse. Incluso quiso sonreír─. No te atrevas a borrar su sonrisa.
Y tan rápido como llegó, se fue.
¿No había carta ya? La decepción cayó sobre Haru rápidamente. Sí, la flor tenía una pequeña nota, pero… Bueno, no era de parte de Rin. Era… No pudo evitar sonreír. Era un retiro. Sousuke dejaba lo que un día Nagisa llamó guerra.
"El pensamiento malva es la nostalgia del amor perdido"
No supo que fue, si lo sintió o escuchó sus pasos, o tal vez escuchó los grititos emocionados de las chicas cerca de él. Cuando alzó la vista, se topó con la mirada carmesí que más amaría en el mundo. Sonrió levemente, evaluándolo. No llevaba su uniforme. Su ropa era… Bueno, Rin sabía que ponerse a la hora de vestirse. El ramo de flores en sus manos lo complementaba. Era el príncipe de cualquier cuento.
Y lo amaba.
Con las mejillas levemente sonrosadas, se detuvo frente a él. Observó al pelinegro antes llenarse de valor a sí mismo y sonreír con burla.
─ ¿Creíste que dejaría que Sou viniera solo? ─cuestionó algo divertido. Haru no se inmutó, observando con devoción aquellos rubíes que brillaban con vergüenza─ Oye, si no hablas, lo haces más difícil.
─Lo siento… Solo no sé qué decir…
─No tienes que decir nada… Dios, estoy contradiciéndome… Solo toma las flores y adiós ─exclamó Rin, irritándose ante su propio nerviosismo. Haru tomó el ramo cuando el pelirrojo se lo tendió con brusquedad mientras daba media vuelta y emprendía la marcha.
─ ¿Crees que voy a dejarte ir así? ─Rin no lo comprendió. Se giró en busca de una explicación y en ese momento, los labios de Haru atraparon los suyos.
La sensación era la mejor que había sentido en su vida. No podía compararlo con nada y no sabía cómo se había negado a eso alguna vez. Ser besado por la persona a quien podías entregarle tu vida era simplemente fantástico. Increíble. Amaba ese sentimiento de amar y ser amado. Se sentía lleno. Como si eso hubiese sido lo que buscó en toda su vida.
Las demostraciones en público nunca eran bien recibidas. Pero para ellos, aquello era lo de menos. Rin rodeó el cuello de Haru con sus brazos mientras éste lo atraía hacia sí. El pelinegro sintió la pequeña sonrisa que se formó en los labios contrarios y no pudo evitar imitarla.
Así debió haber sido siempre.
Rin era para él. Y él era para Rin. Por más que sus caminos los separasen, su destino siempre los haría volver a encontrarse. Esa era la realidad. No había problema alguno que no pudiesen solucionar. Nada debía volver a distanciarlos de esa forma. Nada debía interferir en su amor.
─Haru… ─la mirada de Rin brillaba, él mismo estaba brillando. Aunque solo para Haru, claro. El pelirrojo sonrió y se separó de él─ Espero que lo entiendas. Adiós.
"Serie de cartas de Rin, para Haru 5/5.
Incluso a miles de kilómetros, nada cambiaba lo que yo sentí por ti alguna vez. El mar podrá tragarse nuestras lágrimas o desesperación. La furia podrá consumirnos y quizá terminemos siendo esclavos de nuestros instintos.
Bien, es muy cursi.
¿Recuerdas el primer lugar donde nos besamos?
Bueno, solo quiero decirte, que la infiltración se la dejé a Sousuke.
También debo decir que eres para mí un oasis en el desierto. Llenaste el vacío que alguna vez existió en mi y no encuentro las palabras adecuadas para describir todo lo que pasé junto a ti. Los sentimientos que me hiciste experimentar por primera vez y aquellos que hiciste revivir.
Haru, nos vemos mañana a las cinco. Te daré una pista en ese lugar que te dije. Cuando sepas a que me refiero, puedes enviarme un mensaje. Bueno, en dado caso, cambio mi frase anterior.
Espero verte mañana a las cinco.
Matsuoka Rin"
Obviamente, Haru sabía donde había besado a Rin por primera vez. Claro que sí. Intentó encontrar a Makoto, pues siempre regresaban juntos. Sin embargo, Nagisa le comentó que el castaño se había adelantado. Haru no tuvo otra opción más que caminar solo a casa, pues Nagisa y Rei tenían otros planes. Y Gou se iba con Mikoshiba.
De todas maneras, el camino se le hizo corto mientras pensaba en el ramo de camelias que sostenía en sus manos.
"Significan que te querré por siempre"
Esperaba que Rin cumpliese con aquél significado escrito en la pequeña nota. También se entretuvo pensando en lo poco que le gustaba que Sousuke se metiera a su casa, aunque lo perdonaba por el simple hecho de que era para darle camino a Rin. Un camino que ya estaba despejado.
Podía sentir su corazón latir con alegría y, cuando llegó a su casa y entró a su habitación, encontrando su cama llena de arena, no pudo enojarse con el grandulón. Su respuesta fue enviada y a cambio, Rin escribió una dirección en el texto. Bien, al día siguiente las dudas, si seguían existiendo, se esfumarían. Podrían ser felices.
Sacudió la arena por la ventana, era extraño el no irritarse por la broma de Sousuke, pero no podía molestarse porque el ojician había llevado el mensaje, cuando pudo haber evitado dejar la pista y así haber impedido el próximo encuentro entre él y Rin.
─Haru… ─El aludido volteó hacia la puerta de su habitación, encontrándose con la mirada oscurecida del contrario.
─Makoto… Qué bien que estás aquí. Sousuke se ha metido en mi casa. Y llegué bastante tarde a la escuela, por poco y no veía a Rin… Te has ido sin mí.
─Lo siento… Es solo que…
─Te conozco, sé que tuviste una razón para no haber venido a por mí hoy. Y quisiera escucharla, si tienes algo que decir ─el castaño suspiró, sonriendo.
─He sido egoísta. No quería que Rin se saliese con la suya porque pensé que no lo merecía… Es decir, tú mereces ser feliz y no estoy diciendo que Rin no sea una buena persona. Él es excelente. Solo que… Estaba celoso. Él tenía a sus pies a dos de las personas que más amo en el mundo. Tú, que eres como mi hermano… Y a Yamazaki-kun, que me encanta.
─Ya te dije que no estaba a sus pies…
─Cállate y deja que termine, Haru… En fin… Yo pensé que Rin no merecía eso. Estaba dañándolos a ambos. Yo siempre estuve contigo y de pronto te fuiste por él. Y Yamazaki-kun me hizo cuestionarme todo sobre mí mismo y también estaba con él. Por eso pensé que quizá… Yo también quiero ser feliz, Haru. Y creí que arruinándolo un poco podría sentirme satisfecho… Pero estoy arrepentido. No lo merece y no lo mereces. Yamazaki-kun es un asunto a parte de su relación y no pude comprenderlo a tiempo. Me dejé llevar por los celos y por un momento deseé que no llegaras a tiempo. Y lo lamento.
Haru observó atentamente a su mejor amigo, sonrojado y con el arrepentimiento denotando en su mirada. Makoto sintió la expresión fría de Haruka como un golpe en el estómago. Suspiró pesadamente. Había hecho mal todo por el simple hecho de estar celoso. Pero así había sucedido y no podía cambiarlo.
─Está bien, no te preocupes.
Y supo que Haru lo decía enserio. Con una pequeña sonrisa, el pelinegro se dejó abrazar, perdonando lo que Makoto había considerado una falta fatal. El castaño se sentía aliviado, y avergonzado. Lo había admitido y Haru lo había aceptado. Además, las cosas con Sousuke parecían comenzar a mejorar, pues el pelinegro había renunciado abiertamente a Rin.
SSSSS
Sábado, 5.00 p.m.
Rin estaba sumamente nervioso. Sus pies se hundían en la arena, quizá no debía quitarse los zapatos. Las olas arremetían contra la orilla de la playa, el viento helado venía desde el mar, el sol estaba cubriéndose por nubes que posiblemente anunciaban tormenta y su camisa no era lo suficientemente gruesa para cubrirlo del frío. Estaba saliendo mal. Observó la mesa que había arrastrado hasta ahí con ayuda de Sousuke. Quizá debía volver a meterla dentro de la pequeña cabaña que le había costado miles de yenes solo por un día de renta. Dios. Eso no era lo que tenía planeado. Las cosas no debían ser así.
Se sintió patético, ¿qué clase de mierda estaba haciendo?
Iba a quitarlo. Deshacerse de todo lo que un día consideró una brillante idea y mandar un texto a Haru diciéndole que no iría. Estuvo a punto de hacerlo.
Pero un jadeo ajeno le sorprendió.
Sus mejillas se encendieron con rapidez mientras daba media vuelta, preparado para la posible burla de Haruka. Pero este estaba embelesado.
¿Podía Rin ser más romántico? ¿O quizá eso rayaba lo cursi?
Un cartel enorme estaba colgado en el pórtico de la cabaña y en él, escrito con bonita caligrafía, se leía perfectamente un "Te amo, Haru'". También estaba decorada con dibujos. Un tiburón y un delfín. A Haru no podía gustarle más, aunque en definitiva era cursi.
Una mesa se encontraba frente a la cabaña decorada con un mantel rojo claro y un ramo de flores. Un ramo idéntico al que antes él le había regalado al pelirrojo, quien tomó el arreglo en sus manos y, con la mirada clavada en el mar, exclamó:
─Eh... Es para ti. Toma.
Y Haru las tomó con una leve sonrisa. No había otra descripción para ello, pues claramente era una velada romántica. Rin olía a... Dios, no podía ser.
─Planeaba que cenáramos afuera... Pero hace frío y...
─ ¿Por qué hueles a caballa? ─el chico se sonrojó notablemente.
─ ¿Se me pegó esa cosa? ─tomó su propia camisa y la olfateó─ Agh. Esto no debía ser así.
─Rin...
─Yo... Bueno... En verdad no se me ocurría nada... Tú saliste con Kisumi después de prometer que no lo harías y pensé que iba a perderte. Y entonces me di cuenta de que enserio había pensado que te perdería y eso significaba que... Bueno... Haru, estuvo mal todo lo que hice y nada de lo que haga en el futuro podrá compensarlo. Pasaste por mucho a causa mía.
─Rin... ─el pelirrojo siguió mirando el mar mientras Haru colocaba las flores devuelta en la mesa.
─Pensé que podría hacer algo grande... Pero en realidad no pude pensar en algo que pudiese borrar el pasado. Así que me dediqué todo el periodo de vacaciones a trabajar en esa cosa de gatos y como ayudante de cocina en una pescadería.
─Tú...
─Cállate, estoy hablando ─escupió el pelirrojo, pasando una mano por su cabello y suspirando─. En fin... Sé que esto no es ni medianamente bueno... Pero enserio...
Rin no pudo continuar. Sus ojos se abrieron como platos mientras Haruka lo atraía hacia sí en un beso lento que el pelirrojo no dudó en responder. Su cintura fue atrapada en brazos del pelinegro mientras rodeaba el cuello del mismo con sus propios brazos.
Lo amaba.
Toda preocupación se esfumó. Rin saboreó la boca ajena mientras Haru exploraba su cavidad con la lengua. Se atrevió a morderle el labio cuando se separaron.
─Entonces, ¿por qué hueles a caballa?
─ ¿Por qué no lo averiguas, Nanase?
Las gemas azules de Haru brillaron mientras se separaba de Rin, tomaba las flores y entraba a la cabaña, seguido por el mismo.
Tulipanes blancos y azucenas azules.
La cabaña estaba adornada con ellos. Había muchos marcos de fotos. Fotos del equipo de natación con Rin, de cuando eran pequeños e incluso fotos suyas junto al pelirrojo que jamás había visto. Y además olía delicioso. Pasando la impresión principal, Haruka se dirigió a la pequeña cocina, admirando todo.
─ ¿Cocinaste tú?
─Sí. Bueno... Nada se compara con tu miso de caballa. Pero enserio intenté...
─Gracias, Rin ─el pelirrojo desvió la mirada, rascándose la nuca.
─Ya está. Me avergüenzas... ¿Quieres comer ya?
La tarde pasó entre bromas sutiles y comentarios del pasado. Rin no cocinaba tan mal, de hecho a Haru le encantaba cada platillo que el pelirrojo puso frente a él. En definitiva, amaba la idea de Kisumi. Ese idiota rosa había desencadenado el romance del pelirrojo.
Y no podía negar que eso le encantaba.
Sin embargo, había algo que no estaba del todo bien. Haruka lo supo en cuanto descubrió que la cabaña tenía un cuarto con una cama cubierta de rosas. Pero el podría darle un giro diferente. Si Rin quería...
Podía existir una última sobre cómo robar un Uke: Dale la mejor noche de su vida.
SSSSSSS
Atención:
El lemon estará disponible en Especiales CRUU en una semana, pues debo actualizar otros dos capítulos de allá. Estén atentos!
Bien, la razón de la demora en la publicación de éste capítulo es sentimental: No quería que acabara tan pronto xc No sé si a ustedes les gustó leerlo tanto como a mí me gustó escribirlo... Es decir... No lo sé, quería terminarlo pero al mismo tiempo no y... Aaah No sé, me encantó escribir esto y recuerdo cuando solo era un "tal vez" en mi lista de bocetos para historias:'3
En fin, tengo un anuncio de suma importancia que darles, pero les daré los detalles en el epílogo.
¡Nos vemos! Si te gusta ésta historia, ¡no dudes en pasarte a leer mis otras obras! Sígueme y entérate de los próximos proyectos a publicar. Dejen su opinión!
