Como ya anuncié, vuelvo con nueva historia. Es la continuación de un one-shot que escribí hace un tiempo, Equalist affair; al cual he decidido dar una oportunidad ante demanda popular y la verdad es que tenía ganas de escribir algo así, ya me diréis qué opináis.
Al igual que hago en mi otra historia, voy a centrar cada capítulo en una de las dos protagonistas, en este caso los impares serán para Korra y los pares para Asami. Si por algún motivo viera que este método de narración no le viene bien a esta historia lo cambiaría, pero también me gustaría oír opiniones al respecto.
Advierto de antemano que la historia no es cronológicamente correcta, la Convergencia Armónica ocurre antes del alzamieno de los Igualitarios en este fic para hacer que el argumento cuadre bien con lo que tengo pensado. Lo digo ahora para evitar futuras confusiones.
Y no retraso más esto, espero que os guste.
-¡No le estás poniendo suficiente empeño!
-Eso no es verdad.
-No estás concentrada.
-Sí lo estoy.
-Pues demuéstralo. ¡En pie, otra vez, y esta vez no le deis ni un solo respiro, si acaba moribunda en el suelo es su responsabilidad!
Apretó los dientes y se levantó del suelo de un salto. Aún estaba un poco desorientada debido a los golpes que acababa de recibir y el hecho de que estuviera con los ojos tapados no le ayudaba.
Se puso en guardia y respiró hondo sintiendo todo a su alrededor, estaba descalza para percibir las vibraciones del suelo que le permitían adivinar el paradero de sus contrincantes, sentía el viento soplar a su alrededor y la corriente de agua que manaba de un arroyo cercano.
Exhaló todo el aire de sus pulmones e hizo una señal con la cabeza para indicar que estaba lista.
Notó una bocanada de aire caliente dirigirse hacia ella, se encogió sobre sí misma y rodó por el suelo para esquivarlo, sabiendo de sobra que aquello era una llamarada mal intencionada. Antes de ponerse en pie sintió como el suelo se levantaba bajo su peso a toda velocidad, aprovechó el apoyo de la tierra e invocando una ráfaga de aire bajo sus pies, se elevó sobre el suelo envolviendo su cuerpo en una corriente de agua que hizo girar en torno a ella antes de hacerla desperdigarse en todas las direcciones en forma de carámbanos de hielo. Sin pararse a pensar un solo segundo envió una serie de llamaradas a los lugares donde había enviado el hielo acompañadas por ráfagas de aire con el objetivo de despertar una nube de humo y polvo que desorientara a sus rivales y les dejara con un cierto nivel de ceguera.
Era una maniobra a la desesperada pero notó a través del suelo cómo varios de sus contrincantes se quedaban detenidos en el sitio. No era experta aún en el arte de ver a través del suelo sin embargo estaba mejorando sus aptitudes y gracias a ello notó cómo tres hombres se dirigían hacia ella corriendo. Reconoció los movimientos de uno de ellos, agua control. Se preparó para recibirlos.
Hizo que en torno a ella la tierra se levantara siguiendo una onda sísmica a su alrededor y esperó a sentir el agua cerca de ella. No se hizo de rogar y en cuanto una gota le salpicó el rostro invirtió el control sobre aquel elemento a su favor, envolviéndose en agua de nuevo pero en vez de proyectarla en todas direcciones esperó un poco.
Dio un barrido con un pie dirigiendo una ráfaga de aire a los pies de uno de los contrincantes provocando que se desestabilizara cayera, antes de que tocara el suelo proyectó una columna de agua que supo que impactaría en su cuerpo. Se permitió una pequeña sonrisa de triunfo mientras escuchaba un quejido y notaba de nuevo las vibraciones del cuerpo contra la tierra.
Aquello le dejaba provisionalmente con dos contrincantes que se situaron como una exhalación a su lado, optando por un combate cuerpo a cuerpo.
Hacía un par de semanas aquel habría sido un punto decisivo en el combate y en nada la hubieran conseguido tirar al suelo, pero tras horas de intenso entrenamiento había conseguido sentir de antemano las débiles alteraciones en el aire que se producían cuando los golpes se dirigían hacia ella, turbando el equilibrio del viento a su alrededor.
Levantó el brazo izquierdo parando con el antebrazo una patada que se dirigía directamente a su cabeza y lanzó un golpe hacia atrás, impactando en su segundo rival. Notó que hundía carne blanda e imprimió más fuerza al golpe, impulsando a su rival hacia atrás ayudándose de su aire control.
Poco a poco fueron llegando los contrincantes que habían quedado antes fuera de juego, al parecer se habían recuperado de su sucia pero eficaz artimaña.
Fue repeliendo uno a uno los ataques que le dirigieron los más de ocho contrincantes, sabía que jugaba con cierta ventaja debido a su gran dominio de los elementos, pero aun así era complicado mantener a raya a tantos rivales a la vez a tan corta distancia y a oscuras como estaba.
Encajó más de un golpe en partes vitales de algunos de ellos, a otros los derribó con su control elemental, sin embargo y como siempre, había un par de ellos más diestros que los demás que aún se mantenían en pie y le atacaban con una violencia exacerbada.
Cometió un error y dejó que uno de ellos se acercara demasiado por detrás, antes de poder evitarlo notó como unos dedos le golpeaban rápida pero certeramente y en seguida su brazo derecho quedó inutilizado.
``Bloqueo del chi… esto complica las cosas´´ pensó para sí misma sin dejar relucir ningún tipo de emoción.
Envolvió su cuerpo en llamas y saltó imprimiendo toda su potencia muscular en el salto, ayudándose de una corriente de aire para elevarse varios metros sobre su cabeza. Hacer cualquier tipo de control sin uno de los brazos era complicado, pero no imposible… y a ella le habían enseñado a hacerlo cuando tenía doce años haciéndole pelear con un brazo atado a la espalda.
Se dejó caer con violencia sobre en suelo ocupando su lugar anterior pero levantando de nuevo la tierra bajo sus pies, fracturándola y dirigiendo los fragmentos certeramente hacia sus enemigos. Notó como caían al suelo quejándose de dolor y supuso que la batalla habría acabado por el momento, sin embargo sabía que no podía quitarse las vendas que cubrían sus ojos cegándola por completo.
Al no recibir ninguna orden, permaneció en su sitio e intentó deshacer el nudo de energía que bloqueaba uno de sus puntos de chi, normalmente los efectos se desvanecían pasada una hora, pero había descubierto que podía controlar de alguna manera la energía tanto de su cuerpo como de otros y reducir considerablemente el tiempo de recuperación. Pensaba que era un tipo de curación especial pero no había hablado de ello con nadie por el momento, no quería revelar todo lo que sabía del control de los elementos.
Se encontraba concentrada en su tarea cuando un escalofrío le recorrió por completo al escuchar un silbido que conocía de sobra. Saltó a la desesperada hacia un lado mientras escuchaba una fuerte explosión y notaba cómo le caía encima un poco de gravilla.
-¡No habíamos hablado de esto!
-Si quieres cumplir con tu cometido debes estar preparada para cualquier imprevisto.
``No estoy preparada para alguien capaz de generar explosiones con la mente´´ se dijo a sí misma apretando los dientes y poniendo el cuerpo en tensión.
Un nuevo silbido, saltó de nuevo pero antes de aterrizar notó una segunda explosión justo donde estaba a punto de caer que la lanzó atrás. Rodó en el suelo un par de metros, llevándose unos cuantos arañazos en la cara y brazos.
Se dio la vuelta en el suelo e impulsándose con la fuerza de sus brazos se puso en pie girando en el aire gracias al aire control que imprimió acto seguido en sus movimientos para moverse a toda velocidad hacia la única figura que podía detectar que estaba en pie. No cometió la imprudencia de ir en línea recta sino que zigzagueaba, levantando muros de contención de tierra a su paso que le sirvieran de cobertura en su avance. Por supuesto su atacante no se quedó quieta y la buscó moviéndose frenéticamente y detonando en todas direcciones al azar pero no era capaz de detectarle como ella mediante la tierra una vez que había levantado los suficientes muros como para poder moverse a través de ellos como si de un laberinto se tratara.
Por fin encontró a su contrincante de espaldas a ella y se acercó a toda velocidad sin hacer ni un solo ruido, algo que también había tenido que perfeccionar. Sólo llamó su atención cuando se encontraba a menos de un metro de su oponente, que se giró para ver cómo un par de dedos le golpeaban en la frente inutilizando su flujo de chi.
-Se acabó, P'li.-dijo entre dientes.
Escuchó una especie de carcajada provenir de la alta mujer que se encontraba ante ella.
-He de reconocer que mejoras a pasos agigantados.
-No me lo ponéis muy fácil que se diga, de algún modo he de aprender.-respondió antes de gritar.- ¡Supongo que esto se ha acabado!
-Puedes quitarte la venda.-dijo una voz masculina en la distancia.-Agradecería que devolvieras el suelo a su estado original.
De un pisotón hizo que la tierra volviera a su anterior estado y se quitó las gruesas vendas que cubrían sus ojos, entrecerrando sus ojos hasta que se acostumbraron a la luz diurna. Ante ella se erguía una mujer de gran altura y esbelta figura con el cabello negro recogido en una trenza y unos ojos anaranjados, sin embargo lo que más inquietaba de su aspecto era el tatuaje en forma de ojo que había en el centro de su frente, sobre el que sería el sexto chakra y a través del cual emitía las explosiones que le hacían una maestra tan temible.
Al recuperar la vista notó como el resto de sus sentidos se atenuaba ligeramente, sin embargo luchaba por mantenerlos en su máxima expresión lo cual le permitió detectar al hombre que se acercaba a ellas.
Ambas se giraron para recibir a un hombre fornido de ojos grises y cabello afeitado con una cicatriz en una de sus cejas. El hombre se detuvo a unos pasos de ellas y levantó un puño a la altura del pecho, rodeándolo con la mano contraria en ademán respetuoso. Ella le imitó y ambos se saludaron haciendo una media reverencia.
-Siempre es un placer ser testigo de tus progresos.-le dijo él.-Creo que cada vez estás más preparada para cumplir con tu misión, Avatar Korra.
Sus ojos se encontraron con los grises del hombre, que no pareció sorprendido ante el vacío que éstos demostraban.
-Ardo en deseos de ello, Zaheer.-respondió ella en tono neutro.
-Aunque he notado algunos fallos en tu procedimiento… ¿sabrías decirme cuáles?
Korra enarcó una ceja mientras se cruzaba de brazos.
-Tengo que mejorar la detección mediante ondas sísmicas, me he dejado rodear con demasiada facilidad y me han bloqueado el chi en el brazo derecho, lo cual es imperdonable y podría costarme la vida en una batalla…
-¿Y por qué?
Rodó los ojos en su fuero interno pero ya había aprendido que no debía mostrar sus emociones en particular frente aquel hombre.
-Salvo por el evidente hecho de que no podía ver, porque he de entrenar más, tengo que prepararme para todas las posibles eventualidades.
En el rostro del hombre se dibujó una torcida sonrisa.
-Veo que te sabes la lección. No me malinterpretes, el trabajo que estás realizando es más que incomparable y tus últimos encargos los has resuelto de forma impoluta.-le puso una mano sobre el hombro en ademán paternalista.
-Gracias, maestro. ¿Puedo retirarme? Me gustaría lavarme las heridas y meditar en silencio al menos un par de horas.
-Por supuesto, como desees.
Korra asintió con la cabeza antes de darse la vuelta para alejarse de la pareja, metiéndose dentro de un edificio de piedra que estaba excavado en las mismas entrañas de una montaña, oculto a simple vista de la vista de indeseables y curiosos. Era un lugar fresco y acondicionado para que acabara resultando lo suficientemente confortable como para vivir en su interior.
Recorrió pasillos con algunas de las entradas franqueadas por guardias apostados frente a grandes tapices negros sobre los cuales se dibujaban unos intrincados símbolos rojos describiendo la forma de un loto. Los guardias ataviados de negro le dedicaron un saludo con la cabeza que ella les devolvió sin poner mucho interés.
Después de subir un par de escaleras se adentró en los pasillos que llevaban a las habitaciones. La suya era probablemente la más alejada y solitaria de todas, así lo había pedido ella hacía algunos años cuando empezó a meditar para que le dejaran un poco de tranquilidad y silencio.
Cerró la puerta tras de sí y entró en su cuarto, era una habitación sencilla y no demasiado grande, constaba de una cama, un escritorio y un armario donde guardaba la ropa que poseía. Estiró todo su cuerpo, haciendo crujir algunas de sus articulaciones. Se dio cuenta de que su brazo derecho aún no era completamente funcional por lo que se dirigió al pequeño baño del que disponía y abrió el grifo dejando correr el agua durante unos segundos. Cuando llenó el lavabo lo suficiente hizo que el agua se iluminara y le rodeara el brazo derecho, en seguida notó de nuevo como se reestablecía el flujo de energía por todo su cuerpo y volvió a mover los dedos con normalidad. Una vez que volvió a notar aquella extremidad curó las heridas que le había causado el entrenamiento y mientras los rasguños de su rostro sanaban se examinó en la superficie de cristal pulida que le devolvía su reflejo y no pudo evitar pensar que ojalá hubiera conocido aquella técnica algunos años atrás.
En espejo le ofrecía la imagen de una chica de piel morena y ojos azules de mirada fría, tenía el cabello corto, afeitado a ambos lados de la cabeza tal y como lo llevaba su maestra de fuego aunque no lo suficientemente largo como para llevar aquella trenza. En su cara se notaban algunas cicatrices antiguas: una le surcaba una ceja y otra salía desde el labio superior, eran recuerdos de sus prácticas más duras y de los que había sobrevivido a duras penas. Su cuerpo presentaba otras tantas cicatrices, algunas muy marcadas en la espalda y brazos pero había aprendido gracias al dolor y con el tiempo había descubierto que era capaz de manipular el agua a voluntad para curarse a sí misma... aunque el mérito no había sido enteramente suyo, había tenido un sueño donde veía a una chica de aspecto similar a ella hacerlo y simplemente había extrapolado la técnica como había podido. Bajo la piel se notaban unos marcados músculos en los brazos y sabía que tras años de duro entrenamiento todos los días su cuerpo era puro músculo y sentía cierto orgullo de que así fuera.
Se quitó las ropas que empleaba para entrenarse, una túnica corta ceñida al cuerpo y unos pantalones del mismo estilo, ambas prendas de color negro con ribetes rojos y se dirigió a la especie de ducha de la que disponía en su cuarto.
En cuanto el agua caliente cayó contra su piel notó como sus músculos se relajaban poco a poco. Fue limpiando los restos de polvo y arena que se habían mezclado con su sudor durante el entrenamiento y antes de salir de la ducha apoyó las manos en la piedra y cerró los ojos vaciando la mente unos segundos.
Se secó gracias a su aire control y una vez se hubo cambiado a túnicas limpias se situó en el suelo de su habitación de cara a la ventana y empezó a meditar.
Hasta hacía unos años había sido incapaz de conectar con su parte más espiritual, sin embargo todo había cambiado desde que aquel hombre se le apareciera en sueños. Un hombre de cabeza afeitada y tatuajes de los maestros del aire comenzó a aparecer en sus sueños, hablándola; al principio fue incapaz de entenderle pero con el tiempo consiguió comunicarse con él. Gracias a él aprendió por fin a controlar el viento para gran asombro de Zaheer y de sus demás maestros. No había hablado de aquellos sueños con nadie, sin embargo no le hacía falta ser demasiado espabilada como para darse cuenta de que aquel hombre era su anterior reencarnación, Aang.
Tras la Convergencia Armónica y la derrota de su tío los sueños se hicieron más frecuentes y además fue cuando Zaheer obtuvo su aire control y ambos pudieron entrar al mundo espiritual.
La Convergencia Armónica… no podría olvidarla nunca. Llevaban meses preparándose para abrir los portales espirituales y unir de nuevo el mundo de los espíritus con el mortal, para ello debían liberar a Vaatu y desatar de nuevo el caos para traer al mundo de nuevo el equilibrio entre ambos mundos y todo hubiera salido bien de no haber sido porque Unalaq contaba con otros planes. No buscaba únicamente el equilibrio sino que permitió su fusión con Vaatu convirtiéndose en una especie de avatar oscuro.
Aquello no solo no formaba parte del plan sino que ponía en peligro todo por lo que habían trabajado. La fusión de Vaatu y Unalaq acabó siendo inestable y Korra se vio obligada a destruirlos a ambos. El equilibrio no pudo restablecerse aquella noche pero los espíritus habían comenzado a regresar al mundo humano y además estaba lo de los maestros de aire… al parecer debido a aquel nuevo flujo de energía espiritual, algunas personas estaban adquiriendo aquel don como había hecho su maestro y aquello le resultó increíblemente útil ya que por fin contaba con alguien que comprendiera la filosofía de los Nómadas del aire tan bien como Zaheer, que había empleado años en su estudio.
La rebelión de Unalaq había provocado un cambio en sus planes pero no en su objetivo, tenía muy clara cuál era su misión como Avatar para la cual llevaba entrenando desde que tenía uso de razón.
Sacudió la cabeza, intentando ahuyentar de su mente cualquier pensamiento para poder meditar en paz tal y como Zaheer le había enseñado. Necesitaba estar en paz consigo misma para progresar en su cometido.
Habían pasado más de dos horas cuando abrió los ojos molesta no estaba siendo una sesión de meditación especialmente fructífera, su mente no parecía querer despejarse y tal vez tuviera algo que ver con el urgente quejido de su estómago.
Salió de su habitación y se dirigió a las cocinas, sabía que habría algo por ahí a lo que pudiera hincarle el diente. Ya había anochecido y sabía que para esa hora no quedaría nadie por allí salvo algún guardia al cual le tocara quedarse por las noches pero nadie le cuestionaría por sus correrías nocturnas, todos sabían que no era común que tuviera horarios normales de comidas. Salvo por los entrenamientos, Korra iba y venía a las horas que más le convenían y nadie hacía nada por impedírselo.
La cocina estaba iluminada por un par de luces pero parecía desierta. Tomó algunas frutas de un gran plato y algo de arroz que debía haber sobrado de la cena y se sentó a tomarlo sobre una de las encimeras en silencio. Lamentó no disponer de un poco de té pero no se sentía con ganas de hacerlo ella misma.
Escuchó ruidos por el pasillo, se acercaba alguien. No se inmutó y esperó pacientemente a que llegara el nuevo visitante.
Una chica entró en la estancia y se dirigió al lado opuesto de donde estaba sentada Korra, parecía no haberla visto por el momento. Era una recluta que conocía desde algunos años pero en la que no había reparado completamente hasta hacía unos meses.
-Buenas noches, Kushi.-dijo Korra.
La chica se dio la vuelta, sobresaltada y le miró.
-Avatar Korra, no le había visto, lo lamento.
Korra se encogió de hombros.
-No es necesario que te disculpes, no debería estar aquí para empezar, ¿cómo va la ronda esta noche? ¿Has terminado por hoy?-preguntó devolviendo su atención al cuenco de arroz del que estaba dando buena cuenta.
-Sí, hace unos minutos… y no he visto nada fuera de lo común…
-Perfecto entonces.
Terminó su comida y se apresuró a limpiar los utensilios que había usado mientras la recluta se servía un vaso de agua en un grifo situado a una prudencial distancia de la avatar. Korra le miró de soslayo y en sus labios se dibujó una media sonrisa.
-¿Y cómo estás tú? Hacía mucho que no nos veíamos a solas…-dijo para provocarla.
La chica se sonrojó levemente.
-Yo… pues bien…
-Me preocupé al no verte más, no sabía si te había asustado aquella vez.
Por primera vez la chica le miró directamente, sus ojos eran anaranjados y su pelo oscuro, era de facciones agradables y piel morena; apenas un par de centímetros más bajita que ella.
-No, no fue así es que… a lo mejor no lo encuentran… apropiado.
Korra se acercó a ella con cuidado, no quería asustarla.
-Formamos parte del Loto Rojo, buscamos el equilibrio y la libertad y eso incluye libertad al escoger a la persona con la que queremos estar, ¿no crees?
-Tal vez, pero…
La avatar puso con suavidad un dedo en los labios de la chica haciéndole callar.
-Si no estás convencida de ello, no me es inconveniente, yo lo respetaré. Lo único que quiero decir es que no van a juzgarte por cómo elijas ser y aunque así fuera, deberías ser fiel a ti misma.
La chica tragó saliva pero le sonrió.
-¿Qué me dices?-le dijo Korra lamiéndose los labios.
-Que…-se mordió el labio inferior.- adelante.
Korra le levantó la barbilla con el índice y el pulgar y le dio un beso en los labios.
Unos golpes en la puerta le despertaron de madrugada, alguien le llamaba desde fuera de la habitación. Se levantó de la cama cubriéndose con una túnica y entreabrió la puerta.
En el pasillo le esperaba un hombre ataviado con ropas negras que se cuadró en el sitio al verla y le saludó respetuosamente.
-Avatar Korra, lamento molestarle a estas horas pero Zaheer solicita tu presencia para una reunión urgente. La esperan en diez minutos.
-Allí estaré, gracias.
Cerró la puerta y se quitó las ropas con la que se había cubierto para ponerse unas más apropiadas mirando de soslayo la figura que yacía desnuda en la cama de la cual acababa de levantarse. Cuando se hubo vestido y lavado la cara para despejarse se acercó a la chica dormida y le acarició el brazo con la yema de los dedos. La chica se removió, despertándose torpemente y sonriendo al ver a Korra.
-¿Qué ocurre? ¿Ya es de día?-preguntó con voz dormida.
-Aún no pero deberías volver a tu habitación, me necesitan urgentemente. He dejado tu ropa encima del escritorio.
La chica se levantó de la cama mientras Korra le daba la espalda.
-Avatar… gracias por esta noche.
Korra se dio la vuelta y se plantó frente a ella.
-Gracias a ti por venir… con suerte podríamos repetirlo.
Le dio un beso en los labios con una media sonrisa haciendo que la chica se sonrojara violentamente. Korra volvió hacia la puerta y antes de irse echó una mirada a su amante.
-Deberías taparte ese mordisco del cuello, por cierto.-le dijo en tono socarrón.
Una vez salió de la habitación atravesó los pasillos en silencio como un fantasma hasta llegar a una sala de reuniones en la que le esperaban Zaheer y P'li con algunas tazas de té caliente, le sorprendió verles solos pero se acercó hacia la mesa que había en medio de la sala, sentándose despreocupadamente en la silla.
-¿Una noche movida?-le preguntó Zaheer acercándole una taza.
Korra sopló el líquido caliente antes de darle un sorbo sin inmutarse ante la pregunta.
-¿Qué importancia tiene?
-Ninguna, pero me gustaría que te centraras más en tu entrenamiento, es fundamental que mantengas el…
-Equilibrio, lo sé, Zaheer.-le interrumpió Korra.-Pero hemos de ser libres, la vida es corta para andar sujetos a leyes y aunque mi espíritu haya vivido miles de años, mi cuerpo no lo hará. He de aprovechar el tiempo que se me ha dado.
-Tal vez, mientras no distraigas a todas nuestras reclutas, no habrá ningún problema.
-No es problema… además lo dices como si no hubieras hecho tú lo mismo en tu época.
Zaheer se permitió dedicarle una sonrisa de complicidad que ella le devolvió. Cuando era pequeña habían alejado de su entorno a los chicos jóvenes por miedo a que le supusieran una distracción hasta que descubrieron que no cojeaba de ese pie cuando le descubrieron viéndose a escondidas con una de las reclutas. Nadie había comentado nada al respecto de su preferencia con respecto a las relaciones, no se les juzgaban por esas cosas siempre y cuando no hicieran peligrar el orden de la organización. Sí, había estado con unas cuantas chicas del Loto Rojo pero nunca nada duradero ni escandaloso.
Poco a poco llegaron los demás convocados a la reunión: la maestra del agua Min-Hua, el maestro de tierra Ghazan, dos de los jefazos y un par de hombres que Korra no reconoció.
-Gracias por venir esta noche, lamento la ausencia de anticipación pero tenemos noticias importantes. Por favor, sentaos y tomad una taza de té.-comenzó Zaheer.
Los recién llegados se sentaron en torno a la mesa.
-Estos dos hombres son nuestros agentes especiales destinados en Ciudad República, han venido urgentemente desde allí por un asunto… preocupante.
Korra les miró sin demostrar mucho interés apoyando la cabeza en su mano. Uno de ellos se aclaró la garganta antes de hablar:
-Desde hace unos años ha ido cogiendo fuerza en la ciudad un movimiento de carácter revolucionario. Se hacen llamar Igualitarios, buscan la eliminación de los maestros de los elementos, consideran que aquellos a los que no les ha sido concedido el arte del control elemental están oprimidos bajo el yugo de los demás ``privilegiados´´. Hasta ahora no les habíamos dado demasiada importancia aunque últimamente han ido ganando bastantes adeptos.
-¿A qué se debe?-preguntó Ghazan.
-A raíz de abrir los portales espirituales la ciudad se ha visto invadida en algunos lugares por enredaderas que parecen tener conciencia propia y además la aparición de algunos maestros del aire les ha parecido un acto aún más discriminatorio que el simple hecho de no haber nacido con la habilidad de manejar los elementos. Han comenzado a actuar y no son poco ruidosos.-hizo una pausa.-Su líder, Amon, ha dejado muy claro que pretende eliminar cualquier tipo de control y ha amenazado a todos los maestros. Dice conocer el modo de hacer que no puedan dominarlos más, que ya no hay cabida para nosotros en este mundo.
-Son sólo una panda de fanáticos, eso no nos atañe.-dijo con un gesto de desdén uno de los altos cargos.
-Sí nos afecta.-le interrumpió Korra.-Cuando una voz destaca entre la multitud clamando venganza y se le suma una muchedumbre pidiendo lo mismo es algo a tener en cuenta… Están en contra de los maestros, quieren interrumpir el flujo natural de las cosas e imponer su propio orden.
-Bien dicho, Avatar-le dio la razón Zaheer.- Aunque no debemos considerarlos como una amenaza inmediata, tal vez debamos empezar a estar más pendientes y si se pasan de la raya, erradicarlos.
-¿Qué propones?-preguntó Ming-Hua.
-Deberíamos enviar a alguien más a controlar la situación, no podemos hacer oídos sordos a esta amenaza.
-De acuerdo, tal vez podríamos ir Ghazan, Ming-Hua y yo,-propuso P'li.-no seríamos detectados y…
-No estaba pensando en vosotros precisamente aunque no descarto que en cualquier momento debamos hacer una visita allí…-les interrumpió Zaheer.-Pensaba en otra persona.
Korra notó cómo sus ojos se clavaban en ella y enarcó una ceja.
-¿Seguro?
-Es una locura, Zaheer, si alguien descubre al avatar allí estamos perdidos.-protestó uno de ellos.
Zaheer levantó una mano para tranquilizarlos.
-Korra se las ha visto en peores situaciones y confío en su criterio para resolver estas situaciones, sabe que no debe exponerse y sus poderes van más allá de lo que cualquiera de nosotros pueda intentar emular.-le habló a ella directamente.-Irás allí, te enterarás de lo que está ocurriendo y nos informarás.
Korra le sostuvo la mirada antes de que sus labios se torcieran en una sonrisa mientras en sus ojos brillaba un resplandor salvaje.
-Vamos allá.
