Bueno, pues aquí os dejo el segundo capítulo de esta historia.
Muchas gracias por la buena acogida que ha tenido, la verdad es que tenía bastantes ganas de escribirla y vuestros mensajes me animan mucho para continuarla.Y no me enrollo más, ya os dejo el capítulo:
Hacía mucho que el manto de la noche había cubierto la ciudad, sin embargo en la Mansión Sato había una luz que se resistía a apagarse. Una persona seguía trabajando a altas horas en uno de los talleres de los que disponía la casa, una joven de negro cabello y ojos de color esmeralda.
Cualquier persona que no conociera a Asami Sato podría pensar que era la típica niña bien, una pija del montón que se dedicaba a vivir del cuento y del dinero de su padre, sin embargo una sola conversación con ella era suficiente como para echar por tierra cualquier prejuicio. No sólo era educada y encantadora sino que tenía una mente ágil y brillante y sus proyectos estaban haciendo ganar mucho dinero a la empresa de su padre y, por ende, la suya.
Se recogió el pelo mientras cogía una de sus herramientas de la estantería, estaba fabricando un prototipo para un nuevo dirigible que pensaba presentar a su padre en una semana. En un principio estaría destinado al transporte pero sabía que a la larga el modelo se aplicaría a otros usos… seguramente Amon se acabaría apropiando de esos planos y los usaría para los Igualitarios.
Aquello no le molestaba en absoluto, quería servir a los Igualitarios pero sentía que algunos de ellos se estaban radicalizando en extremo, alguna vez compartió sus temores con su padre pero él no hacía más que quitarle importancia.
``Son normales las dudas en ocasiones, hija; pero debemos mantenernos fuertes. Pronto Amon nos revelará sus planes y volverás a verlo todo claro´´ le había dicho su padre, pero ella no estaba de acuerdo.
No tenía dudas, apoyaba el movimiento Igualitario y creía fervientemente en la búsqueda de la igualdad entre maestros y aquellos que no poseían ese don, pero no todos parecían comprender su visión. Ella perseguía el fin de la opresión por parte de aquellos a los que se les había dado el control de los elementos, que nadie tuviera que volver a sufrir en sus manos por emplear un poder inconmensurable de forma tan imprudente; pero de ahí a clamar una constante venganza y la erradicación de los maestros había un gran trecho.
Sabía de muchos de los partícipes del movimiento que habían comenzado a actuar por su propia voluntad, muchas veces algunos de los trabajadores de la fábrica habían hablado de algunos maestros elementales que habían sido asaltados cuando volvían a su casa por un grupo de enmascarados, la historia se repetía: les rodeaban, les bloqueaban el chi y tras golpearlos durante un rato se iban. No sabía qué opinar de aquellas actuaciones, hasta qué punto era correcta aquella radicalización por parte de sus compañeros. No creía que obedecieran órdenes directas puesto que el propio Amon no se expondría tan deliberadamente a que la gente les pudiera rechazar de aquella manera de modo que algo más gordo de lo que ella suponía debía ocurrir en las filas de los Igualitarios.
Se secó el sudor de la frente mientras miraba el reloj, se había hecho indecentemente tarde, pero estaba acostumbrada a trabajar a altas horas de la noche, le ayudaba a mantener la mente ocupada y los últimos días no había podido pegar ojo.
Decidió parar por aquella noche cuando tuvo que empezar a pelear para que sus ojos no se cerraran a causa del cansancio y recogió las herramientas que había utilizado, cogiendo el prototipo antes de llevárselo consigo.
Recorrió los pasillos de la mansión como una sombra, su habitación estaba considerablemente lejos de la de su padre por lo que sabía que por mucho ruido que hiciera no conseguiría despertarlo de su sueño. Entró en la enorme habitación y se desnudó casi por completo, tirándose en la cama de cualquier manera y estirándose cuan larga era pensando en que daría lo que fuera por recibir un buen masaje en la espalda.
Últimamente no hacía nada más que trabajar y no recordaba la última vez que se había tomado una tarde para sí misma, relajarse y tomarse la libertad de perder el tiempo como a ella se le antojara. No era fácil mantener esa especie de doble vida: empresaria de día y rebelde de noche; empezaba a pasarle factura y le dolía hasta el último de sus músculos. Entrenaba cuando acababa de trabajar en la empresa y nada más volver a su casa seguía trabajando, necesitaba unas pequeñas vacaciones de ser la complicada Asami Sato.
Se obligó a lavarse las manos y la cara antes de caer profundamente dormida en su enorme cama, el día siguiente iba a ser importante.
Durmió hasta las 8 de la mañana y tras una ducha y un frugal desayuno salió de la mansión para dirigirse a las oficinas de Industrias Futuro en su Satomobile reluciente. Llegó de las primeras, como todos los días y se encerró en su despacho esperando que el tiempo pasara con la mayor rapidez posible mientras arreglaba pilas interminables de papeleo, puro trámite pero que necesitaban de su firma oficial, al fin y al cabo era una de las altas directivas de la empresa.
Se quedó más tiempo del necesario en la oficina y cuando dieron las 7 salió a toda la velocidad para asistir a un compromiso que le era mucho más urgente.
Tras recorrer varias calles de la ciudad llegó ante un edificio que parecía estar abandonado y se cambió en el interior del coche al atuendo que solía emplear cuando se reunía con los Igualitarios agradeciendo que el automóvil contara con cristales tintados que impidieran ver el interior del mismo.
Aunque muchos de ellos no tenían problema con revelar su identidad, algunas personas como la propia Asami valoraban su anonimato dentro de las filas de Amon a pesar de que muchos de los dirigentes conocieran su identidad. Normalmente la morena solía usar el casco que formaba parte del uniforme, quería mantener su identidad en el anonimato, al fin y al cabo era una persona muy importante en la dirección de Ciudad República y no podía verse envuelta en escándalos ni arriesgarse a ser expuesta por algún traidor de los Igualitarios pese a la índole de la reunión a la cual iba a asistir. Se recogió el cabello y se tapó por completo la cara antes de entrar al edificio.
Aquella noche algunos de los allegados de Amon habían sido convocados para la asignación de nuevas misiones. Esperaba que volviera a tocarle encargarse de las bandas callejeras de maestros, nada le daba más satisfacción que detener a aquella panda de indeseables.
Los pasillos del edificio estaban débilmente iluminados pero por suerte ella conocía el camino. Llegó hasta una sala donde esperaban varias personas uniformadas de la misma manera a excepción de algunos detalles en el traje que eran indicativos del cargo de importancia que ostentaban dentro de las filas de Amon; todas esperando en silencio. Le saludaron con la cabeza cuando llegó y ella se situó junto a uno de ellos.
Amon no tardó en llegar, acompañado siempre por su segundo al mando, un hombre al que todos llamaban el Teniente.
-Buenas noches, damas y caballeros, es un honor volver a contar con vosotros una vez más.-dijo a modo de saludo.
Amon era un hombre misterioso, siempre con el rostro cubierto por una máscara al parecer para ocultar las cicatrices que le quedaron tras sufrir el ataque por parte de unos maestros del fuego. Era alto y con la voz grave pero nadie sabía nada más acerca de su aspecto físico o de su pasado, era un hombre reservado aunque… todos lo eran en las filas de los Igualitarios.
-Como muchos sabréis nuestro gran momento se acerca, pero aún nos queda camino por recorrer y es aquí donde entráis aquí vosotros.-continuó Amon.-Una vez más asignaré diferentes misiones a cada uno de vosotros, contaréis con un equipo cuando llegue el momento. Estas semanas serán decisivas, hemos hecho un gran trabajo manteniendo a raya algunas bandas criminales de la ciudad, algo que ni si quiera la eficiente policía ha conseguido… No hace falta que hable acerca de la corrupción que impera en dicha institución, ¿verdad?
Hubo un murmullo en la sala, todos estaban de acuerdo en eso. Sabían de muchos miembros de la policía que hacían la vista gorda a muchas bandas y habían iniciado también una especie de cruzada contra los corruptos, los únicos que se salvaban eran los que estaban al cargo de la jefa de policía Lin Beifong, un titán de hierro tanto en disciplina como en pelea. Asami la había conocido en algunas de las fiestas de gala de la ciudad y aquella le parecía la mujer más inquebrantable del mundo, no podía evitar pensar que ojalá todo el cuerpo de policía fuera tan diligente como ella.
Movió la cabeza al darse cuenta que se estaba perdiendo parte de la conversación:
-… bandas como la Triple Amenaza han vuelto a salir de su escondite después de que les aplastásemos hace meses, pero esta vez parece que no piensan en las consecuencias. Roban comercios, atracan a la gente y sabemos que vuelven a rondar la Arena de pro-control.
-Lo que faltaba, que encima alimentaran esa despreciable práctica.-escupió uno de los presentes con odio en su voz.
Asami le miró sin decir nada pero no estaba de acuerdo, el pro-Control no solo había acabado siendo un deporte competitivo en toda regla sino que sabía de varias personas que habían conseguido huir de una vida de miseria en las calles gracias a eso… si bien es cierto que como todo deporte, no iba a estar exento de apuestas ilegales y extorsión a los participantes y había que acabar con ello a toda costa. Además había presenciado algunos combates y le habían parecido sumamente interesantes, pero prefería que eso no lo supiera ninguno de los que allí se encontraba.
Amon asintió ante la interrupción de su recluta antes de continuar.
-Ya que no nos hicieron caso una primera vez, tal vez debamos ser más duros esta vez. Voy a encargaros varias misiones de reconocimiento en las calles y por supuesto para ir encargándoos tanto de esta banda como de otros. Un par de vosotros, sin embargo tendrán que salir de la ciudad, hay otros asuntos que resolver pero son de índole más confidencial. Encontraréis los detalles de vuestras misiones en la sala contigua, datos, medios, planos… todo lo que necesitéis. Como siempre, buena suerte.
Amon se retiró a una de las salas adyacentes y les hizo entrar uno a uno, si bien respetaba que los miembros de los igualitarios quisieran mantener el anonimato entre ellos, él era el único que debía conocer la identidad de sus componentes en todo momento. Cuando Asami entró, cerró la puerta tras de sí y se quitó el casco, haciendo un saludo militar al hombre que se erguía ante ella.
-Ah, buenas noches, señorita Sato, siempre es un placer verla. ¿Cómo está su padre?-le saludó con voz taimada.
Asami sabía de sobra que parte de la galantería era fingida, a Amon le interesaba mantener a la familia Sato contenta si no quería que les retirara todo el apoyo tecnológico que les habían brindado en los últimos años. Por suerte a Asami también le habían enseñado a tener una cierta dosis de hipocresía en determinadas ocasiones.
-Confío que a estas horas esté dando buena cuenta de su cena, se la merece al fin y al cabo.
-Desde luego, es la recompensa por un trabajo bien hecho.
La morena sólo asintió esperando a que Amon le diera las pertinentes instrucciones.
-Respecto a la misión que te asignaremos en esta ocasión creo que te va a gustar: te unirás a otros compañeros para intentar localizar a los componentes de varias triadas… entre ellos componentes del Agni Kai.
Asami abrió mucho los ojos, sabía que Amon no lo había dicho a la ligera. Cerró con fuerza uno de sus puños intentando mostrar serenidad en su cara, no debía dejarse dominar por la ira.
Cuando ella tenía 6 años una noche despertó sobresaltada por unos ruidos que escuchó escaleras abajo, unos indeseables habían entrado a robar en su casa. Sus padres bajaron en seguida y ella un poco después muerta de miedo al escuchar los gritos de su padre. En algún momento los ladrones se habían puesto nerviosos y habían empezado a atacar sin orden ni concierto. Lo único de lo que Asami fue consciente aquella noche era del llanto de su padre mientras sostenía en brazos el cuerpo inerte de su madre. Los ladrones no eran otros que miembros de la tríada de los Agni Kai, compuesta únicamente por maestros del fuego.
Aquella fatídica noche fue el detonante para una larga temporada en la que su padre entró en depresión, urdiendo en silencio un plan de venganza que jamás pensó en llevar a cabo hasta que conociera a Amon, viendo posible vengar a su fallecida esposa. Aunque los deseos de venganza para su madre eran tan fuertes en Asami como lo eran en su padre no había desarrollado aquel odio visceral hacia cualquier forma de control de los elementos como lo sentía él, lo cual no era impedimento para haberse alistado en las filas de los igualitarios.
Aquella misión le serviría en cierto modo para hacer justicia en nombre de su madre aunque no sería suficiente hasta acabar con la tiranía de las bandas que se creían dueñas de la ciudad.
-¿Tenemos algún punto de partida para encontrarlos?-dijo Asami tras sobreponerse.
-No direcciones sino lugares que suelen frecuentar, deberían ser suficientes por el momento. La primera fase de la misión será observarlos atentamente, aprender sus movimientos y sus actuaciones habituales; una vez hecho podréis entrar a la acción. Hay que enviar un mensaje como sea, esta ciudad no les pertenece, los maestros no tendrán cabida aquí.
Amon le tendió una carpeta con papeles y Asami la miró titubeante.
-¿Ocurre algo, señorita Sato?-preguntó él al observar la sombra de la duda en Asami.
-Es sólo… cuando hablamos de eliminar a los maestros elementales, ¿realmente nos referimos a todos ellos?
Escuchó una corta risa provenir de detrás de la máscara y observó a Amon impasible.
-El control de los elementos es un error de la naturaleza, una impureza que debe corregirse. Es un don que les ha hecho creerse por encima de nosotros, creen que les ha dado derecho para actuar como les convenga, aplastándonos en el proceso.
-¿Pero qué hay de todos aquellos que no lo han hecho?
-Podrían hacerlo en cualquier momento, tienen esa ventaja respecto a cualquiera de nosotros. No solo nos desprecian como si fuésemos inferiores, nos arrastran en sus guerras, nos pisotean como les viene en gana. No se perderá nada si acabamos con los maestros elementales.
Asami seguía sin estar convencida, pero se guardó sus dudas. No le convenía parecer una traidora a la causa y menos aún perder la confianza de Amon; de modo que asintió con la cabeza, cogiendo los papeles con decisión antes de volver a colocarse el casco para cubrir su rostro.
-No fallaré.
-No me cabe la menor duda. Buenas noches, señorita Sato.-dijo Amon mientras Asami se daba la vuelta para irse.
La fase de espionaje comenzó al día siguiente de la reunión y continuó llevándose a cabo en las cuatro siguientes semanas. Su equipo estaba formado por poca gente, los justos como para moverse sin llamar demasiado la atención.
De momento no habían hecho más que seguir a algunos de ellos y poco a poco iban ampliando el círculo de personas a las que investigar, haciéndose más o menos a la idea del organigrama que existía dentro de cada tríada.
Vigilaban atentamente los lugares de reunión y observaron durante días sus operaciones delictivas desde las sombras aunque por el momento y para desgracia para Asami, únicamente habían espiado a los miembros de la Triple Amenaza pero cada día pensaba para sí misma que estaban más cerca de comenzar a detener a aquellos desgraciados. La Triple Amenaza era tan solo la punta del iceberg, pronto podrían atacar a todas las tríadas y cuando lo hicieran, los habitantes de Ciudad República les recibirían con los brazos abiertos.
Una de las noches se encontraba ella con tres reclutas observando uno de los edificios clave cuando detectaron más movimiento del habitual. Normalmente cada semana solían reunirse ahí una veintena de dirigentes allí, sin embargo aquella vez estaban llegando muchas más personas de las que habrían esperado.
-¿Qué hacemos, jefa?-le dijo uno de sus hombres.
-De momento esperar sin ser detectados, no sabemos lo que pueden estar tramando.-respondió ella observándolos con unos prismáticos con visión nocturna.- Cuando se encuentren todos en el interior del edificio haremos un perímetro de reconocimiento, no recuerdo haber visto a muchos de estos, tal vez sean gente que normalmente tengan encubierta. Debemos ser cautos, puede que esta noche avancemos mucho más de lo que hemos hecho estos días.
Cuando todos los mafiosos entraron al edificio, Asami y su equipo esperaron un tiempo prudencial antes de abandonar su escondrijo y moverse al amparo de la noche.
Reconocieron los automóviles de algunos de ellos, los asiduos a aquel lugar y aquellos a los que ya tenían más que investigados; sin embargo los que más les interesaban eran aquellos que no conocían.
Una vez hubieron terminado con aquella inspección se aproximaron a los laterales del edificio y lanzaron a lo alto una especie de cuerdas metálicas que se engancharon a la azotea del lugar. Se anudaron las cuerdas al cinturón del uniforme y comenzaron a trepar hacia el único piso en el que había luz. Observar directamente la reunión era imprudente pero cada día colocaban equipos especiales de escucha intentado averiguar qué tramaba aquella panda de indeseables.
Estaban a punto de encender el equipo cuando una voz proveniente del interior les llamó la atención.
-¡Eh, nos están vigilando!-vociferó un hombre.
Asami giró la cabeza y vio con horror abrirse una de las ventanas y como una figura agarraba a uno de los reclutas, intentando meterlo hacia el interior. El recluta, llevado por el pánico se soltó de la cornisa y se precipitó al vacío.
-¡No!-gritó Asami sin pensar un segundo.
En sus uniformes contaban con unas tiras metálicas retráctiles que salían directamente de las mangas del traje y que les podían servir para engancharse a distintos lugares. Asami lanzó una que se enrolló en torno a la cintura del pobre chico y paró su caída con una fuerte sacudida que amenazó con dislocarle el hombro. Balanceó al chico hasta que pudo agarrarse a una nueva superficie y sólo entonces fue consciente de que acababa de revelar su situación.
-¡Cogedles!-gritó el mismo hombre de antes.
No hizo falta que Asami diera la orden de retirada, todos comenzaron el descenso a una velocidad vertiginosa y cuando tocaron el suelo se dispusieron a huir. Por desgracia los de la tríada también se habían dado prisa para perseguirlos puesto que una llamarada pasó rozando el costado de Asami.
Los cuatro igualitarios se prepararon para defenderse con la esperanza de poder huir en cuanto les fuera posible. Antes de que bajaran todos los que habían asistido a esa reunión se apresuraron a plantar cara a los más rápidos, consiguiendo inutilizar su control de los elementos bloqueando su flujo de chi. Consiguieron librarse de unos cuantos antes de que la situación se volviera realmente peligrosa.
Asami luchaba codo con codo junto a sus compañeros cuando comenzaron a rodearles. Ellos buscaron una apertura para huir y la encontraron antes de que fuera demasiado tarde.
Mientras corrían a la desesperada por las calles de la ciudad, los de la tríada les perseguían incansablemente empleando su poder contra ellos. Asami les guiaba ya que sabía perfectamente el trazado de las calles de la ciudad y estaban a punto de despistarlos cuando se le ocurrió mirar tras de sí, observando como una gigantesca llamarada se aproximaba a su compañero.
Le placó apartándole de la trayectoria del fuego, recibiendo ella parte del impacto y rodando por el suelo un par de metros. Desde el suelo notó un intenso dolor en el hombro izquierdo y en una de sus piernas, le costó un esfuerzo hercúleo ponerse en pie y se maldijo a sí misma, no sabía cómo salir de esta.
Antes de pensar en un plan siquiera, uno de sus compañeros se acercó a ella y le hizo pasar uno de sus brazos sobre los hombros, ayudándole a huir. Por suerte uno de ellos ya había pensado en la forma de escapar y les esperaba más adelante: había abierto una de las tapas metálicas de las alcantarillas y les hacía señas para acercarse.
Juntos entraron en el sistema de alcantarillado de la ciudad y aparentemente eso pareció despistar a sus perseguidores puesto que escucharon los automóviles alejarse por las calles. Por primera vez el grupo pudo tomarse un pequeño descanso y el recluta que había cargado con Asami le tendió la mano.
-Te debo la vida, jefa, de no ser por ti ese lunático me hubiera achicharrado vivo.-le dijo con voz seria.
Asami le estrechó la mano sin titubear.
-No hay de qué, el equipo está para que cuidemos los unos de los otros. Salgamos de aquí, no ha sido nuestra mejor noche.
Los demás asintieron y regresaron al cuartel general de los Igualitarios a informar de lo sucedido.
Llegó a su casa de madrugada, dolorida y con el uniforme de los igualitarios aún puesto. El traje se había chamuscado en algunos puntos pero sabía que las lesiones no se debían al fuego sino a la aparatosa caída y al incidente en el edificio. Se dirigió a su habitación pero por el camino escuchó una voz que le hizo pararse en el pasillo.
-Has llegado demasiado tarde, me temía lo peor.
Asami se giró encontrándose con un hombre de mediana edad, su pelo era canoso y su cara afable, adornada con un prominente bigote. La chica le dirigió una sonrisa cansada mientras se encogía de hombros.
-Ya sabes cómo somos las chicas de hoy en día, salimos hasta muy tarde para disfrutar de las fiestas nocturnas.
Una sonrisa se dibujó en los labios del hombre y Asami se dirigió cojeando hasta él para darle un abrazo. El hombre la estrechó entre sus brazos de buena gana.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Te han herido?
Asami se miró la pierna y se encogió de hombros.
-Fue para salvar a uno de mis compañeros, mereció la pena.
Su padre le miró con expresión preocupada.
-Debes tener cuidado, hija; no quiero que nada malo te ocurra. Eres todo lo que me queda desde que tu madre nos fue arrebatada.
La chica le besó la mejilla.
-No te preocupes, esto en dos días se habrá curado.
-Llevas varias semanas trabajando duramente, deberías tomarte un descanso. Estoy seguro que Amon te lo concederá después de esta lesión.
Asami meditó en silencio, la verdad es que hasta la semana que viene no tendría que volver a salir de expedición nocturna y en la empresa había estado haciendo horas extra…
-¿Estás seguro de que la empresa no se te caerá encima si no estoy?-le preguntó a su padre con una sonrisa maliciosa.
-Oye, jovencita, que llevo dirigiendo esa empresa desde antes de que te quitara los pañales.-le regañó el hombre con una sonrisa.-Tómate unas pequeñas vacaciones… por mí al menos.
Asami sonrió y asintió con la cabeza.
-Por ti lo que sea.
Su padre le dio un beso en la frente antes de desearle buenas noches y alejarse por el pasillo en dirección contraria de la habitación de Asami.
Cuando la chica llegó a su habitación se quitó el maltrecho uniforme y se examinó las zonas doloridas detenidamente. Por suerte no había quedado ninguna herida, el dolor era puramente muscular pero el que más le preocupaba era el del hombro derecho. Le costaba moverlo con normalidad y notaba un espantoso crujido cuando intentaba rotarlo sobre la articulación, probablemente alguna distensión o algo por el estilo.
Se echó con cuidado sobre el colchón y pensó que unos días de descanso era justo lo que necesitaba, tal vez debería acercarse a algún doctor, pero aquello supondría una serie de incómodas preguntas a las que no le apetecía demasiado responder.
Se durmió sin apenas proponérselo y se levantó mucho más tarde de lo que acostumbraba, pero se sentía mucho más descansada de lo que había estado en meses. Se desperezó en la cama y en seguida lo lamentó puesto que el dolor en el hombro derecho volvió de improviso, sin embargo la pierna estaba en perfectas condiciones por lo que nada le impediría darse una vuelta por la ciudad, tal vez incluso podría pasarse por el centro comercial.
Desayunó con toda la calma del mundo y tras coger su coche se dirigió a la zona comercial de Ciudad República. Pasó toda la mañana yendo de tienda en tienda y es que pese a su doble vida, tenía derecho a ser vanidosa con su imagen. Comió allí y tras dejar sus compras en el coche, decidió dar un pequeño paseo.
Ciudad República había ido cambiando con el paso de los años, se había ampliado su trazado en varias ocasiones, especialmente tras la misteriosa aparición de las enredaderas en la cara norte de la ciudad. Nadie sabía de dónde habían salido ni por qué, aunque había escuchado decir que se debía a la Convergencia Armónica que había tenido lugar hacía cosa de dos años pero no sabía muy bien de qué se trataba… Tal vez debiera preguntarle al maestro Tenzin. Era el descendiente del anterior avatar, Aang y uno de los pocos que poseían el aire control de nacimiento, además de sus hijos; aunque no eran los únicos maestros del viento, desde que aparecieron las enredaderas también se reportaron casos de personas que de la noche a la mañana podían controlar el viento. Aquello resultaba de sumo interés a Asami, pero no sabía cómo enterarse de más al respecto al igual que le gustaría saber qué habría sido del nuevo Avatar. Había estudiado por su cuenta el ciclo de las reencarnaciones pero no sabía por qué aún no se había encontrado al sucesor de Aang, tal vez si apareciera podría traer un poco de equilibrio a aquella ciudad…
Tan sumida en sus pensamientos como estaba no fue consciente de la enorme sombra que se dirigía a ella a toda velocidad, sólo sintió una ráfaga de viento pasar a su lado y un fuerte impacto lateral que la desestabilizó, haciendo que trastabillara. Notó un chasquido en el talón antes de sentir como se caía, cerrando los ojos; sin embargo nunca llegó a sentir el suelo.
Sintió cómo un par de brazos la cogían en vilo, manteniéndola lejos del suelo, y abrió los ojos para encontrarse con unos ojos azules que brillaban en una cara de piel morena.
-¿Estás bien?-le dijo una grave voz femenina.
Asami tragó saliva mientras asentía con la cabeza.
-Siento el golpe, has debido llevarte un buen susto.-le dijo la recién llegada poniéndole de nuevo en el suelo.
Ante Asami se encontraba una chica de su edad aproximadamente, fuerte y de piel bronceada ataviada con ropas de la Tribu del Agua. En su cara se marcaban algunas cicatrices que le conferían un aire misterioso aunque no le restaban ningún atractivo y su pelo era corto y afeitado a los lados. Se regañó mentalmente por su descortesía.
-No te preocupes, no ha sido nada aunque gracias por salvarme.-le dijo Asami con una sonrisa antes de tenderle la mano.- Me llamo Asami.
La chica de piel morena esbozó una media sonrisa y le estrechó la mano con firmeza.
-Soy Korra.
No quería aclararlo al principio del capítulo para mantener interés hasta el final, si alguno viene de leer el one-shot se le hará raro que Asami no reconozca a Korra, pero me he tomado alguna licencia literaria: se encontraron hace tres años y Asami no la ha reconocido todavía.
