Bueno, pues se acabaron las vacaciones para mí, vuelta al curso y todo eso así que para animar a los que estéis en mi misma situación he decidido subir nuevo capítulo a ver si se hace un poquito más llevadero.

Me encanta que os vaya gustando, mil gracias por todos los comentarios. Ya sabéis que cualquier comentario o sugerencia son bienvenidos y se agradecen enormemente.


Echó un vistazo al reloj, aún tenía tiempo de sobra para poder arreglarse antes de ir a la cena. Se observó en el espejo mientras se ponía un vestido rojo oscuro sin mangas y sin excesivo escote ya que el propio vestido se cerraba a la altura del cuello, se peinó y se puso un poco de maquillaje entre el que incluyó un carmín de labios rojo que le encantaba.

No sabía si considerar aquella noche como una cita, la verdad es que se encontraba un tanto confusa respecto a aquella chica. Había soñado con ella la noche anterior, tenía la incesante sensación de que no era la primera vez que se veían, pero podría equivocarse. Lo único que tenía claro era que había algo sumamente atrayente en ella y se moría por averiguar qué y quién era, qué pensamientos escondían aquellos profundos ojos azules que parecían leer el alma de todo aquel que miraran.

Escuchó unos golpes en la puerta y su padre asomó la cabeza a la habitación.

-No sabía si seguías en casa, Asami.

La chica se giró sin moverse del sitio y sonrió a su padre, que entró y se acercó a ella.

-No me espera hasta dentro de una hora.

-Tu acompañante debe ser afortunado para que te hayas puesto tan guapa.-le besó la mejilla.- ¿Puedo preguntar quién es él?

-Ella, papá.-le corrigió despreocupadamente.

-Bueno, perdóneme usted, ¿quién es ella?

Asami sonrió para sí misma, agradecía la naturalidad de su padre respecto a aquel tema. Desde que era bien pequeña había tenido claro que pese a que encontraba a los chicos atractivos, se quedaba mirando con más frecuencia a las chicas y cuando se lo contó a su padre él únicamente respondió que no podía culparla, que las mujeres eran el único vicio sano que existía. Ciudad República era un sitio de mentalidad abierta y nadie solía mirar mal si veían a dos personas del mismo sexo juntas.

-En fin, vengo a despedirme antes de coger el tren.

Su padre debía irse a Ba Sing Sei durante un par de semanas, desde que cayó el imperio de la Reina de Tierra y se había ido implementando progresivamente una república, la nación estaba sumida en un caos por el intento de volver a la normalidad y entre esa normalidad se encontraban los acuerdos comerciales. Industrias Futuro habían sido de los primeros en ofrecer ayuda para la reconstrucción y remodelación de las ciudades, su padre debía ir a supervisar los distintos proyectos y ya de paso firmar más acuerdos comerciales con ellos.

-Ten cuidado y avísame si hay algún problema.-le dijo ella dándole un abrazo.

-Nos vemos a la vuelta, Asami. Pásalo bien esta noche, pero no demasiado.

Su padre le guiñó un ojo antes de salir de la habitación.

Centró su atención a la imagen que le devolvía el espejo y se dio un último vistazo antes de salir de la mansión con la intención de pasárselo lo mejor posible.

Llegó al restaurante con diez minutos de margen, no quería ser descortés y hacer esperar a la gente con la que había quedado. En la recepción del restaurante dio su nombre y un camarero de mediana edad le guio hasta su mesa y desapareció después de servir a Asami una copa de vino.

Mientras esperaba observó el lugar, estaba decorado con gusto y tenía un aire de distinción innegable, las mesas estaban un poco aisladas entre sí para dar intimidad a los comensales y la luz tenue y la música suave que sonaba daba al ambiente un toque íntimo.

Cinco minutos después de haberse sentado llegó el mismo camarero seguido por una figura trajeada que se movía silenciosamente. Sonrió mientras llegaban hasta su mesa y se levantó para saludar.

-He de decir que los trajes te quedan bastante bien.-le dijo a modo de saludo.

-Tampoco puede decirse que lo que lleves sea poco favorecedor.-respondió ella.

No sabía si era apropiado darle la mano o dos besos, por fortuna para ella Korra deshizo el dilema tomando una de sus manos y besando el dorso, lo cual provocó que la morena se sonrojara. Korra hizo un gesto con la mano, invitándola a sentarse mientras ella lo hacía.

-Tengo que confesar que me ha extrañado que hubiera un sastre esperándome a la entrada, dijiste que te encargarías de todo pero esto parece excesivo…-dijo Korra señalando sus ropas.

Le habían vestido con un traje negro y una camisa blanca, probablemente habían decidido prescindir de una corbata y la camisa estaba abierta hasta el tercer botón dejando ver una porción de su piel morena por debajo contrastando con la blancura de la camisa. Suponía que se decantaría por un traje en vez de vestido y había prescindido de cualquier maquillaje aunque parecía haber puesto atención al peinarse, en conjunto todo le sentaba bastante bien.

Les trajeron la carta y Korra la estudió en silencio un minuto antes de cerrarla y dejarla en la mesa antes de mirar a Asami.

-No sé qué son la mayor parte de los platos. Pide por mí mejor, yo me fío de ti.

Asami sonrió.

-Muy bien, creo que sé qué puede gustarte.

La morena pidió un par de platos y un entrante a compartir y mientras esperaban a que trajeran la comida comenzaron a hablar.

-De modo que eres nueva en la ciudad.

Korra asintió mientras daba un sorbo a su copa.

-Llegué hace unas semanas aquí.

-Me dijiste que eras de la Tribu del Sur, ¿a qué te dedicabas?

-Bueno, un poco a todo, ayudaba en las pesqueras, en algunas cacerías, ya sabes, lo normal en el Polo Sur.

-No he estado nunca, ¿es bonito?

-Sí, no es tan impresionante como la gran ciudad desde luego, pero tiene su encanto. Pero no hablemos de mí, no es una historia ni remotamente interesante. Hábleme de usted, señorita Sato.

Asami enarcó una ceja, sorprendida de que Korra hubiera averiguado su apellido tan pronto.

-Veo que has hecho tus deberes y sabes quién soy.

Korra se encogió de hombros con una sonrisa de medio lado.

-Te he visto en algún periódico, es lo que tiene ser famosa en la ciudad.

Ella se rio mientras sacudía la cabeza.

-Tampoco hay demasiado que contar, he vivido siempre en ciudad República aunque no siempre hemos tenido tanto dinero, antes vivíamos en un barrio más humilde hasta que mi padre hizo fortuna con su empresa y nos mudamos a mi actual casa que es más grande de lo que nos gustaría admitir. Desde que era pequeña me había gustado observar trabajar a mi padre en su taller y cuando tuve edad suficiente comencé a ayudarle. Resultó que la mecánica se me daba bien y cuando terminé los estudios seguí trabajando para él como ingeniera en la empresa familiar y… bueno, realmente eso es todo. Al igual que tú, no hay mucho que contar.

-La verdad es que me parece bastante interesante.-le dijo sirviendo más vino a ambas copas.

-Ojalá, la vida de ejecutiva no es para nada excitante.

-Tus distracciones tendrás, ¿no?

''Si tú supieras…'' pensó para ella misma reprimiendo una sonrisa.

-Algunas, sí… entre ellas invitar a extranjeras a cenar.

Por primera vez la sombra de una sonrisa asomó en los labios de Korra.

-Tal vez alguna resulte peligrosa, ¿no crees?

-Me gustan los deportes de riesgo. Además me gusta tener fe en la gente, como tuviste tú con el niño ayer.

-No es una cuestión de fe, sé que no mentía.-dijo con firmeza.-La fe es una creencia ciega mientras que yo me guío por pruebas palpables.

-Vaya, ¿siempre estás tan segura de todo?

-Suelo estarlo.

Les trajeron la cena y ambas comenzaron a cenar. Asami le contaba algunas anécdotas de su infancia que Korra escuchaba con interés, aunque no era tan locuaz como la morena y no parecía tener demasiadas historias que contarle. Supuso que sería reservada sin embargo estaba segura que evitaba contarle cosas.

Consiguió que le contara cómo encontró a Naga en la tundra y lo mucho que le costó amaestrarla al principio.

-Puedes imaginarte, un animal del tamaño de un perro grande pero con más fuerza intentando darme la pata, yo tenía diez años y me tumbó más de una vez. Mis maestros no paraban de reírse de mí cuando la intentaba entrenar… imagina cómo fue la primera vez que la monté…-se señaló una pequeña cicatriz en la barbilla.

Asami se echó a reír imaginando una versión más pequeña y risueña de la chica que cenaba con ella, trotando sobre una Naga desbocada.

-Y yo que pensaba que tus cicatrices eran de peligrosas peleas en condiciones extremas.

-Eh, yo no he dicho lo contrario…

-¿Cómo te las hiciste? Tantas cicatrices seguro que guardan historias interesantes.

Korra se pasó una mano por el pelo, desordenándoselo sin ser consciente y haciendo que su aspecto se volviera un poco más rebelde.

-No recuerdo muy bien cómo me hice todas, muchas fueron de caza o por peleas ocasionales, esta de la ceja sin ir más lejos. ¿Por qué, te resultan desagradables?

-En absoluto, simplemente me preguntaba cómo te las habrían hecho, pero no te preocupes, te dan un toque misterioso que seguro que le encantan a tus conquistas.

Los hombros de Korra se sacudieron en una carcajada.

-Bueno, cada uno debe explotar su atractivo, ¿no crees?

-¿Y te funciona?

En sus labios bailó una sonrisa con un deje sugerente.

-Suele hacerlo.

-Seguro que caen rendidos a tus pies…

Dijo 'rendidos' a posta, quería asegurarse de los intereses de la chica de ojos azules, que pasó la yema del dedo índice por el borde de la copa.

-Ellos no lo sé, pero con ellas suele ser eficaz.

Bingo. Levantó la copa para brindar.

-Por tus encantos, pues.

Korra brindó con ella y bebió hasta vaciar su copa, Asami hizo lo mismo y se dio cuenta que tal vez estaba empezando a tomar demasiadas porque notaba un ligero mareo. Su acompañante por el contrario parecía ajena a cualquier efecto del alcohol, tal vez estuviera acostumbrada a beber, sería razonable que en los Polos bebieran para soportar el frío aunque se le ocurrían más cosas que podrían hacer para entrar en calor y…

Sacudió la cabeza avergonzándose de sus pensamientos y dijo lo primero que se le ocurrió:

-Y bueno, dime, ¿cómo te las has apañado estos días en la ciudad? Pareces muy enterada de todo lo que ocurre por aquí.

-La verdad es que no es mérito mío, conocí a un chico el primer día que llegué, Bolin; que parece haberse encariñado conmigo y la verdad es que me ha enseñado toda la ciudad, rumores incluidos.

-¿Rumores?

-Bueno, muchos maestros hablan de un grupo que opera en las sombras pero hay opiniones divididas acerca de ellos, Igualitarios se llaman. Según lo que he oído quieren que exista igualdad entre los maestros y los que no lo son, pero se oponen a los primeros.

En el cerebro de Asami sonó una señal de alarma.

-¿Ah, sí? ¿Cuáles?-preguntó con voz tranquila.

-Bueno, muchos están encantados porque están persiguiendo a gente de las Tríadas, sin embargo otros dicen haber oído que están en contra de los maestros elementales y la verdad es que están preocupados por si pudiera ocurrirles algo.

Korra hablaba con despreocupación del tema y Asami no pudo evitar preguntarse cuánto sabría respecto al tema.

-¿Y tú qué opinas?

-No lo sé, me gustaría saber qué pueden tener contra los maestros de control, ¿y tú?

-Yo… la verdad es que es la primera vez que oigo de ellos.-le mintió sin apenas pensarlo.-Pero tal vez no les guste cómo muchos maestros han tratado a los que no han nacido con ese don… Ya sabes: guerras entre naciones, escaramuzas en las que salen heridas personas…

-En esas guerras también se ven envueltos maestros que no las desearían, ¿qué hay de ellos?

-Muchos se pavonean de su poder y en ocasiones lo han utilizado para abusar de otros… me parece un motivo razonable.

-¿Y crees que esos son la mayoría?

-No lo sé, he conocido ambos extremos pero creo que entiendo las reservas de ese grupo hacia los maestros.

Korra asintió con la cabeza antes de ponerse en pie.

-Si me disculpas, tengo que ir al baño.-se excusó.

Se movió en silencio junto a ella antes de perderse de vista.

Asami fijó la vista en la mesa, de modo que Korra sabía de la existencia de los Igualitarios… eso quería decir que no eran tan anónimos como ellos pensaban, ¿debía avisar de ello a sus superiores? Si lo que Korra decía era verdad y los maestros estaban preocupados tal vez se habría filtrado información.

Respiró hondo para calmarse, no podían traicionarle los nervios ahora.

Un par de minutos después regresó Korra del baño y ella le dedicó una sonrisa mientras la chica se sentaba.

-¿Vas a querer tomar postre?

-Pues… no lo sé, creo que sería abusar demasiado de tu amabilidad.-respondió Korra con simpleza.

-No es abusar si lo compartes conmigo.

-Yo me dejo en tus manos.

Asami llamó a un camarero que les trajo una mousse pasados unos minutos que ambas compartieron.

Cuando les trajeron la cuenta Asami la pagó inmediatamente sin dejar que Korra viera el precio en ningún momento, lo cual provocó que protestara pero la morena le hizo callar diciendo que había prometido invitarla. Se pusieron en pie para irse cuando un cliente se levantó a toda prisa y pasó a su lado, haciendo trastabillar a un camarero que llevaba en la mano una botella de vino. El camarero chocó contra Asami derramando parte del líquido rojizo en el vestido de la chica.

-Lo siento muchísimo, señorita, le pido mil disculpas.-dijo el camarero, que había palidecido mortalmente mientras intentaba limpiar el estropicio.

Asami miró la enorme mancha morada que se había formado en su vestido y durante una fracción de segundo se enfadó con él, sin embargo era una persona razonable y sabía que no había sido culpa suya.

-No se preocupe, sólo es un poco de vino, saldrá en seguida.-le dijo en tono tranquilizador.

-Lo lamento enormemente, de veras…-el pobre hombre parecía al borde de una crisis nerviosa.

-No hay problema, en serio, si me disculpa…

Se dirigió hacia la salida seguida por Korra y una vez fuera aspiró hondo el aire de la noche.

-Supongo que después de esto se ha acabado la noche…-dijo Korra a sus espaldas.

Asami se giró y vio a la chica mirando la Luna sobre sus cabezas, le parecía que su voz había sonado un poco decepcionada.

-No tiene por qué, únicamente tengo que cambiarme el vestido, ¿o es que quieres librarte de mí tan rápido?

Korra sonrió de medio lado antes de mirarla.

-Yo no he dicho eso, pero me alegro de oír esas palabras. Puedo esperarte aquí mientras vas a tu casa a cambiarte.

-No digas tonterías, acompáñame a mi casa.

-No quiero molestar a tu familia, no creo que les guste verme deambulando por tu casa.

-Por eso no te preocupes, estaré sola durante al menos un par de semanas.

La otra chica enarcó una ceja.

-¿No vas un poco rápido?

-No te lo tengas tan creído, aún no has hecho suficientes méritos.

Asami se dio la vuelta y echó a andar hacia el elegante Satomobile que había llevado aquella noche, era un modelo descapotable de la gama de lujo de la empresa aunque con el motor retocado por ella. Korra se subió con infinito cuidado al automóvil antes de que Asami arrancase el motor para cruzar la ciudad a toda velocidad.

Aparcaron frente a la mansión Sato unos minutos después y Korra le siguió diligentemente hacia el recibidor. La casa estaba completamente a oscuras cuando entraron, cuando Asami encendió las luces escuchó un silbido a sus espaldas y la chica se giró para ver a Korra mirándolo todo con atención.

-¿Ocurre algo?

-No, no. Es que creo que es la casa más grande que he visto en toda mi vida y no sólo la casa sino todo el terreno, ¿vivís aquí solos tu familia y tú?

-Lo hacíamos, ahora sólo estamos mi padre y yo…-dijo con un nudo en la garganta.

Korra pareció entenderla y no quiso sacarle más al respecto. Asami carraspeó antes de volver a hablar.

-Bueno, sígueme, te llevaré a la sala de estar y espérame mientras me cambio.

La condujo hacia una espaciosa sala en la que se disponían varios cómodos sillones en torno a una mesita de caoba, era la estancia favorita de su padre y ahí solían recibir a casi todas sus visitas. Le dijo a Korra que se pusiera cómoda antes de darse la vuelta para irse, sin embargo la chica no había salido de la sala cuando volvió a escuchar la voz de Korra.

-Asami, sé que intentas disimularlo pero es evidente que cojeas.

La morena se dio la vuelta para encontrarse con Korra cruzada de brazos.

-No es nada, me torcí el tobillo y ya está, no hace falta que te preocupes.

-Parece dolerte de verdad… me preguntaba si dejarías que te ayudara.

Le miró confusa, sin entender a qué se refería exactamente.

-¿Cómo?

-Tú sólo confía en mí, ¿vale?

-No pierdo nada…

-Bien, supongo que en esta casa tan grande tendrás una bañera o algo donde quepa mucha agua, ¿no?

Asami sonrió.

-Tengo algo mucho mejor.

Echó a andar sabiendo que la otra chica le seguiría, le guio hacia un patio interior en el que había una gran piscina.

-¿Esto te vale?-preguntó girándose hacia Korra mientras esbozaba una sonrisa.

-Es perfecto.

-Bueno, pues tú dirás, ¿vas a tirarme a la piscina a traición?

Korra le dedicó una leve sonrisa mientras señalaba una de las tumbonas que había en torno a la piscina.

-Voy a moverla más cerca del agua si no te importa, sólo necesito que te sientes y te relajes.

Asami observó cómo la chica arrastraba una tumbona hacia el borde y obedeció las indicaciones de Korra, que se quitó la americana negra y se remangó las mangas de la camisa, revelando unos antebrazos fuertes en los que destacaban algunas cicatrices aunque parecían antiguas y casi habían desaparecido. Korra se dirigió hacia los pies de Asami, situándose en el borde de la piscina antes de meter una mano en el agua y cerrar los ojos.

El agua de la piscina se iluminó con un resplandor azulado y Asami ahogó una exclamación de asombro cuando Korra comenzó a mover los brazos en una serie de fluidos movimientos que levantaron una pequeña cantidad de agua de la piscina. El agua quedó en suspensión girando en torno a los brazos de Korra, que abrió los ojos.

-Estira la pierna, por favor.-le dijo.

Asami le obedeció y vio cómo el agua comenzaba a rodear su tobillo sin parar de girar mientras Korra movía los brazos. Notó un cosquilleo allá donde le rodeaba el agua, seguido de un agradable calor y un pequeño chasquido.

No había pasado ni un minuto cuando la chica retiró el flujo de agua y Asami probó a mover de nuevo el tobillo, mirando atónita a Korra cuando no sintió rastro alguno de dolor en la articulación.

-No sabía que fueras una maestra de agua.-le dijo.

Korra se encogió de hombros.

-No lo había comentado… Como ves el control no siempre es una herramienta dañina para los demás.

Sabía perfectamente a qué se refería Korra aunque no dijo nada al respecto.

-¿Puedes curar con el agua cualquier lesión?

-Tiene sus límites, puedo sanar huesos rotos, heridas, lesiones musculares… pero por ejemplo no puedo curar lesiones internas aunque trabajo en ello. Si quieres que sane algo más sólo dímelo.

-La verdad es que mi hombro derecho ha vivido días mejores…

Korra asintió y se puso manos a la obra, esta vez tardó un poco más pero sintió que el dolor desaparecía por completo. Movió el brazo con total libertad y lanzó un suspiro de alivio.

-Tendrías que tener cuidado, son lesiones un tanto complicadas, toma más precaución.-le dijo Korra mientras devolvía el agua a la piscina, que dejó de brillar en el acto.

Asami se puso en pie y se acercó a Korra, que volvía a colocarse las mangas como estaban al principio. Depositó un beso en su mejilla y le dedicó una sonrisa cuando Korra le miró.

-No eres tan mala para ser una peligrosa extranjera.

Korra enarcó una ceja.

-Que te empeñes en decírtelo no quiere decir que sea verdad.

Asami se rio mientras negaba con la cabeza antes de volver a entrar en la casa para cambiarse de vestido, optando por uno negro con la espalda al descubierto esta vez. Al menos si le tiraban vino no se notaría.

Bajó hasta la sala de estar donde esperaba Korra, arreglada de nuevo; y ambas abandonaron la casa, subiendo de nuevo al Satomobile.

-Dime, Korra, ¿sabes bailar?-le dijo mientras conducía.

-Pues… no lo he probado nunca, la verdad.

-Esta noche vas a aprender, ya lo verás.

Llevó a la chica a unos bares situados en un distrito en el que la mayor parte de os residentes había pertenecido a la Nación del Fuego, sin embargo era la zona más popular entre la gente joven. Asami conocía un sitio en el que bailaban curiosas danzas que le habían atraído desde el primer momento en que las vio y la verdad es que aquella noche quería pasárselo bien con Korra.

Cuando llegaron al establecimiento les sirvieron un par de vasos de un fuerte licor que ambas terminaron de un trago antes de que Asami tomara de la mano a Korra para llevarla a la pista de baile en la que danzaban decenas de personas de todas las naciones. La morena le dio a la chica de ojos azules unas nociones básicas de aquella danza antes de que empezara a bailar con ella. Korra tardó en empezar a moverse, tal vez por adaptarse al ritmo de la música frenética; y cuando lo hizo siguió el ritmo de una Asami que se movía contra ella.

En un primer momento no había tenido intención de provocar a Korra, pero fueron acercándose a causa del baile y Asami sintió junto a ella el cuerpo de Korra mientras ella se movía, el alcohol que había ingerido hizo el resto causando que sus movimientos se hicieran más marcados y sugerentes. Era consciente de que varios ojos les observaban con curiosidad pero en aquel momento poco le importaba la gente que había a su alrededor.

La canción continuaba mientras Asami seguía inmersa en su propia danza, buscando de vez en cuando el cuerpo de Korra y cuando la música cesó miró fijamente aquel par de ojos azules pensando que estaban peligrosamente cerca… y que aquello no le importaba en absoluto. Sin embargo el ansiado contacto no se llegó a dar ya que una pareja que parecía haber bebido más que ella chocó contra Korra, arruinando aquel momento. Mientras el chico se disculpaba, Asami maldijo entre dientes y durante unos segundos se sintió avergonzada de aquel arrebato desinhibido fruto del alcohol, por lo que puso un paso de por medio entre Korra y ella.

La chica de ojos azules se volvió hacia ella mientras Asami recuperaba la compostura, estaba segura que Korra había bebido más que ella y sin embargo permanecía impasible.

-¿Y bien? ¿Qué te parece esto del baile?-le preguntó.

Korra se encogió de hombros.

-Es curioso, aunque no se me da tan bien como a ti.

Asami se rio mientras empezaba una nueva canción.

-Eso es porque no has practicado lo suficiente.

Una sonrisa bailó en los labios de Korra mientras comenzaban a bailar de nuevo, aunque esta vez a una distancia más prudencial para Asami.

Bailaron hasta bien entrada la noche y sólo pararon cuando los pies de Asami protestaron por el alto tacón con el que estaba bailando. Ambas salieron del establecimiento al fresco aire nocturno que Korra inspiró hondamente mientras paseaban hasta la calle donde Asami había aparcado.

-El aire comenzaba a estar cargado allí dentro, ¿no crees?-le comentó.

-Un poco, aunque hace un poco de frío esta noche.-respondió mientras un escalofrío le recorría.

Unos segundos después de hablar notó un peso en los hombros y como se deslizaba una prenda sobre su piel, se giró para ver a Korra caminando a su lado con las manos en los bolsillos llevando únicamente la camisa en la parte superior y sonrió mientras notaba el calor que emanaba de la chaqueta que la chica le había puesto. ``La caballerosidad no ha muerto, al fin y al cabo´´ pensó para sí misma.

Asami acercó a Korra hasta una de las calles cercanas al apartamento que poseía la chica, salieron del coche para despedirse y Asami se quitó la chaqueta tendiéndosela a Korra.

-Creo que esto es tuyo.-le dijo.

-Quédatela por esta noche, sigue haciendo frío y además así te aseguras una excusa para volver a verme.-le respondió Korra.

La morena le sonrió mientras se ponía de nuevo la prenda.

-Bueno, supongo que ahora sí que ha acabado la noche.

-Creo que sí.

Korra dio un paso al frente y la morena no pudo evitar sonrojarse intentando anticiparse a las intenciones de la otra chica. De nuevo no obtuvo el desenlace esperado ya que Korra tomó una de sus manos, besándola como había hecho al inicio de la noche.

-Buenas noches, señorita Sato. Espero recibir noticias tuyas pronto.-se despidió Korra.

La chica de ojos azules le dedicó una media sonrisa que Asami encontró francamente encantadora antes de darse la vuelta y perderse entre unas callejuelas demasiado pequeñas como para meter el coche.

-Buenas noches, Korra…-musitó Asami para ella misma con una sonrisa pintada en la cara, volviendo a meterse en su Satomobile.