Pues un nuevo capítulo, me gusta el ritmo que va tomando la historia y que os esté gustando tanto. Intentaré subir capítulo de forma medianamente regular aunque voy a tener un año tremendamente ocupado.

Lamento futuros retrasos a la hora de subir capítulo y como siempre gracias por los mensajes y comentarios.

Un saludo a todos, nos vemos pronto :)


-Yo creo que podrías unirte a algún equipo de Pro Control, lo harías bastante bien.

-No me veo formando parte de uno.

-Oh, sí, claro. Olvidaba que eres una loba solitaria.

Asami se rio a su costa y Korra no pudo evitar sonreírla. Era de noche y caminaban juntas por las calles de Ciudad República después de haber ido a ver uno de los combates que se celebraban en la Arena, Bolin le había conseguido buenas entradas y había decidido invitar a Asami aquella noche. Volvían tras haberse despedido de los hermanos, les había presentado a Asami debido a la insistencia de Bolin y tuvo que aguantar estoicamente la actitud zalamera de Mako hacia la morena, pero no dijo nada porque al fin y al cabo Asami y ella no eran nada… por desgracia.

Jamás había conocido a una chica como aquella que caminaba junto a ella con los brazos amarrados en torno al suyo. Era hermosa, increíblemente inteligente y tal vez demasiado buena, sin embargo para Korra tendría que ser a todos los efectos el enemigo. De haber sido otra persona, no habría dudado ni un solo segundo en perderse en aquel torbellino de pelo azabache y ojos esmeralda; sin embargo que fuera una Igualitaria no hacía más que complicarlo todo.

Otros miembros del Loto Rojo habían comenzado a interesarse por las constantes desapariciones de Korra pero ella siempre argumentaba que se encargaba de investigar al margen de ellos acercándose a una fuente prometedora, aquello no era del todo falso pero no pensaba utilizar a Asami con esos fines.

La verdad es que ya conocía a Asami de antes aunque en condiciones radicalmente opuestas, aún recordaba aquella noche hacía tres años en la que habían peleado antes de que ella se dejara llevar por un impulso caprichoso y la besara. No había olvidado el tacto de sus labios ni el sabor de aquel beso, había soñado con ella más veces de las que le hubiera gustado y en actitudes poco inocentes a lo largo de aquellos años sin la esperanza de volver a encontrarla y ahora aparecía de nuevo como salida de la nada.

No podía evitar pensar en que el destino le había dado una segunda oportunidad, pero debía convencerse a sí misma de que aquello estaba abocado al desastre, tarde o temprano todo se descubriría y haría algo que destrozara a Asami para siempre. Al fin y al cabo, ¿qué podía ofrecerle? Ella, que no había conocido el verdadero afecto y el único tacto que recordaba eran caricias furtivas de alguna recluta que cayera en sus encantos, no podía asegurarle nada fijo ni mucho menos duradero, no era más que una sombra que existía durante poco tiempo para desaparecer cuando menos se lo esperaba. Sabía que Asami necesitaba algo sólido, necesitaba a alguien que mitigara tantos años de soledad y sufrimiento acallado pero ella no podía darle lo que necesitaba aunque moría por ganas de hacerlo.

Acercarse a la morena era su droga particular, sabía que acabaría mal pero no podía evitarlo.

Habían pasado un par de meses desde que se conocieran y había encontrado el modo de verla de vez en cuando, cuando no salía de misión con el Loto y cuando Asami no lo hacía con los Igualitarios. Le divertía de forma particular las excusas que le ponía Asami sobre las noches en las que no salía con ella, aunque evidentemente no podía decirle que sabía que mentía.

Acompañaba a la morena a su coche ya que quería asegurarse de que no le ocurriría nada por el camino aunque era completamente consciente de lo bien que la chica podía defenderse, la había visto pelear con los Igualitarios en alguna ocasión y lo hacía más que bien.

Mientras Asami le hablaba notó movimiento en un oscuro callejón cercano y ralentizó el paso, alerta. Un grito ahogado y ruido de pasos y golpes sordos.

Korra echó a correr en aquella dirección, ignorando a Asami que la llamaba por detrás y que echó a correr tras ella; y observó la escena: había un hombre en el suelo rodeado por cuatro personas vestidas de la misma manera que le golpeaban sin parar. Entrecerró los ojos, eran Igualitarios.

-Os veo muy valientes en grupo.-dijo.

Se giraron hacia ella.

-Piérdete, esto no es de tu incumbencia.-dijo uno de ellos.

-No está bien pegar a alguien indefenso.

-¿Indefenso? No lo era cuando hizo moverse la tierra.

Le corearon sus acompañantes y Korra apretó los puños, si tan solo no estuviera Asami cerca podría emplear su fuego control… Notó a su alrededor la humedad rezumando desde las tuberías de los edificios que le rodeaban y de algunos charcos de la calle, aquello serviría.

-Os habéis equivocado de noche para actuar.-siseó.

Se cuadró en el sitio y a sus manos acudió el agua que le rodeaba mientras veía por el rabillo del ojo llegar a Asami a aquel callejón.

-¡Una maestra! ¡A ella!

Los cuatro Igualitarios se lanzaron hacia ella y no pudo evitar una sonrisa, su cuerpo clamaba por una nueva pelea después de tanto tedio e inactividad.

El agua que flotaba en torno a sus brazos se prolongó a modo de tentáculo tal y cómo peleaba Ming-Hua, ella le había enseñado a manejar el agua como si fuera una extensión de su propio cuerpo y era un estilo de lucha más que satisfactorio. Movió los brazos proyectando una columna de agua hacia el frente que impactó contra dos de ellos, lanzándolos contra una de las paredes que le rodeaban y se preparó para recibir a los dos que quedaban en pie. Les lanzó una serie de carámbanos de hielo que les acabaron dando en alguna parte, perforando el uniforme y haciendo que se aproximaran enfurecidos. Tal y como se esperaba, ambos intentaron reducirla en el combate cuerpo a cuerpo bloqueando su chi, pero eran mucho peores que los reclutas contra los que había entrenado durante toda su infancia.

Esquivó sus ataques con soltura e incluso se permitió un deje de chulería, bloqueando el propio chi de uno de ellos inutilizando uno de sus brazos. Los dos que había golpeado antes se unieron a la pelea y ella tuvo que poner un poco más de empeño pero estaba gozando aquella pelea, encajando golpes con su propio cuerpo y su agua control. Se movía con fluidez y golpeaba con una fuerza que resultaría impensable en casi cualquier persona.

Los Igualitarios por fin parecieron ser conscientes de su inferioridad puesto que echaron a huir y ella se disponía a seguirlos, pensaba darles caza y enseñarles una lección a aquella pandilla de cobardes; pero notó como una mano le tomaba del brazo antes de que echara a correr. Se giró con un deje de irritación y se encontró con un par de ojos verdes.

-Déjame ir, Asami, se van a escapar.

-Creo que es más importante ayudar a aquel hombre…-le dijo ella.

Korra frunció el ceño ante su actitud, sabiendo que los dejaba escapar a posta; pero no dijo nada y simplemente se acercó al hombre que gemía de dolor en el suelo. Era de mediana edad, pelo castaño y piel morena, sus ropas estaban manchadas de la suciedad del suelo y en su cara se notaban incipientes moratones. Korra usó el agua con la que antes había atacado a los Igualitarios y después ayudó al hombre a ponerse en pie mientras él le daba las gracias un millón de veces.

-Creía que no me dejarían nunca, muchísimas gracias.-dijo él.

-¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué le han atacado?-preguntó Asami con genuina preocupación.

-No lo sé, simplemente me dirigía a casa después de cerrar mi negocio cuando se me echaron encima, me dijeron que un maestro elemental como yo ya no pintaba nada en esta ciudad. Intenté huir pero como no me dejaron tuve que recurrir a la tierra control y…

El hombre palideció y se palpó las ropas con expresión asustada.

-No… no puede ser…-musitó.

Se echó al suelo y lágrimas brotaron de sus ojos mientras sostenía en sus manos un frasco de cristal roto.

-¿Qué ocurre?-le preguntó Korra.

El hombre le enseñó el frasco.

-Iba a casa a darle esta medicina a mi hijo… está enfermo…-dijo entre hipidos.- ¿Por qué me ha pasado esto a mí? ¿Qué voy a hacer yo ahora?

Korra miró a Asami de reojo con un deje de enfado sintiendo una oleada de rabia embargarle por haber dejado que aquellos cobardes escaparan pero se recompuso entendiendo su postura. Se agachó a la altura del hombre y le puso una mano en los hombros.

-Déjame ver a tu hijo, tal vez pueda ayudarle.

Él le miró esperanzado y se puso en pie con prisa. Les guio hasta una pequeña casita donde les invitó a entrar, una mujer les recibió y reprimió una exclamación de sorpresa al ver el estado del hombre. Él le contó lo que había ocurrido, le explicó que Korra tal vez podría ayudarles y después llevó a Korra hasta una de las habitaciones en la que había un niño de unos tres años.

El niño tiritaba pero tenía mucha fiebre, dormía profundamente aunque parecía tener pesadillas y respiraba agitadamente. Korra le puso una mano en la frente y cerró los ojos, no iba a ser una curación tradicional pero podría hacerlo.

Siguieron sus indicaciones y metieron al niño en una bañera, trabajó durante diez largos minutos en los que tuvo que poner a prueba todos sus conocimientos como sanadora autodidacta, tuvo que recurrir a una forma modificada de sanación que de haber salido mal habría sumido al pequeño en un dolor inconmensurable pero que realizó con el más absoluto cuidado. Supo que había acabado cuando la respiración del niño se normalizó y abrió los ojos esbozando una inocente sonrisa.

-Hola, mami.-dijo el niño.

La mujer se echó a llorar de la emoción mientras sacaba al niño del agua, abrazándolo con fuerza contra su pecho. Korra se vio sorprendida por un fuerte abrazo por parte del padre del niño que volvió a darle las gracias con un sentimiento genuino de gratitud, vio por detrás cómo Asami observaba la escena con una sonrisa enternecida en la cara.

Abandonaron la casa después de que el hombre les asegurara descuentos eternos en su tienda y reanudaron la marcha hacia el coche de Asami.

-Eso que has hecho ha sido increíble.-dijo Asami pasado un rato de incómodo silencio.

-Si tú lo dices…

-¿Ocurre algo?

-Me preguntaba cuál era tu opinión ahora mismo de los Igualitarios… Dijiste que les entendía, ¿de veras lo haces? ¿Si no llego a aparecer esta noche qué habría sido de aquel niño? ¿No ves contradictorio que hagan precisamente aquello por lo que protestan?

-Yo me refería a aquellos que agredían a gente sin control elemental…

-Ya, como el niño al que le compré la rosa, como aquel hombre…

Asami no respondió en seguida, pero Korra sabía que su opinión estaba dividida y aquello le enfadaba.

-No pienso defender lo que hemos visto esta noche, hablo de maestros que se toman la libertad de robar, extorsionar y agredir a otros por creerse mejores… hablo de aquellos que se permiten el lujo de dejar a niños sin padres, ¿no crees que ellos sí se lo merecen?

La morena se había parado en seco y miraba el suelo fijamente, evitando los ojos de Korra a toda costa. Korra suspiró, sabía lo que había ocurrido hacía años en la mansión Sato, el forzado adiós a su madre al que había sido sometida Asami cuando era niña y comprendió que no podía culparle de sentir rencor hacia aquellos que le habían arrebatado a un ser querido.

Se tragó su orgullo y su rabia y se acercó a Asami para abrazarla contra sí. Se arrepintió un poco cuando notó el cuerpo de Asami tan cerca de ella y apenas pudo evitar perderse en el olor que emanaba dulcemente de la piel de la morena, sin embargo se obligó a mantenerse despejada mientras Asami le devolvía el abrazo.

La morena rompió el contacto, visiblemente avergonzada.

-Lo siento, no quería montar ninguna escena…

Korra negó con la cabeza.

-No te disculpes, lo entiendo. Venga, no quiero que tu padre se preocupe porque llegues tarde.

Reanudaron la marcha y cuando se despidieron, Korra se dirigió a la sede del Loto Rojo en lugar de ir a su apartamento, había tomado una decisión.

Por fortuna los encargados de la supervisión de las misiones en Ciudad República se encontraban allí y les exigió que le escucharan atentamente. Les contó lo que había ocurrido aquella noche, lo que había visto y lo que pensaba hacer, ellos le miraron como si hubiera perdido la cabeza.

-Es una locura, Avatar, sería demasiado arriesgado.

-Tal vez, pero ya han cruzado la línea, hay que enterarse qué planean exactamente y frenarlos, se acabó la mera observación.

-… Hemos de consultar a los altos cargos.

-Hacedlo porque es el protocolo, pero no vais a pararme. Voy a infiltrarme en los Igualitarios sea como sea.


Resoplaba por el esfuerzo por debajo de la prenda que le cubría la mayor parte del rostro, a su alrededor estaban tendidos en el suelo los reclutas a los que acababa de derrotar, no eran menos de quince. El eco de un aplauso resonó a sus espaldas y se giró, poniéndose recta mientras un hombre alto se dirigía hacia ella.

-No me equivocaba contigo cuando dije que tenías potencial, pero ser mejor que el resto de tus compañeros en una semana es un progreso enorme. Te felicito, Lin.-le dijo mientras le palmeaba el hombro.

Esbozó una sonrisa torcida mientras realizaba un gesto respetuoso a aquel hombre. No conocía su nombre verdadero pero entre los Igualitarios todos le conocían como el Teniente.

-Acompáñame, creo que tu maestro estará de acuerdo en darte un descanso ya que te has quedado sin rivales.

Miró al otro hombre que quedaba en pie en la sala, era el instructor de los nuevos reclutas que les enseñaba los movimientos básicos del bloqueo del chi. El instructor dio su permiso y abandonó la sala en silencio junto al Teniente.

-He estado observando tus sesiones de entrenamiento y eres la recluta más prometedora que hemos tenido nunca, ¿habías peleado antes?

-Es indispensable cuando te ves en la necesidad de sobrevivir en las calles de Ba Sing Sei.-respondió con sequedad.

-Puedo imaginarlo, eres buena, Lin, muy buena… He hablado de ti a Amon y está de acuerdo en darte una oportunidad entre posiciones más altas de nuestras filas.

Sintió una euforia repentina, sin creerse su golpe de suerte y dijo:

-Sería un honor.

-En un par de días se te convocará a una reunión para asignarte tu nueva misión, no me dejes en mal lugar.

-No fallaré, señor.

-Eso espero, no toleraré ningún fallo por tu parte. Puedes retirarte por hoy.

El Teniente comenzó a andar por delante de ella, perdiéndose de vista a los pocos segundos. Sonrió para sí misma y no pudo evitar soltar una carcajada.

Dio la vuelta sobre sí misma y salió del complejo de entrenamiento en silencio sin detenerse para hablar con nadie, no quería confraternizar demasiado con los demás.

Lin era una huérfana de Ba Sing Sei que había quedado huérfana en un ataque a la tienda que regentaban sus padres por parte de unos bandidos, ella había sobrevivido al incidente pero en su cara quedaron las secuelas de aquel suceso en forma de marcadas cicatrices, una de ellas a punto de desfigurar su rostro. Había salido de la ciudad a los dieciocho años para buscar mejor fortuna en Ciudad República y realizaba trabajos de repartos ocasionales, saliendo al paso; sin embargo grabada en su memoria quedó grabado el odio por aquellos que le arrebataron a su familia y cuando escuchó hablar de los Igualitarios supo que estaba hecha para eso. Destacó en seguida entre los reclutas por su sempiterno silencio, constancia y habilidad en combate, era imparable a los pocos días y ni si quiera el instructor podía superarla en combate. Su nombre fue cobrando importancia hasta que el Teniente se interesara por ella, observando de cerca sus entrenamientos, parecía ver en ella un diamante en bruto, el as en la manga de los Igualitarios y estaba decidido a darle una oportunidad de oro.

Regresó a su apartamento y se miró en el espejo del baño, dedicándose una sonrisa.

-Lin, eres demasiado buena… Deberían valorar mucho más mi habilidad para interpretar personajes.-se dijo a sí misma.

A todos los efectos Lin no había existido hasta hacía un mes, había nacido en una sala de reuniones con el único fin de resultar una recluta convincente para las filas de Amon.

Miró el reflejo que le devolvía el espejo: piel aceitunada, ojos verdes pálidos y pelo negro que se adivinaba bajo una capucha de la que rara vez prescindía. Llevó su dedo índice al ojo derecho, retirando una fina película plástica que cubría su globo ocular y repitió el proceso con el otro ojo antes de meterse en la ducha. El agua se tiñó de color oscuro mientras corría por su pelo y por su piel y cuando salió a los diez minutos vio por fin un reflejo conocido en los ojos azules que le devolvían la mirada. Se estiró y pasó los dedos por su pelo castaño sintiéndose de nuevo ella misma. Ya le era difícil mantener una doble vida, pero triple tal vez sería demasiado.

Suspiró antes de vestirse y tirarse en el sofá de la sala de estar, cerrando los ojos un segundo mientras se masajeaba las sienes. Demasiado trabajo en muy poco tiempo.

Notó un peso en su regazo y cuando miró se encontró con unos grandes ojos que le miraban pidiendo mimos.

-Hola, chica. ¿Me has echado de menos, Naga?

Ella le respondió con un ladrido y le rascó las orejas.

Estaba agotada mentalmente pero debía reconocer que aquel ritmo era estimulante y le sentaba bien un poco de acción. Korra llevaba ya unas semanas infiltrada entre las filas de los Igualitarios, había adoptado una nueva identidad puesto que era posible que alguien la reconociera por su peculiar aspecto. Por fortuna el Loto Rojo contaba con los medios necesarios para alterar su apariencia física y le proporcionaron unas lentillas de color verdoso y tintes lavables de piel y pelo que se aplicaba antes de ir al cuartel de los Igualitarios para hacerse pasar por una persona originaria del Reino de la Tierra, de todos modos ocultaba la mayor parte de su rostro incluidos los laterales de la cabeza que llevaba afeitados. Los reclutas no cubrían su rostro hasta que se les entregaba el uniforme oficial por lo que debía mantener su rostro oculto lo máximo posible y hasta el momento lo había conseguido.

Se dirigió a la cocina a prepararse algo de cena y ponerle comida a Naga y comió en silencio sumida en sus propios pensamientos. Meditó antes de dormir, pensando en los días que vendrían.

Su misión resultó no ser nada complicada, seguimiento y espionaje a miembros de Tríadas, podría apañarse a la perfección pero había un inconveniente… conocía demasiado a su superior al mando.

La incluyeron en un grupo de exploración que llevaba meses trabajando en aquello y en cuanto tuvo ocasión de conocerlos creyó caerse redonda en el sitio al reconocer la voz de la persona al cargo del grupo. Sería capaz de identificar el tono de voz de Asami Sato en cualquier parte.

Temía que ella también le reconociera por lo que hablaba en voz más aguda de lo habitual cuando se encontraba frente a ella. Sin que la propia Asami lo supiera compartía con ella casi cinco noches y a pesar de las pocas palabras que habían intercambiado en las misiones, Asami parecía confiar en ella.

Aquella noche debían hacer una incursión en un almacén en el que guardaban objetos robados con los que luego negociaban en el mercado negra, iban a incautar todo lo que tenían y darles una lección.

-Hemos estudiado los horarios de guardia y hasta dentro de una hora esto debería estar despejado.-decía Asami bajo el uniforme.

El equipo de diez Igualitarios entre los que se encontraba Korra asintió, habían encontrado una entrada trasera por la que colarse todos a la vez a coger. Un sexto miembro esperaba con un camión fuera del almacén para llevárselo.

Se pusieron al trabajo: Korra abrió la puerta trasera, en teoría había usado ganzúas pero había recurrido al metal control, más fácil para ella; y todos se colaron dentro. Fueron cogiendo caja tras caja y sacándola fuera del almacén de forma metódica y organizada bajo las precisas instrucciones de Asami.

Les quedaban apenas una veintena de cajas cuando la puerta frontal emitió un chasquido y se fue levantando poco a poco. Los Igualitarios se quedaron estáticos mientras varios hombres entraban en el almacén.

-¿¡Qué cojones…?! ¿¡Qué estáis haciendo aquí?! ¡Detenedlos!-gritó uno de ellos con voz airada.

-¡Retirada!-gritó Asami.

Los Igualitarios echaron a correr al segundo mientras los recién llegados empezaban a atacarlos, la tierra empezaba a temblar bajo sus pies y Korra sintió formarse una pequeña masa de agua. Fue la primera en llegar a la puerta sin embargo no salió sino que supervisó que sus compañeros salieran por delante, cuando ya habían salido todos escuchó cómo el motor del camión que les esperaba fuera arrancaba.

Salió del almacén a toda prisa para ver cómo el camión iniciaba la marcha con el remolque abierto por el cual asomaba la encapuchada figura de Asami.

-Corre, Lin, sube.

No corrió al sentir un carámbano de hielo dirigirse hacia ella, de no ser por su percepción del entorno aquel trozo helado le hubiera golpeado en la cabeza. Se dio la vuelta para ver los hombres que salían del almacén, eran seis de los mafiosos de la Triple Amenaza.

-¡Salid de aquí, puedo con estos!-les gritó.

Escuchó cómo el camión se alejaba y se preparó para un nuevo desafío: vencer a tres tipos de maestros sin usar ningún tipo de control… claro que podría emplearlo siempre que ellos no fueran conscientes de ello. Una llamarada se dirigió hacia su cabeza, ella se agachó y se aproximó al responsable a toda velocidad interrumpiendo su flujo de chi con movimientos certeros y provocó que cayera al suelo desmadejado como un muñeco de trapo al bloquear sus articulaciones.

La tierra se levantó bajo sus pies, desestabilizándola; y a duras penas logró esquivar un chorro de agua que se dirigía en su dirección. Sabía que a larga distancia estaba perdida de modo que esquivando los ataques de los maestros con la habilidad que sólo otorgaba el aire control y peleó cuerpo a cuerpo contra dos de ellos, noqueándolos tras un breve intercambio de golpes.

Se retiró hacia atrás para estudiar a los tres combatientes que quedaban pero el ruido de pasos le distrajo, a su lado se situó una persona uniformada de la misma manera. Sonrió para sí misma al reconocer los distintivos del uniforme, pero aun así dijo:

-No deberías haber vuelto.

-Nadie queda atrás.-respondió poniéndose en guardia.

``Eres demasiado buena, señorita Sato´´ pensó para sí misma mientras comenzaba a luchar codo con codo con Asami, uno cayó rápido y los dos restantes salieron huyendo aunque ninguna de las dos estaba dispuesta a dejarles escapar tan fácilmente. Korra corrió seguida de cerca por Asami, persiguiendo a los dos mafiosos y esquivando las ráfagas de agua y tierra que les lanzaban.

Consiguieron arrinconarlos en un callejón y Korra fue directamente hacia el maestro de agua, evitando sus ataques como si practicara una particular danza intentando acercase a él para golpearlo. Llegó hasta él y le propinó una fuerte patada en el abdomen, imprimiendo fuerza adicional en el golpe que lo envió hacia atrás haciendo que emitiera un gruñido de dolor.

Dando a aquel hombre por finiquitado fue a ayudar a Asami, que acababa de caer al suelo tras ser golpeada por una enorme piedra. Sabía que Asami era dura pero no estaba dispuesta a dejar que le hicieran el más mínimo daño por lo que corrió hacia el maestro de tierra, encajó un puñetazo en su mandíbula y bloqueó el flujo de chi en sus brazos antes de golpearlo también en el abdomen.

Se giró hacia Asami para ir hasta ella pero su cuerpo no respondió cuando fue a dar un paso. Un intenso dolor le recorrió todo el cuerpo y se notó flotando en el aire, abrió mucho los ojos reconociendo esa sensación y mirando la luna que brillaba aquella noche, luna llena.

Su cuerpo se movió como si de una marioneta se tratara causándole un dolor inconmensurable y se miró al maestro de agua que ella daba por vencido, estaba en pie realizando rígidos movimientos.

-¡Lin!-gritó Asami, que debía estar observando la escena.

Su brazo izquierdo crujió violentamente al realizar una súbita torsión que no provenía de su propia voluntad y Korra ahogó un grito de dolor antes de reponerse. Respiró, estaba entrenada para esto.

Cerró los ojos y buscó las trazas de control de aquel hombre en su organismo, luchando contra él para liberarse de aquel espantoso poder. El ejercicio requería de un autocontrol que pocas personas llegarían a alcanzar y poco a poco notó cómo la influencia del maestro se retiraba de sus órganos vitales. Sus pies tocaron tierra de nuevo mientras volvía a recuperar el control de sus piernas y dio un par de pasos hacia él, disfrutando de la aterrorizada mirada del maestro.

-No puede ser…-escuchó decir al maestro.

Poco faltaba para librarse de su influjo y el dolor en su brazo se iba acentuando, amenazando con hacerla desfallecer. Cerró los ojos antes de dar otro paso, escuchó una especie de cortocircuito y de repente se sintió liviana, como si el control hubiera desaparecido de su cuerpo. Levantó la cabeza para ver al maestro tendido en el suelo a los pies de Asami, que se colocaba bien su guante electrificado y sonrió antes de caer con una rodilla hincada al suelo, resoplando. No era fácil librarse del sangre control, pero mucho menos cuando no debe notarse que estás invirtiendo el control y aquello le acababa de pasar factura físicamente.

Asami se acercó a ella y le ayudó a ponerse en pie.

-¿Qué ha ocurrido? ¿Estás bien?

-No estoy segura, no sé qué me ha hecho…-mintió ella.

-No te mentiré, me he asustado un poco al verte flotando en el aire.

Korra rio bajo el uniforme, estirándose.

-Hacen falta más cosas para acabar conmigo… Gracias por volver por mí.-le dijo poniéndole la mano en el hombro.

-Somos un equipo y no iba a dejarte tirada.

Korra asintió y ambas volvieron a la base de los Igualitarios para dar el informe oficial de los hechos acaecidos aquella noche. Korra habló de su brazo roto y estuvieron de acuerdo en darle unos días de permiso para que se curara bien aunque ella se sanaría en cinco minutos nada más llegar a su casa.

Se despidió de su equipo antes de regresar a su apartamento con paso lento. El brazo le dolía horrores y se colocó el cúbito y el radio en la articulación antes de curarse ella misma, no era la primera vez que tenía que recolocarse huesos y la primera vez casi se desmaya del dolor sin embargo su umbral de tolerancia al dolor ya era muy alto.

Antes de dormir escribió su propio informe de aquella noche y lo archivó en la habitación que hacía de despacho. Siempre la cerraba con un cerrojo metálico que accionaba con su metal control, así se aseguraba que nadie entrase cuando ella no estaba.

Se acostó y miró el techo de la habitación mientras sus ojos se iban cerrando pesadamente. Soñó con un par de ojos verdes y una radiante sonrisa.