Bueno, se acercan unas semanas un poco ajetreadas en la universidad y quería dejaros algo antes de estar ausente del todo, espero que os guste el nuevo capítulo. La verdad es que estoy cogiéndole bastante cariño a esta historia y agradezco que os esté gustando a algunos de modo que voy a intentar seguir actualizando con frecuencia para aquellos que estén disfrutando de ella.
Como siempre, todos los comentarios son de gran ayuda y se agradecen infinitamente.
Nos leemos pronto
Despertó en mitad de la noche incorporándose asustada, había tenido una pesadilla de nuevo y era la tercera vez que le ocurría en lo que llevaba de semana. No era sano lo poco que estaba durmiendo últimamente.
Suspiró y se pasó los dedos por el pelo mirando el reloj que había sobre su mesita de noche, eran poco más de las seis, aún tenía unas horas antes de levantarse.
Se tumbó de medio lado mirando al gran ventanal de su habitación por el cual se colaba un poco de luz y daba a una pequeña terraza particular que no se veía desde prácticamente ningún lugar de la villa. Cerró los ojos para intentar aprovechar cada minuto extra de sueño del que dispusiera.
Un par de horas después le despertó la alarma del despertador, se levantó con un gruñido para ducharse y despejarse un poco, como siempre aquel iba a ser un día largo aunque por suerte no iba a aburrirse en absoluto.
Una vez se hubo arreglado se dirigió hacia el ayuntamiento de Ciudad Republica, había una importante reunión aquel día y los dirigentes de la ciudad estaban interesados en que al menos uno de los Sato estuviera presente ya que eran bastante importantes en la ciudad, no en balde habían reconstruido la mayor parte de la metrópoli cuando las enredaderas aparecieron. Solía acudir ella a las reuniones ya que le gustaba enterarse de todo lo que ocurría y parecía gustarles a los dirigentes de modo que la invitaban a menudo.
Llegó de las primeras a la sala de reunión, dentro ya se encontraban la jefa de policía Lin Beifong, una mujer tan dura y férrea como el metal que controlaba aunque de una diligencia y profesionalidad intachable; y Tenzin, un maestro del aire control descendiente directo del anterior avatar, era apacible y razonable. Ambos la saludaron cuando entró y Tenzin le ofreció una taza de té que ella no rechazó ya que el frío estaba llegando a la ciudad, ocupó su habitual asiento en la mesa de reuniones mientras el maestro de aire hablaba tranquilamente con ella de asuntos triviales.
Poco después llegaron un par de hombres con rasgos típicos de las tribus del agua, parecían haber estado discutiendo. Uno de ellos era Tarrlok, un ciudadano de la ciudad que servía como representante de la Tribu de Agua del Norte, llevaba su pelo recogido en trenzas y tenía una expresión taimada en la que Asami no confiaba en absoluto, no podía dejar de pensar que ocultaba algo horrible. El otro sí que era extranjero pero la morena había tenido la oportunidad de conocerlo en alguna ocasión, su nombre era Tonraq y era de la tribu del Sur, era un hombre alto y musculoso con el pelo largo y barba, era hombre de pocas palabras pero cada vez que lo hacía hablaba con sensatez.
Los dos hombres ocuparon su sitio, Tarrlok se sentó cerca del puesto central y Tonraq se sentó junto a ella.
-Buenos días, Asami.-le saludó con cortesía.
-Buenos días, me alegra verte por aquí, no sabía que estuvieras en la ciudad.
-Y yo que quería pasar unas vacaciones tranquilas…
Asami rio.
-Solo es una reunión.
-Supongo que tienes razón, ¿cómo está tu padre?
-De viaje, lleva un par de meses que casi no para por Ciudad República pero la verdad es que Industrias Futuro nunca había estado mejor.
-Me alegro.-el hombre le dedicó una sonrisa.
Asami vio entrar al último que faltaba por llegar, se trataba se Raiko, el presidente de la ciudad. Cuando entró dieron por comenzada la reunión y pasaron a comentar los puntos del día: revisión de infraestructuras, cifras monetarias, ampliación de calles y distritos… temas aburridos.
Por fortuna la jefa Beifong fue la única en comentar la preocupante situación con las Tríadas y demás organizaciones criminales, insistía en que debían redoblarse los esfuerzos para capturarlos aunque sus propuesta fue desdeñada por Tarrlok diciendo que con los efectivos de los que disponía la ciudad debían ser suficientes. Tenzin apoyó el argumento de la capitana pero sus propuestas cayeron en oídos vacíos y Asami se hundió un poco en su asiento, ¿cómo podían esperar mantener a flote la ciudad si no hacían caso a los únicos que proponían ideas decentes? Suspiró y su atención en la reunión disminuyó drásticamente.
Asami miraba distraídamente el reloj de pared de cuando en cuando esperando que llegaran las dos y dieran por acabada la reunión por fin. Por fortuna la hora llegó antes de lo esperado y Raiko anunció el fin de la reunión, ella recogió sus cosas y salió fuera del edificio tras despedirse de los demás parándose en los escalones.
-Cualquiera diría que esperas a alguien.-le sobresaltó una voz a su lado.
Asami se giró para ver a una chica de piel morena vestida con ropas oscuras mirando al infinito con actitud distraía y no pudo evitar sonreír.
-Pues sí, ahora vete antes de que llegue mi cita.
La chica se encogió de hombros y comenzó a descender los escalones y Asami fue a darle un empujón pero en vez de encontrar el cuerpo de la chica, ésta se retiró echándose a un lado y Asami se precipitó hacia delante. Creyéndose caer cerró los ojos antes de sentir cómo la levantaban en vilo.
Abrió los ojos para encontrarse con dos orbes azules que le miraban con expresión socarrona.
-Tiene una asombrosa habilidad para acabar en mis brazos, señorita Sato, creo que lo hace a posta.-le dijo.
-Eres algo así como idiota.-respondió Asami frunciendo el ceño.-Bájame, Korra, casi me matas.
-Tú querías tirarme, atente a las consecuencias.- Korra le depositó de nuevo en el suelo y se cruzó de brazos.
-Creo que voy a dejar de verte, atentas contra mi seguridad.
Korra suspiró hondamente y puso una expresión indescriptible.
-No te equivocas en lo más mínimo, Asami.
Asami frunció el ceño. Korra de vez en cuando hacía eso, insinuaba que era peligrosa, que tal vez debería alejarse de ella pero Asami opinaba de otra manera.
Aquella chica de ojos azules aunque enigmática y con un indudable toque oscuro, tenía buen corazón y un férreo sentido de la justicia. Se movía por la ciudad como una sombra pero se alzaba con fuerza cuando alguien sufría de forma injusta y le admiraba por ello, parecía no tener miedo a nada ni a nadie, fuera un matón o una pandilla entera.
Era una chica fascinante, tenía un aire de misterio y peligro que le resultaba francamente atrayente. Sabía ser seductora, socarrona a veces y tal vez su humor era bastante ácido pero era cálida aunque se corrigiera en seguida, como si se avergonzara de aquella actitud.
Le gustaba, le gustaba demasiado pero aquella chica era como una pared de hormigón cuando se lo proponía. Notaba que ella también le gustaba pero por algún motivo que desconocía se resistía a mostrarle el afecto que ella deseaba, se le había insinuado de varias maneras y cuando parecía a punto de caer, algo en ella cambiaba y se cerraba en banda. Le desesperaba profundamente no entender su comportamiento pero lo aceptaba con paciencia, no se daba por vencida simplemente por las ocasiones en las que había pillado alguna mirada furtiva de aquellos ojos azules, observándola cuando Asami no miraba. No sabía qué era lo que echaba atrás a Korra, pero no iba a darla por perdida tan rápida.
-Adiós, Asami.-dijo una voz de hombre interrumpiendo su hilo del pensamiento.
Junto a ella pasó Tonraq con una sonrisa que empequeñeció cuando reparó en la presencia de Korra. Ambos se miraron en silencio mientras el hombre bajaba las escaleras, aunque el intercambio de miradas duró poco puesto que Tonraq se dio la vuelta, dejando a Korra con el ceño fruncido.
-Bueno, ¿nos vamos? Podemos dar una vuelta antes de ir a comer.-le dijo a Korra.
Ella asintió sin mirarla y comenzó a andar en actitud pensativa.
-¿Qué te ocurre, Korra? Llevas cinco minutos andando como una autómata.-le preguntó pasado un rato.
-Es solo que… ese hombre, ¿quién era?
Asami alzó las cejas.
-Precisamente que tú me hagas esa pregunta me extraña. Es Tonraq, el jefe de la Tribu del Agua del Sur.
-Hmmm, será por eso.-respondió poco convencida.
Volvió a sumirse en el silencio pero Asami prefirió dejarle cavilar, la llevó hasta el centro comercial del Pequeño Ba Sing Se a coger comida en alguno de los puestos y llevársela al Parque de Ciudad República para comer allí, le gustaba disfrutar del entorno tranquilo del parque y sabía que Korra disfrutaba más al aire libre. Compraron unos fideos humeantes y al llegar al parque se sentaron a la orilla de uno de los estanques al amparo de la sombra de un árbol cercano.
-Estás muy callada, ¿te ocurre algo?-dijo Asami mientras comía.
Korra la miró un segundo y luego negó con la cabeza.
-No, es que creo que ya había visto antes a ese hombre aunque no recuerdo dónde.
-Digo yo que siendo de la Tribu del Sur le habrás visto, ¿no?
-¿De verdad te parezco una persona interesada en la política? Olvídalo, es una tontería pero es que juraría que le conozco.
-Mmm pues es probable, es un hombre querido y respetado entre los suyos aunque guarda una historia triste: al parecer perdió a su hija cuando ella no era más que una niña pequeña, la buscaron durante mucho tiempo pero simplemente se había esfumado.
-Es triste cuando te arrebatan algo de esa manera…
Korra habló con tristeza velada en su voz y la morena no tuvo claro a cuál de las dos chicas se refería. La chica de ojos azules sacudió la cabeza como para intentar alejar de ella algún negro pensamiento y Asami se resolvió a ayudarla.
-¿Qué opinas de este parque? ¿Te gusta?
Korra asintió probando por primera vez su comida, comiendo con ganas.
-Es bonito, nosotros no tenemos de esto en el Polo Sur.
-Es el parque principal de la ciudad, es el más bonito de todos en mi opinión. Mi padre me dijo que cuando se construyó querían llamarlo Parque del Avatar pero Aang se negó en rotundo.
La chica de ojos azules ahogó una carcajada irónica.
-¿Avatar? ¿Acaso seguimos teniendo de eso?
-Deberíamos, no sé mucho del asunto pero en teoría debería haber uno ya y además de las tribus del Agua por algo del ciclo de reencarnaciones.
-El mundo parece apañarse bien sin uno, ¿no crees?
Asami se encogió de hombros.
-El mundo funciona, es cierto, pero no estaría de más tener una figura que inspirara a la gente para trabajar en común como fue el anterior Avatar.
-Hmmm, tal vez tengas razón.
Terminaron de comer y se tumbaron sobre el césped mirando al cielo aunque notaba que la mente de Korra estaba a kilómetros de allí, pero aquello no le importaba, se conformaba con la presencia de aquella chica impasible pensando que si por algún casual no llegaran a entablar una relación, le encantaría seguir teniéndola cerca.
-¿Qué planes tienes esta tarde para nosotras?-le preguntó Korra rompiendo su silencio.
-Podemos acercarnos a la bahía de Yue, al parecer van a hacer una representación teatral o algo así, si te gustan estas cosas.
-Yo me fío de ti, aunque la bahía de Yue está al otro extremo de la ciudad de modo que será una larga caminata.
-He traído el coche, no te preocupes por ello.
Pasaron varias horas holgazaneando recostadas en la hierba hasta que Asami decidió que era hora de ponerse en marcha e ir hacia el Sato Mobile que había traído aquel día mientras empezaba a atardecer. Iban caminando cuando escucharon el grito de un hombre exigiendo que le soltaran.
Asami miró a lo lejos y vio a tres hombres arrastrando a un cuarto hacia un automóvil cercano, un modelo de otra empresa, diseñado como si fuera una especie de cajita; altamente ineficaz en su opinión pero aquel no era momento para prestar atención a esos detalles.
-Lo siento, la Triple Amenaza no perdona.
Se quedaron paradas en el sitio y Korra dio un paso al frente antes de gritar:
-¡Eh, dejad a ese tipo!
Los extraños le miraron y el hombre que quería escapar de ellos le pidió ayuda antes de que uno de los que le agarraban le diera un puñetazo en el estómago, llevándole hacia el interior del coche. Korra echó a correr mientras el coche arrancaba.
-¡Korra, espera!-le gritó.
-¡Espérame aquí!-gritó Korra alejándose.
Asami miró a su alrededor, encontrando su Sato Mobile a escasos pasos.
-Sí, que te lo has creído.-dijo más bien para sí misma.
Agradeció haber traído el descapotable mientras saltaba al interior del coche, arrancando y lanzándose en pos de Korra. Tardó un par de minutos en alcanzarla, la chica corría demasiado rápido para una persona aunque el otro coche le estaba dejando atrás. Hizo sonar el claxon llamando la atención de Korra.
-¡Corre, sube!-le dijo frenando en seco.
La chica no le cuestionó y subió al asiento del copiloto de un salto mientras Asami aceleraba a fondo. Persiguieron al coche de los mafiosos a toda velocidad pero perdieron el desvío que ellos tomaron por esquivar a un inocente peatón.
-Mierda, ¿podemos cogerles?-maldijo Korra, mirándola.
-Podemos ir por encima de ellos por el puente y esperemos no perderles de vista.
Korra asintió mientras Asami giraba para circular por el puente, viendo por debajo el coche que buscaban antes de mirar al frente y ver que la curva que les permitiría pillarles estaba cortada.
-¡No hay camino, Korra!
La chica de ojos azules la miró a ella y al coche alternativamente.
-Acelera a fondo y pégate al borde de la carretera.
-¿Eh?
-Confía en mí.
Asami dudó pero lo hizo sin rechistar devolviendo la atención a la carretera. Hasta que giró la cabeza no se dio cuenta que Korra se había levantado del asiento y estaba de pie sobre la carrocería.
-¿¡Qué haces?!
Korra le miró con una expresión salvaje y una peligrosa sonrisa y se llevó dos dedos a la frente a modo de saludo antes de saltar al vacío.
Asami frenó con brusquedad mientras veía como la chica caía y salió del coche para ver como Korra aterrizaba sobre el tejado del automóvil que perseguían, abollando la carrocería y haciendo que el coche se tambaleara. Le vio moverse hacia la ventanilla del copiloto, romperla de un puñetazo y echarle del coche en movimiento antes de meterse ella misma.
El coche giró violentamente varias veces mientras Asami miraba la escena con el corazón encogido, vio cómo caían otros dos hombres del coche antes de que derrapara a causa de un brusco frenazo. Miró impotente la vuelta de campana que dio el coche antes de estrellarse contra un poste.
-¡Korra!-gritó.
Echó a correr para llegar a la vía que se encontraba por debajo de ella y cuando llegó hasta el coche estrellado en torno al cual se agolpaban personas que habían llegado alarmadas por el jaleo. Se abrió paso entre ellos y ahogó un suspiro de alivio al ver las dos personas que se encontraban sentadas en el asfalto de la carretera.
Korra le miró con una media sonrisa, estaba hecha un desastre: el pelo completamente desordenado, la ropa sucia y manchada por el reguero de sangre que caía de una herida bastante fea que empezaba desde la ceja derecha hasta la sien además de algunos arañazos en la cara y brazos y se sujetaba un brazo; pero estaba viva y aquello era todo lo que necesitaba saber.
Dieron parte del incidente a la policía antes de que Asami le obligara a Korra a volver al coche, la chica de ojos azules no dijo nada y simplemente obedeció y caminó con una ligera cojera hasta el Sato Mobile. Condujo en silencio durante algunos segundos antes de respirar hondo y decir:
-Eso que has hecho ha sido increíblemente estúpido y valiente a la vez, como vuelvas a hacer algo así te mataré yo misma y luego me moriré del susto.
-Exageras un poco.
-¿Que exagero? Te has tirado por un puente desde un coche en marcha, dime dónde ves mi reacción como exagerada.
-No iba a ocurrirme nada y sigo viva, a mí me parece que no ha ido mal… Eh, te has pasado el giro, la bahía de Yue no es por ahí.
Asami le miró atónita.
-¿En serio crees que te voy a llevar por ahí tal y cómo estás?
-Pues mi casa queda muy lejos…
-Te voy a llevar a mi casa y no quiero discusión, estás herida y ya que me he quedado sin ver la obra de teatro deja que me dé el gusto de gritarte un rato más.
Korra se hundió en su asiento y suspiró.
-Sigues exagerando, Asami.
-Lo que tú digas pero vas a hacerme caso esta vez.
Llegaron a la Mansión Sato y entraron juntas a la casa.
-Muy bien, supongo que querrás curarte primero, acompáñame.-le dijo a Korra.
Guio a Korra al baño principal en la que había una bañera que llenó hasta un cuarto de su capacidad antes de girarse hacia Korra.
-Todo tuyo.
La chica asintió y Asami observó en silencio cómo las heridas de Korra se cerraban en el acto, curando después una de sus piernas y su brazo. Cuando acabó estiró todo su cuerpo y la miró.
-¿Ves? Ya estoy bien.
-Salvo por el reguero de sangre que te ha quedado en el cuello y por tener la ropa hecha un asco.
Korra rodó los ojos.
-La próxima vez que vaya a salvar a alguien pídeme cita en la peluquería.-dijo con sorna.
Asami enarcó una ceja.
-Ven conmigo, deja que te dé algo de ropa y date una ducha.
-Sí, señorita Sato.
Korra le acompañó hasta su habitación y le sacó la ropa más apropiada que encontró para ella, eligiendo una camiseta de manga larga y unos pantalones que ella usaba en ocasiones para deporte, ambas prendas de color negro.
-Supongo que te quedarán bien, espero que no te importe el color… ya sabes, sueles llevar azul…
Ella le miró con una ceja enarcada.
-Creo que puedo sobrevivir, Asami, pero gracias de todos modos. Ahora si me disculpas…
Se dio la vuelta y abandonó la habitación dejando a Asami sola, que suspiró antes de ir hacia el salón a leer un libro que tenía a medio empezar.
Unos cuatro capítulos después le sorprendió una voz junto a ella:
-¿Y ahora?
Asami dio un respingo en el sofá y se giró para ver a Korra que le miraba divertida. Olía a champú y se había cambiado de ropa, se había remangado las mangas de la camiseta dejando al aire sus antebrazos salvo por unas tiras de color oscuro similares a vendajes que le cubrían sus manos y muñecas aunque aquello no le extrañaba puesto que Korra siempre las ocultaba. La ropa le quedaba bien aunque la camiseta le quedaba ajustada al cuerpo dejando adivinar la tonificada figura que ocultaba la tela. Por su propio bien Asami evitó mirar más de lo debido y le miró a los ojos.
-Podemos hacernos algo de cena, no sé qué habrá en la cocina pero supongo que podremos preparar algo.
Se dirigieron a la cocina y Asami abrió la despensa, sacando comida sin parar. Cuando decidieron qué iban a preparar se pusieron manos a la obra y mientras Korra hacía pescado frito ella preparaba una ensalada.
-Oye, ¿tu padre vuelve a estar fuera?-dijo Korra a sus espaldas.
-Sí, ¿por qué lo preguntas?
-Porque tengo la sensación de que no le gusta demasiado que merodee por aquí…
-No sé por qué lo dices.-mintió Asami con una sonrisa.
Korra no se equivocaba, la verdad. Su padre había conocido a la chica hacía unas semanas y no tenía una buena opinión de ella, en un primer momento su aspecto le había causado desconfianza pero cuando se enteró que era una maestra de agua ya se decidió que aquella chica no le gustaba en absoluto y no paraba de advertirle a Asami que era peligrosa. No podía decirle aquello a Korra así como si nada, pero la chica no era tonta y la morena sabía que se había dado cuenta.
-Lo que tú digas…-masculló Korra.
-Tú hazme caso, ¿quieres un poco de vino para la cena?
Cenaron en una mesa de la propia cocina porque el comedor se les habría hecho enorme sólo para dos personas y Korra le preguntó por su semana. No pudo contarle mucho porque tampoco había hecho nada demasiado interesante.
-Por lo que veo lo que no haces es dormir.
-¿Eh?
-Tienes ojeras y pareces cansada.
Asami se encogió de hombros, no podía decirle que había estado por la noche saboteando el almacén de unos mafiosos con un grupo que despreciaba en su mayor parte a la gente que era como Korra…
-Trabajo demasiado únicamente y de vez en cuando se me olvida dormir.
-Y luego yo soy la inconsciente.
-Te recuerdo que yo no salto desde puentes para matarme.
-Que no me iba a pasar nada, ¿ves cómo eres una exagerada?
Suspiró y se llevó una mano a la cabeza, exasperada por la tozudez de la chica antes de mirarle. Korra se había levantado y estaba recogiendo los platos, alcanzó a ver una pequeña sonrisa en su rostro antes de que empezara a fregar dándole la espalda.
Asami sonrió antes de ayudarle y cuando acabaron volvieron al salón a pasar el rato.
Encendió la radio que tenían en el salón y sacó un tablero de madera que puso sobre la mesita de café, se sentó en el suelo sobre un cojín y le hizo una señal a Korra para que se sentara delante de ella.
-¿Qué estamos haciendo, exactamente?-le preguntó Korra cogiendo un cojín y sentándose.
-Jugar al Pai Sho, ¿te apetece?
-Pues… no sé jugar.
Le explicó las reglas básicas del juego, Korra pareció entender las normas. La chica de ojos azules jugaba con torpeza e infinita paciencia pero era incapaz de ganar a Asami, lo cual no era casualidad porque era el juego favorito de la morena y llevaba jugando desde que tenía uso de razón.
Tras dos horas y casi una botella de vino, Korra levantó los brazos con un suspiro.
-No hay modo alguno de ganarte, Asami. Sé admitir mi fracaso.-le dijo.
-Ya me ganarás en unos cuantos años.
Korra rodó los ojos y Asami reprimió un bostezo.
-Creo que se nos ha hecho un poco tarde, ¿no?-dijo la morena estirándose.- Deberíamos ir a dormir.
La morena comenzó a recoger las piezas y el tablero distraídamente.
-¿Deberíamos? ¿No vas a llevarme a casa?
Miró a Korra, poniéndose en pie.
-Podría hacerlo, pero llevo unas cuantas copas y además es tarde para conducir ahora, no va a pasarte nada por quedarte esta noche en mi casa. Tenemos habitaciones de sobra si te preocupa no poder quitarme las manos de encima.-le dijo para fastidiarla.
-No te lo tengas tan creído, preciosa. Hablaba por mi propia seguridad.-le replicó ella cruzándose de brazos y dedicándole una sonrisa de medio lado.
-Recoge las copas antes de que te eche por engreída.
Los hombros de Korra se sacudieron mientras se reía en silencio, poniéndose en pie y cogiendo las copas de vino para llevarlas a la cocina. Cuando volvió Asami le indicó la habitación de invitados en la que iba a dormir esa noche e ignoró la insistencia de Korra cuando dijo que le bastaba con un simple sofá y que no necesitaba una habitación tan grande. Como respuesta Asami le dio un beso en la mejilla y le dio las buenas noches antes de irse a su habitación a acostarse con la intención de dormir mil años.
Todo ardía, una mujer gritaba y un hombre lloraba desconsoladamente, ella estaba asustada y no entendía qué ocurría. Entendía la voz del hombre que llamaba su nombre y ella caminó hacia él, bajando las escaleras y encontrándole, era su padre en sus brazos había una persona inerte y a su alrededor las llamas se hacían más intensas.
Muerta de miedo y sin entender nada, se echó a llorar desconsoladamente encogida en un rincón mientras se tapaba la cara para no ver lo que le rodeaba. Los gritos continuaban y ella pedía que pararan, que acabaran; pero no lo hacía y ella lloraba con más fuerza. Abrió los ojos y al final del pasillo vio a su madre rodeada por columnas de fuego, corrió hacia ella pidiéndole que no se fuera pero las llamas le cerraban el paso y le quemaban la piel. Gritó.
Se levantó de un salto con el corazón acelerado y la frente perlada por un sudor frío. Se encogió sobre sí misma en la cama, aun temblando por aquella pesadilla y se sintió sola y perdida en aquella habitación tan grande… no quería volver a dormir, no quería volver a soñar y revivir cómo perdió a su madre.
Se levantó como una autómata y sus pies la llevaron por el pasillo, abrió una puerta y se asomó al interior de una habitación. Estaba oscuro pero por la ventana se colaba la poca luz que ofrecía la noche, iluminando tenuemente la estancia y recortando la silueta que dormía en una gran cama, dándole la espalda. Sacudió la cabeza, dándose cuenta por primera vez de qué estaba haciendo y sintiendo una profunda vergüenza quiso cerrar de nuevo la puerta.
Antes de que cerrara del todo escuchó una voz grave hablar desde dentro:
-¿Asami?
Se mordió el labio inferior abriendo de nuevo y mirando la figura que se había incorporado en la cama.
-Siento haberte despertado, era una tontería.-dijo.-Vuelve a dormir, Korra.
-¿Ocurre algo? ¿Estás bien?
-… Sí.
Korra encendió una lámpara de noche y le miró sentándose en el borde de la cama.
-No hace falta que me mientas. Pasa dentro, anda.
Asami le hizo caso y entró cerrando tras ella.
-Sólo era un sueño, no es importante.
-Cuéntamelo.
Korra dio unas palmadas a su lado y la morena se sentó a su lado tras un momento de duda y habló sin mirarle.
-He soñado con mi madre, con la noche que…-su voz se quebró pero se recompuso.-Aquella noche había hecho unos buñuelos de chocolate, a mi padre le encantaban y ella no le había dicho que los había preparado hasta que sirvió el postre… Aún recuerdo lo bien que olían y la risa de mi madre cuando mi padre sonrió como un niño pequeño. Y luego… todo se fue al traste. Entraron de noche, me despertaron los ruidos escaleras abajo y mis padres llegaron antes, uno de los que entraron se puso nervioso y en medio de la confusión mi madre…
Ahogó un sollozo y se sintió incapaz de hablar mucho más, una lágrima cayó desde su rostro y cayó sobre una mano de piel morena que envolvía las suyas. Miró a Korra, que se había acercado a ella.
-La echo de menos, Korra.
La chica de ojos azules le rodeó los hombros y la atrajo hacia sí, Asami se apoyó en el hueco del hombro de la chica sintiéndose a punto de llorar, abrazándose a ella.
-¿La recuerdas? ¿Recuerdas su sonrisa, su voz?
-Sí… recuerdo hasta su olor.
-Pues olvida todo lo demás. Tienes la suerte de poder recordar una persona a la que querías mucho, alguien que no se ha ido del todo. Quédate con los buenos recuerdos que guardas de ella y olvida lo demás. Piensa en lo afortunada que has sido de conocer a una mujer como ella y poder recordarla, es un regalo.
-No entiendo…
Notó que la chica emitía un suspiro.
-Creo que no te he hablado nunca de mi familia…
Asami negó con la cabeza contra su hombro.
-No lo he hecho simplemente porque no tengo. No recuerdo a mis padres, no sé ni siquiera sus nombres, cómo eran… Ellos murieron cuando era demasiado pequeña y nadie supo decirme nunca qué ocurrió con ellos. No sé nada de ellos aunque recuerdo unos ojos azules… como comprenderás en las tribus del agua no es un dato revelador. No tengo familia pero no pienso apenas en ello, he crecido y he salido adelante sin ellos, he encontrado referentes en mis maestros que me han criado desde que tengo memoria. No eran mis padres pero hace mucho que dejé de echarles de menos.
Hizo una pausa.
-Hmmm, eso no ha salido como esperaba.-dijo.-Lo que quiero decir es que te aferres a los buenos recuerdos que guardas de tu madre, que eso sea lo único que ocurra a tu cabeza cuando pienses en ella y no la evoques como una memoria triste sino como la mujer buena que tú conociste.
Asami esbozó una sonrisa a pesar de seguir sintiendo un nudo en el estómago y miró a la chica que vestía de negro.
-Gracias, Korra. En serio.
La chica le dedicó una media sonrisa.
-No hay de qué, deberías dormir un poco, Asami.
-Tienes razón, debería volver a mi habitación.
-Puedes quedarte por si tienes de nuevo una pesadilla, no me muevo al dormir y hay sitio de sobra.
Las intenciones de Korra parecían sinceras y agradecía no tener que volver a dormir sola aquella noche.
-De acuerdo.
Korra asintió con la cabeza y se levantó de la cama para dirigirse al lado opuesto, metiéndose de nuevo en las sábanas; y Asami le imitó antes de que Korra apagara la lámpara.
-Buenas noches, Asami.
-Buenas noches, Korra.
Cerró los ojos sintiéndose segura por el simple hecho de tener a Korra cerca.
Durmió hasta que los primeros rayos de sol acariciaron sus párpados. Abrió los ojos y se desperezó perezosamente viendo desde donde estaba los árboles que rodeaban la mansión pero aquella no era la vista que estaba acostumbrada a ver. Miró el enorme hueco que quedaba en su mitad de la cama y se dio la vuelta para encontrarse con una persona que dormía junto a ella.
Sonrió al ver a la chica de piel morena vestida con su ropa mientras dormía profundamente, al parecer Asami se había ido acercando a ella a lo largo de la noche y ahora su brazo reposaba en ademán protector sobre su cintura, manteniendo a la morena cerca.
Asami observó a la chica con una sonrisa a la luz de la mañana y estudió su rostro, pudiendo ver de cerca por primera vez todos sus rasgos así como sus cicatrices. Sabía que Korra no sentía ninguna vergüenza de aquellas marcas que surcaban su piel, pero no podía explicarse cómo tenía tantas ni por qué no las había curado. La gente miraba con cierta desconfianza a aquella chica que caminaba por la ciudad en silencio pero eso era porque no habían pasado con ella más de unos minutos. Pensó en la noche anterior, toda su faceta de tipa dura y tenebrosa se había venido abajo y había visto el lado más humano de Korra, no era ningún monstruo como ella hacía ver.
Le miró unos minutos en silencio, parecía dormir plácidamente, estaba tranquila… Se mordió el labio inferior, era una locura… pero a lo mejor era la única ocasión que tendría en mucho tiempo…
Acalló la voz de su conciencia y acercó su rostro al de Korra, posando sus labios sobre los de la chica que dormía durante unos segundos antes de que le invadiera un sentimiento de vergüenza. Separó su rostro del de la chica y se dio la vuelta apresuradamente, dándole la espalda sin pararse a pensar si podría despertar a Korra. La chica se removió en sueños y Asami contuvo la respiración, sin embargo la única reacción por parte de Korra fue acercarse a ella, acomodándose a su espalda.
Asami soltó un suspiro de alivio y relajó el cuerpo. Se sentía como una niña tonta pero no se arrepentía de haberlo hecho.
Acomodó la almohada bajo su cabeza y cerró los ojos, sintiéndose arropada por el calor que Korra desprendía y por los brazos que le rodeaban. El sueño volvió a acudir a ella y se dejó llevar sin resistencia.
