Sí, sí, ya lo sé llevo demasiado sin actualizar pero estoy de exámenes y notengo ni un segundo de respiro, sin embargo no me gusta dejaros tanto tiempo en silencio así que subo un nuevo capítulo esperando poder retomar de nuevo el ritmo e unas semanas.

Gracias para los que me han estado mandando mensajes de ánimo y de verdad que espero poder actualizar más de seguido, un saludo a todos :)


El ruido de la puerta abriéndose le despertó y distinguió la figura que le miraba desde el marco de la puerta, era ella pero no esperaba verla así...

Se incorporó en la cama.

-¿Qué estás haciendo?

Ella no respondió, simplemente le miró en silencio y dio unos pasos hacia la cama, moviéndose en silencio como una pantera que se dirigía hacia su presa.

Se paró a los pies de la cama y Asami le miró, estudiándola en la oscuridad, la luz de la luna iluminaba su figura semidesnuda, perfilando sus facciones. Subió al colchón y avanzó hasta quedarse a centímetros de distancia de su rostro, mirándole en silencio antes de besarla con ardiente intensidad. Asami cerró los ojos en aquel beso y dejó que le recostara de nuevo contra la cama, acercando el cuerpo de su inesperada visitante contra el suyo, sintiendo su calor y el olor que desprendía.

Sus manos comenzaron a acariciar su cuerpo por encima de la ropa y se abandonó a aquel contacto, unidas aún en aquel beso. La chica interrumpió el beso antes de clavar sus intensos ojos azules en los suyos, tenía las pupilas dilatadas y en su rostro se dibujaba aquella sonrisa de medio lado que tanto le encantaba.

-Korra…-dijo ella en un suspiro ahogado.

La aludida ensanchó su sonrisa e hizo que la besara de nuevo mientras iba desnudándola despacio. Asami aprovechó para acariciar el cuerpo de la chica, recorriendo con la yema de los dedos el contorno de sus músculos; quitándole a su vez la ropa interior que cubría el cuerpo de la chica de piel morena.

Las manos de Korra llegaron hasta sus pechos mientras la chica empezaba a depositar un reguero de besos y mordiscos por su cuello presionando su cuerpo desnudo contra el de Asami, moviéndose contra ella y arrancando débiles gemidos de la boca de la morena, que iba perdiendo poco a poco el hilo de sus propios pensamientos. Fue vagamente consciente de que la boca de Korra bajaba desde su clavícula hasta uno de sus pechos, atrapando uno de sus pezones entre sus dientes y mordiendo con delicadeza mientras dirigía una mano a la entrepierna de Asami, frotando por encima.

Llevó una de sus manos a la nuca de Korra, enterrando sus dedos en el pelo castaño de la chica y haciendo que se pegara aún más contra ella.

Notaba la creciente humedad que empezaba a formarse entre sus muslos justo donde Korra mantenía su mano, el deseo nublaba su juicio y sólo deseaba ser tocada, quería sentir que en el mundo no había más que ellas dos, abandonarse a aquella chica de ojos del color del mar que le había vuelto loca desde el momento en el que la vio.

Korra pareció intuir sus deseos puesto que la miró durante unos segundos que le parecieron eternos antes de depositar un suave beso en sus labios y bajar a sus caderas despacio. Observó como la chica se situaba entre sus piernas y besaba la cara interna de sus muslos casi con parsimonia, disfrutando de aquel momento de frustración que estaba provocando en Asami negándole temporalmente el contacto que tanto deseaba.

Cerró los ojos cuando notó el aliento de Korra contra ella y el tacto de su lengua contra su zona más sensible. Llevó la mano a la cabeza de Korra y empezó a mover las caderas contra su cara, describiendo un rítmico vaivén que la chica de ojos azules seguía. Ahogó un gemido cuando notó dos dedos de Korra introducirse en ella, entrando y saliendo despacio.

Su respiración se iba agitando mientras sentía un intenso calor recorrerla, cada contacto empezó a hacerse deliciosamente agónico y Korra pareció notarlo puesto que aferró sus caderas con la mano que le quedaba libre.

Se sentía a punto de estallar, sentía todo con más intensidad que nunca y fue consciente de que estaba a punto de llegar al orgasmo. No pudo evitar decir el nombre de Korra ahogado entre gemidos mientras aquella sensación se hacía casi insoportable y abrió los ojos antes de que le sobreviniera un espasmo que delatara el intenso orgasmo que estaba experimentando. Se movió casi violentamente contra la boca de Korra, que no parecía estar dispuesta a apartarse de ella y renunciar a la oportunidad de hacer que Asami disfrutara de aquella sensación el máximo tiempo posible.

Korra se mantuvo en el mismo sitio y los gemidos de Asami se hicieron más profundos mientras apretaba la cabeza de la chica, sus piernas comenzaron a temblar y se sintió a punto de desmayarse.

-¡Korra!-prácticamente gritó.

Abrió los ojos, desorientada al encontrarse de repente sola en la cama, respirando entrecortadamente y empapada en sudor. No era de noche sino que estaba amaneciendo. Procesó la situación unos segundos: estaba en una habitación que no era la suya, en una cama que no era la suya y sola.

Sintió un intenso calor en la cara, entendiendo todo de golpe; y se tapó con las sábanas hasta la cabeza, presa de una vergüenza indescriptible. ¿De veras acababa de tener un sueño así? ¿Precisamente en la cama de Korra? ¿Mientras la susodicha dormía al otro lado de la puerta? ¿Llevando su propia ropa?

Se cubrió la cabeza con la almohada, deseando que el colchón la engullera y no tuviera que sentirse así.

`` ¿Qué te ocurre, Asami? ¿En qué estabas pensando?´´ se dijo a sí misma. Aquello no estaba bien y menos estando en casa de Korra, ¿y si le había despertado? A lo mejor había hecho algún ruido y la chica le había oído.

Le invadieron unas irrefrenables ganas de salir corriendo de aquel apartamento y encerrarse en su casa para siempre, tal vez podría ser un buen plan.

Tampoco contribuía a disipar aquel sentimiento de vergüenza el hecho de que pudiera notar una embarazosa humedad en su ropa interior. ``Genial, ¿y ahora qué hago?´´

Tendría que arriesgarse a salir de la habitación y llegar al baño sin despertar a Korra, el problema es que no sabía dónde estaba el baño… la noche anterior estaba tan cansada y ebria que ni si quiera se lo había preguntado, además Korra se había ido muy deprisa después de que se le insinuara con demasiada poca sutileza.

Respiró hondo para tranquilizarse antes de armarse de valor y salir de la cama. Era un plan sencillo, llegar al baño, lavarse la cara, vestirse e irse. Tal vez no era el mejor plan del mundo pero no sabía si quería pasar tiempo aquella mañana con Korra, en parte por el sueño y en parte por lo que había ocurrido la noche anterior…

Le había dolido la forma en la que Korra le había rechazado, había visto el deseo en sus ojos, sabía lo que quería… y aun así no sabía qué le retenía. A lo mejor le había malinterpretado desde el primer momento y la chica de ojos azules no se sentía de la misma manera, pero si así fuera, ¿a qué se debía su actitud? Si de verdad no estaba interesada en ella de la misma forma, ¿a qué venía ese flirteo poco inocente y las miradas furtivas? No sabía qué hacer con ella, pero ya pensaría en ello cuando estuviera a solas y no planeando una huida poco estratégica.

Se levantó de la cama y se paró unos segundos frente a la puerta antes de abrirla despacio sin hacer ningún ruido. Salió de puntillas y se encontró en el salón, una pequeña sala en la que había dispuestos dos sofás. En uno de ellos se encontraba Korra dándole la espalda a la puerta de la habitación, parecía dormir tranquilamente lo cual quería decir que no le había escuchado… y aquello estaba bien. A los pies del mismo sofá se removió un bulto negro que levantó la cabeza al notar su presencia, mirándola en silencio.

Asami se llevó un dedo a los labios pidiéndole silencio a Naga y el animal pareció entenderla porque volvió a bajar la cabeza, clavando en ella sus grandes ojos ambarinos que relucían en la oscuridad. Le sonrió al animal agradeciendo en su fuero interno que Naga no le hubiera delatado, Korra tenía razón, era un animal asombrosamente inteligente.

Miró a su alrededor y vio en el pasillo que llevaba hacia la salida una puerta cerrada, sabía que la casa de Korra no era grande por lo que aquel debería ser el baño. Se dirigió hacia la puerta e intentó mover la manilla del picaporte, que notó inusualmente dura. Probó varias veces a moverla pero parecía estar cerrada como si tuviera un cerrojo por dentro, sin embargo aquello no podía ser, no había marca alguna de llave o cerradura. Se decidió a probar una vez más antes de que le sobresaltara una voz somnolienta.

-Esa puerta siempre se atasca, ¿sabes?

Dio un respingo y se giró para ver a Korra sentada en el sofá, palmeando la cabeza de Naga. Aquello era justo lo que quería evitar.

-¿Por qué quieres entrar ahí?-le preguntó Korra señalando con la cabeza la puerta.

-Pues… ¿no es el baño?

Korra le dedicó una de sus sonrisas mientras negaba con la cabeza.

-Este apartamento no es precisamente grande, pero te has equivocado de puerta.

Asami miró una puerta junto a la habitación en la que no había reparado antes y se sintió más tonta que nunca. Emitió una risita nerviosa antes de dirigirse a toda velocidad a la habitación adecuada, cerrando tras ella y mirándose en el espejo mientras se repetía mil veces que debía calmarse. Abrió el grifo y se echó agua fría en la cara, intentando despejarse y alejar de su mente el cansancio y los fragmentos del sueño que no paraban de acudir a su mente.

Debió estar más tiempo de lo que había considerado en el baño puesto que escuchó unos suaves golpes en la puerta.

-¿Va todo bien, Asami?-preguntó la voz de Korra al otro lado de la puerta.

Se irguió en el acto, respirando hondo y dibujando una sonrisa en sus labios antes de abrir la puerta, encontrándose a Korra fuera con expresión preocupada.

-Sí, todo va bien, sólo me he quedado un poco absorta.

Korra asintió con la cabeza aunque no parecía muy convencida, se dio la vuelta rascándose el pelo y dejándolo aún más desordenado de lo que estaba después de haber dormido. Se estiró y sus articulaciones crujieron mientras caminaba de vuelta al sofá.

Asami le observó mientras caminaba dándole la espalda y se reprendió a sí misma al darse cuenta de la forma en la que estaba mirando de nuevo a aquella chica que se sentó en el sofá que ocupaba antes emitiendo un bostezo. Tenía ojeras, tal vez no había dormido bien.

-Tal vez debería irme.-dijo Asami.

Korra le miró desde el sofá con el ceño fruncido.

-¿En serio? ¿A las cinco de la mañana? Sé que eres una importante empresaria, pero ni si quiera tú tienes reuniones tan pronto… ¿o es que quieres dejarnos tan rápido a Naga y a mí?

Naga pareció entender la frase pues miró a Asami desde el suelo con un gemido lastimero. Asami se acercó al animal y le rascó detrás de las orejas.

-En absoluto, y menos a esta belleza de aquí.-Naga movió el rabo con energía.-Pero creo que ya me he aprovechado bastante de tu hospitalidad.

La chica de ojos azules se frotó los ojos.

-No digas tonterías, Asami.

-Te he hecho dormir en el sofá de tu propia casa, me siento un tanto culpable.

Le miró en silencio antes de ponerse en pie.

-¿Ese es el único motivo por el que quieres irte a estas horas inhumanas?

Asami se encogió de hombros, irguiéndose.

-Te lo voy a preguntar una vez más, ¿quieres irte ya?-insistió Korra.

Dudó unos segundos antes de contestar, seguía molesta por lo ocurrido por la noche y avergonzada por el sueño, pero aun así no tenía ninguna gana de irse aún.

-No,-respondió.-no quiero irme. Pero no quiero que sigas durmiendo en ese sofá, cambiemos aunque sea de sitio…

Korra le miró con una ceja enarcada y negó con la cabeza, antes de agacharse. Lo siguiente que notó fue como Korra le levantaba del suelo, cargándola sobre un solo hombro con asombrosa facilidad, como si de un fardo se tratase. La chica de ojos azules echó a andar ignorando las protestas de Asami y entró con ella a la habitación.

-Bájame ahora, Korra.-le pidió.

Korra le obedeció depositándola en la cama con suavidad y ella se sentó en la cama, mirándola reprobatoriamente.

-Te he dicho que cambiábamos puestos.-le dijo a Korra.

-Y yo no dije nada al respecto pero no voy a dejar que duermas en el sofá, eres mi invitada.

-Así no se negocia.

-Ya, pero así sí.

Asami le miró sin entender y Korra rodeó la cama, tumbándose al otro lado y mirándole mientras reprimía un bostezo.

-¿Ves como deberías dormir aquí tú? Mejor me voy yo al sofá.

Fue a levantarse de la cama cuando los brazos de Korra le rodearon la cintura, echándola de nuevo en la cama mientras la pegaba a ella.

-Yo no vuelvo al sofá y tú no te vas, ¿vale?-escuchó la voz de Korra en su oído

No pudo evitar sonreír levemente, pensando en lo extraña que podía resultar aquella chica a veces… y sin embargo aquello no dejaba de parecerle hasta tierno.

-Está bien, cederé esta vez.

-Perfecto, ¡Naga!-llamó al animal, que apareció en la puerta.-Vigila a Asami, si hace intención de irse, le lames el pelo.

-¡Eh!-se quejó ella.

Le dio un codazo a modo de protesta a Korra y notó como los hombros de la chica se sacudían en una risa silenciosa.

No volvió a dormir en seguida, se quedó pensando en Korra, qué ocurriría a partir de ahora entre ellas… Tendría que hablar de ella de lo ocurrido de la noche anterior tarde o temprano, quería una explicación al menos. Aunque no aquella mañana, por el momento se conformó con sentir cerca de sí a la chica de piel morena, notando su respiración acompasada en su nuca y el calor de su abrazo.


Intentaba concentrarse en su trabajo, estaba revisando los planos para un nuevo dirigible empeñada en detectar cualquier fallo en el sistema pero su cerebro estaba muy lejos de su despacho. No había sido un buen día… aunque tampoco había pasado una buena semana en general.

Se recostó en la silla de la habitación, masajeándose las sienes para intentar pensar con claridad. Odiaba llevarse trabajo a casa pero el día había sido bastante productivo y no podía ir acumulando trabajo tan a la ligera. Tenía que concentrarse como fuera y olvidarse de…

-¿Asami?-le sobresaltó una voz a su espalda.

Miró hacia la puerta y vio a su padre con una bandeja en las manos.

-¿Puedo pasar?-le preguntó.

-Claro que sí.

Él entró en la habitación y Asami vio que en la bandeja traía algo de comida además de una taza de té que depositó en su mesa.

-He supuesto que no habrías cenado aún, llevas horas aquí dentro… igual que estos últimos días.

Asami miró a su padre viendo la preocupación pintada en todas sus facciones y ella se obligó a sonreír un poco.

-Sí, es solo que estoy un poco frustrada con este proyecto.

-Llevas unos días ausente, ¿ha ocurrido algo?

-No, papá, estoy bien.

Su padre hizo una pausa antes de hablar.

-¿Tiene algo que ver con esa chica?

Asami parpadeó confusa

-¿Eh?

-Aquella amiga tuya… la maestra.-pronunció la última palabra con odio velado

No sabía cómo había llegado a aquella conclusión… pero no se equivocaba en absoluto. Y por supuesto no podía decirle que sí o se ganaría una reprimenda por su parte.

-No ha ocurrido nada, es que estoy teniendo unos días dispersos, nada más.

-¿Seguro? No pareces muy convencida…

-Korra no me ha hecho nada, ¿de acuerdo? Deja de pensar así.

-No puedo, Asami, no puedo mientras sigas rondando alrededor de una persona como ella… No me fío de ella en absoluto.

Asami rodó los ojos, no era la primera advertencia que le hacía respecto a la chica pero todos sus argumentos empezaban y acababan en el ciego rencor que guardaba a todos los maestros elementales.

Le puso una mano en el hombro en ademán tranquilizador.

-No te preocupes por ella, sé cuidarme sola. Sólo tengo que acabar de revisar este proyecto y volveré a la acción, ya lo verás.

-Eso espero, mañana es un día muy importante… Por fin va a mostrarnos su poder.

Lo había olvidado. El día siguiente iba a ser el gran día de los Igualitarios: el día de la revelación, fuera lo que fuese aquello. Llevaban planeándolo durante semanas pero no sabía a qué se referían con aquello de la revelación, ¿revelar qué? Su padre estaba enterado del asunto pero era reservado y cada vez que le preguntaba al respecto él simplemente la miraba y le pedía paciencia.

-Sí, pero hasta mañana lo importante ahora mismo es este dichoso dirigible.-le dijo ella sonriendo.

Él le miró con una sonrisa y le dio un beso en el pelo antes de marcharse de la habitación deseándole las buenas noches. Una vez se hubo marchado Asami bebió de su taza de té mientras ahogaba un suspiro.

Su padre había sido sorprendentemente intuitivo, claro que su estado de distracción estaba causado por Korra, pero no de la manera que él pensaba. Ni mucho menos.

Hacía dos semanas desde que había dormido en su casa y dos días después de aquella noche concreta se armó de valor y le pidió explicaciones a la chica acerca de su comportamiento… no se esperaba la respuesta.

``No es tan sencillo, Asami… No voy a mentirte, me gustas y creo que es evidente, pero creo que no podemos estar juntas. Claro que quiero estar contigo pero no puedo hacerlo de la forma en que tú deseas… no puedo darte lo que buscas. Mereces algo mejor que yo, no estás a salvo conmigo y en seguida te arrepentirías… mereces a alguien que te haga feliz, que te ofrezca seguridad y yo no puedo hacerlo´´

Aquellas habían sido sus palabras exactas y cada vez que las recordaba se sentía dolida y confusa además de molesta con la chica, ¿quién era ella para decidir con quién estar o no? ¿Qué era aquello que les impedía estar juntas?

Empezaba a estar harta de esperar a que Korra diera el primer paso, no parecía por la labor de hacerlo nunca y ella no quería esperar eternamente para algo que no ocurriría nunca. No entendía a aquella chica y aquello le frustraba: ¿no podía estar con ella pero en cambio había dormido abrazada a ella en dos ocasiones? No entendía nada.

Desde aquel día había pasado de una pasividad paciente a intentar acelerar las cosas y para ello tenía que hacer algo de lo que no se sentía del todo orgullosa. Había dejado de llamarla todos los días y cuando salían se aseguraba que no iban a estar solas… en verdad ponía especial interés en que Mako siempre estuviera cerca.

No le había pasado inadvertido que el chico buscaba algo más que una sana amistad con ella, había notado cómo la miraba y los interminables (y a veces hasta desesperados) intentos para llamar su atención, de modo que cuando salían ella se acercaba de vez en cuando a él de forma bastante gratuita siendo consciente del efecto que aquello provocaba en la chica de ojos azules. Sí, estaba intentando poner celosa a Korra, pero es que no se le ocurría nada más. No se sentía bien haciéndolo porque era consciente de que estaba haciéndole daño a ella y a su vez dándole falsas esperanzas al chico, pero estaba desesperada… y aquello le consumía.

Korra nunca decía nada de su comportamiento, desviaba la mirada y mantenía la distancia y no sabía si aquella frialdad le dolía más incluso. Parecía que más que provocar celos en ella estaba haciendo que la chica se alejase y eso era justo lo que no quería. Echaba de menos ver su sonrisa y escuchar alguno de sus comentarios sarcásticos, apenas reconocía al muro de hielo con el que estaba tratando aquellos últimos días, parecía una persona distinta.

Lo único que estaba consiguiendo era perder a la chica que quería y engañar a su amigo y aquello era algo que nunca había contemplado como opción. Ella no era así, no era tan manipuladora, ¿qué le ocurría? ¿Qué le había hecho aquella chica? Había escuchado que por conseguir a quien se quería se era capaz de hacer cosas insospechadas, ¿pero de veras aquel era el precio que había que pagar?

-Ya está, Asami, a dormir.-se dijo a sí misma acabando la cena y apagando las luces.

No quería seguir pensando más aquella noche, no se sentía mentalmente preparada para enfrentarse de nuevo a un auténtico debate moral entre su conciencia y sus deseos. Mañana sería otro día, lo vería todo desde una nueva perspectiva y a lo mejor podría poner un poco de orden a sus pensamientos.

Por fortuna el día siguiente discurrió con normalidad hasta que llegó la noche, consiguió resolver todo lo planeado aquel día y cuando la oscuridad se apoderó de la ciudad se puso su uniforme de Igualitaria antes de dirigirse a una enorme nave industrial que debería llevar años abandonada pero que ellos usaban con frecuencia. Aquella noche ese lugar se llenaría de cientos de personas para presenciar la gran revelación de Amon, pero por fortuna aún era pronto y el lugar estaba casi desierto, sólo estaban algunos de los encargados de la supervisión del evento que la saludaron al pasar.

Se dirigió a la plataforma que se elevaba por encima del suelo un par de metros para encontrarse con otros Igualitarios, no los reconoció a todos pero sí a una de las reclutas, en teoría era su subordinada pero Asami estaba convencida de que aquella chica en seguida ascendería rangos, se estaba labrando una reputación intachable entre las filas de los Igualitarios debía admitir que se lo había ganado a pulso a juzgar por las veces que había trabajado con ella: era inteligente, diestra y disciplinada, pero demasiado reservada en la mayor parte de las ocasiones y tal vez un poco independiente. La recluta se mantenía al margen de sus compañeros, apoyaba la espalda contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho. Se dirigió junto a ella y se apoyó en la misma pared a una distancia prudencial.

-Lin.-dijo a modo de saludo.

La aludida asintió con la cabeza.

‑Jefa.-respondió.

-No creo que tengas que mantener ese formalismo mucho más tiempo.

-Me es indiferente, las formas son las formas.

Asami sonrió bajo el uniforme, pensando en cuánto se asemejaba esa chica en ocasiones a Korra… claro que Korra no se la tenía jurada a cientos de personas por ser maestros elementales. Se reprendió a sí misma por volver a pensar en Korra e intentó distraer su atención fijándose en el guante eléctrico que llevaba Lin en su mano derecha.

No solían darle aquel juguetito a cualquier persona, no porque hubiera un número limitado de ellos sino porque era una herramienta poderosa y Amon no era tan tonto de dejar que los incompetentes manejaran algo tan peligroso; de modo que si se le había dado a ella era por sus méritos propios.

-Creo que debería irte felicitando por tu ascenso.

-¿Eh?

-Te han dado el guante, eso es importante.

-Es sólo una herramienta, en realidad no la necesito para imponerme a nuestros enemigos, pero consideran que es importante que la tenga.

-Puede salvarte de más de un apuro si lo usas bien.

-¿Propia experiencia?

-Unas cuantas veces.

-Yo espero no tener que usarla, me gusta saber que he ganado justamente aunque ellos empleen poder elemental.

-Ese sentido del honor estúpido te acabará pasando factura.-interrumpió otro recluta que pasaba cerca y parecía haber escuchado la conversación.

-Eso es asunto mío, no pienso rebajarme a su nivel.-replicó Lin con voz fría.

Asami suspiró de manera imperceptible, ¿cómo se había visto envuelta en aquella situación? Rodeada de gente que acumulaba tanto odio y desprecio hacia los maestros… sí, habían cometido barbaridades e injusticias, pero Asami había sido testigo de todo el bien que podían hacer: había visto a Korra curar a un niño que daban por perdido, constructores levantando casas directamente del suelo o controlando el metal para construcción de infraestructuras, maestros del aire flotando en el cielo como pájaros, maestros de fuego contribuir al funcionamiento de fábricas enteras solamente mediante la producción de electricidad… Sólo esperaba que no todos los Igualitarios opinaran igual que aquellos dos, quería creer en que aún quedaba gente que luchara por algún motivo que no fuera rencor o venganza.

Poco a poco comenzó a llegar gente a la nave industrial, ciudadanos anónimos atraídos por la llamada de un misterioso desconocido que anunciaba el fin de una supuesta tiranía a la que estaban sometidos, aunque Asami no estuviera de acuerdo con aquello último. Se congregaron personas de todas las edades y nacionalidades, la incertidumbre y la emoción eran palpables en el ambiente y la morena miró su reloj, se acercaba la hora.

Poco antes de la medianoche cerraron las puertas de la nave y se hizo el silencio en el recinto, Asami miró en las alturas donde decenas de Igualitarios vigilaban lo que ocurría a nivel del suelo y se preparó para lo que estaba por venir.

Pocos segundos después vislumbró por el rabillo del ojo la figura enmascarada que subía con paso lento pero decidido al estrado y se quedó parado frente a un micrófono que habían dispuesto oportunamente. Amon no habló en seguida, dejó que los presentes le observaran un minuto antes de empezar su discurso.

-Mi búsqueda de la igualdad empezó hace muchos años: cuando era un niño mi familia y yo vivíamos en una pequeña granja, no teníamos mucho y ninguno era un maestro elemental, lo cual nos convirtió en un blanco fácil el maestro de fuego que extorsionaba a mi padre. Un día mi padre se enfrentó a él pero cuando lo hizo, aquel hombre me arrebató a mi familia… luego me dejó sin rostro. He tenido que esconderme bajo esta máscara desde entonces.

Los maestros dicen que el control es lo que trae el equilibrio al mundo, pero se equivocan, lo único que el control ha traído al mundo es sufrimiento, siendo la causa de todas las guerras en cada una de las eras; y eso debe cambiar. Sé que os estáis preguntando `` ¿qué es la revelación?´´ Estáis a punto de tener vuestra respuesta: desde el principio de los tiempos los espíritus han actuado como los guardianes de nuestro mundo y ellos me han elegido. Me han dicho que la ausencia de un nuevo Avatar no es casualidad, que ha fallado a la humanidad y por ello me han elegido para traer una nueva era de equilibrio. Me han concedido el poder que hará de la igualdad una realidad: el poder de quitar el control elemental de una persona. Para siempre.

Asami abrió los ojos, sumándose a la oleada de incertidumbre y desconcierto que se había apoderado de la audiencia. Comenzó a escucharse un murmullo intranquilo que Amon acalló levantando una mano.

-Por supuesto no pretendo que creáis esto sin daros una demostración de mi poder, pero os aseguro que no vais a salir decepcionados esta noche.

El líder de los Igualitarios miró al Teniente haciéndole un gesto con la cabeza y el hombre desapareció unos segundos para aparecer poco después acompañado por una decena de reclutas que traían a tres hombres vestidos con ropas de calle, Asami los reconoció, eran algunos de los mafiosos de las bandas que estaban persiguiendo. ¿Qué estaba ocurriendo?

-¿Qué demonios…?-escuchó a Lin decir a su lado.

Se giró hacia la chica.

-¿Tú sabías algo de esto?

-Sabía que les perseguíamos, no que hacíamos prisioneros.-su voz tenía un deje de furia.

Volvió a dirigir su atención a los presentes, que parecían tan confusos como ella y esperó a que Amon se decidiera a hablar de nuevo mientras los reclutas hacían a los hombres arrodillarse en el estrado frente a Amon.

-Estos hombres han aterrorizado a ciudadanos de esta ciudad mediante el uso de un poder que jamás debió serles concedido y esta noche van a pagar al fin por sus crímenes.

-¡Suéltanos maldito, pelea como un hombre!-gritó uno de ellos.

Amon le miró largo rato.

-Muy bien, pelearé contigo si es tu deseo… pero no durará mucho.

Los reclutas quitaron las esposas que amarraban las manos del hombre y el cuanto lo hicieron se abalanzó sobre Amon con una llamarada, el líder de los Igualitarios la esquivó con facilidad e inutilizó el chi de sus extremidades, dejando al hombre de rodillas en el suelo. El mafioso no paraba de gritar y echar fuego por la boca, pero Amon se situó a su espalda.

-¡Esta noche comienza una nueva era!-proclamó en voz alta.

Situó unos dedos en la frente del hombre, que dejó de gritar mientras abría mucho los ojos con expresión de dolor, la llamarada que antes salía de su propio aliento fue reduciéndose hasta apagarse por completo y el silencio se hizo en la sala antes de que el mafioso comenzara a maldecir.

Lo había hecho… realmente le había arrebatado el control elemental.

La muchedumbre estalló en vítores y a Asami le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo al oír aquel griterío desenfrenado. Aquellas personas no aclamaban por el fin de una tiranía, clamaban venganza de una forma salvaje y feroz y sin embargo algo en el interior de Asami compartía aquel desmesurado frenesí.

Aquello lo cambiaba todo, podían luchar de verdad contra los maestros, pero era un arma de doble filo al fin y al cabo ya que podían usarlo contra gente inocente… ¿Y si empezaba a ocurrir? ¿Perseguirían a todos los maestros como si de una purga se tratara? Por su mente pasaron decenas de caras conocidas: empleados de la fábrica, miembros del consejo, los hermanos, Korra… ¿Estaban en peligro ellos también?

Amon le arrebató el control a los dos maestros restantes a pesar de las súplicas de estos y Asami miró a su alrededor viéndose rodeada por una muchedumbre enardecida que vociferaba sin control y de sus compañeros igualitarios que les coreaban. Sentía un conflicto interno, por un lado deseaba unirse a las celebraciones pero no podía evitar sentir un nudo en el estómago pensando en los posibles efectos colaterales.

Todo el mundo gritaba aquella noche enloquecido, todos menos ella y la chica que se encontraba a su lado sumida en un silencio sepulcral. Asami le miró y la chica le devolvió la mirada, no podía ver bajo el uniforme pero imaginó que la cara de Lin debía asemejarse a la suya. Lin se giró levantando el puño en alto imitando un gesto de victoria y a pesar del griterío escuchó claramente como le decía:

-Disimula, Sato, esta noche debemos unirnos a la masa.

Parpadeó confusa pero tenía razón. Imitó a la chica y se obligó a lanzar un par de gritos de júbilo, sorprendiéndose al poco tiempo cuando aquella simulada reacción se volvió genuina. Era el principio de algo grande: no se esconderían mucho más, librarían a la ciudad de todos aquellos que querían controlarla en su propio beneficio y traerían una nueva paz. Era algo bueno, algo importante y Asami formaba parte de ello.