Bueno, pues un descansito de los exámenes por fin. He aprovechado para hacer un capítulo un poquito más largo de lo habitual, pero no quería dejar cabos sueltos. No sé si subiré capítulo antes de que acabe el año pero de no ser así, espero que disfrutéis todos las vacaciones.
Como siempre, gracias por los mensajes y comentarios que habéis ido dejando y espero que os guste este capítulo.
-¿¡Cómo demonios lo ha hecho?!
-¿Estás segura de lo que viste?
-¿¡Cuántas veces voy a tener que decíroslo?! Lo hizo, ahí mismo, ese psicópata le dejó sin control elemental, ¿cómo lo ha hecho? Yo soy el maldito Avatar y no creo ser capaz de ello así que decidme, ¿¡qué se supone que he visto esta noche?!
Después del espectáculo que había visto en la nave industrial aquella noche había vuelto al cuartel del Loto Rojo y había despertado de malas maneras a sus maestros y a los dirigentes.
Korra les miró a todos, esperando que alguno dijera algo aunque tan solo fuera Ghazan para soltar alguna broma, pero hasta él se quedó en silencio.
-Si lo que dices es cierto, no tengo explicación alguna para ello, jamás he oído de alguien con ese poder…-dijo Zaheer pasado un rato.
-Es que no debería existir, hemos de actuar y tiene que ser ahora.
-No es asunto nuestro.-replicó uno de los altos mandos.
-¿Que no es asunto nuestro? ¿Un loco capaz de quitar el control elemental anda suelto seguido por una jauría de pirados a la caza de maestros y no es asunto nuestro?
-El mundo no se circunscribe a esta ciudad, Korra.-respaldó Zaheer.
-Tal vez pero esta ciudad será el foco de una epidemia si les dejamos seguir actuar, no les visteis, Zaheer. No visteis a la masa enfurecida, clamaban venganza a ciegas, ahora que saben lo que ese tipo sabe hacer se sentirán invencibles. Ahora capturan mafiosos pero es cuestión de tiempo que den un paso más y vayan a por todos nosotros.
-¿Temes por tu seguridad, Avatar? Un ser tan poderoso como tú asustado por la chusma.-dijo un dirigente cuyo nombre no se había molestado en aprender.
Korra le fulminó con la mirada antes de levantarse de la mesa y dirigirse a él con calma. El hombre se giró en su silla y ella le asió del cuello de su traje, levantándolo por encima del suelo con un solo brazo como si no pesara ni un gramo, él le miró aterrorizado.
-Llegado el momento podría hundir esta ciudad con tan solo desearlo, no lo olvides. -siseó.
-Korra, ya es suficiente.-le espetó Zaheer con deje autoritario.
Ella le dedicó una mirada de soslayo antes de soltar al hombre y volver a su sitio.
-No temo por mi vida ni mi poder, temo por los miles de maestros que habitan esta ciudad.-dijo ella.-Si los Igualitarios se levantan, organizarán una auténtica cacería con el único objetivo de encontrar y neutralizar a aquellos que han nacido con el don del control elemental. El Loto Rojo busca mantener el equilibrio entre el mundo humano y espiritual, si se cercena la única conexión posible que podríamos tener con los espíritus, ¿no sería un atentado contra este equilibrio?
Por primera vez desde que había empezado a hablar observó que sus argumentos comenzaban a calar en el resto de los presentes.
-¿Qué propones que hagamos? ¿Matar a Amon?
-No, aquello no acallaría a los Igualitarios, tan sólo les daría una excusa para radicalizarse y se vanagloriarían de ello: luchar por la memoria del único hombre que inspiró el miedo en los maestros; eso les encantaría.
-¿Entonces cómo actuaríamos?
-La historia de Amon es falsa, estoy segura de ello porque lo sentí, tiene que haber algo en su pasado que a lo mejor nos dé pistas de su verdadera identidad y tal vez así conseguiríamos averiguar cómo puede ser capaz de quitar el control de la gente.
-No es mal plan.-le respaldó P'li.
Korra miró a la maestra de fuego con agradecimiento en sus ojos y P'li solamente asintió.
-Muy bien, lo haremos así por el momento.-decidió Zaheer.
-Perfecto, mañana volveré a la base de los Igualitarios, llegaré hasta los mafiosos a los que han usado hoy como sujetos de experimento y veré qué ha ocurrido con su control, tal vez así llegue a entender…
-Korra, tú no formarás parte de esta operación, al menos no por un tiempo.
Parpadeó un par de veces sin entender antes.
-¿A qué se debe esa decisión?
-Te necesitamos un tiempo fuera de Ciudad República, necesitamos que vayas al Reino de Tierra a prestar ayuda a algunos de tus compañeros.-respondió Zaheer.-Hay un grupo de disidentes que deben ser eliminados y te necesitan.
-De ninguna manera, mi sitio está aquí.
-No es discutible, debes ir.
-Me encargasteis venir aquí a lidiar con los Igualitarios y me mandáis lejos cuando por fin puedo hacerlo.
-No te estamos pidiendo opinión al respecto.
-No es cuestión de opinión o no, es hacer lo más lógico, estáis enviando fuera a la única persona que puede hacer frente a esta crisis.
-Se te necesita para asuntos más urgentes que este.-prácticamente gritó el maestro de aire.-No voy a ceder ante tus caprichos sólo porque a ti se te antoje, obedece lo que se te dice.
Korra volvió a levantarse de su silla con violencia, inclinándose sobre ella mientras la golpeaba con los puños.
-¡¿Un capricho!? ¡¿Llamas capricho a querer prevenir una revolución en una ciudad o a querer salvar a los maestros que hay aquí!?
-¡No repliques, Korra!
-¡Resulta difícil no hacerlo cuando me mandáis como ejecutora a una misión que no tendría que existir! ¡Me estáis mandando a arreglar las cagadas de otro mientras aquí está ocurriendo algo mucho más grave de lo que creéis!
-¡Irás porque es tu deber y además una orden directa de tu Maestro, que seas el Avatar no significa que se te vaya a permitir hacer lo que te plazca! ¡No quiero oír más de este asunto, obedece lo que se te dice! ¡¿He hablado con claridad!?
Korra miró a Zaheer furiosa, notando la ira que desprendía él a su vez, sólo había conseguido enfadarle tanto en dos ocasiones. Le sostuvo la mirada en un silencio que nadie se atrevió a romper.
-Muy bien, ``maestro´´.-puso especial énfasis en la última palabra y habló con evidente ironía-Me encargaré gustosa de tan importante misión. Buenas noches.
-La reunión no ha terminado.
-Para mí sí.
Se irguió y se dirigió hacia la puerta, haciendo que saliera despedida con su aire control; y abandonó el cuartel del Loto Rojo para regresar a su apartamento.
Sabía que aquella actuación le acabaría saliendo cara, pero la rabia nublaba su juicio. Eran unos imbéciles, sin ella en la ciudad las cosas se pondrían peor y todo para poder arreglar los frutos de la incompetencia de otros miembros del Loto cuando había asuntos mucho más importantes que resolver.
Entró al piso y cerró de un portazo, sin pensarlo dos veces dirigió un puñetazo a una de las paredes de ladrillo del edificio descargando la ira que tenía acumulada. Ahogó un aullido de dolor y cayó de rodillas al suelo cuando sintió que un par de sus nudillos se rompían, dejándose la mano inflamada y sangrando. Aquello pareció alertar a Naga puesto que el animal se acercó a ella, mirándole con expresión preocupada.
Korra le miró forzando una sonrisa y le rascó la cabeza con la mano sana.
-No te preocupes, es sólo un rasguño.
Suspiró hondo desde su asiento, observando el vagón donde se encontraba. Parecía de primera clase: cómodos asientos, elegantes decoraciones… y ahí estaba ella, sentada con los pies sobre una mesita de madera que parecía costar más de lo que ganaba una familia en dos años. En el extremo opuesto del vagón se encontraban sus cuatro maestros, no había hablado con ellos desde el día de la reunión y no tenía intención de hacerlo por el momento.
Miraba desde la ventanilla el paisaje que pasaba a toda velocidad ante sus ojos con los brazos cruzados y ensimismada en sus pensamientos.
Habían pasado tres días desde que presenciara la revelación de Amon, al día siguiente fue a informar ante los Igualitarios de que Lin estaría ausente durante unas semanas por motivos de la fábrica en la que trabajaba (todo adecuadamente acreditado gracias a la emisión de papeleo falso por parte del Loto Rojo) y la noche antes de irse había sucumbido a la tentación y había ido a despedirse de Asami.
Asami… ¿Qué iba a hacer con aquella chica? Sabía que estaba molesta con ella y ahora se lo hacía pagar a su manera, apenas le hablaba y pasaba la mayor parte del tiempo con Mako. Quería pensar que la morena intentaba darle celos pero a esas alturas no le extrañaría en absoluto que Asami estuviera harta de ella y su indecisión y hubiera decidido olvidarse de ella para siempre, de ser así no podría reprocharle nada pero no podía evitar que le doliera.
Aquellas semanas lejos le vendrían bien, supuso. Podría poner en orden sus ideas y a lo mejor conseguía apartar a la morena de su mente… ¿A quién pretendía engañar?
-Me sorprende no ver a esa bestia tuya merodeando por aquí.-dijo una voz a su lado, sacándola de sus pensamientos.
Ghazan había tomado asiento frente a ella e imitó su uso de la mesa como reposapiés. Korra se encogió de hombros y devolvió su atención al paisaje.
-He tenido que dejarla en la ciudad, se supone que no debo llamar la atención en esta misión.
-¿Y se la has dejado a los reclutas? Debes estar loca, les va a usar de aperitivo.
-Yo no he dicho eso.
-Ah, ya entiendo… ¿tu princesita Sato?
Le miró de soslayo, ignorando la sonrisa burlona que se había formado en sus labios.
-Si vuelves a llamarla así te arrancaré un brazo, estás avisado. Y sí, está con ella, ¿algún inconveniente?
El hombre se encogió de hombros y miró por la ventana.
No había planeado dejar a Naga con Asami, pero la noche que fue a verla la chica se ofreció a cuidarla en su ausencia y la verdad es que Korra confiaba más en Asami para cuidar a Naga que en cualquier otra persona, además sabía que el animal no haría caso a nadie más al margen de la propia Korra o la morena, parecía que la chica le gustaba y no le hacía falta preguntarse el por qué.
Pasado un rato Ghazan habló de nuevo.
-Todo el mundo ha estado hablando del pequeño enfado que tuviste el otro día, ¿de verdad hacía falta volar una puerta?
-No pienso disculparme, si eso es lo que quieres. Lo volvería a hacer.
-Ya, pero pobre mobiliario.-se rio con un deje de crueldad.- ¿Dónde quedaron las sempiternas palabras de Zaheer de que mantuvieras el equilibrio en tus emociones?
-Murieron en mi cerebro cuando vi que se tomaba una decisión arbitraria sin tener en cuenta las repercusiones. Sabes tan bien como yo que debía haberme quedado en la ciudad a intentar que las cosas no se descontrolen más.
-La verdad es que tengo que darte la razón, pero son órdenes y ni siquiera tú estás exenta de cumplirlas en este caso.
Korra hizo una pausa en silencio, cavilando.
-¿Puedo preguntarte una cosa, Ghazan?-le preguntó sin mirarle.
-Puedes probar.-dijo él con su sorna habitual.
-Cuando vinisteis a Ciudad República y dijisteis que estabais de paso antes de ir a Ba Sing Se, ¿sabíais ya que iba a ir con vosotros?
-No, en un primer momento sólo íbamos a ir nosotros cuatro, creíamos que con nosotros bastaría.
-¿Y qué ha cambiado estos días?
-Bueno, bueno, cuántas preguntas, ¿no?
-¿Qué ha cambiado?
-No sabía que esto fuera a ser un interrogatorio, si lo sé me quedo en mi sitio.
-Por favor, Ghazan. Responde.
Él suspiró, cruzándose de brazos.
-Sabíamos del problema con los rebeldes y en un primer momento no nos harías falta, pero insistieron mucho en que vinieras con nosotros, no paraba de repetir que tu presencia era imprescindible y que te necesitaríamos.
-¿Quién?
En la boca de Ghazan se dibujó una sonrisa burlona.
-Ella, por supuesto.
-Oh.
Claro. Sólo podía haber sido ella…
-Creí que te alegrarías de saber que os ibais a reunir…
-La emoción nubla mi juicio.-comentó ella con ácida ironía.
El hombre se rio cruelmente y ambos retornaron a su taciturno silencio.
Llegaron a Ba Sing Se cuando atardecía y les recibió un grupo de reclutas con uniformes militares en la estación, escoltándoles hacia un vehículo que les llevaría hasta el complejo que empleaban como base de operaciones situado en un bosque a unos kilómetros de la ciudad. Cuando por fin llegaron al lugar Korra se sentía incapaz de aguantar ningún tipo de reunión para discutir estrategias ni operaciones, por ello se alegró cuando uno de los hombres que les había recibido en la estación dijo:
-Habrá una pequeña reunión, pero sólo necesitamos de la presencia de uno de su grupo, el resto puede retirarse a descansar si así lo desean.
-Creo que Zaheer sería el más apropiado.-dijo ella con una sonrisa maliciosa.
Sus maestros le miraron, Ghazan y Ming-Hua divertidos, P'li con expresión reprobatoria y Zaheer con un deje de enfado, pero todos sabían que en realidad tenía razón a pesar de los motivos que tenía para venderle de esa manera.
-Está bien, iré.-dijo el maestro de aire.
-¿Y nosotros qué hacemos?-preguntó Ghazan.
-Tienen total acceso a las instalaciones del complejo, pueden hacer lo que les plazca.
-¿Esa concesión se aplica al campo de entrenamiento?
-Por supuesto.
Korra vio como el maestro de tierra sonreía y le miraba.
-Habrá que probarlo, ¿no?
-Tal vez mañana, Ghazan, hoy voy a pasar de tanta acción.
El maestro de tierra resopló de aburrimiento mientras Zaheer y un par de guardias se separaban del grupo.
Guiados por otros reclutas se dirigieron hacia el interior del complejo, llegando poco después a los cuartos que habían dispuesto para cada uno de ellos. Korra se encerró en la habitación, era pequeña pero para una estancia provisional era más que suficiente aunque echaba de menos el apartamento en Ciudad República. Sólo deseaba que llegara el día siguiente lo más rápidamente posible, ponerse a trabajar y poder volver a ocuparse de todo el asunto de los Igualitarios antes de que fuera demasiado tarde como para actuar.
Después de ducharse se dirigió a los comedores comunales donde algunos reclutas la miraron con desconfianza mientras se dirigía a la mesa que ocupaban sus maestros y algunos altos cargos del lugar, aquellos hombres no sabían quién era ella pero aun así intuían que debían temerla.
Korra era el secreto mejor guardado del Loto Rojo incluso entre los propios miembros de la organización, muchos no sabían que existía el Avatar. Nadie salvo aquellos que le habían entrenado o trabajado con ella conocía su identidad y los que sabían qué era estaban amenazados severamente de muerte si revelaban lo que sabían.
Ocupó asiento junto a P'li y cenó en silencio, escuchando retazos de conversaciones que tenían lugar a su alrededor sin prestar atención a ninguna en particular y antes de irse Zaheer llamó su atención.
-Mañana a las 11 debes estar en la sala de reuniones, sin falta.-le dijo.
Ella se encogió de hombros.
-Sin problema, buenas noches.
La mañana siguiente no sólo acudió a la reunión, sino que fue la primera en llegar y se sentó a esperar a los demás con los pies en alto de la mesa y apoyando la cabeza en las manos cruzadas por detrás de la nuca. Se permitió dirigir una mirada de sorna a su maestro cuando éste entró acompañado por P'li, mirando reprobatoriamente su postura.
La reunión comenzó unos minutos después aunque a Korra no le pasó desapercibido que la silla central estaba desocupada.
No paraban de hablar de infiltraciones en bases rebeldes, que necesitarían de la habilidad de Korra para entrar y salir: primero entrar en los archivos y averiguar qué sabían y quienes eran sus contactos y una vez resuelto, desmantelar las instalaciones, capturar a los rebeldes y ``reubicarlos´´. Ella esbozó una mueca de disgusto ante el eufemismo, todos sabían que ninguno de los que hicieran prisioneros acabaría vivo o libre y dejó claro desde el primer momento que no participaría en aquella última fase de la operación. Por suerte le concedieron aquella petición.
Estaban debatiendo acerca de planos cuando la puerta de la sala se abrió. Todos salvo ella se pusieron en pie cuando aquella mujer entró flanqueada por dos guardias que le seguían de cerca, vestía uniforme militar del mismo verde musgo que todos los que trabajaban por allí, pero llevaba algunos distintivos que indicaban su rango como hombreras y una placa en la espalda, ambas de metal. Ella les dirigió un saludo militar
-Buenos días, lamento la tardanza.
Escrutó a los presentes tras ocupar la silla que antes estaba vacía. Era unos tres años mayor que Korra y unos centímetros más alta, su pelo era moreno y sus ojos verde oscuro, su cara era atractiva y en ella resaltaba un lunar justo por debajo del ojo derecho.
Su dura mirada se paró al encontrarse con los ojos de Korra y esbozó una torcida sonrisa desde su posición, apoyando los codos sobre la mesa y entrelazando los dedos, aparentemente complacida.
-Me alegra ver que al final has venido, Korra.
La aludida enarcó una ceja dedicándole una sonrisa burlona.
-¿Y fallar a la gran unificadora? Qué poco me conoces, Kuvira.
Terminaron la reunión apenas una hora después, aquella noche se infiltrarían en la base ella y un par de reclutas: entrada a los archivos, recopilación de información y salir de ahí como si no existieran. Parecía sencillo.
Abandonó la sala de reuniones en silencio, dispuesta a regresar a su habitación y meditar en silencio, pero al parecer alguien tenía otros planes para ella.
-¡Korra!-le llamaron a su espalda.
Se giró para ver a Kuvira caminando en su dirección acompañada por su guardia personal y esperó hasta que llegaron a su altura.
-Confiaba en que pudiéramos hablar unos minutos, si te parece.-le ella.
-Depende, ¿vas a tener a tus matones contigo o no?-respondió Korra.
-No les necesito para conversar contigo.
-Pero…-protestó uno de ellos.
Kuvira alzó la mano, haciéndole callar.
-Si ella quisiera hacerme daño ni siquiera vosotros podríais impedirlo.
Korra observó divertida como el soldado asentía y realizaba un saludo militar que imitaron los demás antes de retirarse. Observó cómo se alejaban antes de dirigir su atención a Kuvira.
-No sabía que se pudiera tener monos amaestrados, tal vez pida alguno.-comentó sarcástica.
-Es lo que tiene la lealtad, Korra. Caminemos.
-Sí, gran unificadora.-se burló ella mientras echaba a andar.
-Ríe cuanto quieras, pero estos hombres me respetan.
-Yo no llamaría lealtad al automatismo ensayado, Kuvira.
Kuvira se encogió de hombros y caminaron unos metros en silencio.
-Creo que sabrás que fui yo quien insistió en que vinieras.
-He sacado mis propias conclusiones, he de decir que me sorprendió bastante, creía que no necesitarías ayuda con esta tarea.
-Las cosas pueden complicarse de forma inesperada y siempre viene bien contar con el respaldo del Avatar, ¿no crees? Además era una excusa perfecta para encontrarnos de nuevo, ¿cuántos años han pasado desde la última vez?
-Algo más de un año, después de que consiguiéramos hacer que encabezaras la reunificación del Reino de Tierra.
-No me refiero a eso.
Korra reparó en la expresión de Kuvira, entendiéndola. Se encogió de hombros.
-No lo recuerdo, sinceramente. Tal vez dos o tres años.
-Es una lástima, ¿no crees?
-Puede, pero he oído que estás prometida con un tal Baatar, ¿me equivoco?
-Estás en lo cierto, es un buen hombre aunque es más bien un acuerdo de conveniencia, Baatar me pondría en bandeja Zaofu y así Suyin Beifong no opondría resistencia.
-¿No es un poco desagradecido por tu parte dedicarte traicionar a la mujer que te acogió prácticamente en su familia?
-Mi lealtad siempre ha estado junto al Loto Rojo.
Korra le miró en silencio sin manifestar su desacuerdo.
Conocía a Kuvira desde que tenía memoria, ya era una recluta del Loto Rojo cuando ella llegó a la organización. Los padres de la chica le habían abandonado y había entrado en las filas del Loto, destacando en seguida por su habilidad para el metal control que iba a juego con su impasible personalidad. No se habían conocido de verdad hasta que Korra cumplió los diez años que fue cuando la introdujeron al control del metal, haciendo que peleara contra una más que experta Kuvira que no le daba ni descanso. Entre ellas nació una rivalidad infantil que se acrecentó cuando la chica de ojos azules fue capaz de derrotarle en su propio terreno aunque con el tiempo la rivalidad dio paso a otro tipo de relación más… cercana.
Ocurrió todo después de un entrenamiento, por aquel entonces mantenían constantes rencillas para proclamarse la mejor maestra de metal y de vez en cuando organizaban peleas particulares entre ellas. Korra tenía dieciséis años y muchas ganas de probar que era mejor de lo que sus maestros decían y se empleó a fondo contra Kuvira, ganándole al final. La maestra de metal se enfadó con ella y le acorraló después en un pasillo acusándole de haber hecho trampas, intentó golpearla pero Korra le inmovilizó las muñecas a la altura de la cabeza apoyándola contra una pared. Recordaba cómo la expresión de Kuvira cambió y pocos segundos después se sorprendieron unidas en un furioso beso.
Aquella fue su primera vez y no la última entre las dos a pesar de que poco después enviaran a Kuvira a Zaofu para alistarse en la guardia de la ciudad.
Las cosas le habían ido bien ya que la propia Suyin Beifong se había interesado por ella dadas sus habilidades y con el tiempo se había convertido en una de sus personas de confianza. De vez en cuando la chica había vuelto al complejo en el que Korra había crecido y en aquellas ocasiones solían pasar la noche juntas. Ella tenía claro que entre las dos no había nada más allá de una relación física pero Kuvira deseaba algo más y empezó a volverse celosa, amenazando a cualquier recluta que se acercara a Korra. La chica decidió cortar de raíz aquella situación provocando una reacción desproporcionada en la maestra de metal y desde entonces no habían vuelto a estar a solas. En su fuero interno Korra esperaba que aquello siguiera así.
Ahora Kuvira encabezaba la reunificación del Reino de Tierra y aquello no era una casualidad, pese a que el Loto Rojo se oponía a cualquier tipo de líder eran conscientes de que necesitarían unir aquel vasto territorio bajo una figura en común y una vez hecho contarían con miles de personas luchando por sus mismas causas. Era un plan que a todos pareció encantarles. A todos menos a Korra.
Korra no estaba de acuerdo con conceder tanto poder a una sola persona, temía que la ambición pudiera corromper a aquella chica pero sus sugerencias no fueron escuchadas y ahora simplemente se limitaba a esperar pacientemente que sus predicciones no llegaran a cumplirse.
-Me han dicho que estás pasando una temporada en Ciudad República, algo de los Igualitarios.-dijo Kuvira poco después.
-Sí, llevo un tiempo trabajando en ello.-respondió ella.
-Seguro que has vuelto a más de una Igualitaria loca por tus huesos.
-No funciono así, no confraternizo durante las misiones.-técnicamente no estaba mintiendo… del todo.
-¿En serio? Se me ha comentado otra cosa.
Esta vez sí mintió, no le interesaba que Kuvira supiera de la existencia de Asami.
-Puro chismorreo.
-Lo suponía. ¿Y bien? ¿Qué puedes contarme de la misión?
-Sabes muy bien que nunca comento nada de operaciones en progreso.
-A mí puedes contármelo.
-Puedo, pero no lo haré.
-Cuéntamelo, soy la persona al mando aquí.
La voz de Kuvira sonó autoritaria y Korra dio un par de pasos para ponerse frente a ella, mirándole con seriedad.
-Voy a aclararte algo, Kuvira: no soy uno de tus soldaditos a los que puedes mangonear. Soy el Avatar, no recibo órdenes por parte de ningún rango militar, ¿he hablado con claridad?
No le dio oportunidad de replicar puesto que se dio la vuelta y se alejó de ella sin mediar palabra. Que fuera la líder de un ejército a ella le importaba poco, no iba a acatar sus órdenes.
Al cabo dos semanas el asunto de los revolucionarios estaba prácticamente finiquitado, aunque Korra no se sentía satisfecha por ello.
Había algo raro en todo aquello, los rebeldes luchaban con insistencia contra el ejército de Kuvira pero no parecía que fuera para impedir la unificación. Había encontrado mapas topográficos en los que marcaban localizaciones en mitad de bosques en los que no debería haber nada ni siquiera puntos de abastecimiento de recursos, ¿qué buscaban allí exactamente? Poco a poco fueron capturando a rebeldes pero ella no participó en ninguna de esas operaciones, dijeron que su presencia no era necesaria para atrapar a un puñado de ratas y sin embargo tampoco le permitieron ver a ninguno de los prisioneros. Le daba muy mala espina pero nadie parecía compartir su inquietud de modo que se guardó para sí misma sus preocupaciones.
Faltaban menos de cinco días para regresar a Ciudad República y se encontraba haciendo ejercicio a solas, sabía que nadie le molestaría en el patio reservado para entrenamientos debido a la lluvia torrencial que caía desde hacía un par de días. Tras dos horas de intenso ejercicio decidió volver a la habitación antes de ponerse enferma y entró en el complejo completamente empapada por la lluvia, aunque aquella situación no duró mucho ya que retiró el agua de sus ropas con su control antes de encaminarse a su destino.
Cerró la puerta tras de sí y tiró su camiseta de cualquier manera pero en cuanto fue a dirigirse al baño para darse una ducha reparó en que no estaba sola. Alguien le estaba esperando sentada sobre su cama y se puso en pie al verle.
Korra se quedó inmóvil mientras aquella persona se dirigía hacia ella, reparando en la poca ropa que llevaba su visitante. Sólo le cubría su ropa interior.
-Kuvira… ¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó con cierto nerviosismo.
-Esperarte, he pensado que tal vez querrías compañía después de todo este tiempo.-respondió la maestra de metal con una media sonrisa.
-Creo que dejé claro que no…
-Sabes que en el fondo lo echas de menos.
La chica se quedó cerca y Korra le miró a los ojos.
-De modo que sólo querías que viniera para poder acostarte conmigo de nuevo.
-Tal vez, aunque siempre es bueno tenerte cerca… en todos los aspectos.-su voz destilaba lascivia.
-Ya hablamos de esto hace tiempo.
-Fue hace un par de años, las cosas pueden cambiar…
Se encontraban peligrosamente cerca, demasiado tal vez.
-No estoy tan convencida.
-Sé que me mentiste cuando dijiste que no habías conocido a nadie en Ciudad República, pero sabiendo cómo eres seguro llevarás sin estar con nadie desde que llegaste allí…
Las manos de Kuvira se posaron en su cintura y la chica llevó su boca hasta el oído de Korra.
-Ya que no puedes tocar a tu nueva favorita, desahógate conmigo.-susurró contra su oreja, mordiendo el lóbulo.
Korra cerró los ojos abandonando su reticencia y miró a Kuvira antes de que esta le besara con ansia. No opuso resistencia ante el sabor de aquellos labios que conocía desde hacía tiempo y posó sus manos en las caderas de la chica, permitiendo que las suyas recorriesen su torso.
-Veo que has estado haciendo ejercicio… no recuerdo estos músculos la última vez que te vi desnuda.-dijo Kuvira recorriendo la línea de sus abdominales con los dedos.
-Hace ya un tiempo de eso, me he estado entrenando.
-Por desgracia veo que sigues cubriéndote.
Las manos de Kuvira habían llegado a la altura de su pecho y Korra sonrió en su fuero interno. No usaba ropa interior en la mitad superior de su cuerpo sino que sujetaba su pecho gracias a unas bandas que lo comprimía ligeramente evitando movimientos innecesarios que pudieran entorpecerle al pelear. Anudaba las bandas cada mañana en torno a su figura de forma meticulosa describiendo patrones intrincados que impidieran que se soltaran y sabía que aquello solía desesperar a las personas con las que se acostaba… Kuvira no era una excepción.
Sin responder a Kuvira empezó a morder su cuello mientras la maestra de metal comenzaba a frotarse contra ella.
-¿Qué pensaría tu prometido si me viera aquí contigo?
-¿Qué importa eso ahora? ¿De veras tienes ganas de hablar ahora?
La verdad era que no, ahora mismo le invadían sus instintos más básicos.
El sexo con Kuvira era primitivo y brutal, recordaba cada vez que sus cuerpos se habían visto enredados en una cama, siempre acababan agotadas con algún que otro mordisco o arañazo. En cierto modo echaba de menos aquel sexo bestial aunque tenía muy claro por qué decidió ponerle fin en un principio pero en aquel momento apenas pensaba.
Acostarse con alguien no era una necesidad imperiosa para ella, sin embargo desde que llegó a Ciudad República y conoció a Asami eso había cambiado. Había soñado demasiadas veces con tener a Asami, acariciar sus formas y besar hasta el último centímetro del cuerpo de aquella chica era demasiado perfecta para aquel mundo. En sus sueños le perseguían aquellos hermosos ojos verdes y su sonrisa y siempre que despertaba sentía una mezcla de rabia por no poder tenerla y lujuria. Había considerado más de una vez desahogarse con cualquier chica que encontrara en la ciudad, pero algo en su cabeza le decía que aquello no estaba bien.
No sabía si algún día podría estar con Asami pero sabía perfectamente que era la única persona con la que había deseado estar.
El tacto de las manos de Kuvira bajando por su abdomen hasta el elástico de su ropa interior le devolvió a la realidad y abrió los ojos. No le gustó lo que vio.
Se encontró con dos ojos de color verde oscuro que le miraban con las pupilas dilatadas, pero aquello no estaba bien. No era ahí donde quería estar, no eran esos ojos los que ella quería mirar.
Paró las manos de Kuvira sujetándole por las muñecas con firmeza y se apartó de ella como si le hubiera recorrido una descarga eléctrica.
-Tienes que irte.-le dijo con vehemencia.
Kuvira le miró confundida.
-¿Qué ocurre?-preguntó.
-Esto no está bien, Kuvira. No puedo hacerlo.
-¿Por qué no? Sé que lo deseas.
-Puede, pero no así…
-¿Qué tiene de malo? Sólo es sexo, Korra, eso me dijiste hace tiempo.-su voz sonaba enfadada.
Korra desvió la mirada, tenía una respuesta perfecta para aquello pero no se atrevía a decirla en voz alta.
-Te dije hace tiempo que esto se había acabado.
-Sí, cuando vi a otras zorras rondarte cerca y me aclaraste que no éramos nada serio. Ahora no hay ninguna cerca así que dime cuál es la excusa ahora. ¿Por qué no he de reclamar lo que es mío?
Korra le miró con un deje de enfado.
-Nunca he sido tuya Kuvira, te lo dije con dieciocho años y te lo repito dos años después.
-¿Por qué no? Tú y yo podríamos ser las dueñas del mundo, con mi ejército y tu poder tendríamos el mundo a nuestros pies.
-Eso no va a ocurrir, ni esta noche ni nunca. No hemos sido nunca nada más que…
-¿Una aventura? Y si es así, ¿por qué no me quieres en tu cama esta noche?-la chica había empezado a gritar.-Hace un minuto sí querías mi cuerpo, ¡¿qué ha cambiado?!
-No es tan sencillo.
Korra empezó a perder la paciencia.
-¡Sí que lo es! ¡Dímelo!
-¡Porque tú no eres ella!-dijo sin poder contenerse.
Ambas se quedaron en silencio, Kuvira procesando la información y Korra reprendiéndose mentalmente por aquellas palabras.
-De modo que… sí que hay otra persona.
-Nunca ha habido otra persona, ahora vístete y márchate, por favor.
Le dio la espalda intentando calmarse mientras escuchaba cómo Kuvira se ponía de nuevo el uniforme militar, haciendo que sus insignias tintinearan.
-Está bien saber que hay una persona a la que amas, sólo espero que estés presente el día en el que la pierdas… de cualquier manera.
Korra se giró, sintiendo cómo la rabia le inundaba.
-¿Qué insinúas?
-Nada, sólo que me gustaría que supieras de primera mano lo que es perder a quien amas.-Kuvira esbozó una sonrisa torcida.
Ella entrecerró los ojos acercándose a la maestra de metal, que pareció intimidada por su expresión y le dijo con toda la calma que le fue posible.
-Si le haces algo ni siquiera el mejor de los ejércitos podrá protegerte de mi ira, ¿ha quedado claro? Fuera de aquí.
Kuvira frunció el ceño pero no dijo nada antes de marcharse, cerrando de un portazo; y Korra se sentó sobre la cama apoyando los hombros en las rodillas y enterrando la cabeza en sus manos.
Por fin estaba llegando el fin de aquella pesadilla, al día siguiente se irían del complejo y podría regresar a Ciudad República. No había tiempo que perder con los Igualitarios pero por otro lado estaba deseando librarse de la presencia de Kuvira, allí donde fuera siempre estaba la maestra de metal taladrándole con la mirada y dirigiéndole amenazas veladas. Sólo quería olvidarse de aquel asunto… y ver a Asami. Aunque nunca admitiría lo último.
Había huido aquella noche de la cena de honor que les habían preparado como despedida, lo último que necesitaba era una cena elegante para fingir que se apenaba por perder de vista a toda aquella gente. Se encontraba fuera del complejo, había subido a uno de los árboles cercanos y miraba la Luna pensativa, no sabía cuál debía ser su próximo paso: se preguntaba cómo irían las cosas por la ciudad, cómo encararía la situación. Pese a lo que Zaheer dijera aquel sí era un asunto de su incumbencia, tal vez miles de maestros estuvieran en peligro mientras ellos se dedicaban a obviar la situación. ¿Sabrían algo ya los dirigentes de la ciudad? ¿Actuaría la policía a pesar de que más de la mitad del cuerpo estaba corrupto? Y Asami… ¿qué opinaría ella al respecto? Recordaba la noche de la revelación, recordaba el entusiasmo de la chica y sabía sin lugar a dudas que pese a su reticencia inicial, Asami había acabado vitoreando a Amon como lo habían hecho los demás. ¿Se uniría a la caza de maestros?
Una voz le sacó de sus pensamientos.
-¿No crees que ya eres un poco mayor para andar escondiéndote en los árboles?
Miró por debajo de ella y vio a P'li en el suelo antes de devolver su atención al horizonte.
-No me escondo, simplemente no hay nada de este lugar que merezca la pena mi atención más allá que este árbol.-respondió ella.
-Entiendo que las convenciones sociales no son lo tuyo, pero al menos deberías intentar hacer un esfuerzo alguna vez.
-Tal vez lo intente algún día. ¿A qué has venido, P'li?-le dijo.
-A hablar, por mucho que te sorprenda.
Saltó desde el árbol hasta el suelo, plantándose frente a su maestra y mirándole a los ojos.
-Tú dirás.
-Caminemos.
La maestra de fuego comenzó a andar y Korra la imitó. Ambas recorrieron en silencio el perímetro del complejo antes de que P'li hablara.
-¿Qué es lo que te atormenta?
Korra le miró de soslayo.
-Nada en particular.-mintió.
-Korra, creo que nos conocemos lo suficiente como para que sepas que sé que me estás mintiendo. Hay algo que te atormenta, es evidente.
-Imaginas cosas, P'li.
-Cuando eras niña y algo no iba bien, huías de todos y pasábamos horas sin saber de tu paradero. Siempre aparecías en los lugares más insospechados cuando menos nos lo esperábamos, la primera vez que lo hiciste pensábamos que te habías escapado.
-La única vez que me escapé me sirvió de escarmiento.-musitó Korra.
Se llevó las manos a las muñecas en un acto reflejo y sacudió una serie de recuerdos desagradables de su mente.
-Ya, es cierto… Aunque no hablemos de ello ahora. El caso es que estás repitiendo patrones de conducta y me gustaría saber qué ocurre.
-Vamos, P'li, sabes que nunca he sido de esas personas que comparten sus pensamientos… y tú tampoco.
-Lo sé, aunque también sé que alguna de las veces que has decidido esconderte del mundo se debía a problemas de… amoríos.
Korra se rio de forma imperceptible, encontraba inusualmente divertida aquella palabra en los labios de su maestra.
-¿Insinúas algo?
-No insinúo, pero sí que vi a Kuvira saliendo de tu habitación hace unos días, creía que ese asunto se había acabado hace tiempo.
-Y lo hizo.-corroboró Korra.-Si la hubieras visto bien te habrías dado cuenta de que toda ella destilaba ira contenida. Hace tiempo que decidí poner fin a lo que había entre las dos, aquella noche le sirvió de recordatorio y creo sinceramente que me lo hará pagar cuando pueda.
-¿Entonces te escondes de Kuvira?-su maestra sonaba divertida ante la idea.
-En absoluto, una admiradora despechada no me asusta.
-¿Y entonces? ¿Qué ocurre?
Korra miró a su maestra, pensando que no perdía nada por compartir sus inquietudes.
-Es solo que… No sé cuál es el siguiente paso. Algo se avecina, algo grave va a ocurrir en Ciudad República y lo hemos estado ignorando estos días.
-¿Te refieres a los Igualitarios? Sólo son un puñado de fanáticos, Korra.
-No, no lo son. No estabas allí, P'li, no viste el odio en su mirada… Esto no acaba en una demostración a la masa, ¿cuánto tiempo crees que tardarán en empezar a capturar maestros para "purificarlos"? Sé que he hablado mucho de ello, pero tengo un mal presentimiento.
P'li meditó en silencio unos segundos.
-Desconozco si algo pasará o no, pero sí sé que si algo ocurre, podrás solucionarlo de alguna manera. Eres el Avatar a fin de cuentas, tienes recursos de sobra.
-Espero que tengas razón…
Caminaron unos metros más sin mediar palabra hasta que la mujer habló de nuevo.
-¿Seguro que no hay nada más que te preocupe?
-… Puede.
-¿Tiene que ver con aquella chica de la bahía? ¿Esa tal Sato?
Korra le miró, alarmada.
-¿Qué…?
-No soy una ingenua, Korra. Vi como la mirabas y sabes que Ghazan nos lo acabaría diciendo…
Korra maldijo para sus adentros, aquello era lo último que necesitaba.
-Veo que no voy desencaminada.-continuó P'li.- ¿Cuál es el problema con ella?
-No es sencillo, P'li, no puedo estar con ella.
-Nunca te ha detenido nada a la hora de luchar por lo que querías, ¿por qué ahora sí?
-Eres lo suficientemente inteligente como para entender por qué.
-… Comprendo. Es una Igualitaria, ¿no es cierto?-Korra asintió.-¿Y por qué sigues rondándola? Si sabes que es una amenaza, ¿por qué sigues a su alrededor?
-Porque no es como ellos, sé que no lo es. Es buena, es compasiva… Sé que no debería, que a efectos prácticos es confraternizar con el enemigo… pero no puedo evitarlo, me es imposible.
-¿La quieres?
Korra se paró en seco y su maestra la imitó. No respondió, se sentía demasiado abrumada por la pregunta.
-Deberías pelear por ella.-le dijo P'li.
-¿Cómo dices?
-A veces el destino tiene una curiosa forma de ponernos a prueba, Korra.-le dijo P'li.- Te he entrenado desde que eras una niña y nunca te había visto tan atormentada como en este momento. Si de verdad es diferente, si crees que merece la pena deberías luchar por ella.
-No solo soy una maestra elemental, soy el Avatar, encarno todo aquello contra lo que ella lucha... y no solo eso, ¿qué pasa con el Loto Rojo? Estoy de paso en Ciudad República, una vez que no se me necesite, volveré a los cuarteles y ¿de qué habrá servido todo?
P'li dio un paso hacia ella y le puso las manos en los hombros.
-Korra, hazlo.
Ella desvió la mirada.
-¿A qué viene este interés repentino?
-Tal vez te cueste creerlo, pero siempre me he preocupado por ti... En cierto modo no he podido evitar verte como… como una hija casi.-hablaba despacio, como si le costara encontrar las palabras.-No hemos demostrado nunca muestras de afecto hacia ti pero… es cierto.
-P'li…-Korra estaba confusa ante lo que estaba ocurriendo.
-Vuelve a Ciudad República, lucha por lo que consideres correcto.
Dicho aquello la maestra de fuego le soltó y le dio la espalda, alejándose de ella apresuradamente.
Korra le vio marcharse en silencio. Aquello había sin duda interesante.
