¡Hola!

Después de muchos años y, por desgracia esto es cierto, media historia borrada del ordenador. Aquí regreso con un proyecto que ya tiene casi 8 años. Confío en que no pasen otros 6 años hasta que vuelva a publicar.

Con todo, muchas gracias a tod s aquellos que seguís leyendo mis historias y, en ocasiones, dejando algún RR.

Un bicoo


Wiggenweld Potion


Todo era bruma gris. El suelo bajo sus pies parecía haber desaparecido. Todo era bruma. Gris. ¿Dónde estoy? El eco de sus pensamientos resonó en aquel espacio infinito, trayendo de vuelta susurros de otras voces. Sabía que estaba viva, ¿no? Al menos sabía que tenía pies, aunque en ese momento no pudiera verlos. Pero los tenía. ¿Qué estaba pasando?.

Ginny se llevó las manos a ese punto por encima de los hombros donde sabía que tenía una cabeza. Bien, ahí seguía. Si estaba ahí, si existía, ¿seguía viva?.

-Pequeña Weasley- escuchó una voz grave en algún detrás de su cuerpo, pero al girarse no encontró nada más que aquella bruma que parecía invadir todo.

-Pequeña Weasley- repitió la voz- ¿qué estás haciendo aquí?-.

Por fin, una pequeña campanilla resonó en su cabeza, sabía de quien era aquella voz, pero no podía ser, no. Él estaba muerto.

-Te equivocas- aquellas palabras resonaron como una risa mitad humana mitad ladrido canino. ¡Era él!

-Pequeña Weasley, ¿qué haces aquí? No es el lugar más habitual para que un estudiante de Hogwarts se pasee-.

De pronto le vio, delante de sus narices, Sirius Black, con su pelo desgreñado y el abrigo raído que llevaba aquel día. Con la marca de la maldición latiendo sobre su pecho.

-Veo que aún no se te han despertado las cuerdas vocales, ¿eh? Bienvenida al limbo, pequeña. El lugar más allá del velo-.

Entonces lo recordó todo. Ella estaba en su cama, con Dean, bebiendo vete-tú-a-saber-qué pociones con polvo de Doxy. Y después… después no recordaba nada.

-Sirius, ¿qué hago aquí? ¿Cómo es que puedo verte?- Su voz sonaba igual, parecía ella. Lo único distinto era aquella neblina gris, tan real y tangible que resultaba imposible que fuera producto de su imaginación.

Sirius se acercó, se le acercó tanto que sus narices quedaron peligrosamente juntas, haciendo que su corazón latiera como si volviese a ser una niña adolescente pasando el verano en Grimmauld Place observando al peligroso ex-presidiario.

-No sé cómo has llegado hasta aquí, pero tienes que irte, tienes que despertar y volver, este no es lugar para ti-.

Ginny no entendía nada, sólo era consciente de que las manos de Sirius ahora aferraban su cara, y sus ojos le transmitieron una desesperación tan grande como aquel lugar justo antes de posar suavemente sus labios sobre los de ella.

-Es la hora pelirroja, vete, despierta Ginny, despierta-.

oOo

-Despierta Ginny, eso es, parece que ya va recobrando la consciencia-.

La bruma había desaparecido, ahora Ginny ya no era capaz de ver nada, aunque sí era consciente, dolorosamente consciente, de todo su cuerpo, pesado, recostado sobre lo que parecía ser una cama bastante incómoda.

-Mmblh- intentó balbucear, pero como el resto de las partes móviles de su cuerpo, su lengua no parecía muy dispuesta a moverse. A duras penas logró despegar los párpados para ver que, efectivamente, estaba en una camilla de la enfermería de Hogwarts, y que a su alrededor se encontraban Hermione Granger y Madame Pomfrey.

Fue esta última la que mientras le dirigía una mirada reprobatoria le dijo -Bien Señorita Weasley, me alegro de que esté de vuelta en el mundo de los vivos. Ahora procure descansar mientras piensa exactamente qué va a contarle al Profesor Dumbledore sobre todo el recuento de substancias que la llevaron a ese estado-.

Entonces, por algún motivo Ginny fue consciente de todo lo que le había pasado, como estaba en la habitación con Dean Thomas "jugueteando", como hundió el dedo en un tarrito con una especie de mezcla verdosa, como se la llevó a la boca jugueteando sensualmente y como muy poco sensualmente su cuerpo comenzó a convulsionar hasta quedar mortalmente quieto. Le vinieron también a la mente los gritos de Ron que por algún motivo había decidido subir a controlarla, un viaje relámpago a la enfermería donde alguien la había besado. Aunque la identidad de ese alguien no era capaz de recordarla. Joder.

Miró a Hermione que se encontraba apoyada en los pies de su cama, con los labios muy apretados y una cara que no había visto desde que alguien (Malfoy) había garabateado en un margen de la página 857 de Historia de Hogwars. Sí, esa sobre la historia de la heráldica de los escudos de la armadura que había delante del baño de Myrtle la Llorona. Terrible, ¿verdad?. Pues la cara de Hermione en aquel momento era aún peor.

-Esto se ha acabado Ginny, si Ron no hubiera decidido que vigilarte era mejor que darse el lote en un sofá, ahora estarías muerta, porque ni un elfo te hubiera ayudado, ni mucho menos Dean que al parecer consideró que reírse ante tu "genial imitación de un zombie electrocutado" era mejor que atenderte-.

-Lo siento- murmuró Ginny- lo siento de verdad, no pretendía que esto se me fuera tan de las manos-.

-Ya, supongo que nadie pretende eso cuando se dedica a comprar pociones y tinturas ilegales en cualquier rincón abandonado del castillo- La mirada de Hermione no sólo era reprobatoria, sino de extrema decepción. Ginny supo que no iba a decir nada más cuando se levantó y se dirigió hacia la puerta del gabinete en el que se encontraban.

-Vi a Sirius, ¿sabes? Me dijo que tenía que volver-.

Sabía que Hermione se había pasado meses sin dormir intentando averiguar más sobre la extraña sala del Ministerio en la que habían perdido a Sirius, por lo que el fugaz interés que le cruzó los ojos supo que serviría para acercar posiciones, fuera lo que significase aquello en ese momento.

oOo

-Y bien jovencitos, ¿tenis algo que decir en vuestra defensa? Neville Longbottom he de decir que no me esperaba que utilizase sus privilegios como becario para esto- La Profesora Sprout estaba enfadada, y no era para menos. Había visto con sus propios ojos como su ayudante, y el mejor estudiante que había tenido en años, después de haber mantenido una breve conversación con la alumna más chiflada del colegio, esa que en el fondo todo el profesorado sabía que era una potencial traficante de pociones ilegales, hacía desaparecer en una nube de humo negro, cortesía de sortilegios Weasley, para robarle, sus, ¡SUS plantas! Intolerable.

-Profesora Sprout, le aseguro que esto no es lo que parece, se lo prometo, hemos sido tan víctimas como sus plantas- Craso error jovencito, no es una buena idea decirle a una fanática de las plantas que has sufrido tanto como ellas, porque no lo has hecho. Sin embargo, Neville se guardaba otro as bajo la manga -Profesora, estoy seguro que ese humo que hemos visto todos es polvo de la desaparición de Sortilegios Weasley, lo venden en Hogsmeade, sin embargo, para poder ver a través de él es imprescindible tener el anillo que va en el pack-.

Era cierto, como buen vendedor, George Weasley incluía (por un módico extra) un anillo muy hortera que garantizaba la visión a través de la bruma negra. Es cierto que la mayoría de las personas que lo adquirían tenían intenciones delictivas, pero eso ya excedía de su jurisdicción.

-Profesora, entiendo su preocupación, es terrible que su invernadero haya sido arrasado por una bandada de lings, si quiere mi padre puede hacerle llegar una guía para encontrar su nido y recuperar lo que quede de sus plantas-.

Neville tuvo que luchar para que su mano no golpease su frente de la frustración, genial, lo que le faltaba, decirle a la dueña de las plantas robadas que todo era fruto de alguna criatura fantástica salida de la mente de Luna Lovegood. Y la Profesora Sprout debió pensar lo mismo puesto que apenas le dirigió una mirada de ¿qué $#* ? antes de descargar toda su ira contra él.

-Señor Longbottom, le suspendo de todo cargo formativo, irá a hablar con la Profesora McGonagall y ella dará parte al Ministerio-.

Neville notó como algo en su interior se hundía hasta el fondo. Ya estaba, adiós a su carrera profesional, y encima su novia estaba loca.