Nuevo año, exámenes acabados y modo procrastinación: on. Os traigo un nuevo capítulo un poco más corto que los anteriores pero que espero que os guste igual. A los que me leeis, feliz año y espero que hayais pasado buenas vacaciones y que la vuelta a las clases/trabajo/lo que sea no se os haya hecho muy duro.
Y bueno, ya está bien de haceros esperar, que bastante tiempo he estado sin actualizar historia. Os dejo con el capítulo, espero que lo disfrutéis y como siempre gracias por los comentarios que siempre me animan a continuar esta historia.
-Y por ello creo que las acciones subirán este trimestre, el Reino Tierra necesita de nuestras infraestructuras y ya hemos trabajado con ellos antes, saben que nuestros productos son de alta calidad y además…
Suspiró desconectando de nuevo su mente de la conversación. Las reuniones con accionistas y directivos eran agotadoras y ella tenía cosas más interesantes en las que pensar que en los fondos que recibiría la empresa. Le consolaba saber que al menos su padre sí que estaría atendiendo a lo que aquel hombre decía, de modo que no tenía que preocuparse mucho, sólo fingir que prestaba atención.
Media hora después todos recogieron sus papeles y los directivos empezaron a salir ordenadamente de la sala de juntas, ella se quedó un poco atrás y reparó en que su padre le imitaba, acercándose a ella cuando todos los demás se habían ido.
-Voy a sonar al típico padre entrometido pero, ¿estás bien, Asami?–le preguntó él.-Sé que este tipo de reuniones no son lo más emocionante del mundo pero juraría que nunca te había visto tan distraída como estos días.
Asami le miró sonriendo.
-Estas reuniones son demasiado agotadoras como para aguantarlas con la cantidad de sueño acumulado que tengo. Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza, papá… ya me entiendes.
Y claro que Hiroshi entendía, perfectamente además.
-Están siendo unas semanas importantes, Asami. Estamos cogiendo fuerzas y dentro de poco nuestro… -bajó el tono de voz.-pequeño secreto será público. Amon no tendrá que esconderse ni nosotros tampoco. Cada día estamos más cerca de tener el mundo con el que hemos soñado y por el que hemos peleado tantos años.
Desde la noche en la que Amon demostró su poder se habían sumado cientos de personas a las filas de los Igualitarios, dispuestos a perseguir aquel mundo que les prometía su líder. Se habían visto desbordados la primera semana con los novatos, pero las cosas se habían ido normalizando poco a poco. Por fin habían pasado a la acción, ya no se limitaban a seguir a los mafiosos y desmantelar sus almacenes, ahora conseguían capturar a algunos de ellos de vez en cuando y una vez que Amon había conseguido anular su poder, les dejaban ir. Era una estrategia, querían aterrorizar a las Triadas y que dejaran en paz a los ciudadanos y parecía funcionar.
Asami no podía evitar pensar que estaban haciendo un gran trabajo, aunque veía demasiado exhibicionista que se les quitara el control elemental a los rehenes frente a cientos de espectadores. Entendía que aquello le servía a los Igualitarios como propaganda entre aquellas personas que dudaban si entrar o no en sus filas, pero en ocasiones se había descubierto pensando que esas demostraciones se habían vuelto casi un pasatiempo para los presentes. Atendían a ellas como si fuera un entretenimiento cotidiano, observándolas con una salvaje fascinación y gritaban enardecidos cuando se le había arrebatado el poder al maestro que tocara aquella noche. Había algo siniestro en todo aquello, pero no compartiría su opinión por el momento.
Lo que importaba en aquel instante es que estaban avanzando, estaban un paso más cerca de lograr alcanzar el mundo con el que Asami había soñado. Tal vez así nadie de Ciudad República tendría que sufrir los abusos de poder cuando acabaran con las Triadas, por fin vivirían en equilibrio con aquellos maestros que solo desearan el bien, vivirían en paz y sin miedo… tal vez así ningún niño tuviera que verse obligado a crecer sin padres en aquella ciudad nunca más.
-Bueno, creo que voy a marcharme a casa un poco antes, dentro de unos días he de salir de viaje de nuevo y necesito descansar.-anunció su padre.-Puedo hacerlo, al fin y al cabo soy el jefe.
Ella le sonrió, esta vez con sinceridad.
-Te lo mereces.
El hombre le besó la frente cariñosamente.
-Te veré en casa esta noche, eso si queda casa y esa bestia no ha destrozado los muebles.-dijo con un deje de reproche.
Asami reprimió una carcajada mientras veía salir a su padre, no se había tomado demasiado bien el hecho de que Naga se quedara en la finca unos días. En un principio no había problema porque el animal se encontraba fuera de la casa y ahí tenía todo el espacio que ella quisiera para correr, pero poco a poco Asami se hizo permisiva con Naga y la dejaba entrar de vez en cuando durante la noche y dormía a los pies de su cama, como si la estuviera protegiendo.
Que Asami dejara pasar al Naga no le había sentado demasiado bien a su padre porque aunque era un animal cuidadoso e inteligente, era insultantemente grande y había derribado algún que otro jarrón; pero Asami sabía cómo manejar la situación y siempre conseguía que su padre hiciera la vista gorda.
Acabó el día y regresó relativamente pronto a su finca, lo cual era de agradecer puesto que aquella noche tenía guardia con los Igualitarios y quería descansar un poco.
En cuanto aparcó su Satomobile vio aparecer como salida de la nada a una gigantesca bola de pelo negra que le esperaba pacientemente. Salió del coche y se aproximó a Naga, que movía la cola con entusiasmo y le miraba con ojos brillantes; le rascó detrás de las orejas.
-Yo también me alegro de verte, Naga. ¿Te has portado bien?
El animal soltó una especie de ladrido a modo de respuesta y ambas entraron a la casa.
Llegó pronto al centro de operaciones de los Igualitarios para reunirse con los compañeros con los que trabajaría aquella noche, aunque no era la primera en llegar. Le sorprendió ver al Teniente hablando con otra persona y ambos se giraron hacia ella cuando repararon en su presencia, por fin reconoció al acompañante del Teniente.
-Me alegro de verte, Lin, empezábamos a echarte en falta.-dijo Asami a modo de saludo.
-He vuelto en cuanto he podido.-respondió la chica asintiendo con la cabeza.
-Estaba poniendo al día a Lin de lo que han ocurrido estas semanas, me alegra poder informar de tan importantes avances.-dijo el Teniente.-Si me disculpáis, el trabajo me reclama. Buenas noches y suerte.
El hombre se fue y las dos chicas echaron a andar en silencio hacia una de las salas de reunión donde se les asignarían tareas y compañeros provisionales.
Asami se alegró de que uno de los miembros de su equipo fuera la joven de Ba Sing Se, confiaba plenamente en sus habilidades en caso de que se vieran en un apuro, tanto a la hora de pelear como de buscar una vía de escape: y era una de las personas más hábiles entre todas las filas de los Igualitarios. Resultaba extremadamente útil contar con ella en un mismo equipo.
Aquella noche sería sencilla, de nuevo habían vuelto a dedicar a algunos grupos al espionaje y sólo tendrían que observar atentamente una nave industrial que sabían que era una base de operaciones de una de las Triadas. Ella era la encargada de dirigir la operación como ya era habitual aunque habían asignado a Lin como segunda al mando y aquello sólo confirmaba que se acercaba el ascenso de la chica.
Estaba a cargo de siete personas y para cubrir un área más amplia se habían dividido en cuatro grupos, ella vigilaba junto a Lin la entrada principal desde la azotea de otra nave abandonada mientras el resto del equipo controlaba las demás entradas, todos preparados para entrar en acción en caso de que fuera necesario.
Ambas permanecieron atentas durante un par de horas aunque nada ocurría. Asami era diligente, pero aquello rallaba peligrosamente en el tedio y se sorprendió luchando contra el sueño.
-Pareces distraída, ¿todo bien, Sato?-le sorprendió la voz de Lin.
-¿Eh? No, no es nada.
-Entiendo que esto te aburra, creo que ninguno esperaba esta falta de actividad. Aunque a decir verdad agradezco no tener que estar huyendo de nadie esta noche, necesito descansar un poco.
Asami asintió con la cabeza dándole la razón cuando cayó en la cuenta de algo.
-Lin, siempre me lo he preguntado, ¿cómo sabes quién soy? ¿Nos conocemos de algo?
Vio a la chica encogerse de hombro.
-No lo creo, pero no soy estúpida. Muchos de los Igualitarios no se plantean de dónde proviene toda la tecnología de la que disponemos pero yo sí y sé la procedencia. Es evidente que Hiroshi Sato está implicado en el movimiento Igualitario, sería de esperar que también lo estuviera su hija, dada su historia… y juraría que no muchos Igualitarios tienen un modelo Satomobile de alta gama. Basta con atar cabos, aunque creo que soy de las pocas personas que se han dado cuenta y no tengo intención de comentárselo a nadie, por si tu anonimato te preocupa. Por lo demás no creo que nos hayamos conocido fuera de este ambiente.
-Comprendo… ¿puedo preguntarte dónde trabajas? ¿Qué eres cuando no llevas este uniforme?
-A grandes rasgos trabajo en una fábrica de suministros, principalmente me encargo de cargar barcos y cosas así, no sé explicarlo mejor. De vez en cuando ayudo en los transportes de mercancías a otras naciones.
-¿Por eso has estado fuera estos días?
-Sí, necesitaban ayuda en Ba Sing Se y bueno, es dinero extra y nunca viene mal.
-Tú eres de allí, ¿no? De Ba Sing Se, me refiero.
-Sí, aunque si te lo estabas preguntando: no, no me causa ninguna emoción volver a ese lugar, nada me ata a esa ciudad desde hace años. Desde que mi familia murió no he querido tener nada que ver con aquel lugar y si por mí fuera no hubiera vuelto
La pregunta que rondaba la mente de Asami escapó de sus labios sin que ella fuera consciente:
-A lo mejor te suena extraño pero… ¿conoces a una tal Korra?
Lin permaneció en silencio unos segundos en los que la morena se reprimió internamente, se había dicho que aquello se iba a acabar…
-¿Korra? Me es familiar… ¿una chica de la Tribu del agua?
-Eh, sí, justo.-dijo intentando sonar distraída.
-Sí, ha estado estos días en Ba Sing Se conmigo, ¿por qué lo preguntas?
-Solo… ¿qué opinas de ella?
-No lo sé, no habla demasiado con nadie; llega, hace su trabajo y se va. Parece… peligrosa, no sé. Tal vez sea su aspecto o su forma de actuar, pero hay algo en ella que hace desconfiar… también puede ser porque es una maestra de agua. ¿A ella sí la conoces?
-Mmm, sí, podría decirse que sí.
-Tranquila, no te voy a juzgar demasiado, pero no deberías fiarte demasiado de los maestros… por tu propio bien.
Ninguna de las dos dijo mucho más durante el resto de la noche, lo cual le dejó a Asami reflexionar en silencio. Si Lin y Korra trabajaban juntas significaría que pronto aparecería Korra de la nada como solía hacer… ¿y entonces qué? No se sentía preparada para enfrentarse de nuevo a aquella chica, no sabía cómo reaccionar ante ella cuando se volvieran a ver. No estaba lista para lo que pudiera ver en aquellos ojos azules que veía hasta en sus sueños.
Se había planteado en más de una ocasión acabar con todo aquello, estaba convencida de que Korra no querría más que una amistad con ella pese a que supiera que la atracción era correspondida por parte de la chica. Tal vez lo mejor sería eso, quedar sólo como amigas… a lo mejor aquello lo hacía todo más fácil… o a lo mejor tan sólo estaba siendo una ilusa y en su fuero interno sabía que le sería muy difícil ser sólo amiga de Korra.
Ya tendría tiempo para pensar en aquellos asuntos en otro momento, ahora debía permanecer alerta por lo que pudiera pasar.
Se dirigía de vuelta a casa tras otro agotador día de reuniones en la oficina, odiaba las juntas de accionistas con todo su ser, eran todos una panda de sanguijuelas que querían exprimir el dinero que habían invertido hasta la última gota. Al menos ahora podría llegar a casa, tomarse un té y darse el resto del día libre.
Aparcó su coche y le sorprendió que Naga no fuera a saludarle como de costumbre, pero supuso que se encontraría en el jardín persiguiendo algún animalillo.
Entró en la casa y saludó en voz alta, no esperaba que su padre saliera a recibirla desde el salón.
-Oh, ya has vuelto, te estábamos esperando.-dijo su padre con una sonrisa forzada.
Asami frunció el ceño ante la actitud de su padre.
-¿Estábamos?-inquirió.
-Sí… tienes visita. Os dejo solas.
La voz de su padre sonó molesta mientras se dirigía a las escaleras, alejándose de ella. Asami le vio subir unos escalones antes de dirigirse al salón a recibir a la persona que le estaba esperando.
Ahí estaba ella, vestida de negro y tan impasible como siempre aunque notablemente incómoda mientras miraba distraída hacia otro lado. Sus ojos repararon en ella y su boca se curvó en aquella media sonrisa que conocía tan bien.
-Hola.-le dijo.
La chica se levantó del asiento y se dirigió hacia Asami.
-Has vuelto, Korra.-dijo Asami, sonriéndole de vuelta.
Dejó las cosas de trabajo en una mesita cercana y se acercó a la chica de ojos azules, que pareció dudar un segundo antes de darle un abrazo. Asami se sorprendió devolviéndole el abrazo con entusiasmo y escuchó una carcajada ahogada en su oído.
-Veo que alguien me ha echado de menos, ¿eh?
Asami se separó y le miró con el ceño fruncido pero con una sonrisa.
-No te lo tengas tan creído.
Korra se encogió de hombros, aun sonriendo.
-Yo también.
-¿Eh?
-Que yo también te he echado de menos.
Asami parpadeó un par de veces sin poder evitar ruborizarse ante la franqueza de Korra, que pareció notar su sonrojo porque empezó a reírse suavemente.
-Eres toda una casanova, ¿eh?
Korra negó con la cabeza.
-Lo has dicho tú, no yo.
La morena rodó los ojos dándole un golpecito en el hombro.
-¿Llevas mucho esperando?
-He llegado hace una hora, pensaba que hoy salías pronto… Le dije a tu padre que volvería en otro momento si era una molestia, pero insistió en que me quedara. Desde que me senté en ese sitio no me ha quitado el ojo de encima aunque pensaba que no me daba cuenta… creo que empiezo a caerle bien.
Asami reparó en el tono de sorna de Korra, pero lo entendía. Sabía que su padre no era precisamente disimulado en cuanto a esos aspectos, y Korra no era su persona favorita en el mundo precisamente.
-Estoy convencida de que te adora.-le respondió Asami rodando los ojos.- ¿Qué tal fuera de la ciudad?
Korra se encogió de hombros.
-Mucho trabajo, poco descanso. Viajar está bien pero no había mucho que ver y poco tiempo para aprovechar los ratos libres. Llegué ayer pero me tuvieron trabajando hasta tarde, perdón por no haberme pasado antes a por Naga, pero no estaría bien presentarme en mitad de la noche.
-No te preocupes.
Asami sonrió ante el golpe de suerte, pensando que si Korra se hubiera pasado ayer por la noche no la hubiera encontrado en casa y aquello podría acarrear algunas preguntas.
-Y dime, ¿qué tal se ha portado Naga? Espero que no haya sido una molestia…
-Para nada, es un encanto de animal. A mi padre no le hizo mucha gracia que le dejara entrar en casa, pero sé lidiar con él. Hablando de Naga, vamos a buscarla, debe estar en el jardín.
Ambas salieron de la casa y se encaminaron hacia lo que ella llamaba el jardín, que más bien era una enorme parcela al aire libre. Oteó a lo lejos pero fue incapaz de distinguir al animal.
-¿Algún problema?-preguntó Korra.
-No consigo verla.
-Ah, no es problema.
Asami se giró hacia Korra y vio como se llevaba un par de dedos a la boca, emitiendo un sonoro silbido. Durante un par de segundos no ocurrió nada, pero pasado un tiempo Asami escuchó unos amortiguados pisotones.
No vio llegar al animal hasta que se abalanzó hacia Korra, levantando a la chica en alto con su hocico antes de dejarle caer al suelo. Korra sonreía mientras abrazaba el cuello del animal.
-Hola, chica, te echaba de menos.-le rascó tras la oreja.- Espero que te hayas portado bien.
Naga le miró y emitió un ladrido entusiasta mientras movía la cola con fuerza y Korra se giró hacia Asami.
-Gracias por cuidarla este tiempo, Asami.
-No hay de qué, ha sido un placer.-respondió ella con una sonrisa.
-Bueno, Naga, es hora de irse. Asami estará cansada después de estar todo el día trabajando.
-En realidad…-empezó Asami, carraspeando.-En realidad no ha sido un día tan duro, podemos ir a la ciudad si quieres. Tengo que hacer un par de recados y no me importaría ir acompañada.
Korra sonrió de medio lado mientras asentía con la cabeza.
-Cuenta conmigo, entonces.
-Muy bien, voy a por mi coche, esperadme frente a la casa.
Asami se dio la vuelta y se dirigió hacia el garaje.
-¿Te vas?-le preguntó la voz de su padre, deteniéndola.
Se giró hacia él para contestarle pero se interrumpió al ver el gesto reprobatorio de su padre.
-¿Ocurre algo?
-No me gusta que te juntes con ese tipo de gente y lo sabes, Asami.
La chica frunció el ceño.
-Ese tipo de gente resulta ser amiga mía y no es como piensas.
-Es una maestra elemental, todos son iguales.
-No, no lo son. Puede que haya gente horrible, pero son a ellos a quienes perseguimos, no a gente como a Korra.
-Eres aún joven, Asami, está bien tener fe en la gente pero todos ellos son monstruos y con el tiempo te darás tiempo. Por fortuna con el tiempo no quedará ninguno de ellos cuando nos alcemos.
Asami parpadeó atónita ante el odio que destilaban las palabras de su padre, sin poder creerse que acabara de decir eso.
-Nos vemos esta noche.-fue lo único que dijo antes de reanudar su camino hacia el garaje.
Se metió en el coche, pero no arrancó en seguida, se quedó pensando en las palabras de su padre. Él no era un mal hombre, ¿de dónde provenía aquella crueldad?
Un ladrido amortiguado de Naga le sacó de sus ensoñaciones y arrancó el motor, reuniéndose con Korra y el animal que le esperaban fuera y se encaminaron hacia la ciudad. Asami iba delante y controlaba por el retrovisor a Korra mientras Naga corría a toda velocidad y no podía evitar sonreír ante la expresión de Korra, parecía realmente feliz y eso era algo que no veía frecuentemente en aquella taciturna chica.
Ambas recorrieron la ciudad durante toda la tarde, poniéndose al día de lo que había ocurrido durante aquellas semanas. Había algo distinto en Korra, no sabía el qué, pero podía notarlo. Parecía menos distante, menos fría de lo que había estado las últimas veces que se habían visto y se preguntaba a qué se debía. Se había preparado para encontrarse con aquella actitud reservada que había mantenido la chica hacia ella, pero le agradaba que no fuera así, no le gustaba la otra Korra.
Paseaban por la bahía cuando alguien chocó contra Korra, era un niño de unos nueve años vestido con ropajes amarillos y naranjas.
-¡Eh, mira por dónde vas!-espetó el niño a la maestra de agua.
Korra le miró con seriedad.
-Eres tú quién se ha chocado contra mí, deberías tener más cuidado.-le dijo.
-Yo estoy en medio de una importante misión, no me entretengas.
Asami miró al niño, reconociéndolo.
-Hola, Meelo.
El niño reparó en su presencia y enrojeció por completo, cambiando su actitud y fijando la vista al suelo.
-Buenas tardes, señorita Sato.
-¿Le conoces?-preguntó Korra.
-Claro que sí, aunque siempre creí que era más amable con los desconocidos, sobre todo si se ha chocado con ellos, ¿eh, Meelo?
Meelo bajó la cabeza avergonzado.
-No era mi intención, señorita Sato, es que tenía prisa y…
-No es problema, Meelo, pero podrías disculparte con Korra.
El niño asintió y miró a Korra.
-Lo siento.-dijo, mirando luego de soslayo a Asami.
Asami asintió con aprobación y él sonrió.
-¡Meelo!-le llamó una voz a lo lejos.
Hacia ellos se dirigían un par de chicas ataviadas con vestimenta similar a la del niño.
-Te hemos dicho que no corrieras tanto, haznos caso de vez en cuando.-le regañó una de ellas.
-¡Eh, no obedezco tus órdenes, Jinora! Alguien tiene que hacer el trabajo duro y ninguna de las dos estáis ayudando mucho.
-¿Trabajo duro? Venimos a encargar flores, Meelo, ¿qué ves de agotador en eso?-preguntó la otra chica con fastidio.
-Aguantaros, por ejemplo.
El niño se cruzó de brazos con fastidio y la chica que parecía mayor suspiró, mirando por primera vez a Asami y a Korra con una educada sonrisa.
-Lamento esta escena, Asami, ya conoces a Meelo…
-No te disculpes, Jinora, todo se ha solucionado, ¿verdad?
La chica asintió y miró con curiosidad a Korra, que a su vez examinaba en silencio a los tres recién llegados.
-Oh, perdón por mi falta de educación.-dijo Asami.-Korra, estos son Jinora, Ikki y Meelo, son los hijos de Tenzin; chicos, esta es Korra, una… amiga.
Se encontró dudando ante la última palabra y Korra pareció notarlo porque le miró enarcando una ceja con expresión divertida.
-Uuuuuh, amigas, ¿eh?-dijo Ikki, la mediana, soltando una risita.
Jinora rodó sus ojos castaños y extendió una mano hacia Korra.
-Hola, soy Jinora, un placer.
Korra le estrechó la mano con firmeza.
-Encantada de conoceros.-dijo Korra con una media sonrisa.-Es la primera vez que conozco maestros de aire, y la primera vez que veo a una maestra con tatuajes.
Jinora sonrió con orgullo ante su última frase. Asami había estado presente el día en el que la chica había recibido sus tatuajes por alcanzar la maestría en su elemento y sabía que aquello significaba mucho para los maestros. Conocía a los pequeños desde hacía tiempo ya había visitado en varias ocasiones el Templo de Aire, en un principio simplemente acudía para revisar cómo iba la construcción de nueva infraestructura pero luego por invitaciones por parte de la familia, que parecían apreciarle de verdad.
-Muchas gracias. Nosotros deberíamos irnos, tenemos que volver al templo.-anunció Jinora, sus hermanos asintieron.- ¿Te veremos en la boda, Asami?
-Por supuesto, no me la perdería por nada, Jinora.
-¿Boda?-preguntó Korra.
-Uno de mis socios, Varrick, va a casarse y Tenzin ha accedido a que la ceremonia se celebre en el templo.
-¿Te veremos allí?-preguntó Ikki, dirigiéndose a Korra esta vez.
-¿Eh?-Korra frunció el ceño.
-Los asistentes pueden llevar un acompañante… y como eres la amiga de Asami.-la niña le miraba con una sonrisilla.
Asami notó como todas las miradas se posaban en ella y tragó saliva, sintiéndose tremendamente incómoda de repente.
-Pues… si ella quiere venir…-dijo confusa.
Ikki miró fijamente a Korra sin perder la sonrisa y la maestra de agua se encogió de hombros.
-Si insistís…
La niña empezó a reírse y Jinora empezó a tirar de sus hermanos.
-Adiós, nos veremos en la boda.-se despidió la maestra de aire.
Los tres niños se fueron y Asami y Korra se quedaron mirando, un poco confusas.
-¿Son siempre así?-le preguntó Korra.
-La verdad es que sí.-respondió ella con una tímida sonrisa.- Oye, no tienes por qué ir si no quieres, lo he dicho para que se callaran.
-Oh, entiendo… tienes ya acompañante, ¿no?
-¿Eh?-no pudo evitar reírse.-La verdad es que no, pero… no quiero que te sientas obligada.
Korra se encogió de hombros y le sonrió.
-Puede estar bien, te acompañaré si no es molestia.
Asami le miró unos segundos, devolviéndole la sonrisa y pensando que independientemente de lo que hubiera causado que la actitud de Korra cambiara, le gustaba volver a ver ese lado de la chica.
Reanudaron su paseo y Korra compró unos pastelillos para ambas que comieron sentadas en un poyete, mirando el mar que se extendía ante ellas.
-Oye, Asami, ¿qué ha estado ocurriendo estas semanas en la ciudad?-le preguntó Korra mientras tomaban los pasteles.
-¿A qué te refieres?
-He oído rumores esta mañana mientras trabaja y la gente parece preocupada… dicen que están desapareciendo algunos maestros.
-¿Ah, sí?-preguntó ella, fingiendo no saber de qué hablaba.
-Sí… uno hablaba de que su hermano llevaba días sin aparecer por casa y que era extraño, parece ser que no es el único preocupado por la ausencia de amigos o familiares y todos ellos son maestros elementales. Decían que era posible que los Igualitarios se los estuvieran llevando.
Asami tragó con dificultad, escuchando a Korra.
-¿Y tú qué opinas?-le dijo.
-No lo sé, pero parecían hablar en serio, ¿crees que los Igualitarios pueden estar detrás de eso?
-Sé que los Igualitarios están en contra de maestros que emplean su poder para aprovecharse de otros, si de verdad están tras las desapariciones, algo habrán hecho.
-No creo que trabajar en una pesquera o en una fábrica sean actividades delictivas.
-No sabes lo que pueden estar haciendo al salir del trabajo.
-Puede, pero las personas con las que he hablado son gente honrada y sé que los Igualitarios están en contra de los maestros… No es descabellado pensar que puedan estar excediéndose en sus actividades.
La morena frunció el ceño.
-¿Excediéndose?
-Sí… Un maestro es un maestro, ¿qué más les da que sea bueno o malo? Ellos creen que son el enemigo de cualquier modo, así que querrán asegurarse que ninguno les causa problemas.
-No estoy de acuerdo, los Igualitarios intentan que haya igualdad entre los maestros y los que no tenemos poder.
-Creo que para ellos la forma de lograr eso es eliminarlos del mapa.
-¿Insinúas que están matando a los maestros?
Asami empezaba a enfadarse aunque intentaba no demostrarlo, si de verdad Korra pensaba así era que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo; pero no podía delatarse tan gratuitamente.
-En absoluto… hay quien dice que algunos reaparecen pero sin poder. De algún modo están captando maestros, quitándoles su poder y abandonándolos a su suerte.
-¿A su suerte? Estamos hablando de mafiosos y ladrones, ¿por qué habrían de tenerles en consideración?
-Porque no son solo mafiosos, Asami. Me refiero a sanadores, a trabajadores, a camareros… a gente de a pie que no ha hecho daño a nadie. Están dándoles caza y llevándoselos, son secuestros en toda regla.
La morena parpadeó sin dar crédito a las palabras de Korra, ellos no eran criminales, estaban limpiando la ciudad de gente que no se merecía su poder y lo que la maestra de agua decía no eran más que mentiras.
-No puedes saber eso, Korra. Si les hacen eso es por una razón.
-Exactamente, ¿no lo ves? Les captan porque son maestros, les da igual su historia, simplemente quieren despojarlos de su poder como si fuera una enfermedad y lo están consiguiendo.
-No creo que eso sea verdad.
-Pues yo sí lo creo, creo que están empezando a atacar a gente inocente. Sea lo que sea que hacen para quitar el poder a los maestros, lo están usando contra todos, se creen con el derecho de hacerlo y hacer sufrir a gente inocente.
- ¡No es cierto, y aunque lo fuera no es diferente a lo que ha hecho la gente como tú!-soltó con una rabia contenida que le sorprendió a ella misma, pero no se veía incapaz de callarse.- ¡No tienes derecho a dar lecciones morales cuando habéis sido vosotros los responsables de tantas guerras, de abusos a gente sin poder y de aterrorizar a ciudadanos sólo porque teníais el poder de hacerlo! Hablas ahora como si los Igualitarios fueran el enemigo y simplemente están limpiando la ciudad de escoria y me parece bien que lo hagan.
-Gente… como yo.-dijo despacio Korra.
-¡Sí, habéis estado aterrorizándonos durante años, matando a gente inocente, utilizándolos, metiendo a las naciones en guerras por el poder! No sois mejores que nosotros y a lo mejor los Igualitarios quieren hacéroslo ver.
Korra le miró en silencio con expresión seria y poco a poco Asami fue dándose cuenta de lo que había dicho.
-Yo…
La chica se puso en pie y habló despacio, su voz sonó inhumana:
-¿Es así como me ves? ¿Es así como nos ves a los maestros? Asesinos, gente violenta e injusta… ¿eso es lo que ves cuando nos miras a todos?
-Yo no quería decir eso…
-Pero aun así lo has dicho.-le interrumpió Korra.
Korra no le miraba pero Asami no pudo evitar morderse el labio inferior ante abatimiento de la chica, que fijaba su vista en el mar.
-Sé que yo por ejemplo no soy el mejor exponente de maestro, pero confiaba en que tuvieras mejor criterio… Hemos hecho cosas horribles e incluso yo he hecho cosas horribles, pero después de toda la gente con la que has trabajado, toda la gente a la que conoces… esperaba que no tuvieras esa opinión… A lo mejor estaba equivocada.
-Korra…
-Disfruta del resto del día, Asami.
La chica se dio la vuelta y Asami vio como se alejaba, sintiéndose incapaz de seguirla.
¿En qué estaba pensando? Ella no opinaba así, ¿por qué había respondido con tanta rabia a alguien que no era responsable de nada de lo que le había ocurrido?
Las cosas que Korra había dicho… le dolía pensar que la chica opinara así de su causa, pero odiaba admitir que había expresado en voz alta las propias preocupaciones de Asami respecto a los igualitarios. Aun así en vez de ser razonable, había optado por defenderse de aquella manera como si Korra le hubiera atacado… había sido un mecanismo de defensa patético y sabía que había herido los sentimientos de la chica.
Justo cuando la Korra que conocía empezaba a volver iba ella y lo arruinaba todo.
"Bien hecho, Sato, eres un genio…" se dijo a sí misma mientras volvía la vista hacia el mar y exhalaba un suspiro, deseando que la marea pudiera arrastrarla lejos de allí.
