Dos capítulos en dos días... esto no había pasado en muuuucho tiempo jajajaja
Como siempre, espero que os guste :)
Un bicooo
Skele-Gro
Una de las cosas que mas le gustaban a Harry Potter de volar era la capacidad de abstraerse del mundo. Cuando entraba en el campo de Quidditch cualquier idea de su mente se evaporaba, siendo sustituida por el viento silbando entre su pelo y el ondear de su capa en el aire, o al menos siempre había sido así.
Aquel día lo único que ocupaba su mente era Ginny, su pelo rojo, sus labios y su piel pálida. Recordaba aquel día, en aquel mismo campo, cuando los últimos humos de la guerra habían desaparecido, todos los heridos estaban volviendo a sus casas y poco a poco Hogwarts parecía recordar su normalidad.
-Es curioso ¿verdad? Como todos estos meses parecen haber pasado tan rápido, y todo ha acabado ya. Parece extraño pensar que todo ha tenido un propósito, incluso los peores momentos. Dime una cosa, ¿te sirvió mi regalo?- Ginny se había girado hacia él, expectante, con una media sonrisa asomando entre sus labios. Y Harry no había sido capaz más que de tomarla entre sus brazos y besarla con toda la pasión acumulada de los meses anteriores, dejando fluir toda la rabia y la frustración, y dejando lugar únicamente a la necesidad de sentir su piel contra la de él. Su mente pasó a estar ocupada por la necesidad de besar, morder, lamer y acariciar cada centímetro de la piel de la pelirroja, pálida, aunque poco a poco ocupada con un rubor que indicaba que su necesidad era tan fuerte como la de él. Las manos de ambos vagaron entre sus cuerpos, arrancando aquellas capas de tela que se oponían a sus propósitos, hasta quedar entrelazados y conectados de la manera más íntima, guiándoles a través del borde entre la vida y la muerte, más allá de la guerra, más allá del amor, más allá de cualquiera de ellos, mortales. Cuando todo terminó y el viento comenzó a entibiar sus pieles, ambos tuvieron la sensación de que aquello marcaba el inicio de un nuevo momento, de un mundo más feliz para todo el mundo, y sobre todo para ellos.
¿Cómo se había podido torcer todo tanto? Meses antes estaba en ese mismo campo follándose a Ginny, y hoy, lo único que podía hacer era ahogar su frustración (no sólo sexual) volando hasta lo más alto y dejándose caer a toda velocidad, intentando olvidar como tan sólo hacia unas horas había podido besarla de nuevo. Aunque, oh sí, para despertarla de una sobredosis provocada mientras se tiraba a Dean Thomas. En serio, ¿Dean Thomas? Harry conocía a ese chico, llevaba compartiendo cuarto desde primer curso y sabía perfectamente que clase de pajillero salido era. No claro, no como él mismo, él sólo quería a Ginny, intensamente, su amor por sus tetas y su culo era un mero accesorio del amor profundo y de cuento de hadas que en el fondo sentía por ella. Por eso cuando después de un verano maravilloso en el que no sólo habían desarrollado maneras de lo más creativas de hacer el amor por todo Grimmauld Place, sino que ¡también habían hablado! De cosas, y tal. Pues eso, que después de ese verano tan maravilloso, no era capaz de concebir que se hubiera podido tomar tan mal el hecho de que él le hubiera propuesto relajar las cosas hasta que ella terminase Hogwarts. Joder, ¡que lo hacía por su bien! Quería que ella supiera que la respetaba y valoraba su ansia por estudiar y desarrollar una carrera profesional. Pero ella se lo tomó mal. Fatal. Si no hubiera esquivado sus maleficios probablemente tendría otra cicatriz gemela en la frente. Pero, en serio, ¿qué les pasa a las mujeres? Por lo menos Ron le entendía, demasiado bien de hecho, si había otra persona en Hogwarts deseando cortarle las manos y otros apéndices a Dean Thomas, ese era Ron Weasley. Dean Thomas. Joder. Si hasta el nombre era ridículo. Con sus aires de dibujante bohemio y su pijama del West Ham. Joder.
Bajó de nuevo hasta el campo antes de que por despiste se estampase con algún poste. No quedaría muy bien que después de conseguir derrotar al mago más temible de todos los tiempos, muriera con la cabeza incrustada en un poste de Quidditch.
Mientras caminaba arrastrando los pies y la escoba hasta la torre de Gryffindor, se encontró con Parvati Patil. Ella le dirigió una mirada insinuante, o quizás simplemente tenía una pestaña en el ojo. Fuera lo que fuese, la cabeza (superior) de Harry tomó una decisión, dos podían jugar a ese juego. Si Ginny no le hacía caso, ya era hora de dejarse de lamentar por las esquinas. Y se fue a hacer otro tipo de actividades grupales a una esquina. Con Parvati, claro está.
oOo
En otro lugar del colegio, más concretamente el pasillo de la Biblioteca, Hermione se encontraba sumida en ese estado de concentración tan propio de ella. Las palabras de Ginny le habían hecho pensar sobre todo lo que había ocurrido en el Ministerio de magia. No dejaba de venirle a la cabeza la imagen de Sirius atravesando el velo, los susurros que provenían de él, el extraño ondular, como si de algún lugar proviniese un viento mortal. Por otro lado, podían haber sido efectos secundarios de algún tipo de poción, pero, y siempre estaba ahí esa palabreja, pero, Pomfrey había estado realmente preocupada por la vida de la pequeña Weasley. Si realmente había estado en un estado semi-comatoso, o entre la vida y la muerte, ¿era posible que hubiera llegado a algún tipo de limbo? Ese tunel con la luz al final de la literatura Muggle podía dar como base algún tipo de lugar real. A fin de cuentas, Sirius no había llegado a estar realmente muerto cuando cruzó el velo ¿no? Eran demasiados interrogantes a tener en cuenta, y su cabecita pensante se moría por resolverlos. Valga el juego de palabras.
-Vaya, vaya. Hay cosas que nunca cambian, ¿verdad?- Mientras duraba su ensoñación, Hermione no había sido consciente de que Draco Malfoy se había acercado a ella, con su altivo de siempre, y apenas una especie de sombra en su semblante que podía indicar todo por lo que había pasado los meses anteriores.
-Esperaba no tener que volver a verte, Malfoy- suspiró Hermione, si bien el final de la guerra había supuesto una especie de "entente cordiale", Malfoy era Malfoy, y al menos a lo que su relación personal se refería, seguía siendo alguien con quien prefería guardar distancias.
-Yo también lo esperaba, pero supongo que todo eso del Decreto de Educación ministerial nos va a obligar a cruzarnos por aquí, aunque suponía que tú habrías pasado todos tus exámenes, te imaginaba llevando todos los libros mientas acompañabas a Potter en su misión para salvar el mundo- si bien sus palabras iban acompañadas de cierta socarronería, ambos sabían que el mero hecho de que se dignase a dirigirse hacia ella sin emplear los términos "sangre sucia" o incluso "pobretona" suponían un intento de acercar posturas, o, al menos, crearlas.
-En realidad estoy haciendo una pasantía con Pomfrey, antes de entrar en la escuela de medimagia- Hermione no sabía muy bien por qué estaba dándole conversación, pero así era. ¿Demasiado tiempo oliendo libros alteraba las funciones neuronales?- ¿Y tú?-.
Draco pareció sorprenderse de que ella le siguiera la conversación, aunque se limitó a demostrarlo alzando una ceja- Algunos no tuvimos tiempo de estudiar, Granger, supongo que a tu novio le pasaría algo parecido, estuve hoy con él en clase de Transformaciones-.
Hermione suspiró, los estudios de Ron habían sido un punto de fricción desde que ambos se vieron obligados a hacer el examen, y Ron había sacado una nota terriblemente baja, que posiblemente le obligaría a realizar un doble esfuerzo para sacar aquel curso por delante.
-Ron está recuperando el tiempo perdido- eufemismo, y de los gordos- pero ya sabemos que es un mero trámite- ¿Lo era?
-Bueno, quizás para los que estuvisteis en el bando correcto sea un trámite, en mi caso, se trata más bien de demostrar que podemos reinsertarnos en la sociedad- Con esas últimas palabras, casi susurradas, el tono de voz de Draco cambió, haciendo que por primera vez Hermione le escrutase intensamente. Como bien acababa de decir, había una serie de alumnos cuyo posicionamiento durante la guerra resultaba, incómodo, por ponerle algún adjetivo. Y para Draco Malfoy, todavía más. Hermione sospechaba que no debía de haber muchos más chicos que teniendo la marca tenebrosa hubieran decidido continuar sus estudios en Hogwarts y no buscar alternativas más fáciles.
Como si supiera lo que estaba pensando, Draco se revolvió, ligeramente incómodo, un gesto muy poco propio de aquel Malfoy que se pavoneaba de su linaje familiar por cualquier pasillo, antes de la guerra. Aunque Ron y Harry estuvieran completamente en contra de aquella idea, Hermione sabía que en el fondo Draco había intentado expiar sus pecados mucho antes de que la guerra terminase, aún antes de que hubiera "vencedores" o "perdedores" él ya se había posicionado del lado de Harry Potter, y por lo que a Hermione se refería, ella no iba a olvidar aquello.
-En fin, Granger, me voy a estudiar, si es que aún has dejado algún libro sin devorar-.
Y ahí estaba, otra vez, rumbo a la biblioteca, el Draco Malfoy recompuesto y altivo.
Hermione le observó marchar, cavilando una vez más sobre las muchas cicatrices que había dejado la guerra. Si bien todavía dudaba de la bondad de Draco Malfoy, más allá de un instinto de supervivencia superlativo, no podía más que compadecerse. Sospechaba que el obligarle a repetir año era una medida del Ministerio para comenzar a castigarle por sus actos, y no le extrañaría que no le hubiesen permitido acceder a ningún tipo de pasantía o sistema de estudios alternativos.
Subitamente, un pensamiento muy poco de una bruja de su categoría le asaltó la mente. ¿Qué habría pasado con Pansy Parkinson? No había vuelto al colegio, aunque dudaba mucho que hubiera pasado los exámenes. Ella y Draco habían estado muy… unidos, en el pasado. Y aunque dudaba mucho que un chico como Malfoy pudiera fijarse en una chica así más allá que para satisfacer una necesidad, ejem, física, la Hermione cotilla que muy en el fondo tenía escondida, se moría de ganas de constatar que Draco siguiera soltero. Ahora la pregunta que tenía que hacerse era: Hermione Granger, ¿por qué cojones te importa tanto el estado civil de Draco Malfoy?
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