Buenas! Tras una pausa un pelín más larga que en los capítulos anteriores, aquí estoy de vuelta. Espero que os guste, poquito a poco ya nos vamos metiendo algo más en la historia.
Un bicoo
Aquí de nuevo el narrador de esta historia, después de un pequeño lapso de tiempo donde lo más relevante es que Hermione Granger ha seguido dándole vueltas en su cabecita a Draco Malfoy y, intermitentemente, Ron Weasley, durante todo el camino desde el pasillo de la biblioteca hasta la torre de Gryffindor. Volvemos entonces al despacho de la actual directora de Hogwarts, si bien no tiene tanto afán como Dumbledore por coleccionar artefactos mágicos, la estancia sigue rezumando poder y disciplina, y para los dos personajes protagonistas de esta situación: castigo.
-Bienvenidos Sr. Longbottom y Srta. Lovegood. Tomen asiento y hagan el favor de formular una buena respuesta al por qué se encontraban en los invernaderos durante el robo de plantas- la mirada de McGonagall era severa, como mínimo. Tenía los labios apretados en una fina línea y sus huesudos dedos tamborileaban sobre la mesa, logrando que con cada toque los hombros de los estudiantes se encogieran cada vez más.
-Profesora… Fue todo una confusión, yo me encontraba, er… ayudando a Luna con un trabajo y… er… -articuló con dificultad Neville paseando sus ojos nerviosamente desde la Profesora McGonagall hasta su compañera de castigo. Y viceversa.
-Sr. Longbottom, encuentro muy difícil tomar como verosímil esa excusa teniendo en cuenta que la Srta. Lovegood no cursa actualmente Herbología. Y antes de que pueda alegar que el trabajo era de Pociones, el Profesor Slughorn ya me ha asegurado que en este semestre no ha dado materia relacionada con ningún ingrediente que pueda encontrarse en el invernadero donde sucedieron los hechos. ¿Quiere intentarlo de nuevo?
Vale, ahora Neville Longbottom no sabía por donde poder escapar. Obviamente reconocer ante una profesora como Minerva McGonagall que había intentado convertir el invernadero en un picadero no era una opción, ¿pero cual sería la alternativa? Por lo menos Luna había decidido quedarse callada y no salir con ninguna historia sobre nargells o ompa-loompas mágicos que roban orejas de la gente.
McGonagall suspiró, la decisión que tenía que tomar no era fácil, pero la situación tampoco lo era, y no iba a permitir que cuando el colegio empezaba a recuperarse de la guerra, dentro de los muros sucediese otra revolución.
-Lamentándolo mucho, Sr. Longbottom, debo expulsarle de su pasantía. Como deferencia a su historial y al propio conocimiento sobre su persona, no incluiré este incidente en su curriculum, pero todos sus derechos de entrada en el colegio quedan revocados. En su habitación encontrará las maletas y un billete a Londres por si quisiera regresar con su familia. En caso contrario, en Cabeza de Puerco tendrá una habitación a su disposición. Buena suerte.
Y así, en dos segundos el mundo de Neville Longbottom se hundió, desde los once años su mayor aspiración había sido ser profesor de Hogwarts, y ahora esas aspiraciones eran prácticamente inalcanzables.
¿Qué harías si pudieras actuar con total libertad, sin limitación alguna por las convenciones preestablecidas?
Neville habría actuado de una manera muy distinta, eso seguro, en lugar de agachar la cabeza intentando ocultar las ganas de llorar, hubiera cogido en brazos a Luna y se la habría llevado a un lugar muy lejano, solos los dos. Algún lugar salvaje, lleno de flores fragantes y grandes plantas de todos los tonos de verde existentes. Habría tomado su cara entre sus manos, buceando en sus grandes ojos azules llenos de sueños y fantasías; y se habría sumergido en ellos para abrazar a todos los animales fantásticos de universo. Luego, juntos, surcarían el universo juntos. Siempre juntos.
Sin embargo, la vuelta a la realidad y al mundo adulto implica que ante una situación como esta hay que sobreponerse. Así, Neville recogió los pedazos de su orgullo, y se dirigió a su pequeño despachito para recoger los pedazos de lo que quedaba de su vida docente.
Mientras salía del despacho de McGonagall, se cruzó con una cabellera pelirroja, era Ginny Weasley, una bastante desmejorada, recién salida de la enfermería, pelirroja.
No aporta mucho reflejar aquí la conversación entre las dos damas de Gryffindor, basta saber que la pequeña pelirroja no fue expulsada, en su lugar, se le ofreció la posibilidad de descubrir a aquel que se dedicaba a proporcionar todas las drogas a lo largo del colegio. La oferta expiraría a los dos días, justo en la víspera de Halloween, fecha que todos los profesores temían, no sólo por el alborozo colectivo, sino por la perspectiva de tener que enfrentarse a un brote de sobredosis.
oOo
Volvamos a la pregunta anterior, ¿qué harías si fueras libre?
Para Draco Malfoy, encerrado en la biblioteca luchando por demostrar su valía académica, y redimirse así de los actos de guerra cometidos, el ser libre pasaba por vivir el amor.
Recordaba la primera vez que había visto aquella maraña de rizos castaños, rebotando a lo largo de un pasillo de tren atestado de estudiantes, peleando por encontrar al sapo (¡un sapo!) de un mocoso gordito al que acababa de conocer. Sin saber la sangre que ella poseía, apreció inmediatamente el tesón de la muchacha, no tanto por el valor de asociarse a alguien para encontrar un animal cutre e inútil, sino por la astucia demostrada al saber a quién preguntar en cada compartimento, al más mayor, al más observador. En aquel momento deseó que la muchachita terminase en su casa, aún no entendía muy bien aquellos impulsos que le asediaban por las noches, pero sí entendía que aquellos rizos le recordaban a casa, a galletas con chocolate y leche caliente, a amor.
Saliendo lentamente de sus ensoñaciones, contemplo su alrededor. Caía ya la tarde, y una luz dorada entraba por las ventanas. Un rayito de sol especialmente luminoso, se reflejaba sobre el cabello de una chica, sentada no muy lejos de él. Como si supiese que el le miraba, ella le miró, con reconocimiento y una gran sonrisa pintada en su cara. Como si siguiese soñando, la chica se levantó y se acercó a él, había que reconocer que tenía un buen cuerpo, con unas piernas infinitas saliendo de entre los pliegues de su falda. Y además, era Slytherin.
-Hola- dijo la desconocida sentándose en la silla que tenía a su derecha -soy Astoria Greengrass, creo que conoces a mi hermana-.
-Ah, sí, Daphne, pero este año ya no está en el colegio-.
-Cierto, por eso quería preguntarte si podías ayudarme con pociones, estoy teniendo ciertos problemas para terminar una poción sobre los usos del Ajenjo combinados con Asfódelo-.
Vale, aquello no era un sueño, como mucho un puteo por ser la deshonra de su casa y estar repitiendo curso humillándose ante los "vencedores".
Enarcando una ceja, marca Malfoy, y sacando su sonrisa más irónica, Draco respondió -No te preocupes, es fácil de resolver, lo único que tienes que hacer es esperar a que te llegue la carta de Hogwarts, la de verdad, claro. Está claro que tú trajiste una burda copia de la de tu hermana- Terminó su frase con una carga de amargura mayor de la que pretendía, pero eh, la culpa era de ella, por intentar tomarle el pelo.
-Wo, pensaba que un Malfoy que ha dedicado más de 30 segundos a inspeccionarme las piernas y las tetas, tendría más sentido del humor, dicen que también es afrodisíaco ¿sabes? en fin, lo único que quería que supieras, es que por muy renegado que seas, hay ciertas personas que no perdemos el interés en ti-.
Y con un guiño, se levantó y salió de la biblioteca con porte majestuoso, dejando a un Draco casi boquiabierto. Casi, porque era un Malfoy, y ninguna niñata, por muy buen polvo que tuviera, le quitaría la respiración.
oOo
Ron Weasley estaba cabreado. No es que fuera algo digno de mención, ya que sucedía más o menos cada media hora, lo reseñable es que estaba cabreado con su novia, y con Dean Thomas, sobretodo, con Dean Thomas. Por idiota, subnormal de mierda, ¡y por no gustarle el Quidditch! Ron ya sabía que eso era indicativo de que algo no iba bien en la cabeza de ese mago. Como la manía de ponerse colonia cada vez que se afeitaba, o se peinaba, o se miraba al espejo, o prácticamente cada vez que respiraba, a juzgar por la peste a "Hombre de negro" que emitía. Y lo que más, lo que más le tocaba los cojones era que su hermana parecía encontrar algo positivo en ese imbécil. Un imbécil que había hecho que su hermana tuviera una sobredosis de vete-tú-a-saber-qué. Un imbécil al que iba a partir la cara en cuanto consiguiera verle el pelo. Porque claro, encima el jodido imbécil tenía una neurona, que no solo le sujetaba las orejas sino que al parecer también hacía que fuera capaz de esconderse de la ira de Ronald Weasley (por que claro, obviamente en su mente Ron no se llamaba Ron, él era Ronald, el justiciero machomen, asesino de mata hermanas de día, amante insaciable de noche. Todo eso, en su mente, claro) Volviendo al mundo fuera de la cabeza de Ronald Weasley (Ro-nald), le cabreaba mucho que Dean Thomas no tuviera ni la decencia de dejarse aplastar la cabeza repetidamente contra una pared, y, ¡Hermione decía que tenía que ser comprensivo! Últimamente empezaba a tener la sensación de que algo no iba exactamente bien en su relación con Hermione. Como buen conocedor del género femenino, había notado ciertas señales, siempre se la encontraba cuchicheando con Harry, le mandaba a la biblioteca cada vez que podía ¡y no siempre ella iba con él! También la había visto mirar mucho a Draco Malfoy, pero obviamente, eso no era sino una muestra de que por fin se había dado cuenta de lo traicionera y rastrera que podía ser aquella serpiente. Sólo le había hecho falta una guerra para ello.
Ensimismado en su grandeza, Ron entró en la sala común sintiéndose el rey del mundo. Había terminado pronto los deberes, y sabía que a Hermione le encantaría aquello, hasta era probable que le recompensara (ya-tú-sabes), y eso era un buen motivo para estar animado.
Estaba muy animado hasta que en una esquina de la Sala común se encontró a su novia en brazos de su mejor amigo.
Probablemente Ron no fuera el más espabilado del mundo, pero en ese momento todas las piezas cuadraron, a fin de cuentas, Harry era Harry, y en el fondo sabía que Hermione siempre había tenido cierto cuelgue por él. Y el muy hijo puta le estaba robando a su novia.
Definitivamente, Ronald Weasley había despertado a su bestia interior.
Dejar RR adelgaza, palabrita de la buena.
