Capítulo 1: ¿Kishou?
Haise con ingenuidad se acerco a la niña con ropa estilo gótico.
—Ey ¿estás perdida? —preguntó el albino agachándose a la altura de la niña.
—No, pero no tengo a donde volver—respondió la niña de cabello azul oscuro y brillantes ojos celestes con tristeza.
— ¿Tus padres? ¿Familia? —Haise comenzó a observar detenidamente a la niña, no parecía que estuviera viviendo en la calle o de un orfanato, estaba con ropa demasiado costosa y bien cuidada, además tenía ciertos rasgos extranjeros, quizás había huido de casa o se perdió, habían múltiples posibilidades, pero no podía dejarla en la calle.
—No quiero—murmuró la pequeña.
— ¿No quieres que vayamos con la policía? —propuso el albino.
—Pero los ghouls…—habló mirándolo directamente a los ojos con tristeza.
—Mira yo soy un investigador ghoul si quieres mañana nos vamos juntos a la CCG, para que puedas contarle tus problemas—comentó Haise con una sonrisa.
—Pero ¿si vienen por mí? —preguntó la pequeña con preocupación.
—Yo te protegeré—con una gran sonrisa le estiro la mano.
— ¿Lo prometes? —preguntó la niña con ingenuidad.
—Sí, te lo prometo. Bueno ¿cuál es tu nombre?—dijo aún con su mano estirada.
—Miyu—murmuró con pena.
—Bueno Miyu, soy Sasaki Haise, vamos—así la pequeña aceptó la mano del nivel 1 Sasaki Haise y se retiraron a la casa de éste, pero era un poco tarde, ya que sus habitantes estaban en sus respectivas habitaciones recargando energías para el día siguiente—Con cuidado, no hay que hacer ruido—señalo el albino llevándose a la niña a su habitación.
—Shhhh—balbuceo la pequeña poniéndose los dedos en la mano en señal de silencio.
—Bien, no es el mejor cuarto, pero dormirás conmigo por hoy—comentó Haise cuando siente como la pequeña corre a la cama y comienza a saltar animadamente.
—Gracias hermanito Haise—exclamó la pequeña con una sonrisa.
—Pareces muy animada, ten—pasándole la parte de arriba de unos de sus pijamas, pues la niña no podría dormir con el vestido tan extravagante que poseía.
—Gracias—así ambos se cambiaron y se fueron a la cama a dormir donde la pequeña se acurruco en el pecho del albino para conciliar el sueño, cosa que fue una pequeña tortura, pues no estaba acostumbrado a tener a alguien a su lado.
Mas en la madrugada Haise despertó a causa de que la pequeña se movía mucho y balbuceaba cosas, así que se concentró para escuchar que decía.
—Ma…má no, no lo hagas…Papá sufrirá…—murmuraba principalmente entre cosas y tuvo una especie de deja vu, pues con Lilith sufrió algo parecido ¿acaso esta pequeña…? No, era imposible, descartó una alocada idea de su cabeza y se dedicó a reconfortar a la niña.
La noche pasó sin muchos problemas después hasta la peli azul despertó de su pesadilla que poco a poco pasó a ser un lindo sueño, gracias al nuevo hermanito que ahora tenía a su lado cuidándola.
—Gracias hermanito y yo también te protegeré—murmuró bajo para no despertar al albino, luego besó tiernamente una de sus mejillas y al volver a su postura sus ojos se habían vueltos rojos con fondo negro—Necesito encontrarlo—despacio salió de la cama, se vistió y se retiró por la ventana del lugar que estaba en un segundo piso.
Cuando amaneció Haise se estiro, se levantó perezosamente con su cabello revuelto y se percató que le faltaba la pequeña Miyu, rápidamente recorrió la casa entera sin encontrarla y antes las miradas confundidas del escuadrón quinque a los que posteriormente les explicó la situación, aunque ya estuvieran promovidos seguían viviendo juntos y a veces se les asignaba misiones en conjunto, pero claro seguirían siendo su querido escuadrón quinque.
—Pero Sassan es peligroso dejar a la niña así y más si unos ghouls la siguen—exclamó Tooru preocupada.
—Lo sé, pero no tenemos idea a donde pudo haber ido—explicó el albino preocupado.
—Por el momento, lo mejor será ir a la CCG—dijo Urie con su típica expresión fría y desinteresado completamente en el tema, era un día laboral.
—Sí, arréglense—ordenó Haise y con desanimo se fue hacia la CCG como de costumbre cuando siente como las secretarias que tomaban testimonios y organizaban pistas estaban inquietas— ¿Pasó algo malo? —le preguntó a una que se encontraba mirando a sus compañeras.
—Desde mañana llegó una niña que exige ver al agente especial Arima Kishou, le dijimos que si puede darnos sus datos y no quiere, pero insiste y es un problema…—habló con angustia la chica.
—Arima fue a una misión en otro lado y no volverá hasta mañana—dijo Haise y se retiro hacia las otras chicas a ver la niña.
—Pero quiero ver a Arima—exclamó la voz tierna de una niña de 4 años.
—Lo sabemos pequeña, pero…—intentaba calmarla una de las chicas.
— ¿Miyu? —Haise sorprendido quedó mirando a la pequeña conocida.
—Hermanito Haise—exclamó con felicidad la niña y se lanzó a sus brazos donde el albino la sostuvo en brazos, para hablar con ella.
—Ey ¿por qué te fuiste de casa sin decírmelo? —preguntó Haise un poco enfadado y aliviado a la vez.
—Dijiste que vendríamos a la CCG y no quise despertarte…—respondió la pequeña con tristeza provocando que toda la ira del albino desapareciera como si nada.
— ¿La conoces? Podrías ayudarnos a saber sus datos y ¿Por qué quiere ver al agente especial Arima Kishou? —pidió una de las chicas, un poco más calmada.
—Sí, sí lo siento. Miyu estas chicas sólo te quieren ayudar, así podrías empezar por tus datos ¿sí? —explicó Haise con una cálida sonrisa, pero la niña mantuvo la mirada baja y seria.
—Kishou…—susurró apenas audible.
— ¿Eh? —exclamó el albino, pues no logró escuchar bien.
—Miyu Kishou es mi nombre completo—dijo la pequeña con seriedad y después se acurruco en el pecho del albino, mientras en la mente de Haise repasaba a todas las personas que conocía con ese apellido, pero el único que tenía ese apellido era su mentor, el agente especial y apodado dios de la muerte, Arima Kishou.
—Kishou, pero el único Kishou es el agente especial Arima—dijo Shirazu que se encontraba observando la escena junto a los demás—Será alguna pariente…—agregó con una sonrisa.
—Es imposible—exclamó una rubia que veía desde lejos todo.
—Akira ¿Por qué? —preguntó Haise confundido.
—Arima es hijo único, sus padres están muertos hace años y no tenía parientes—informó Akira con los brazos cruzando observando fijamente a la niña y dejando confusión en el ambiente.
—Lo que nos lleva a que quizás sea su hija…—comentó despreocupadamente Tooru dejando distintas reacciones de shock en los presentes, que el gran Arima Kishou tenga una hija es impensable, nadie tenía una imagen de él con una novia y menos como un padre.
—No, no, es imposible o…—comentó Akira—o es verdad…—agregó temerosa.
—No puedo ver a Arima de esa manera…—respondió Haise.
Muchas dudas, teorías y chismes salieron del escándalo de la mañana, pero cuando trataron de hablar con la fuente del problema, la pequeña Miyu se había quedado dormida en los brazos de su querido hermanito Haise.
—Bien, hasta que Arima llegue tú la cuidaras y cuando despierte llévala con el jefe del laboratorio a que le haga una prueba de sangre—ordenó la rubia y se retiró hacia su oficina.
—Sassan tendrá que hacer de niñera—comentó Shirazu divertido.
—Pero al parecer a la pequeña le agradas—agregó Tooru.
—Es algo…—tras un largo suspiro Haise se retiro hacia su oficina con la niña que dormía plácidamente, por lo que la acurrucó en un sofá.
La tarde paso tranquilamente donde la pequeña Miyu despertó y accedió a hacerse los exámenes sólo porque Haise se lo pidió de lo contrario se opondría rotundamente, por lo que una vez en el laboratorio le dijeron que los resultados se los darían al día siguiente.
—Ahh que día más agotador—exclamaba Haise estirándose a la salida del laboratorio siendo observados por unos brillantes ojos celestes.
— ¿Es culpa de Miyu? —preguntó la pequeña bajando la cabeza.
—No, claro que no, es trabajo de un investigador es cansador y Miyu es tan encantadora que nunca te cansarías de ella—respondió con una cálida sonrisa animando a la pequeña, pero ganándose miradas extrañas de su antiguo escuadrón que estaba acompañándolo.
—Sassan eso suena perturbador…—comentó Tooru.
—Sí, cualquiera te denunciaría por pedófilo—agregó Shirazu.
—Eso fue para animarla—se apresuro a excusas, pero una tierna risa inundo el pasillo, Miyu a carcajadas reía animadamente ante la escena.
Así se retiraron de la CCG y se fueron a su cálido hogar donde la pequeña Miyu alegraba aquel ambiente que se había vuelto un poco monótono desde hace años, tras unas horas jugando se fueron a dormir y sólo quedaba esperar el día siguiente, pues Arima volvería de su misión y estarían los resultados de las pruebas de sangre, además de cierta sorpresa.
