Capítulo 6: Especie

La noche había llegado y todos los ghouls se encontraban en una bodega que supuestamente se ocupaba para almacenar ropa importada y accesorios, todos estaban encapuchados y con sus máscaras por precaución.

—Mis amigos, les tengo que decir una información importante—habló Uta saliendo de entre unas cajas.

— ¿Por qué nos cito tan de repente? —preguntaba Hinami que los años había crecido por todo lados y estaba agarrada del brazo de otra chica con su nueva máscara algo clásica que cubría la mitad de su rostro junto a una peluca negra.

—No lo sé, pero tengo un mal presentimiento…—respondió Touka con su máscara de conejo y su peluca rosa.

—Cualquier momento extraño nos salimos de este asunto—agregó Yomo.

—Ladys deben permanecer tranquilas—comentó Shuu quien venía junto a Ayato que miraba de reojo a Hinami, ya que últimamente todo el grupo estaba un poco más unido a excepción de Tsukiyama Shuu quien intentaba aparentar estar bien, pero por dentro estaba destrozado por la falta de Kaneki desde hace años, donde había ingresado a Aogiri y todos los problemas, sólo por saber más de su querido Kaneki, pero en la rebelión de vio envuelto junto a la ex agente extranjera que lo drogó con un buen café y lo dejó en la mansión Tsukiyama, bien lejos de toda la pelea.

—Será mejor que se callen y escuchen—dijo Ayato con su típica expresión de mal humor, pero ya con los años estaba más maduro y comprensivo.

—Desde hace años hemos estado criando a una pequeña e indefensa niña que quedó sola, pues su madre murió en la rebelión y tras observar ciertos comportamientos, se determino de que la niña no era una ghoul normal—comenzó a relatar Uta haciendo una pausa para recalcar lo que venía—La niña era una humana con poderes de ghoul, podía alimentarse con comida humana y no sufrir daños, su RC estaba en niveles bajísimos y normales para un humano. Si lográramos analizar aún más, quizás podríamos transformas nuestros cuerpos, para que dejen de comer carne humana. Sé que es el deseo de muchos—agregó con una sonrisa al final, pues logró la alegría de muchos con esas palabras.

—Pero… ¿qué pasó con la niña? —exclamó de una ghoul.

—Lamentablemente, hace unos días exactamente en la otra reunión escapo, la buscamos desesperadamente y resulta que la halló el dios de la muerte de la CCG—respondió el pelinegro y el ambiente se puso tenso tan sólo al nombrar al hombre más fuerte de la CCG.

— ¿Acaso no alcanzaron a analizar antes? —dijo otro ghoul.

—La analizamos, pero aún nos faltaban pruebas, pues aún es muy pequeña para presentar síntomas de un kagune hecho y derecho—comentó Uta.

—Será imposible recuperarla…—murmuraban algunos.

—Es Arima Kishou, no podemos con él—murmuraban otros y así entre otros comentarios.

—Señores, no es necesario enfrentarse al dios de la muerte, ya que adquirí cierta información y tengo un plan en donde nadie se enfrentara a él, sólo a unos investigadores—anuncio Uta extendiendo los brazos como si de un salvador se tratara.

— ¿Plan? ¿Información? —murmuraban algunos.

— ¿Nos dirás el plan? —exclamaron otros.

—Por supuesto, el plan consiste en varias etapas—comenzó a explicar el payaso con una grata sonrisa, no sólo la mayoría lo apoyaba sino que recuperaría a Miyu y a Kaneki.

Haise con cansancio llegó a su hogar, el cual compartía con ex escuadrón y Tooru lo esperaba con una sonrisa, ya que habían preparado café de otro país y le habían guardado un poco.

—Sassan ¿estás bien? —preguntó la morena al verlo suspirar y pensativo.

—Sí, sólo estoy un poco cansado y por eso…—hizo una pausa para estirarse—pedí vacaciones en la CCG.

— ¿Eh? ¿En serio? Pero si tú siempre estás trabajando—comentó Shirazu quien llegaba a la cocina a sacar algo de comer.

—Sí, pero Arima me pidió un favor—respondió Haise bebiendo el café que le había servido Tooru.

— ¿Arima? ¿Cuál? —preguntó Shirazu inquieto.

—Resulta que no ha encontrado m…como decirlo…nadie competente para cuidar a Miyu, así que yo la cuidare hasta que puedan encontrar a alguien, las dejara por las mañanas y cuando termine su trabajo la vendrá a buscar—explicó Haise volviendo a su exquisito café extranjero.

—Que lindo será tener a Miyu de nuevo—exclamó Tooru con felicidad, de pronto el albino dejó de beber su taza de café y se volteó rápidamente, un extraño escalofrió recorrió su espalda y un mal presentimiento se adueño de su pecho.