Capítulo 10: Años
Una vez que todo acabo Arima y Kaneki se reunieron con el antiguo grupo Anteiku en la cafetería en la que trabajaba Touka y Yomo.
—Kaneki ¿está todo bien? —pregunto Touka preocupada.
—Sí, descuiden—respondió entrando a la cafetería en donde solo estaba el grupo siendo seguido por el dios de la muerte.
—Papi—exclamó Miyu corriendo a los brazos del albino—Miyu estaba preocupada por ti ¿no estás herido cierto?
—No, tranquila—respondió Arima que dio un pequeño suspiro, sus músculos se relajaron al tener de vuelta a su pequeña y única hija.
—Ehh…Clase especial—habló Hide dirigiéndose a Arima— ¿podemos hablar un momento a solas?
—Papi no te preocupes—dijo Miyu sintiendo como el albino estaba preocupado al dejarla sola con varios ghouls de existencia casi desconocida—el hermanito Kaneki me cuidara.
—De acuerdo—dijo Arima bajando a Miyu y yendo con el rubio.
—Quisiera pedirle que no reporte a estos ghouls, ellos nos ayudaron y…—comentaba Hide, pero fue rápidamente interrumpido.
—Lo sé y no lo haré, pero respecto a Kaneki…—habló Arima y el ambiente se volvió tenso—Si la CCG lo encuentra lo volverán a encerrar, lo mejor será que se vayan de aquí mientras aun hay confusión—una sonrisa apareció en los labios del rubio.
—Gracias Señor—exclamó Hide haciendo una reverencia doblando la mitad de su cuerpo, para luego irse con el grupo. En el momento en el que conversaban Arima y Hide, los demás observaban nostálgicos a Kaneki.
—Estoy de vuelta—dijo Kaneki con una sonrisa.
—Maldito, nos hiciste ir a buscarte—comentaba Nishio.
—No hicimos varios enemigos por su culpa—refunfuñaba Ayato.
—Pero también nos volvimos mas unidos—dijo Hinami mirando de reojo al peli morado, quien se sonrojo inmediatamente.
—Oh que delicia, mí querido Kaneki no sabes lo horrible que ha sido estar sin ti todos estos años—exclamaba Shuu con un tono donde no aguantaba su excitación, Yomo y Touka fueron a preparar unos cafés para todos.
—Tsukiyama calma, calma, ya me demostraste tu cariño—dijo Kaneki siento como Shuu lo abrazaba y le mordía la oreja con emoción.
—Parece que el hermanito Kaneki es muy querido—comentó Miyu observando divertida la escena, el albino al ver esa tierna sonrisa recordó el momento en donde estuvieron solos en los restos de la bodega.
—Así que tú eres Kaneki—habló la pequeña con una sonrisa tras la coraza negra que le cubría la mitad de su rostro.
—Sí—respondió acercándose como podía a la niña, se arrodillo para quedar a su altura y la abrazo.
—Lo siento, lo siento…—sollozaba arrepentido, pues se sentía culpable por la pérdida de Lilith y más cuando ella era su viva imagen.
—No te preocupes—le acaricio la cabeza y de pronto unas pequeñas gotas de sangre salpicaron en el rostro de Kaneki, al abrir los ojos la pequeña había cortado parte de sus alas y sus extensiones doradas.
— ¿Qué haces? —preguntó preocupado y escandalizado.
—Son para ti—respondió Miyu con una sonrisa.
—No me puedo comer tus kagunes, además quedaras herida…—exclamó desesperado, pero al volver la vista hacia sus alas y extensiones se percato que ya se habían regenerado por completo.
—Ves, no te preocupes, además necesitas fuerzas para derrotar al hermanito Uta ¿cierto? —el albino se limito a mover su cabeza de arriba a abajo—Entonces yo dormiré, ya me canse de ocupar las kagunes—agregó acurrucándose en los brazos de Kaneki sin antes guardar todos sus rasgos de ghoul. Quedó incrédulo por un par de segundos, la arropo en la chaqueta que tenía y no le quedaba otra más que comer lo que le había dejando. Cuando dio un primer bocado y ésta pasó por su garganta, pudo sentir un incremento de fuerza impresionante, incluso sus heridas sanaron en nada de tiempo e inconscientemente devoró los impresionantes restos de kagunes que la pequeña le había dejado y aprovechando el tiempo opto por sacar los kagunes de los payasos muertos para alimentarse un poco, en estos años la CCG lo tenía a un régimen estricto y era hora del festín.
Su mente volvió al presente, ya que Hide estaba feliz y se apresuro a contar lo que había conversando con el agente de clase especial, que a pesar de todos los rumores era un buen hombre y excelente padre, aunque no lo parezca en lo absoluto.
—Lo mejor será irnos ahora—finalizo Hide.
—Antes quisiera que el dios…digo el agente especial nos acompañara en nuestro último café aquí—exclamó Touka quien traía varias tazas con el café servido.
—Vamos papi—dijo Miyu que rápidamente fue a sentarse junto a los demás.
—Para ti pequeña te tengo un delicioso chocolate—comentó la peli morado con una sonrisa.
—Chocolate wiii, gracias hermanita—respondió la pequeña con una sonrisa.
—Parece que no te queda otra que acompañarnos—habló Kaneki ofreciéndole un puesto al lado de Miyu y junto a él, una pequeña sonrisa se formo en los labios de Arima y se quedó en el último café del grupo de ghouls.
—Parece que llego la hora de decir adiós—dijo Hide acompañando a sus amigos.
—Hermanito ¿en serio te debes ir? —preguntó Miyu mirando a Kaneki con tristeza.
—Sí, me encanto estar este poco tiempo contigo y sé que a él le encantabas—respondió Kaneki agachándose a la altura de la pequeña peli azul.
—Cuídate mucho y ven a visitarnos—sollozaba la pequeña aguantando el llanto hasta que su padre la tomo en brazos y acurruco en su pecho.
—Lo intentare, gracias Arima—habló Kaneki y finalmente ambos bandos se despidieron no como un adiós sino un hasta pronto.
—Papi siempre estará al lado de Miyu ¿cierto? —habló la pequeña mientras volvían a casa después de estar hasta altas horas de la noche en la CCG dando explicaciones, además de que le rogaron no dejar su puesto de investigador ghoul y ofrecer cientos de niñeras para su hija.
—Por supuesto, ahora que estamos juntos y hemos pasado por tanto no te dejare ir—respondió Arima brindándole una reconfortante sonrisa a su única y preciada hija.
—Gracias papi, eres el mejor—exclamó Miyu feliz, así ambos volvieron a su cálido hogar y quizás si el destino lo quiere podrían volver a aquel grupo extravagantes de ghouls que la pequeña adoraba.
