Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de jennlynnfs, sólo nos adjudicamos la traducción.
Boycotting Valentine's Day
By: jennlynnfs
Traducción: Sarai GN
Beta: Yanina Barboza
Link de la historia original: www fanfiction net / s / 5681116 / 1 / Boycotting-Valentine-s-Day
Capítulo 7: Monte del Destino
Edward puso su libro sobre la mesa de café, se quitó las gafas y se frotó los ojos con el puño. Luego se recostó en el sofá y dejó escapar un largo suspiro.
Había estado en casa por un poco más de una hora y extrañaba a Bella con una intensidad tal que era demasiado para poner en palabras.
Entre el viaje de regreso a la ciudad y organizarse de nuevo, habían sido casi cinco horas desde la última vez que la vio y habló con Bella. Un poco más de tiempo desde la última vez que la tocó.
Su mente vagó a sus actividades de la mañana. No estaba seguro de cuánto tiempo estuvieron dormidos, pero todavía estaba oscuro y la casa estaba en silencio. Sin embargo, sus cuerpos parecían tener otras ideas. Estaba atrapado en un estado de semiconciencia, donde el cuerpo de Bella estaba en sus brazos, y en el momento en que se dio cuenta de que no estaba soñando, Bella estaba en topless y cada uno tenía una mano en la ropa interior del otro.
No pudo evitar sonreír ante el recuerdo de despertar con Bella gimiendo contra su boca mientras sus dedos la exploraban. Fue el momento más caliente de su vida.
Esperaba que hubiera otra oportunidad de nuevo, pero no se atrevía a contar con ello. A pesar de que Bella estaba más que dispuesta, Edward quería hacer las cosas bien. Habían hecho planes para tener una cita el viernes. Él y Bella habían sido amigos por tanto tiempo que pensaba que esta cita le daría la oportunidad de demostrarle a ella que podía haber más.
No quería que ella pensara que él solamente quería sexo.
A pesar de que él realmente lo quería, esperaba que llegaran a ese punto con el tiempo.
Miró el reloj y era pasado el mediodía. Todos dejaron la casa de sus padres temprano por la mañana. A pesar de que el lunes era un día de fiesta, todo el mundo decidió ir a casa y reagruparse antes del inicio de la semana de trabajo.
Fue una buena idea en teoría, pero ahora hacía que Edward se sintiera como si fuera mucho tiempo hasta el viernes.
Edward se puso las gafas y se sentó en su sofá. Se preguntó si sería demasiado pronto para llamar a Bella. Sacudió la cabeza.
Ella pensará que estás desesperado.
Edward hizo una lista mental de las cosas que debía hacer para quitarse de la cabeza a Bella: consultar su correo electrónico por cualquier cosa relacionada con el trabajo, lavar su ropa, e ir de compras. Sí, se trataba de todas las cosas que sabía que debería estar haciendo. En su lugar, decidió que debería jugar WoW*.
Estaba a punto de levantarse cuando su teléfono vibró en la parte superior de la mesa de café. Lo recogió y cuando vio el identificador de llamadas, sonrió.
Edward apretó el botón para contestar.
—Justo estaba pensando en ti.
—¿De verdad? —Bella se rio—. Yo estaba pensando en ti, también.
Él arqueó la ceja.
—Cosas buenas, espero.
Ella guardó silencio durante un segundo antes de decir:
—Define buenas.
Él no pudo evitar sonreír, pero se alegró de que ella no pudiera verlo.
—Yo estaba pensando en esta mañana. Eso fue bueno.
Hubo otra vacilación de nuevo antes de que ella dijera:
—Muy bueno. —Luego dijo en un apuro—: ¿Qué vas a hacer hoy?
Las cejas de él se alzaron.
—Estaba leyendo antes de que llamaras e iba a perder el tiempo en la computadora. —Una pequeña sonrisa tiró de la comisura de sus labios—. ¿Qué hay de ti?
Ella dejó escapar un largo suspiro.
—No mucho. Estaba pensando en conseguir almuerzo.
Se sentó en el borde de su asiento.
—¿Qué tenías en mente?
—Griega. ¿Gyros? —Podía notar el tono nervioso en su voz.
—Eso suena bien. —Vaciló antes de preguntar—: ¿Te gustaría que almorzáramos juntos?
—Eso sería muy agradable. ¿Seguro que no estás ocupado?
—No, para nada.
Ella dudó antes de decir:
—¿Estás seguro?
—Por supuesto.
—Bien. —Luego colgó.
Edward sostuvo el teléfono lejos de él y vio que la llamada había terminado. ¿Ella colgó? ¿O es que la línea se desconectó? Estaba a punto de llamar de vuelta cuando alguien tocó a la puerta.
Si se trataba de un abogado, no le atendería. Miró a través de la mirilla y sus ojos se ensancharon. No le tomó nada de tiempo para abrir la puerta.
Bella estaba de pie frente a él con una bolsa para llevar.
—Sé que esto se ve muy raro, pero compré el almuerzo, y me di cuenta después de que probablemente debería haberte llamado primero. —Ella le dio una mirada tímida—. Tenía la esperanza de que pudiéramos comer juntos.
Edward le dio una cálida sonrisa.
—Creo que es una gran idea. —Se apartó de la puerta para dejarla entrar—. No me parece raro.
Se quedaron en la entrada por un minuto. Bella pasó de un pie al otro, mientras que Edward se limitó a mirarla.
Ella sintió que su rostro se calentaba.
—Así que...
—Oh, lo siento. —Se frotó la nuca—. ¿Cocina?
Ella asintió con la cabeza y luego lo siguió.
Bella se acercó a la isla de la cocina y colocó la comida en la barra de desayuno. Después tomó algunos tenedores y servilletas de un cajón.
Edward fue a la nevera.
—¿Qué te gustaría beber?
—Lo que tú tomes está bien.
Metió la mano y sacó dos botellas de agua. Dejó las botellas y tomó el taburete a su lado.
Ellos desempacaron la comida y el aroma de los gyros flotó en el aire.
—Gracias por comprar el almuerzo. —Se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla—. Se ve muy bien.
Ella sonrió.
—Alice me dio la idea.
Edward estaba masticando, pero la miró con un surco leve en la frente.
—Resulta que ella y Jasper salieron a almorzar. Mencionó que comerían comida griega y me pareció bien a mí también. —Tomó de su ensalada—. Me invitó a acompañarlos, pero... quería verte.
Apoyó la mano en la rodilla de ella y le dio un suave apretón.
—Me alegra que lo hicieras. —Él titubeó antes de decir—: Iba a llamarte y preguntarte qué estabas haciendo hoy, pero pensé que tal vez sería un poco desesperado.
Ella dejó escapar una pequeña risa.
—No. No es tan desesperado como Emmett.
Él gimió.
—¿Qué hizo ahora?
—No sé si debo decirlo. —Ella lamió un poco de salsa tahini de su pulgar—. Me hizo jurarlo al estilo Club de la pelea.
Él frunció un poco los labios.
—Ah, ya veo.
Bella lo miró y vio que estaba jugando con su ensalada, cuando hacía apenas un minuto que estaba comiendo con gusto. Ella chocó hombros con él.
—Por supuesto que voy a decirte, pero tienes que prometer que no dirás nada.
Él la miró con sutil avidez.
—De acuerdo.
—Bien, ¿ya sabes cómo Em estaba molestando a Rosalie por su número?
Dejó escapar una pequeña risa.
—Todavía no puedo creer que él entrara mientras ella estaba en la ducha.
—Sí. —Ella rodó los ojos—. No sé cuánto de eso fue un accidente.
Sacudió la cabeza.
—Así que, ¿por qué te hizo jurar guardar el secreto?
Ella miró por encima del hombro. Ella sabía que Emmett no estaba ahí, pero no pudo evitarlo.
—Bueno, él está pensando en tener problemas con el coche y preguntarle a Rosalie si puede ayudarlo. Mientras que ella esté mirando el coche, quiere sorprenderla con entradas para un evento de camiones monstruo.*
Él elevó una ceja.
—¿Qué le hace pensar que le gustaría algo así?
Ella bajó la cabeza.
—Puede que le haya mencionado que oí a Rosalie hablando sobre asistir.
Él rio.
—Espero que le dijeras a Emmett que te la debe —dijo luego.
Ella asintió.
—Claro que sí. —Ella levantó dos dedos—. Él me debe doble ahora.
—¿Doble? —Tomó un bocado de su gyros.
—Por Rosalie y la otra cosa.
—¿Qué otra cosa?
Ella le lanzó una mirada mordaz.
—Ya sabes.
Él frunció el ceño.
—¿Qué?
Ella dejó escapar un corto suspiro.
—El dragón furioso.
—Oh sí. —Sacudió la cabeza—. Así que, ¿qué vas a obligar a Emmett a hacer?
Su sonrisa fue alegre.
—Bueno, ya no tengo que pagar por bebidas. Jamás.
Las cejas de él se alzaron.
—¿En serio? ¿Estuvo de acuerdo con eso?
—Sí. —Tomó un sorbo de agua—. Quería que estuviéramos a mano.
—Bueno, debería. —Terminó su comida y Edward hizo a un lado el recipiente vacío—. ¿Qué más se comprometió a hacer?
Bella tragó el último bocado de su comida.
—Sus asientos para cinco partidos en casa.
Sus ojos se ensancharon.
—Mierda. De verdad lo comprometiste. Debe haber estado realmente desesperado para acceder a eso. —Emmett era feroz en su devoción a los Mariners. El hecho de que él estuviera dispuesto a renunciar a cinco partidos en casa mostraba lo mucho que quería que las cosas funcionaran con Rosalie.
Bella tenía una expresión petulante.
—Pero ¿siquiera Rosalie saldrá con él? Ella no parecía muy impresionada con Emmett. Está renunciando a muchas cosas para que a ella ni siquiera le guste él.
—Oh, a ella le gusta.
—¿De verdad?
Ella apartó su recipiente.
—Sí. Solo no quiere parecer demasiado fácil.
Su frente se arrugó.
—Pero ¿qué pasa con Lucy? Pensé que a Em realmente le gustaba ella.
Bella se movió en el taburete.
—Sí, sobre eso...
Él levantó una ceja.
—¿Qué? —Bella bajó la cabeza—. ¿Bella?
—Club de la pelea —murmuró.
Puso los ojos en blanco.
—Sabes que vas a decírmelo, así que dime.
Se mordió el labio inferior, mirándolo como si estuviera tratando de contener lo que iba a decir. Después de un segundo, ella exclamó:
—Lucy y María son amantes.
Sus cejas desaparecieron en el nacimiento del pelo.
—¿Qué?
—Tienes que prometerme que no dirás nada. Ni siquiera a Alice. —Su expresión se volvió seria—. Club de la pelea.
Él tuvo que controlar su diversión sobre la situación. Ella estaba tan seria, pero también era tierno lo seria que estaba. Ella y Emmett siempre fueron leales el uno al otro y luego, cuando se empezaron a hacer estos pactos del Club de la pelea, se unieron aún más. No podía dejar de estar un poco celoso por esa cercanía.
Esta era la primera vez que Bella le hacía jurar por el Club de la pelea un secreto. Su corazón se disparó, y esperaba que ésta no fuera la última vez.
—Club de la pelea —prometió, con una pequeña sonrisa.
Ella dejó escapar un suspiro de alivio. Entonces se lanzó a la historia sobre cómo Lucy llamó a Emmett para decirle que no podían verse y cómo conoció a otra persona.
—¿Cómo pudo averiguar acerca de María? —preguntó.
Sus ojos se iluminaron.
—Por Jasper.
Volvió su cuerpo para que estuviera frente a ella.
—¿Jasper?
Ella asintió.
—¿Recuerdas cuando me dijiste que Lucy y María se conocían?
Él asintió con la cabeza.
—Bueno, María le dijo a Jasper que había conocido a alguien más, pero ella fue más sincera y le dijo a Jasper sobre Lucy.
Sus labios formaron una O.
—Jasper estaba bien con eso porque no habían estado saliendo durante mucho tiempo. Entonces llamó a Emmett para hablar de ello y Emmett enloqueció.
—Apuesto a que lo hizo. —Frunció el ceño con preocupación—. ¿Él está bien?
—Sí, está bien al respecto. —Ella dejó escapar una pequeña risa—. En realidad, creo que está más que bien. Creo que le contaría a la gente sobre eso si Jasper no le hubiese pedido que no dijera nada.
—¿Por qué?
Ella vaciló antes de decir:
—María y Lucy no están dispuestas a hacer pública su relación.
Sacudió la cabeza.
—Bueno, me alegro de que Em encontrara a Rosalie. Solo espero que sepa lo que está haciendo.
—Él va a estar bien. —Pasó un momento antes de decirle—: Dejé el trabajo temporal en la tienda de Ben.
Edward se había levantado a tirar su basura, pero ante el comentario de Bella, se detuvo a mitad de camino a la papelera.
—¿Lo dejaste? ¿Por qué?
—Yo solo... A pesar de que somos amigas, no quería que Angela se preocupara de nada. Me refiero, por supuesto, no pasará nada y ella confía en mí, pero me sentía un poco mal por todo el asunto.
Su frente se arrugó. Tiró su basura y luego se dirigió hacia ella.
—¿Por qué te sientes mal?
Ella lo pensó por un momento antes de decir:
—No quiero hacer sentir incómodo a Ben. Sé... que le gusto un poco y las cosas han cambiado desde entonces, pero no quería...
Él tomó una de sus manos entre las suyas.
—Lo entiendo.
Ella le dio una sonrisa vacilante.
Hubo un cambio en su relación y ambos lo sintieron, pero tampoco se sentían lo suficientemente valientes para hablar al respecto. Todo era tan nuevo y aterrador al mismo tiempo.
Los ojos de Bella vagaron y se detuvieron en la cocina.
—Ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí. Un mes. Creo que la última vez que estuve aquí fue…
—La noche de la cena.
Bella no se dio cuenta del cambio en su tono de voz o que él la miraba tan de cerca. Ella estaba mirando una impresión de Van Gogh de la Terraza del Café que estaba montada en la pared.
—Fue una muy buena cena también. Dios, la comida estuvo increíble. El osso bucco estaba tan tierno. Luego la baguette de fresas. Tanya es una buena cocinera. Me casaría con ella si… —Se contuvo y mentalmente se pateó a sí misma por su desliz. Miró a Edward, quien tenía una expresión leve de diversión. Luego dijo—: Lo siento. No quise decir que…
—Está bien. —Él sonrió—. Ella es una buena cocinera.
Además de ser buena cocinera, Tanya también era fluida en seis idiomas. Trabajó como traductora independiente para varias empresas internacionales e incluso hizo algunos trabajos para las Naciones Unidas. Cuando ella no estaba traduciendo, enseñaba una clase de español en los parques locales y programas de recreación.
Él no parecía molesto por su desliz, pero ahora tenía esta expresión en su rostro que no podía descifrar. De repente se sintió cohibida por estar en casa de Edward. Tanya había estado prácticamente viviendo con él en aquel momento.
—¿Qué pasó con Tanya? —preguntó ella.
La expresión había desaparecido y fue reemplazada por sorpresa.
—¿Qué quieres decir?
Ella frunció el ceño.
—Quiero decir, ella es hermosa, inteligente y perfecta. No entiendo por qué... por qué no estás con ella.
La tomó de la mano y acarició sus nudillos.
—No estoy enamorado de ella.
Cuando él la miró a través de esas gafas de montura oscura cuadradas, con sus ojos tan intensos, Bella casi se perdió en ellos.
Casi.
Ella negó con la cabeza y quiso mirar a otra parte. Vio sus manos unidas.
—Pero, estuviste con ella durante tanto tiempo y cómo podrías... Dijiste que me amas, pero... no veo cómo puedes... cuando tenías a Tanya.
Él dejó escapar un largo suspiro. Después de un momento, dijo:
—Tanya y yo... Ella es especial y siempre la consideraré una buena amiga, pero... no podía ser lo que ella quería.
Ella se arriesgó a mirarlo.
—¿Qué quería?
Estudió su rostro por un momento antes de decir:
—Quería todo de mí y yo no podía...
Ella se volvió hacia él.
—Pero, ustedes estuvieron juntos durante tanto tiempo. ¿Qué pasó?
Él siguió sosteniendo la mano de Bella, pero su otra mano tiró de su cabello.
—Pensé que estaba bien con cómo eran las cosas. Nos llevábamos muy bien. Pero... nunca sentí... la chispa con ella.
Bella recordó la noche que vieron Iron Man y cómo la electricidad que sentía por estar al lado de Edward era casi insoportable, pero no iba a renunciar a ella para nada. No podía imaginar estar sin ella, y sin él, ahora.
—Sé que sueno como el idiota más grande —continuó Edward—. Como que le di cuerda a Tanya durante mucho tiempo, pero le dije que a pesar de que la quería, no estaba enamorado de ella. Y ella estaba de acuerdo con eso. —Él tiró de su cabello otra vez, tratando de encontrar el valor de decir la siguiente parte—. Estuve bien con eso también por un tiempo hasta que... me di cuenta de que no podía vivir así nunca más. Por lo tanto, hablamos y decidimos que deberíamos ser amigos.
Ella esperó a que continuara, pero no lo hizo. Después de medio minuto, ella dijo:
—Pero no lo entiendo. ¿Qué cambió?
Soltó su cabello y le apretó la mano.
—Fue la noche de la cena.
Ella pensó en esa noche y no se le ocurrió nada fuera de lo normal.
—No recuerdo nada fuera de lugar esa noche.
Edward dejó escapar una pequeña risa.
—Por supuesto que no, Mary. De verdad eres tan despistada a veces, sabes.
Ella soltó su mano y le dio un suave empujón.
—Bueno, tal vez deberías informarme entonces.
Él tomó su mano y se alegró de que ella lo dejara.
—Tenías una cita. Felix.
Sus ojos se abrieron con reconocimiento.
—Oh, lo había olvidado por completo. —Él sacudió la cabeza—. ¿Eso te molestó?
—Estaría mintiendo si dijera que no lo hizo, pero no más que cualquier otro momento cuando estabas con un tipo.
Bella sintió su corazón aletear con su admisión.
—¿Entonces qué? ¿Por qué fue Felix diferente?
—No lo fue. —Él la miró con el ceño fruncido—. ¿Realmente no recuerdas lo que pasó esa noche?
La cena había sido hace un mes, por lo que los acontecimientos de esa noche no eran tan claros. Recordó que tenían un poco de vino y manzanas con queso brie al horno antes de la cena. Luego estaba el increíble osso bucco y el risotto parmesano.
La voz de Edward cortó sus pensamientos.
—Solo recuerdas la comida, ¿eh?
—¿Qué? Estaba muy buena.
Él rio.
—¿No recuerdas nada más?
—Bueno, también recuerdo que casi me perdí el postre porque derramé vino en mi vestido.
Él se movió a la orilla del taburete acercándose a ella.
—¿Te acuerdas de lo que pasó después de eso?
Ella pensó por un segundo y luego dijo:
—Sí, Tanya hizo que me cambiara y tomó mi vestido para llevarlo a la tintorería por mí. Eso fue muy agradable. No tenía que hacerlo. Fue mi culpa…
—Espera, ¿recuerdas lo que pasó cuando tuviste que cambiarte?
Ella dejó escapar un breve suspiro, frustrada por tener que recordar esos detalles minuciosos.
—Um, fui a tu habitación y tomé una camisa. Tanya estaba tratando de quitar la mancha y cuando no salió, dijo que lo llevaría a la tintorería.
Él le dirigió una mirada expectante, como si supusiera que debía recordar más.
Después de un minuto, dijo:
—Oh, tú me prestaste algo de ropa para llevar a casa.
Él dejó escapar una pequeña risa.
—Te puse la camisa más vieja que tenía y el par más holgado de pantalones deportivos que pude encontrar.
Ella frunció el ceño.
—Uh, está bien. ¿Por qué?
Edward tomó un mechón de su pelo y lo colocó tras su oreja.
—Porque no quería que Felix se hiciera ideas sobre tú y él.
—¿Qué? —Estaban uno frente al otro, pero Bella se acercó, por lo que sus rodillas quedaron entre las piernas de él—. Eso no tiene ningún sentido.
Dejó escapar un suspiro.
—Por supuesto que no lo recuerdas —murmuró. Luego dijo—: Mientras Tanya estaba en la cocina tratando de encontrar un poco de soda para la mancha, fui a ver cómo estabas.
Hubo calor detrás de la mirada que le dio y Bella tragó, pero esperó a que continuara.
—Llevabas una de mis camisas abotonadas. —La imagen de la ropa interior de encaje de Bella que sobresalía debajo del dobladillo de su camisa quedó grabada en su mente. Su voz era desigual—. Al verte en mi habitación así... —Él tomó su rostro—. Ibas a casa con alguien más y me di cuenta de que de verdad quería que las cosas fueran diferentes entre nosotros.
—Edward —apenas alcanzó a decir.
—Te vi irte con otras personas antes y siempre me dije que cuando tuviera la oportunidad, te diría cómo me sentía. Y cada vez que la tuve, me acobardé. Me dije a mí mismo que nuestra amistad era demasiado importante para arriesgarla. Pero esa noche, verte de esa manera, y darme cuenta de que alguien más podría verte así... no podía fingir más. —Él tomó su mano entre las suyas—. Después que todo el mundo se fue, le dije a Tanya que no podía... que nosotros... Le dije que pensaba que deberíamos ser amigos.
Ella lo miró con incredulidad por cómo Tanya pareció tan comprensiva acerca de eso.
—¿Así como así? ¿Y ella estuvo bien con todo?
Sacudió la cabeza.
—Estaba herida y dijo que tal vez deberíamos simplemente tomar un descanso, pero le dije que no era justo para mí o para ella. —Se lamió los labios antes de decir—: Al principio, quería llamarte y decirte cómo me sentía, pero Tanya estaba bastante triste, así que no quería hacerle más daño del que ya le había hecho.
Él se pasó los dedos por el pelo.
—Después de un tiempo, pensé que debía esperar el momento adecuado. Pero mientras esperaba, comencé a tener dudas. No creí que alguna vez me vieras como algo más que un amigo. —Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios—. Entonces Tanya comenzó a molestarme para que te lo dijera.
Las cejas de Bella se alzaron.
—¿Lo hizo?
Él asintió con la cabeza.
—Ella ha sido realmente de apoyo, y constantemente me decía que mejor hiciera algo acerca de mis sentimientos por ti o de lo contrario me patearía el culo por romper con ella y no tener nada que respaldara esa decisión.
Bella se rio.
—Entonces Alice me habló de este fin de semana. —Tomó una fuerte respiración—. Pensé que tal vez debería al menos invitarte a salir en una cita. No había planeado confesar... —Se frotó la nuca—. Pero no podía... Estaba cansado de esconder mis sentimientos por ti.
Ella se bajó del taburete y se puso entre las piernas de Edward.
—Me alegro de que no lo hicieras. —Ella le dio un suave beso—. Lamento haber sido tan despistada.
Él se rio y le devolvió el beso.
—También eres muy difícil de leer a veces.
—Bueno, voy a tratar de no serlo. —Ella lo besó nuevamente.
Él le devolvió el beso de nuevo. Estaba a punto de decir algo, pero Bella mordió su labio inferior y sus pensamientos huyeron de su cerebro. Sus manos llegaron alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. Bella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y el beso se profundizó.
Esto es lo que Edward había estado extrañando en su vida. Bella era su amiga y siempre se había preguntado cómo sería si fueran algo más. No era nada como él imaginaba. Era mucho mejor. Ellos ya se conocían tan bien y él siempre disfrutó estar cerca de ella. Pensó que podía vivir con eso, pero ahora, experimentando el aspecto físico de su creciente intimidad, Edward sabía que nunca podrían volver a ser solo amigos. Quería todo.
Rompió el beso cuando sintió que se calentaban. Apoyó la frente en la de ella y dijo:
—El viernes parece tan lejano. Me gustaría que pudiéramos ir a nuestra cita más pronto.
Ella sonrió.
—¿Ansioso por sacarme?
Él asintió con la cabeza.
—Es que... no quiero que pienses que yo... quiero hacer esto correctamente.
Ella levantó una ceja.
—¿Cómo sería correctamente?
Él besó su mejilla.
—Llevarte a citas. Mostrarte que me encanta pasar tiempo contigo. Tratándote de la forma en que mereces ser tratada. —Le besó la comisura de la boca—. No quiero apresurarte a nada tan pronto porque... eres importante para mí.
—Pero, tú... —Ella sintió sus mejillas cada vez más calientes, pero lo ignoró. Bajó los ojos, pero luego se obligó a mirarlo—. Estoy bien, si nos apresuramos en algo.
Él apoyó su frente contra la de ella.
—Bella…
—Edward. —Ella extendió la mano y enredó los dedos en su pelo—. Te amo.
Subió la cabeza por sus palabras.
—Tú... no tienes que decirlo…
—Lo digo en serio. —Sus dedos bajaron para acariciar su mejilla—. Sé que la mayoría de las veces lo tomo con calma, pero estoy segura de esto. Soy tuya, Edward. —Ella le dirigió una mirada tímida—. Si me aceptas.
Él dejó escapar un tembloroso suspiro. Entonces la besó en la frente y dijo:
—Vamos a ir al cine.
El corazón de Bella cayó a sus pies.
—¿Qué?
Se levantó y puso un poco de distancia entre ellos.
—Tenemos que salir de aquí.
—¿Quieres salir? —No le gustó que su voz flaqueara.
—No me quiero ir, pero si nos quedamos más tiempo, no creo que pueda… —Él tiró del cabello en su nuca—. Cuando le estemos contando a nuestros hijos acerca de la forma en que empezamos a salir, no quiero decirles que ni siquiera pudimos llegar a nuestra primera cita porque no podía mantener mis manos alejadas de ti.
Ella no pudo evitar sonreír.
—Sabes que hay un montón de cosas que podría comentar acerca de lo que acabas de decir, pero lo único que puedo pensar es en lo dulce que es y lo mucho que me gustaría que…
—Mujer, no te atrevas a terminar la frase. —Él le dirigió una mirada severa, que le daba un aspecto aún más adorable—. Voy a buscar el periódico para ver los horarios. Y veremos algo con armas de fuego y lucha. Un montón de maldiciones también. —Giró sobre sus talones y salió de la cocina.
Bella no pudo contener la risa y lo siguió. Lo encontró en la sala de estar, revisando el periódico.
—Sabes lo caliente que eres cuando tomas las riendas así —dijo ella—. Especialmente con esas gafas. Podría solo…
—Si nos vamos ahora, podremos ver esa película animada. Va a ser bueno y entretenido.
Ella se echó a reír de nuevo.
—Lo que quieras está bien para mí. —Todavía estaba revisando el periódico. Sin embargo no pudo evitar jugar un poco con él—. Pero sabes lo difícil que es para mí estar contigo... en la oscuridad.
—Bella —advirtió.
Ella levantó las manos.
—Bien. ¿Puedo al menos refrescarme antes de salir?
Él dejó escapar un suspiro de alivio.
—Sí, adelante.
Ella desapareció en el pasillo hacia el baño.
Edward se quitó las gafas y echó la cabeza hacia atrás. Luego se apretó el puente de la nariz. Ella estaba en lo cierto. Sería difícil estar en la oscuridad y no tocarla. Él solo quería hacer una cosa bien. Una simple cita. Eso era todo. ¿Por qué se había vuelto tan difícil?
Correcto. Debido a que Bella decidió que quería saltarle encima hace como diez minutos.
La realización le hizo enderezar la cabeza hacia adelante. ¿Era realmente tan malo?
Enfócate, Edward.
Él siempre se imaginó que saldrían durante un tiempo antes de cruzar esa línea. Estaba preparado para tener solo acción de segunda y tercera base por un tiempo, por lo que el hecho de que Bella estaba dispuesta a llegar a home era una realización sorprendente. Él pensó que le tomaría un tiempo para adaptarse al cambio en su relación.
Pero al parecer no.
La chica podía ser tan densa a veces, pero cuando por fin conseguía estar en sintonía era como en El Retorno del Rey, cuando el anillo es tirado en el Monte del Destino y cae el Ojo, todo el mundo celebra y llora al mismo tiempo porque todo está bien con el mundo, pero viene con un precio.
Edward dejó de pasearse y sacudió la cabeza. Decidió hacer concesiones. Si solo pudieran ver la película, él dejaría que pasara lo que pasara después.
Echó un vistazo a los horarios de las funciones para una película con el tiempo de reproducción más corto y se dio cuenta de que Bella no había regresado todavía.
—¿Bella? —Sin respuesta.
Caminó por el pasillo hacia el baño para ver cómo estaba. Cuando se encontró con la puerta abierta y el baño vacío, gritó de nuevo.
—¿Bella?
—Aquí.
Siguió el sonido de su voz a su habitación. Se preguntó qué podía estar haciendo ella en su habitación y la realización lo golpeó un segundo demasiado tarde. Si él se hubiese dado cuenta antes, Edward no habría ido a su habitación.
Él no iba a ninguna parte ahora.
El Monte del Destino se desmoronaba a su alrededor y lo único que podía hacer era celebrar.
Bella estaba de pie en su habitación, examinando una impresión de Klimt, Elbeso. Cuando oyó que los pasos de Edward se detuvieron en la puerta, dijo:
—Éste es uno de mis favoritos.
Su voz era áspera.
—Lo sé.
Sus ojos apreciaron lo que había ante él. Bella en una de sus camisas abotonadas. Era como la noche de la cena. Su aliento era vacilante.
—¿Qué...?
Se dio la vuelta para mirarlo.
—Pensé que podríamos ir al cine otro día. —Tragó saliva cuando ella se acercó a él—. Realmente creo que es dulce que desees ir a una cita primero, pero... estamos aquí ahora. —Se detuvo frente a él—. ¿No sería mejor estar aquí... solo... conmigo?
—Bella —dijo, odiando que su voz flaqueó. Trató de mantenerse enfocado e iba a decirle que deberían hablar más sobre esto, pero la expresión decidida de Bella le dijo que no estaba interesada en hablar. Ella puso una mano en su pecho y la otra la enredó en el pelo de su nuca. Sus manos se levantaron por propia voluntad y se apoderaron de sus caderas con un ligero temblor. Sintió que su determinación flaqueaba. En una última súplica desesperada, dijo—: Los niños. —Dejó escapar un suspiro tembloroso—. Piensa en los niños, Bella.
La mano que estaba enroscada en su nuca le dio un suave tirón y un gruñido bajo resonó en el pecho de él, e inclinó la cabeza hacia un lado. Ella presionó su boca sobre la base de su cuello y se alegró de oír su jadeo. Su mano se cerró en torno a un puñado de pelo y lo atrajo hacia ella. Sus labios rozaron su oreja cuando dijo:
—Podríamos decirles que tuvimos comida griega para el almuerzo en nuestra primera cita.
—Pero eso no es… —Edward no había notado que la mano de Bella que descansaba sobre su pecho había hecho un camino a través de su hombro y luego por el brazo. Tampoco se dio cuenta de la manera ocasional en que guio su brazo para envolverlo a su alrededor. Lo que sí se dio cuenta, sin embargo, fue que Bella no llevaba ropa interior—. Uh, así que... ¿no hay ropa interior de encaje en esta ocasión? Estás tratando de matarme, ¿verdad?
—Claro que no. —Ella llenó la parte inferior de la barbilla y la línea de su mandíbula de besos—. Solo pensé que sin ropa interior sería más convincente que con bragas de encaje.
Él besó la base de su garganta y luego hizo a un lado el cuello de la camisa para dejar besos en su hombro. Habló sobre su piel.
—¿Y qué si no lo fuera?
Ella cubrió su boca con la suya y tocó la punta de la lengua en el labio inferior. Edward imitó la acción y pronto el beso se profundizó. Ella se agachó y desabrochó el botón de sus pantalones y luego bajó la cremallera. Su mano se deslizó hacia abajo en sus calzoncillos y le apretó su longitud endurecida.
Edward gimió en su boca y ella tomó su lengua dentro de ella y la chupó. Él embistió sus caderas en respuesta. Rompió el beso.
—Jesucristo, Bella.
—¿Lo tomo como un sí, nos vamos a quedar? —Ella lo soltó y caminó hacia atrás, llevándolo a la cama.
Edward la siguió, quitándose la camisa en el proceso.
—Vamos a una cita. —Como no quería lidiar con los botones de la camisa que Bella llevaba, le sacó la camisa por encima de la cabeza y la tiró por encima de su hombro—. No sé cuándo, pero lo haremos.
Recostó a Bella en la cama y luego cubrió uno de sus pechos con la boca. La espalda de ella se arqueó ante la sensación y su respiración se volvió irregular.
—Bien.
—Dios, eres hermosa. —Le besó y acarició los pechos. Entonces dejó un rastro de besos por su cuello, entre sus senos, y abajo a su ombligo.
—Edward —gimió. Él estaba dejando besos de boca abierta en sus caderas y ahora en el interior de sus muslos. Ella no sabía cuánto podría aguantar, y cuando su lengua rozó su clítoris, supo que no iba a durar mucho más tiempo.
Ella había tenido la intención de dejar que Edward la llevara a una cita, pero cuando vio la puerta abierta de su cuarto, supo lo que tenía que hacer. Quería recrear ese momento de la cena y le permitiría tener el final que él quería.
Una vez que ella se hubo cambiado a una de sus camisas, no estaba segura de cómo iba a atraerlo a su habitación sin ser sospechosa. Parecía tan empeñado en salir. Afortunadamente, parecía lo suficientemente distraído como para entrar a su habitación sin dudarlo.
La expresión de su cara cuando la vio hizo que valiera la pena el esfuerzo, y ella lo recordaría por el resto de su vida. Empezó como confusión, sorpresa, y luego asombro. Era como si no pudiera creer que ella estaba en su habitación sin apenas ropa, esperándolo.
Le tomó cada onza de su fuerza de voluntad para no correr hacia él y envolver sus piernas a su alrededor.
Fingir estar interesada en la impresión de Klimt fue difícil cuando sintió sus ojos recorrer su cuerpo. Quería estar debajo de él mientras la miraba de esa manera.
Su respiración era corta y gimió al sentir la lengua de él en su entrada. Bella nunca había experimentado nada como esto antes. Nadie la había saboreado así. Con cada lamer y chupar, el cuerpo de Bella respondía en su propio acorde. Sus manos apretaron el edredón por encima de su cabeza y los muslos rozaron la áspera barba que crecía en las mejillas de Edward.
Cuando su lengua encontró su camino a su clítoris de nuevo y empezó a hacer círculos suaves en él, las manos de Bella dejaron de lado la manta y se dispararon al cabello de Edward, manteniendo su cabeza en su sitio. Con unos pocos roces más de su lengua, Bella se sintió deshacer.
—Oh Dios, Edward.
Él besó el nudo sensible de nervios, lo que provocó que ella dejara escapar un grito ahogado.
Se deshizo del resto de su ropa y se acomodó entre sus muslos. Él la besó suavemente en los labios y dijo:
—Bella, necesito estar dentro de ti.
—Sí, por favor. —Su voz salió en un suspiro.
Edward frotó la punta de su erección contra ella.
—¿Necesitamos protección?
Ella sacudió su cabeza.
—Estoy cubierta.
—¿Estás segura? —La besó de nuevo—. Podría…
Ella cubrió su boca con la suya y profundizó el beso. Edward se frotó sobre su clítoris con más fricción. Ambos gimieron ante la sensación.
Bella rompió el beso y gimió contra sus labios.
—Voy a… tú vas a…
Edward bajó la cabeza y le pasó la lengua sobre el pezón.
La espalda de Bella se arqueó mientras su orgasmo la recorría en oleadas. Sus caderas se movieron más causando que Edward se deslizara dentro de ella en un movimiento fluido.
Él se estabilizó aferrándose a una de sus caderas. Su respiración era entrecortada y él se quedó quieto por un momento.
—¿Edward?
—Solo dame un minuto. —Presionó sus labios sobre los de ella y luego continuó dejando suaves besos en el lado de su cuello—. Tan bueno.
Ella dejó besos en su cuello y le pasó las manos por los costados. Después de un momento de besos lentos y roces, Edward movió las caderas. Ambos dejaron salir respiraciones entrecortadas.
—¿Está esto bien? —preguntó con voz tensa.
Ella asintió.
—Te sientes muy bien.
Él movió las caderas de nuevo y gimió ante la respuesta de Bella por tenerlo dentro de ella. Los sonidos que hacía y la manera en que se movía con él, era todo lo que quería, y nada que hubiera experimentado antes. No podía creer lo perfectos que encajaban. Él movió sus caderas un poco más rápido y pronto encontraron un ritmo juntos.
Ella enganchó una pierna en sus caderas y él casi se vino. Él fue más despacio.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
—Solo... —Él la besó y luego rodó, por lo que ella estaba encima de él.
Bella estaba momentáneamente aturdida por el cambio de posición. Lo hizo con tanta facilidad y se quedó dentro de ella todo el tiempo.
—Espero que esto esté bien —dijo.
Ella le sonrió y sacudió sus caderas.
—Está más que bien.
Él extendió la mano y acunó su rostro.
—Justo así. Podría verte justo así todo el día.
Movió sus caderas de nuevo.
—Bien. —Ella lo besó.
Bella se sentó a horcajadas sobre su regazo con las manos apoyadas en sus muslos, lo que la ayudó a alcanzar un lugar más profundo dentro de ella. Pronto, sus movimientos se volvieron frenéticos.
—Edward, estoy tan cerca.
Él llevó la mano entre sus muslos y frotó el pulgar sobre su clítoris mientras ella se movía encima de él.
—Bella, eres tan hermosa.
Ella se sintió venirse y dejó escapar un gemido.
Edward se sentó y le puso una mano detrás de la cabeza mientras la recostaba sobre su espalda. Le levantó las rodillas y comenzó a bombear dentro de ella.
—Edward, es demasiado. —Pero levantó sus caderas para encontrar cada una de sus embestidas.
Después de unas cuantas embestidas más, Edward echó la cabeza hacia atrás y gimió.
—Mierda —murmuró.
Sus caderas desaceleraron y tembló cuando lo último de su orgasmo le recorrió el cuerpo. Luego se derrumbó encima de Bella.
Ella se enredó a su alrededor.
—Mierda, lo siento. Probablemente soy muy pesado.
—No, no te vayas todavía.
Sus pechos estaban apretados, jadeantes. Brazos y piernas estaban enredadas. El rostro de Edward enterrado en su cuello y la nariz de Bella acariciando su nuca.
Cuando su respiración se acompasó, Edward dijo:
—¿Bella?
—¿Hmm?
—Éste es el mejor día de San Valentín.
Ella se rio.
—El día de San Valentín ya terminó.
Él la besó.
—Creo que es solo el comienzo.
Ella se rio de nuevo, pero pronto se convirtió en un gemido cuando lo sintió moverse dentro de ella otra vez.
FIN.
*WoW: World of Warcraft es un videojuego de rol multijugador masivo en línea desarrollado por Blizzard Entertainment.
*Un camión monstruo (en inglés: monster truck) es un automóvil modificado con ruedas gigantes y suspensión comúnmente del tipo neumática.
