Capitulo N° 16
Había una sensación de irrealidad cuando Emmett entrelazó sus dedos con los míos y llevó mis nudillos a sus labios. El suave roce contra mi piel era como una bienvenida y la piel de gallina apareció por todo el cuerpo para saludarlo de nuevo a él. Me llevó por las escaleras hasta mi piso y todo el tiempo lo miré con asombro surrealista, los escalones de concreto como nubes de malvavisco bajo mis pies. ¿Cómo podía ser que el sexo no tuviera un efecto tan "femenino" en mí, pero este acto arbitrario de tomarse de las manos si? Durante un momento, la belleza de ello me permitió olvidar hacia donde él en realidad me conducía.
A mi madre.
Lilian estaba sentada en el sofá viendo la televisión cuando Em y yo entramos en el apartamento. Tan pronto como oí el ruido sordo de voces filtrándose por el corredor desde la sala de estar, todo mi cuerpo se tensó con la conciencia de que Em estaba a punto de encontrarse cara a cara con ella desde que él había ayudado a Ben la noche que yo me había quedado donde Royce.
Yupi.
Pareciendo leer mi lenguaje corporal, Emmett presionó una mano tranquilizadora en la parte baja de mi espalda, orientándome a la habitación.
Ella estaba recostada en el sillón con una bata raída, con su cabello mojado. Para mi sorpresa, me di cuenta que, evidentemente, se había dado una ducha sin ser coaccionada por mí. Tenía una taza caliente en su mano y temblaba mientras se la llevaba a los labios, mirándonos mientras lentamente nos dirigíamos más hacia la habitación.
—Madre. —Le di un débil asentimiento y la mano de Emmett se deslizó alrededor de mi cintura, su fuerte brazo envolviéndome a su costado. El ligero ensanchamiento de los ojos de mamá me dijo que no se había perdido el deliberado movimiento.
—¿Has estado aquí antes? —preguntó en voz baja, con cierta curiosidad, pero ninguna acusación, como había estado esperando.
Evidentemente se había olvidado de la presencia de Emmett aquella horrible noche.
—Emmett McCarty. —Emmett se dirigió a ella bruscamente, dándome un apretón. Ella soltó un bufido, sus ojos inyectados en sangre lanzándose de nuevo sobre mí.
—Nadie estaba aquí esta mañana.
Escondiéndome más profundamente en Emmett, y mi mano aferrándose en la parte de atrás de su camisa como una niña, asentí de nuevo.
—Ben se quedó dónde Jamie.
—Me caí. —Su boca se frunció—. Me caí. La espalda me está matando. Nadie estaba aquí para ayudar. Si vas a estar callejeando por ahí, al menos ese pequeño cabrón debería estar aquí para ayudar.
El insulto a mi hermano fue como una barra de acero deslizándose en mi espalda. Me incorporé bruscamente, alejándome de Emmett. Mis ojos se estrecharon sobre ella, y traté de alejar el dolor en mi pecho; el dolor que sentía cada vez que ella hacía o decía algo tan egoísta e indiferente, tan falta de preocupación paternal.
—¿No te ayudó a sostenerte la ginebra, mamá? Es curioso, parece que te ayuda con todo lo demás.
Sus mejillas rugosas fueron acribilladas con venas visiblemente rotas y el poco color que estaba en ellas se esfumó completamente por mi comentario.
—No te hagas la lista conmigo, porque él está aquí.
Tomando una respiración profunda, sabiendo que si seguíamos a este ritmo, terminaríamos en una gran discusión delante de Emmett, suavicé mi tono.
—Ben y yo tenemos vidas, mamá. Tienes que ver por ti misma más ahora, ¿de acuerdo?
Esperando una reacción, di un paso atrás para poder sentir por lo menos el calor de Emmett detrás de mí. Estaba agradecida que él guardara silencio y dejara que me encargara de mamá a mi manera. Ella se levantó temblorosamente en sus pies, dejando su taza sobre la mesa.
—Sólo necesitaba un poco de ayuda —respondió ella en voz baja, sus palabras me golpearon en el pecho. La culpa se abrió paso en mi interior, a pesar de mi batalla urgente contra ello.
Suspiré pesadamente.
—Si estás realmente desesperada, llámame la próxima vez. —Podría haberme golpeado a mí misma por haber cedido.
—Lo haré, cariño. —Ella arrastró sus pies caminando junto a nosotros, con los ojos fijos en el suelo—. Encantada de conocerte, Emmett. —Era lo más agradable que me había dicho desde que me enfrenté a ella por golpear a Ben. Recordando cuánto desconfiaba de ella, sentí un profundo lamento al ser incluso un poco amable con ella. No debería haber cedido, pensé con amargura. Emmett gruñó en respuesta a ella, haciendo una perfecta imitación de Ben.
Esperé hasta que ella había desaparecido de la habitación, hasta que escuchamos cerrarse la puerta de su dormitorio, y a continuación, mis ojos se deslizaron hasta Emmett.
—¿Y bien?
Sus rasgos se habían endurecido.
—Ella es una vaca manipuladora y sabe exactamente cómo jugar contigo. —Con eso, giró sobre sus talones y desapareció por el pasillo, en dirección a la cocina.
Lo seguí, mi corazón latiendo pesadamente en mi pecho.
—Ya te dije cómo es ella.
—Sí, un minuto es una maldita bruja, al siguiente completamente normal y agradable. Es intencionado. Cuando ella es una bruja, te resistes a ella. Cuando ella es agradable, tú cedes y ella lo sabe. Está jugando contigo.
Sabiendo que él estaba en lo cierto y realmente no deseaba entrar en ello con él sobre lo que había comenzado como la mejor de las mañanas, empecé a ayudarle hacer té y café. Volvimos a la sala de estar, después de haber llegado a un acuerdo tácito para poner los pensamientos de mi madre a un lado, y los dos nos sentamos en el sofá. Tan pronto como lo hice, Emmett me tiró encima de su regazo de modo que mis piernas quedaran a horcajadas sobre sus muslos.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté, mis labios estirados en una sonrisa.
—Poniéndome cómodo. —Se estiró por delante de mí y tomó nuestras tazas, entregándome la mía.
La tomé, completamente desconcertada por nuestra proximidad. Estábamos tan cerca que podía ver estrías cobrizas en el azul cobalto de su iris.
—¿Te sientes cómodo así? —Lo observé mientras casualmente tomaba un sorbo de café, su otro brazo alrededor de mi cadera, la mano apoyada en la curva de mi trasero.
—Extremadamente —murmuró.
Encogiéndome de hombros, me relajé sobre él, tomando un sorbo de té.
Y ese fue el tiempo que apenas tuve para relajarme. El sonido de la puerta abriéndose me puso instantáneamente en acción. Intenté separarme de los brazos de Emmett.
Él me detuvo sin esfuerzo con un brazo.
—¿Qué estás haciendo? —le susurré, mis ojos se estrecharon sobre él, mi corazón latía con fuerza al pensar en Ben caminando hacia nuestra dirección encontrándonos envueltos uno en el otro sin una explicación primero.
—Um, ¿qué está pasando?
Demasiado tarde.
Cerré los ojos un instante, lanzando una mirada de muerte a Emmett cuando los abrí y entonces mirando más allá de su cabeza dando una sonrisa de disculpa a mi hermano, quien ocupaba una buena parte de la puerta con su estatura y complexión robusta. Sus ojos verdes se estrecharon en la parte posterior de la cabeza de Emmett. Ellos pasaron a mí.
—¿Es esto de lo que querías hablar?
Asentí y traté una vez más, sin éxito, salir del regazo de Emmett cuando Ben entró aún más en la habitación. Él anduvo por delante del sofá hacia el sillón y Emmett le sonrió antes de beber su café, completamente relajado, excepto por el brazo que me presionaba a él.
Ben suspiró y se dejó caer en la silla.
—Entonces, ¿ustedes dos están juntos?
Respondimos al unísono. Desafortunadamente no con las mismas respuestas.
—Sí.
—Ya veremos.
Las cejas de Ben se alzaron, sus ojos brillando con diversión, Emmett giró bruscamente la cabeza para mirarme.
—¿Ya veremos?
Mierda. Ahora él pensaba que no quería esto. Yo quería esto. Simplemente no quiero que se sienta presionado en caso de que eso lo asustara.
—No quiero que nos sintamos presionados.
—Y una mierda. No quieres que yo me sienta agobiado. Pensé que ya habíamos hablado de eso.
Lo miré boquiabierta. Emmett no era conocido por su intuición cuando se trataba de mí, pero aparentemente mientras él más me conocía más veía. ¿Me estaba volviendo tan predecible?
No sabía cómo me sentía al respecto.
—Si estás buscando mi aprobación, la tienes —murmuró Ben mientras se levantaba de nuevo. Le disparó a Emmett una sonrisa rápida cuando nos pasó—. Parece que sabes lo que estás haciendo.
—Oh, qué gracioso. —Fingí estar ofendida por el comentario gracioso de mi hermano, haciendo poner mis ojos en blanco ante el sonido de su risa mientras desaparecía por el pasillo hasta su habitación. Mis ojos se deslizaron de nuevo al rostro de Emmett sólo para descubrir que él me sonreía—. Ni siquiera lo pienses acerca de convertirse en un equipo de ataque.
Él se rió, sus ojos arrugándose de la forma en que hacía derretir mi interior.
—No se me ocurriría. —Puso su taza en la mesa y luego la mía, antes de envolver sus brazos alrededor de mí. Deslicé mis brazos alrededor de su cuello, acercándome más a él—. Esto estuvo bien.
—Salió como cada conversación que tengo con Ben últimamente.
—¿Y cómo es eso?
—Rápidamente.
Sentí los hombros de Emmett sacudirse debajo de mí.
—Es un chico. Nos gusta ir directo al grano.
Disfrutando de la mezcla de alegría y emoción que sentía en sus brazos, presioné mi cuerpo más en el suyo, sintiendo su erección crecer contra mi trasero. Rocé su boca ligeramente con la mía, disfrutando de la aceleración de su respiración.
—Te tomó un tiempo ponerte a punto esta mañana.
El brillo de sus ojos fue la única advertencia antes de que me encontrara tirada en el sofá. Emmett se apoderó de mis muslos, empujando para abrir mis piernas y así poder meterse entre ellas. Envolví mis largas piernas alrededor de él y me besó, lenta y profundamente. Nos besamos durante un tiempo como dos adolescentes. ¡Fue malditamente genial!
Cuando su fuerte mano se deslizó hasta mi muslo externo, aspiré su olor familiar y lamenté que fuéramos a almorzar. Leyendo mis pensamientos, él finalmente se retiró, y no pude evitar pasar mis dedos por sus labios. Él realmente tenía la boca más provocativa que cualquier hombre que haya conocido.
Siguiendo nuestra conversación como si cinco minutos de besuqueo no acabaran de pasar, susurré:
—No lo quise decir como algo malo. Lo dije como algo muy, muy bueno.
—Entonces me aseguraré de tomarme mi tiempo para llegar al punto en el futuro.
—Dije que estaba bien con eso, no que quisiera verlo —se quejó Ben por encima de nosotros.
Ambos levantamos las cabezas bruscamente para ver a Ben de pie junto al sofá, mirando hacia nosotros, un plato de sándwiches en una mano y un vaso de Coca-Cola en la otra.
—Oye, ¿qué estás haciendo? —le resoplé a mi hermano, empujando a Emmett fuera de mí—. Ya vamos a comer. Vas a arruinar tu cena.
—Vaya —dijo Emmett suavemente mientras se sentaba—. Acabo de recibir una visión del futuro.
—¿Qué?
Se echó a reír y sacudió la cabeza y se volvió hacia Ben. Él hizo un gesto a los sándwiches.
—Voy a tomar uno de esos.
Ben le tendió el plato y Emmett casualmente tomó un sándwich. Miré a los dos, comiendo sus bocadillos, arruinando sus apetitos.
—Dios. Ahora hay dos de ellos.
Eso sólo hizo que Emmett y Ben compartieran divertidos una sonrisa secreta de "chicos del club."
Una sensación de calidez —hermosa, relajante, cálida alegría— irradió de mi pecho, envolviendo todo mi cuerpo en una especie de felicidad que nunca había sentido antes.
El sentimiento absolutamente me aterrorizó hasta las entrañas.
Pasé el viaje en autobús a Stockbridge conversando. No creo haberme detenido a respirar ni una vez. Ben se sentó detrás de nosotros con sus auriculares puestos, escuchando un audiolibro, por lo que era completamente ajeno a mi conversación, charlando sin parar a Emmett le expuse los beneficios de mantener nuestra relación en secreto.
Sinceramente, no sé por qué quería mantenerlo en secreto. Pensé que esto podría tener algo que ver con asegurarme de que hubiera pocos testigos de mi angustia si esto no funcionara, pero no iba a decirle eso a Emmett. En lugar de eso, divagué y divagué y seguí divagando con él.
Es posible que haya estado harto del sonido de mi voz en el momento en que nos bajamos del autobús, pero al menos sabía que había expuesto mi punto. Mantendríamos nuestra relación en secreto.
—Rose y yo estamos juntos.
Diez minutos habían pasado desde que nos bajamos del autobús y estábamos de pie en la sala de estar de Esme con la familia Masen entera además de Jasper, Edward y Bella mirándonos fijamente. Emmett había dicho ese pequeño anuncio en respuesta a la pregunta de Alice:
—Entonces, ¿cómo estás?
Como Bella diría, me sentí como una imbécil golpeada. Le disparé a Emmett una mirada incrédula.
—¿No escuchaste ni una palabra de lo que te dije en el autobús?
Él me dio una de esas amplias y perezosas sonrisas que hacía cosas perversas en mi interior.
—Tengo audición selectiva, nena. —Él agarró mi cadera, tratando de llevarme cerca—. Es algo bueno también, o mi cerebro podría haber salido derretido por mis orejas. No sabía que era posible que un ser humano pudiera decir tantas palabras por minuto.
Miré a mis amigos, quienes estaban todos mirándonos con sonrisas maliciosas en sus rostros.
—Emmett y yo acabamos de romper.
Emmett se rió, abrazándome con más fuerza a su costado. Resoplé, tratando de zafarme.
—¿Qué estás haciendo?
—Reconciliándome contigo.
El sonido de las carcajadas apenas sofocadas hizo enrojecer mis mejillas.
Oh, Dios, estábamos siendo "lindos" en compañía. Mis ojos se deslizaron a Bella. Efectivamente, tenía una sonrisa de superioridad en su rostro. No había manera de ganar esta ronda, pero podría disminuir la ternura.
—Bien —murmuré sin gracia, relajándome contra él.
Esme y Carlisle, quienes habían sido presentados a Emmett hace sólo tres minutos antes, comenzaron a dispararle preguntas acerca de ser un diseñador gráfico, de crecer en Longniddry, y acerca de sus padres, hasta que finalmente lo dejé sentado al lado de Ben y enlisté a Vanessa para hacer un escape. Dado que no podía sentir el calor de la mirada de Bella, tomé esto como que ella estaba feliz de que Emmett y yo estuviéramos juntos y no tenía necesidad de conocer los detalles. Alice era una historia diferente. Ella quería saber absolutamente todo. Sus ojos se clavaron en mí, y casi podía oír sus órdenes telepáticas para que la mirara. Fue entonces cuando empecé a lanzarle a Vanessa miradas de "sálvame".
Mi pequeña salvadora se lanzó a sus pies.
—Tengo que mostrarle algo a Rose. A solas —dijo enfáticamente, dándole a su hermana una mirada que no dejaba lugar a discusión. Obtuvo esa mirada de Esme.
—Pero…
Ya estábamos fuera de la habitación antes de que Alice pudiera decir una segunda palabra.
Tratando de ahogar nuestras risas, entramos en la habitación de Vanessa.
—Eres la mejor persona en todo el mundo. —Le sonreí.
Vanessa sonrió en respuesta mientras se dejaba caer sobre la cama.
—Sabes que vas a tener que enfrentar la Santa Inquisición pronto, ¿verdad?
—Ya lo sé. Es sólo que prefiero enfrentarla más tarde que pronto.
De repente, las mejillas de Vanessa se sonrojaron un poco.
—Él es realmente caliente.
Riendo, me senté a su lado, sintiendo mis propias mejillas calentarse al recordar esta mañana y ayer por la noche.
—Lo es.
—No voy a preguntar acerca de Royce ni nada, pero… escuché a Alice hablando con Bella y dijeron que Emmett realmente no es tu tipo usual. Supongo que eso no importa si eres feliz.
Amaba a esta niña. Verdadera y profundamente.
—Estoy feliz hoy. Asustada. Pero feliz. Emmett me ha convencido de hacer algo sólo para mí, en lugar de algo para mí y Ben. —Recordé toda la seguridad que se había ido con Royce anoche, y sentí una punzada de miedo y ansiedad. En un esfuerzo por ignorarlo, le di un golpe a Vanessa con mi hombro—. Entonces, ¿cómo va Jacob?
Exhalando un suspiro masivo, Vanessa cayó sobre el colchón y se quedó mirando el techo, evitando mis ojos.
—Él me está hablando otra vez.
—¿Por qué no estás más entusiasmada por eso?
—Porque está actuando como si nada hubiera pasado. Como si fuéramos sólo amigos. Sin mencionar que está esta chica que es un grado mayor que yo, quien anda diciéndole a todo el mundo que se besó con él en una fiesta el fin de semana. Es muy bonita.
—Bueno, considerando que eres hermosa, creo que le ganas en eso. — Vanessa hizo un ruido de incredulidad y me dio unas palmaditas en la rodilla—. Un día te vas a mirar en el espejo y verás lo que yo veo.
—¿Una geek que necesita un reajuste de actitud?
Hice una mueca.
—¿Qué?
—Me metí en problemas esta semana. Mamá y papá no están contentos.
¿Mi muy tímida Vanessa se había metido en problemas?
—¿Qué? —repetí con incredulidad.
—Mi profesor de educación física me dio una advertencia porque me negué a entrar a un equipo de niñas contra chicos en básquetbol. Le dije que estaba científicamente comprobado que los hombres son más fuertes y más rápidos que las mujeres, y que poner a todas las chicas contra todos los chicos era enviar al equipo femenino al fracaso. Él dijo que estaba siendo injusta con mi propio sexo. Le dije que estaba siendo realista y que pensaba que estaba favoreciendo deliberadamente a los chicos sobre las chicas. Él me reportó y, mientras nuestro director le decía que todos los equipos de baloncesto durante las clases deben ser mezclados a partir de ahora, el director también llamó a mamá y le dijo que necesitaba un reajuste de actitud.
Ahogando mi diversión mientras captaba el parpadeo de afección tomentosa en sus ojos, sacudí la cabeza hacia ella.
—¿Qué pasó con la timidez paralizante?
De alguna manera logró encogerse de hombros estando acostada.
—Es sólo que siento que ser tímida se está interponiendo en mi camino.
—¿Es esto debido a Jacob?
—No, no sólo eso. A pesar de que estoy recibiendo la impresión de que no soy lo suficientemente "genial" para él…
—Entonces es un idiota.
—… Es más el que me haya perdido de unirme al equipo de debate porque era demasiado tímida para hablar. Y sé que sería muy buena en debate.
—Creo que todos sabemos eso.
Ella me tiró un cojín y prosiguió como si no hubiera hablado.
—Y me perdí el baile de Navidad de este año porque mis amigos y yo nos sentimos muy cohibidos de ir todos solos. Y escribí este poema que realmente significa mucho para mí y quería entrar en esta competencia regional, pero no lo hice porque…
—Eras demasiado tímida. —Palmeé su rodilla nuevamente—. Entonces, ¿qué? ¿Sólo despertaste un día y decidiste no serlo?
Vanessa se sentó, con los ojos llenos de sabiduría más allá de sus años.
—No. Besé a un chico que realmente me gusta y me rechazó. Si puedo manejar eso, estoy bastante segura de que puedo manejar abrir la boca delante de la gente con la que he ido a la escuela durante años y decir lo que quiero decir.
Asentí lentamente y luego le di una sonrisa tranquilizadora.
—Por si sirve de algo, eres la persona más genial que conozco.
—¿Incluso más genial que Emmett?
Emmett era inteligente, del tipo geek, pero a la vez chico ardiente que caminaba al propio ritmo de tu tambor. Sí. Era tan genial que podía morir por su genialidad, pero no lo iba a admitir como una adolescente embrutecida. Bufé, levantándome de la cama.
—Oh, por favor, sólo él piensa que es genial.
—Es realmente genial, ¿verdad? —Vanessa me sonrió por encima del hombro mientras abría la puerta de su dormitorio.
La seguí, toda la falsa superioridad se había ido.
—Sí. Sólo no le digas que lo dije.
—¿Decirle a quién? —Alice estaba de repente en mi cara como si hubiera aparecido de la nada. En cuestión de segundos, Vanessa y yo habíamos sido conducidas de vuelta a su habitación por Alice y Bella.
Bella me dio una sonrisa simpática.
—Traté de detenerla.
Contuve el aliento, esperando.
Y entonces Alice comenzó a salpicarme con sus preguntas rápidas.
La cena en realidad no podría haber ido mejor. Emmett fue educado, amable, inteligente, interesante, todas las cosas que sabía que era y podía ser, pero estaba feliz al ver que los Masen y Bella y Edward pudieran ver eso también. También me encantó que se dieran cuenta de lo cercano que ya estaba con Ben.
Se sentaron juntos en la mesa y cada vez que la conversación no estaba dirigida a uno de ellos, tenían sus cabezas juntas, hablando en voz baja sobre el libro que Ben estaba escuchando. Al parecer, Emmett se lo había recomendado.
Dado que Emmett compartía el sentido del humor seco de Edward y Jasper, no tenía preocupaciones de que los tres chicos no se llevaran bien. Edward seguía lanzándome estas sonrisas burlonas que de alguna manera se tradujeron en: "Estoy feliz por ti." Eso fue agradable. Realmente lo era. Sin embargo, sólo amplió el pequeño fantasma de la ansiedad flotante a mi alrededor, gruñéndome acerca de lo que sucedería si esta "cosa" con Emmett se venía abajo.
Nunca había recibido esa terrible lástima y simpatía que otras personas hacían cuando rompías con alguien, porque nadie había tomado enserio mis sentimientos por mis novios, ya fueran formales o no, pero sabía que en esta situación habría una simpatía agonizante si Emmett se alejaba, y no estaba segura de poder manejarlo.
Allí estaba yo, ya imaginando el desvanecimiento de nuestra relación. Necesitaba que revisaran mi cabeza.
Con la fuerte mano de Emmett en la mía, su cuerpo cerca, su voz llena de cariño y afecto mientras caminábamos por London Road con Ben, sabía que necesitaba que revisaran mi cabeza. Esto estaba bien.
Acabábamos de comenzar y era bueno. No iba a dejar que mi desconfianza envenenara esto. No iba a hacerlo.
Apreté la mano de Emmett mientras entrábamos al edificio, su profunda voz resonó por la escalera mientras me contaba de un par de trabajos que había visto anunciados en el periódico.
—Definitivamente deberías solicitar para ellos —respondí, frunciendo el ceño a Ben, quien subió las escaleras delante de nosotros, el cordón de su zapato batiendo contra el concreto. Se iba matar—. Ben, ata tu zapato.
—Estamos casi en el piso —argumentó.
—Ata tu zapato.
Todos nos detuvimos y esperamos a que siguiera mis instrucciones.
—¿Feliz? —gruñó, continuando subiendo.
—Cuando me hablas así, pequeño bebé, ¿cómo puedo no estarlo?
Pude escuchar a Emmett ahogarse con su risa detrás de mí, así que cuando giramos hacia nuestro destino, yo estaba viéndolo a él. Esa es la razón por la que me estrellé contra la espalda de Ben.
—Que de… —Mi voz se apagó cuando me di vuelta bruscamente para ver cuál era el problema.
El problema era Chelsea, de pie delante de la puerta de Emmett con una bolsa en la mano.
—Quiero mis cosas. —Le lanzó la bolsa a Emmett, quien se puso delante de nosotros para acercarse a ella—. Aquí está tu mierda. Siempre fuiste cuidadoso de no dejar mucho conmigo, así que sólo hay un libro y tu reproductor de MP3. —Ouch. En el pasillo resonó bastante su amargura. La culpa inmediatamente me asaltó y me acerqué a Ben, quien se apoyó en mí, su postura casi protectora. Había conocido a Chelsea sólo una vez, pero sabía quién era y lo que significaba esta situación.
Emmett tranquilamente tomó la bolsa.
—¿Qué cosas dejaste?
Ella lo miró con desprecio.
—Ni siquiera te importa, ¿verdad? Rompiste conmigo y luego te fuiste a casa con ella. —Me señaló como si fuera basura—. Sí, Royce me lo dijo. —Sus ojos brillaban ahora cuando se volvió hacia mí—. No te preocupes, zorra. Royce y yo nos hicimos sentir mejor anoche. Espero que eso disminuya la culpa.
—Suficiente —espetó Emmett, entrando en el espacio de Chelsea. Estaba erizado de cólera y Chelsea fue lo suficientemente inteligente como para cerrar de golpe la boca—. No le vuelvas a hablar a ella así. ¿Entendido?
Sus ojos se estrecharon.
—Sólo dame mis cosas.
—Voy a buscar por todo el piso y todo lo que encuentre tuyo te lo enviaré.
—Pero…
—Te lo enviaré, Chelsea. Hemos terminado aquí.
Era frío de su parte, pero entendía su reacción. Me imaginaba que no quería una escena en el pasillo donde nuestros vecinos oían y, peor aún, donde Ben podía oír. Intimidarla para que se fuera parecía la opción más segura. Me alejé de su camino mientras pasaba a mi lado, pero se detuvo cuando me alcanzó.
—¿Vas a follarte a todo hombre al que yo me folle?
Me estremecí.
—Cuida tu lenguaje.
Chelsea me miró como si yo hubiera salido arrastrándome de debajo de una roca.
—Eres una idiota por alejarte de Royce King por él. Todo el mundo sabe que Emmett McCarty sólo folla con una chica durante un par de semanas antes de continuar. Bajarás de categoría a lo grande. Pero ese es tu problema. —Le lanzó a Emmett una sonrisa sarcástica que sabía que apenas cubría su dolor. Siempre había estado claro que Chelsea estaba más enamorada de él que Emmett de ella—. Y creo que yo voy a subir de categoría. —Su sonrisa desagradable fue sólo para mí cuando se inclinó para susurrarme—: Podría darle una llamada a Royce.
Los tres la vimos irse en silencio, y finalmente, temblando un poco, dejé que Ben nos llevara hasta el apartamento. Me lanzó una mirada de preocupación antes de desaparecer en su dormitorio, y me sentí más que sobrentendida cuando Emmett me siguió a la cocina.
El calor de él me envolvió mientras se presionaba contra mi espalda, estabilizando mi mano en la tetera antes de envolver sus brazos alrededor de mi cintura. Deslicé mis manos sobre las suyas y me incliné hacia él.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja, con genuina preocupación en su voz. Me encogí de hombros, no muy segura de lo que estaba sintiendo.
—Supongo. Me siento mal.
—Si te hace sentir mejor, yo nunca le hice ninguna promesa a Chelsea. Era algo muy casual.
—Royce y yo no.
Los brazos de Emmett apretaron su agarre.
—¿Acaso te molesta? ¿Lo que dijo acerca de ella y Royce anoche?
No lo sabía. Pensé que lo hacía. Simplemente no estaba segura de si era porque todavía tenía sentimientos por él o si mi vanidad estaba herida.
—Simplemente refuerza la verdad. No era real entre nosotros.
El toque de los labios calientes de Emmett en mi mandíbula envió un delicioso escalofrío por mi espalda y momentáneamente olvidé todo.
—¿Dónde voy a dormir esta noche?
Mi piel se calentó sólo ante la perspectiva de esta noche.
—Mi cama es demasiado pequeña para compartirla, pero no puedo dejar a Ben solo. ¿Por qué no bajo a verte? Sin embargo, no voy a ser capaz de quedarme.
—Eso está bien, nena. Escucha, dije que me encontraría con James para tomar un trago. —Él se apartó y me giró entre sus brazos—. ¿Te veré de nuevo esta noche en mi apartamento?
—Sí. ¿Alrededor de las once y treinta?
—Estaré allí. —Inclinó la cabeza para un ligero beso en los labios, pero yo me estiré para ahuecar su mandíbula, llevando su boca nuevamente a la mía. Profundicé el beso, mi lengua provocando a la suya, mis uñas arañando suavemente a lo largo de su línea de la mandíbula sin afeitar hasta que mis dedos se apretaron en el vello en su nuca. Lo besé hasta que tuve que retirarme para tomar aliento.
Con los ojos amplios y sin enfocar, Emmett asintió a regañadientes y me dejó ir.
—Vamos a dejarlo a las diez y treinta.
