Capitulo N° 17

―Estaba pensando que ambos deberíamos ir a chequearnos para así poder dejar de usar condones. Tú tomas la píldora, ¿cierto?

Mi cabello se deslizó a través de la almohada mientras me giraba para mirar a Emmett, acostado a mi lado, su piel brillando con una leve capa de sudor. Yo todavía estaba jadeando de nuestros esfuerzos y me tomó un minuto procesar lo que estaba preguntando.

—Sí. Me chequearé esta semana.

—Yo también. Debería estar bien. Me revisé antes de Chelsea, y nosotros siempre usábamos protección.

—Un pequeño consejo amistoso. —Suspiré, mirando hacia el techo—. No hables sobre tus aventuras sexuales con otra mujer segundos después de tener sexo con tu actual mujer.

—No hay necesidad de estar celosa, nena. Tú eres un diez, ella era un cinco. Quizá un seis en un día bueno.

Puse mis ojos en blanco, pretendiendo no estar satisfecha con que Emmett pensara que yo era mejor en el sexo que Chelsea.

—Y definitivamente no las califiques.

Emmett se rió, rodando a su lado para así poder atraerme hacia él. Intentó besarme, pero todavía estaba ligeramente molesta de que hubiese mencionado a Chelsea, así que cubrí mi boca con mi mano. Él dijo algo en ella, pero fue amortiguada contra mi piel.

Aparté mi mano.

—¿Qué es lo que dijiste?

Sus ojos recorrieron mi rostro, una pequeña sonrisa jugando en sus labios.

—Dije que lo siento.

—Bien.

Bajando su cabeza, con ojos serios, Emmett habló, sus labios apenas rozando los míos.

—Si alguna vez tratas de volver a alejar tu boca de mí, encontraré formas creativas para usarla como castigo.

Temblé. Este lado de él en la cama era realmente excitante.

—Es mi boca. Depende de mí a quién permito acercársele.

—Cierto —consintió él, su mano bajando por mi cadera para terminar entre mis piernas. Me sacudí involuntariamente a la presión de su pulgar sobre mi clítoris—. Pero anoche acordaste que estábamos juntos, y estar juntos significa que esa boca me pertenece a mí. No me gusta que las personas escondan mis cosas. —Él terminó esa declaración con una sonrisa traviesa. Su pulgar rodeando mi clítoris y jadeé, apretando su muñeca, urgiéndole a continuar.

Quería mandarlo a la mierda, pero no podía hablar. No podía pensar. Mi cuerpo ya había sido llevado a un tremendo orgasmo y ahora estaba posicionada sobre el precipicio de otro.

Acabé rápido, duro, y con un grito que Emmett silenció contra su boca. Su beso fue húmedo y obsceno, y su propósito era tragarse mi clímax y marcarme como su propiedad. El bastardo era afortunado de que me estuviera sintiendo igual de posesiva.

Agarrando su cabeza fuerte, lo besé de regreso justo igual de voraz y cuando se movió para recuperar su respiración, mordí su labio. Duro.

Él siseó, sus ojos ampliándose, su lengua saliendo para lamerse la herida.

—Si lo mío es tuyo, entonces lo tuyo es mío.

A él le gustó eso. Podía decirlo por la forma en que sus ojos se arrugaron en las esquinas.

—Trato hecho.

Me gustaba también. Me gustaba sentirme lo suficientemente cómoda para ser yo misma con él. Mi pulgar acarició la mordida en un gesto afectivo de disculpa a medias.

—Tengo que irme. —Me moví para rodar lejos de él, sólo para ser atraída de vuelta por su brazo envuelto en mi cintura.

—Quédate. Sólo un poco más.

La preocupación inmediatamente causó que todo mi cuerpo se tensara, borrando todos mis pensamientos felices sobre nosotros como una pareja. Esto se sentía horriblemente como un déjá vu: Yo apresurándome para llegar a Ben, dejando a un molesto hombre acostado en la cama. Antes, había importado en algún nivel que no alterara mi relación. Con Emmett importaba en todos los niveles. Mis cejas se fruncieron en confusión y ansiedad. Asumí que las cosas serían diferentes con Emmett. Que él entendía.

Sólo hace unos segundo era "Señorita Cómoda" y ahora estaba de vuelta a ser quien estaba repentinamente muy harta y cansada de ser.

—¿Qué? —Él tiró de mi cintura, tratando de acercarme más—. ¿Qué está causando esto? —Sus dedos trazaron mi ceño fruncido.

—Nada.

—No es nada. —Con un poco de esfuerzo, me forzó a girarme completamente a él—. Tus músculos están apretados. ¿Por qué?

Por un lado, quería que estuviéramos bien. Ser abiertos. Reales. Por el otro, no quería que pensara que estaba dudando de él tan pronto en esto. No quería dejar su cama molesta con él y viceversa.

Mordí mi labio, tomándome mucho tiempo para pensar rápido.

—Jesús, Rosalie. —Él se apartó antes de que tuviera oportunidad para decir algo, sus cejas frunciéndose con furia—. Mierda, no soy ellos. —Quitó las sábanas de nosotros mientras se movía para dejar la cama.

¡Maldición!

—Sólo estoy preocupada —dije enojada, sintiendo mis mejillas arder ante la siguiente confesión.

Emmett se quedó inmóvil, girando su cabeza para mirarme sobre su hombro.

—Continúa.

Respingué ante su tiranía y me senté, atrayendo mis rodillas hasta mi pecho en una subconsciente necesidad de protegerme a mí misma.

—Estoy preocupada de que te aburras con el hecho de que no puedo… ajustarme a ti. Porque tengo a Ben y… —me preparé, preguntándome cómo reaccionaría a mi siguiente parte de brutal honestidad—… él siempre vendrá primero.

En segundos me encontré de espalda, Emmett mirando hacia mí, sus ojos suaves otra vez, mejor aún, ellos estaban llenos de entendimiento.

—Nunca tienes que preocuparte por eso. Lo sé. Lo entiendo. Ben viene primero. Por supuesto que lo hace. Él es un jodido niño que te necesita. No me voy a aburrir o molestar. Y, francamente, si lo hago, deberías mandar a volar mi trasero.

Algo cambió en mi pecho, algo enorme y abrumador y aterrador. Ese algo eran mis sentimientos hacia Emmett. Ellos se establecieron dentro de mí ahora, aferrados en su lugar por un ancla inamovible.

—¿Eres real? —le pregunté, dándole una débil sonrisa, tratando de cubrir lo emocional que me sentía.

Emmett me sonrió mientras me daba un suave beso en la boca.

—Completamente real, nena. Pero si necesitas pruebas… —Él presionó su rodilla entre mis piernas, urgiéndolas a abrirse, la mirada traviesa en sus ojos diciéndome que no iba a ningún lado justo ahora.

Después de todo lo que Ben y yo habíamos pasado, era casi difícil permitirme a mí misma sentir esta felicidad. Estaba volando por Emmett McCarty, y aunque a la mayor parte de mí le encantaba, esta otra pequeña parte, la pequeña parte que no podía dejar ir el pasado, estaba aterrorizada. Afortunadamente para ambos, vi cómo Bella casi destruye su relación con Edward por exactamente la misma cosa, y no tenía ningún deseo de seguir sus pasos. Era sólo el segundo día, y estaba pensando que tomaría un pequeño milagro para lograr alejarme del Hombre de los Tatuajes.

Qué lograría que él se alejara de mí era una historia diferente, pero estaba determinada a tratar de matar ese tipo de negatividad pensando antes de dañar todo para mí. También estaba dispuesta a no revolver los ánimos, así que cuando Royce me envió un mensaje el lunes en la mañana mientras estaba en el trabajo, no le dije a Emmett.

Así que, por supuesto, tampoco le dije que le respondí con un mensaje a Royce.

Él había probado ser un bueno tipo. Un caballero. Un amigo. No importaba si él había encontrado consuelo en los brazos de Chelsea. Todo lo que importaba era que él había sido amable conmigo cuando estábamos juntos. No estaba segura si me encontraba lista para perder eso, así que cuando él preguntó si estaba bien, le dije que sí. Me disculpé otra vez, y le pregunté cómo estaba.

Estaré bien, cariño. Te extraño. Me alegra que todavía podamos hablar.

Besos.

No había medido mis sentimientos de culpa cuando leí ese texto.

¿Amigos?

Por supuesto. Déjame saber si necesitas algo. Espero que seas feliz, Rose.

Besos.

Me cortó rápido.

Sí. Igual tú. Besos.

Emmett puede o no puede haber estado bien con Royce y yo enviándonos mensajes, pero pensé que era muy pronto para abordar el tema, especialmente después de la noche anterior y mi pequeña confesión y todo el drama.

Lo vi más tarde antes de que tuviera que irse a trabajar y no dije ni una palabra.

El martes por la noche fue nuestra primera noche trabajando juntos como pareja. Nos pusimos de acuerdo en un principio que no íbamos a poner freno a nuestros coqueteos con los clientes, ya que eso aumentaba nuestras propinas. Yo no estaba muy ansiosa por ello, pero tenía sentido para nosotros dos. El martes por la noche fue una de las noches más tranquilas que he tenido. No hubo coqueteos, sin incidentes.

El jueves por la noche fue un poco diferente.

Empezó con Phil trabajando en la puerta.

Justo como había hecho el martes por la noche, Emmett sostuvo mi mano todo el camino hacia el trabajo y todo el camino dentro del club cuando llegamos para trabajar. Él nos guió por la escalera de la entrada, su cálida mano apretada en la mía, y la primera cosa que escuchamos fue:

—Ahora estás con este idiota, ¿eh? Tengo más dinero que él.

Aunque Phil pensó que eso era gracioso, yo intenté desesperadamente de ignorar el dolor.

Mi mano se deslizó de la de Emmett y con una pequeña sonrisa a Brian, entré en el club, escuchando la fuerte voz de Emmett haciéndose eco a través del pasillo mientras le gritaba a Phil.

—Ten. Cuidado.

No esperé por la respuesta de Phil. Suficientemente molesta, me apresuré pasando a Bella, ignorando su saludo.

—¿Qué ocurre? —gritó detrás de mí, sus ligeros pasos siguiendo los míos dentro de la sala de personal.

Quitándome mi abrigo, traté de apagar la llama hirviendo a fuego lento.

—¿Rose?

—Puedes culpar a Emmett —le respondí amargamente.

—¿Qué hice yo? —Emmett entró en la sala de personal, dirigiéndose a su casillero. Su expresión era tan oscura como la mía mientras se giraba para enfrentarme. Bella se detuvo al lado de él, sus cejas fruncidas en confusión.

Los miré a ambos.

—Estabas en lo cierto antes. —Dirigí mis palabras a Bella—. Dejo que las personas piensen lo peor de mí. Y podía manejarlo. Pero vino el Hombre de los Tatuajes y me dijo que me exigiera más a mí misma, y de repente comentarios maliciosos de personas que pensaba les agradaba, pero que resulta que piensan exactamente lo que tú dijiste que pensaban de mí, me lastiman. Así que, gracias, Emmett. Ahora soy una maldita herida abierta andante.

Hay un número de apropiadas respuestas para mi desahogo. Bella sonriéndole a Emmett y luego dándole un palmadita en la espalda, no es una de ellas.

—Eres mi nueva persona favorita.

Le doy puntos a Emmett por mirarla como si estuviera loca. Le doy un poco más por empujarme en un abrazo. Envolví mis brazos alrededor de él, encontrando la sensación de su fuerte, sólido, cuerpo suavemente seguro. Inhalé, acurrucándome más profundo cuando sus brazos se apretaron alrededor de mí.

—¿Por qué todas las caras largas? Estas son buenas noticias —insistió Bella, completamente seria.

Moviendo mi barbilla para así poderla descansar sobre el hombro de Emmett, la miré fijamente, advirtiéndole.

—Estoy así de cerca de terminar nuestra amistad.

Ni de cerca intimidada por mis palabras, la expresión de Bella se volvió testaruda.

—Lamento que alguien te lastimara. Señálame la dirección y les daré una paliza que no olvidarán jamás. Pero esto es bueno, Rose. Emmett ha hecho lo que he estado tratando de hacer por un año. Él te despertó.

Emmett se apartó, sonriéndole burlonamente.

—Eso es un poco cursi, Bella.

Fue como si él le dijera que pisó excremento de perro. Su nariz se arrugó y se estremeció, una mirada de absoluto auto desprecio cayendo sobre sus bonitos rasgos.

—Tengo que dejar que Alice elija lo que podemos ver en la noche de películas. Está causando que me acostumbre a las emociones sinceras. — Ella se giró, murmurando algo bajo su aliento sobre Jason Bourne.

—Bien hecho —le murmuré a Emmett, impresionada por la manera en que fácilmente despachó a Bella. Sus labios rozaron mi mejilla en respuesta y me giré para mirar a sus ojos—. ¿Seguro que quieres estar con una chica que todos piensan que está a un paso por encima de ser una prostituta pagada?

Claramente era la cosa equivocada de decir, como evidencié por el tic del músculo en su mandíbula mientras apretaba los dientes. Él agarró mi barbilla de modo que no pudiera mirar lejos.

—No. Ni siquiera consideres pensar de ti en esos términos. Y no me hagas preguntas estúpidas. Si alguien alguna vez dice te dice algo así… dime. No lo estarán diciendo por mucho tiempo.

Emmett se había vuelto todo macho alfa por mí, pero no lo estaba siquiera procesando. A pesar de su representación de novio sobreprotector, no podía olvidar que sólo hace unas semanas, él me acusó de la misma cosa que Phil. Quería olvidar. Realmente pensé que lo había hecho. Pero parecía que todavía estaba allí, persistiendo en mí bajo capas de negación.

Con ojos atenuando su rabia, su boca relajándose a una de exasperación, Emmett suspiró mientras me soltaba.

—¿Esto es sobre mí? ¿Por lo de antes?

Me encogí de hombros, no queriendo mentir directamente.

—¿Alguna vez realmente vas a perdonarme por lo que dije cuando nos conocimos?

Me encogí de hombros otra vez. Ben habría estado tan orgulloso.

—Está perdonado. —Sólo que claramente no olvidado.

—Pero no olvidado.

Lector de mentes.

Soltando otro suspiro, Emmett tomó mis caderas y me empujó cerca, hundiendo su cabeza para besarme suavemente. Su mano derecha se deslizó bajo mi camiseta, su fría mano sobre mi piel desnuda enviando temblores sobre mí. Sentí mis pezones endurecerse mientras su mano ahuecaba mi sujetador, su pulgar trazando la turgencia de mi pecho. Mis rodillas se sacudieron y agarré la cintura de Cameron apretadamente.

—No lo has olvidado —repitió él ásperamente—. Pero lo harás. —Aplastó mi boca contra la suya, su beso casi doloroso y demandante. No me importó. Era justo decir que a éste punto era absolutamente adicta al sabor y a la sensación de él.

—¡Clientes! —gritó Bella desde detrás del bar.

Ambos saltamos separándonos, Emmett de mala gana, sacando su mano debajo de mi camiseta y acomodándola en su lugar.

—Ve tú primero.

Miré hacia abajo al bulto en sus pantalones y sonreí.

—Tómate tu tiempo.

Él gruñó hacía mí juguetonamente en respuesta mientras pasaba a su lado, agregando un juguetón balanceo a mis caderas.

Después de las dos primeras sonrisas insinuantes que Emmett les dio a unas clientas, dejé de mirarlo. Estaba consciente de él, como siempre lo estoy, pero estaba decidida a excluir la evidencia real del coqueteo.

Combatirlo con mi propio coqueteo quizá hubiese ayudado, pero cada vez que intentaba coquetear con un cliente, podía sentir los ojos de Emmett quemando mi piel, y eso me sacaba del juego.

Mi creciente irritación finalmente salió a flote cuando el bar estaba tranquilo. Le lancé un trapo a Emmett.

—Nuestro tarro de propinas está sufriendo debido a ti, amigo.

Emmett atrapó el trapo antes de que lo golpeara y ahora estaba riéndose mientras limpiaba un derrame en la mesa del bar.

—¿Qué hice yo?

—Puedo sentirte mirándome. No puedo coquetear contigo mirándome.

Su profunda risa cosquilleó todos mis lugares buenos para nada y odié encontrar la sonrisa descarada que le dio a Bella jodidamente caliente.

—¿Estaba haciendo algo?

Bella se encogió de hombros.

—No tengo idea de lo que estabas haciendo, pero sigue haciéndolo. La risita falsa… —Ella gesticuló perezosamente hacia mí—… ha desaparecido, así que estoy feliz.

¿Otro trabajo en equipo? Crucé mis brazos sobre el pecho, esperando que mi lenguaje corporal estuviera advirtiendo que lo dejaran.

—La risita falsa no es tan mala.

Mi amiga gruñó en desacuerdo.

—Suena como si Miss Piggy tuviera una metralleta atrapada en su garganta.

Soltando una ruidosa risa, Emmett ni siquiera se dio cuenta de que mi molestia aumentó. Pero verlo reír con la acertada descripción de Bella sacó lo mejor de mí, así que tuve que aguantar mi propia diversión. No podía alentarlos o tendría a Ben y a Emmett contra mí en casa, y Bella y Emmett contra mí en el trabajo.

Viéndolos a los dos con una expresión de indignación, me giré para recibir a nuestro próximo cliente. Era un hombre. Alto. Bastante lindo. Mientras le servía un trago, le pregunté sobre su noche, riéndome y coqueteando con él por unos buenos cinco minutos antes de que sus amigos lo llamaran a su mesa. Tomé nota de que hice todo esto menos la risita falsa.

Dado que Emmett ya había demostrado evidencia de que era un chico bastante posesivo, mi intención era molestarlo y darle una lección.

Me di vuelta, esperando enfrentar su molestia. Pero en su lugar estaba inclinado contra la barra, sonriéndome.

—Buen intento.

Maldición. Estaba saliendo con el Sr. Impredecible. El maldito idiota no respondía a ninguna situación de la manera que esperaba que lo hiciera.

¿Cómo en la tierra estaba destinada a navegar estas aguas si no conocía las profundidades de ellas?

Cabrón.

Ésta realmente iba a ser una relación diferente a las otras. Las siguientes palabras que salieron de la boca de Emmett sólo reforzaron esa idea.

—Vamos a la casa de mi mamá y papá un fin de semana.

Parpadeé rápidamente, sorprendida por la sugerencia, ignorando a Bella, quien estaba revoloteando sobre los bordes de nuestra conversación, pretendiendo arreglar el contenedor de servilletas.

—¿Qué?

—Tres semanas a partir del sábado, será mi sábado libre. Entonces iremos. Pasemos la noche. Tú, Ben y yo.

—Amiga, él quiere que conozcas a los padres —dijo Bella bajo su aliento—. Piensa cuidadosamente antes de responderle. Los padres. Tan pronto. — Ella se estremeció ante el pensamiento.

—¿Rose?

Miré de regreso a un expectante Emmett.

—No puedo dejar a mamá.

—Puedo estar pendiente de ella —ofreció Bella en voz alta.

Mi boca cayó abierta mientras la miraba en total desconcierto.

—Pensé que habías dicho que pensara cuidadosamente sobre conocer a sus padres —le susurré.

—Lo hice. No dijiste que no querías ir. Ofreciste un impedimento y yo ofrecí una solución. —Cuando se giró lejos pude ver el indicio de una ligera sonrisa en su rostro.

—Eres retorcida —siseé.

Emmett me dio un golpecito con el trapo, atrayendo mi atención de regreso a él.

—¿Entonces?

Sonreí temblorosamente.

—Seguro. ¿Por qué no?

Maldición.